Luke no era un misógino estúpido con una amiga embarazada. Solo era un policía atractivo que iba a llevarle una hamburguesa a casa.
Tessa sonrió mientras encendía el aparato de música, inmensamente feliz con el curso que estaba tomando el día. Un día que parecía estar pidiendo música de Van Morrison. Sí, definitivamente, era un día para Van Morrison. Tessa puso Brown Eyed Girl y estuvo bailando en la cocina mientras terminaba de limpiar.
Había salvado el día, probablemente, y en aquel momento, iba a conquistar a un hombre, quizá. ¿Qué más podía pedir una mujer? Sintiéndose emocionalmente vinculada a todas las mujeres del mundo, Tessa tecleó en el Twitter un mensaje y lo envió.
Estoy sintiendo mis raíces celtas esta noche, amigas. Ya sabéis lo que eso significa. Pasaos por la cervecería y decid «slàinte».
Jamie se había puesto la falda irlandesa aquella noche y el Twitter ya estaba ardiendo de comentarios al respecto.
Tessa todavía estaba sonriendo cuando oyó que se cerraba la puerta de un coche en el callejón de detrás de la casa. Inmediatamente, corrió a abrir la puerta. Pero su sonrisa desapareció al ver a Luke.
Parecía agotado. Como si hubieran pasado cinco días desde la última vez que le había visto y no hubiera dormido desde entonces.
–¡Luke! ¡Tienes un aspecto terrible!
Luke frunció el ceño, a pesar de que las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba.
–Esa es una forma horrorosa de recibir a un hombre que viene a traerte unas hamburguesas.
–¡Lo siento! Pero pareces estar agotado.
–Y lo estoy.
Cansado, pero continuaba siendo un hombre fuerte y atractivo. Así que Tessa le dio un beso en la mejilla, tomó la bolsa que llevaba en la mano y le condujo al interior de su madriguera.
–Vino tinto con hamburguesas, ¿te apetece?
Luke arqueó una ceja.
–Esta noche no quiero pensar en cerveza –le explicó.
–Vino tinto entonces.
Media botella de vino y dos hamburguesas después, estaban cómodamente sentados en el sofá con la música convertida apenas en un murmullo de fondo para así poder hablar.
–Cuéntame por qué pareces hoy tan cansado. ¿Has tenido que investigar un asesinato?
–Estás decidida a convertirme en un policía de televisión, ¿verdad?
–Bueno, hasta hace un momento, parecías estar adentrándote en territorio Jerry Springer. Y estoy intentando hacerte volver hacia CSI.
–¡Ah, muy bien! Eso –la tensión que se formó alrededor de sus ojos le indicó a Tessa que era aquello lo que le pesaba.
Arqueó las cejas y esperó.
–En realidad, no quiero hablar sobre ello –se interrumpió como si con aquello fuera suficiente, pero Tessa no le permitió soltar el anzuelo–. Mi compañera… Es un asunto complicado.
–¿Complicado porque estás enamorado de ella y ella tiene novio?
–¡No! –sacudió la cabeza–. Pero supongo que hay que poner las cosas en perspectiva. Complicado porque ella está embarazada y no quiere hablar conmigo sobre el tema.
Tessa notó el momento exacto en el que su corazón comenzó a derretirse. Realmente, pudo sentir cómo se iba ablandando y calentando dentro de ella.
–Lo siento, Luke.
–Simone no está casada, ni tiene novio. Está sola.
–A lo mejor está conforme con la situación.
El ceño de Luke se convirtió en un ceño enfadado.
–Esa es la cuestión. Podría estar satisfecha, pero entonces, ¿por qué no está contenta?
–¿Ella no te ha dicho nada?
–Nada. Y yo…. –alzó la mano como si quisiera remarcar la cuestión, pero cerró los dedos antes de dejar caer la mano sobre la rodilla–. Lo único que quiero es ayudarla.
¡Ahh! Tessa le tomó la mano y curvó los dedos de los pies bajo ella un poco más. Los hombres eran unas criaturas adorables. El pobre Luke se estaba volviendo loco porque no era capaz de arreglarle la vida a su compañera.
Estuvo acariciándole los dedos hasta que él los curvó bajo los suyos.
–¿De cuánto tiempo está?
–De siete meses, creo.
–¿Y no estuvo saliendo con nadie el año pasado?
–No, al menos, no me lo dijo.
Tessa entrelazó los dedos con los suyos y le acarició el pulgar.
–¿Es… es posible que fuera a una clínica y se hiciera una inseminación artificial?
Luke suspiró y se relajó en el sofá, como si fuera una marioneta y alguien le hubiera cortado de pronto los hilos.
–Es posible. Nunca le he preguntado si…. No es una mujer de muchas citas, así que todo esto ha dado mucho que hablar. Las tonterías de siempre, pero, en realidad, eso solo es asunto de Simone.
Tessa le apretó la mano.
–Aunque… yo pensaba que a mí me lo diría.
Tessa inclinó la cabeza y estudió su rostro mientras él clavaba la mirada en algún punto lejano.
–¿Estás seguro de que no estás enamorado de ella?
Luke la miró por fin a los ojos.
–No hay ningún sentimiento de ese tipo entre nosotros –le aseguró–. Te lo prometo.
–Me alegro.
Tessa suspiró y él bajó los párpados para fijar la mirada en su boca. Tessa sufrió una necesidad casi irrefrenable de inclinarse hacia delante. De saborearle. De deslizar la lengua por su labio inferior hasta que él la devorara. Pero no le besó. Se limitó a acariciarle el pulgar una y otra vez. Luke parpadeó lentamente y después, tiró de ella hacia él.
El triunfo rugió en la sangre de Tessa, pero sabía que era prematuro. La boca de Luke se cernía sobre la suya, pero no la tocaba. A Tessa se le aceleró la respiración. Luke curvó la mano alrededor de su cuello. Durante largos segundos, permaneció apoyando la frente en la suya.
Justo cuando Tessa comenzaba a pensar que quizá no quisiera besarla, Luke susurró:
–¡Maldita sea! –y le rozó los labios.
El corazón de Tessa comenzó a latir a un ritmo aterrador. La besó muy suavemente, pero ella pudo saborearle cuando Luke entreabrió los labios y abrió lentamente la boca de Tessa a él. Su lengua acarició la de Tessa y ella jadeó en su boca.
¡Oh, Dios! ¡Sabía tan bien! ¡Tan bien! El cuerpo de Tessa ardió con una repentina oleada de deseo. Extendió las manos sobre el pecho de Luke, pero este no profundizó el beso, tal y como ella esperaba. Continuó rodeándole el cuello con las manos. Seguía acariciándola con la lengua y parecía conformarse con saborearla una y otra vez. Pero Tessa quería avanzar.
Había algo en aquel hombre que inspiraba una extraña mezcla de urgencia y vulnerabilidad que la convertía en un manojo de deseo. Evidentemente, Luke no estaba operando bajo la misma carga. Deslizó la lengua sobre la de Tessa una vez más con tal sensualidad que ella gimió, esperando que aquella fuera la insinuación que necesitaba.
Pero no. Él continuó besándola con la mano en la nuca. Después, alzó la otra mano para posarla sobre su hombro, provocando escalofríos por toda su piel.
Maldita fuera. Estaba encendida. Tessa se acercó a Luke y se sentó a horcajadas sobre sus piernas.
–Mm –dijo Luke contra su boca.
Ignorando su sorpresa, Tessa presionó su vientre contra el suyo y aprovechó aquella nueva posición para besarle más profundamente.
Luke gimió y por fin tensó los dedos contra su cuello. La dureza de sus manos la excitó todavía más. Ya estaba húmeda, locamente excitada, y él se limitaba a besarla. Tessa le rodeó el cuello con los brazos y enterró los dedos en su pelo para poder presionarse con firmeza contra él. La mano que Luke había posado en su hombro se deslizó hasta que sus dedos alcanzaron las costillas de Tessa.
Y, por fin, sus besos se hicieron más apasionados. Maravillosamente apasionados. Luke sabía a vino y a calor. La fragancia de su piel se aferraba tan firmemente a él que Tessa fue presionando cada vez más para poder saciarse de ella. Su cambio de postura evidenció que no era solo ella la que estaba excitada. Pero cuando comenzó a mover las caderas, Luke apartó bruscamente la cabeza, interrumpiendo el beso.
–Espera –jadeó.
Tessa se quedó helada. ¿Qué demonios…?
–No podemos.
–¿No podemos qué? –preguntó con un ceño decididamente malhumorado.
–No podemos… hacer esto.
Tessa retrocedió ligeramente para poder mirarle a los ojos.
–¿Tienes novia? Y no me refiero a tu compañera, ¿estás saliendo con alguien?
–No, no es eso. No tengo novia.
–Genial.
Comenzó a moverse de nuevo hacia delante, pero Luke la agarró por las muñecas y la detuvo. Sacudió la cabeza. Sus ojos parecían aumentar de tamaño con cada segundo que pasaba. Parecía… ¿asustado?
–¿Qué te pasa? –le presionó Tessa.
–¡Nada! Es solo que… debería marcharme. Nada más.
–Estás de broma. ¿Tienes que marcharte justo ahora? ¿En medio de todo esto?
Luke no contestó, se limitó a mirarla como si temiera que fueran a salirle tentáculos en cualquier momento.
Tessa se encogió de hombros.
–Solo déjame un momento.
Se inclinó y le besó antes de que pudiera decirle que no. Su estrategia funcionó durante unos segundos. Luke gimió cuando sus lenguas se encontraron e inmediatamente retomó el beso allí donde lo habían dejado.
Tessa habría sonreído si hubiera podido, pero no quería asustarle. Lo tenía justo donde quería: debajo de ella y cayendo a toda velocidad.
Y le gustaba. Le gustaba y eso era lo único que quería en aquel momento.
¡NO, NO, NO!, gritaba el cerebro de Luke, pero el mensaje se interrumpía antes de que llegara a su cuerpo. La boca de Tessa era tan ardiente. Puro fuego. Quería hundirse en ella. Quería hundirse en aquel cuerpo tan fiero. ¡Dios santo! ¿Qué se sentiría?
¡Basta!, le ordenó su cerebro. El cuerpo de Luke reaccionó ante aquella orden y consiguió apartarse.
–Para –gimió.
Aquella mujer era virgen. Él no tenía la menor intención de acabar con su virginidad, de modo que no tenía sentido ir más allá. Su resistencia fue más efectiva en aquella ocasión. Tessa se levantó y permaneció frente a él.
–¿Qué te pasa? –exigió saber.
Demasiadas cosas. Pero no tenía intención de añadir «desflorar a una virgen» a su lista de dudosos méritos, así que graznó:
–Nada –y se levantó.
Tessa retrocedió y se cruzó de brazos.
–Parecía que te lo estabas pasando bien –bajó la mirada para clavarla en su regazo.
Luke tuvo que reprimir las ganas de apartarse de su vista. Probablemente, Tessa comprendía lo que había pasado allí, anatómicamente hablando. Sus hermanos no habían mencionado que se hubiera criado en un convento.
–Lo siento, Tessa –dijo, alzando las manos en un gesto de rendición–. No debería haber venido. Me siento muy honrado, pero… –retrocedió y se dirigió hacia la puerta.
–¿Honrado? ¿De qué demonios estás hablando?
–Mira –dijo Luke por fin– Lo sé, ¿de acuerdo? Lo sé.
–¿Qué sabes?
–Lo de tu… –hizo un gesto vago, señalando el vientre de Tessa.
Tessa miró con impaciencia su propio cuerpo.
–Esto se está poniendo muy misterioso. Vete.
Le estaba dando permiso para escapar, pero en aquel momento, Luke no podía moverse. Un ceño de perplejidad arrugaba el dulce rostro de Tessa. La había rechazado y no sabía por qué. Si de verdad quería acostarse con él… Seguramente, un rechazo como aquel marcaría a una mujer virgen de por vida. ¿Y si dañaba para siempre su floreciente sexualidad? Su mente daba vueltas horrorizada.
–Vete –insistió ella–. No voy a abalanzarme sobre ti cuando te des la vuelta. Vamos, ¡eres libre!
Debería haberlo previsto. Era una presión excesiva. Luke giró las manos hacia arriba en una silenciosa súplica.
–A lo mejor podríamos ver una película o algo así. Conocernos el uno al otro como amigos.
Tessa se irguió y le dirigió una tensa sonrisa.
–Eres un buen tipo, Luke. Sinceramente. Pero estoy empezando a percibir un extraño complejo de Madonna–prostituta en ti. Y no me apetece ver una película. Ni fingir que soy una santa. Así que hasta luego, ¿de acuerdo?
–¿Complejo de Madonna–prostituta?
–Es un término psicológico que se utiliza para describir a los hombres que…
–¡Sé lo que significa y no lo tengo!
–¡Oh, vamos! Crees que soy una mujer agradable. Te honra que esté sexualmente interesada en ti y, además, hay una mujer embarazada a la que pretendes salvar. El primer paso para solucionar un problema es admitirlo.
Le habían lanzado una maldición. Estaba seguro. Le habían maldecido para que jamás pudiera tener una relación normal con una mujer. Pero él se había puesto voluntariamente en aquella situación, ¿no? Había ido hasta allí a sabiendas de que no debería. Después, la había besado porque… sencillamente, había deseado hacerlo terriblemente. Y estaba completamente equivocada a la hora de juzgar su interés en ella. Pensaba que era una buena chica, y quería acostarse con ella al mismo tiempo.
Tessa gruñó y entrecerró los ojos.
–¡Oh, vete ya! Estás guapísimo, ahí de pie. No es justo.
Luke no podía irse de aquella manera. Había demasiados rumores flotando a su alrededor. Lo último que quería era que añadieran a la lista un problema sexual. Tomó aire para tranquilizarse y dijo:
–Eres virgen.
Tessa le miró boquiabierta y retrocedió un paso.
–¿Qué?
–No tiene nada de malo, pero… no puedo fingir que no lo sé. Lo siento. Para mí es una situación muy embarazosa.
Tessa dejó de cruzar los brazos y alzó las manos en un gesto con el que intentaba tranquilizarse. Luke lo reconoció porque él lo había utilizado miles de veces a lo largo de su carrera.
–De acuerdo, no sé qué clase de fantasía estás recreando, pero no pienso participar en ella.
–¿Fantasía?
–Sí, me parece que todavía es un poco pronto para comenzar a hacer juegos de rol.
–¿Estas de broma? ¡He sido yo el que te ha detenido!
Tessa miró a derecha e izquierda, como si estuviera buscando respuestas en su comedor.
–No lo entiendo. ¿Por qué crees que soy virgen?
–¡Porque me lo ha dicho tu hermano! –exclamó.
Tessa inspiró con tanta fuerza que incluso a ella pareció sorprenderle. Se llevó la mano a la boca y le miró con los ojos abiertos como platos.
–Estás de broma –las palabras salieron amortiguadas entre sus dedos.
–No, Jamie me dijo que me mantuviera alejado de ti porque eres virgen. Lo intenté, pero…
–¡No lo soy! –gritó ella.
–¿Qué?
–No soy virgen.
Luke inclinó la cabeza y la miró con expresión dubitativa.
–¡Oh, vamos! Si lo fuera, ¿crees que habría esperado durante veintisiete años para terminar perdiendo la virginidad en un sofá con un hombre al que apenas conozco?
–Eh… creía que te gustaba mucho.
Luke no sabía cómo sentirse al oír sus carcajadas, pero decidió sentirse aliviado.
–Bueno –continuó Tessa riendo–, ahora cobra un nuevo significado la cara que has puesto cuando me has apartado.
–¿Sí?
–Estabas cagado.
Le sorprendió de tal manera oírla decir aquella expresión que Luke estalló en carcajadas.
–¿Necesitas otra copa de vino? –le preguntó Tessa.
¡Dios santo! Más que nunca. Pero miró hacia la puerta de atrás como si realmente su cuerpo tuviera cerebro y este por fin se hubiera activado.
–Gracias, pero creo que será mejor que me vaya.
–¡Espera! –le pidió Tessa.
Pero él ya se estaba dirigiendo hacia la cocina.
–Lo siento, Tessa, pero esto es… –sacudió la cabeza–, excesivo.
–Lo sé –contestó ella mientras le abría la gruesa puerta de pino–. Sé que es una locura. Pero el problema es de mi hermano, no mío.
Luke abrió la pantalla de la cocina y comenzó a salir.
–En realidad –añadió Tessa con dureza–, el problema sois mi hermano y tú. Yo no tengo nada que ver con esto. Si te vas ahora, lo único que estarás haciendo será darme argumentos para decidir que eres tú el que resultas demasiado complicado.
Luke se quedó paralizado con un pie en el umbral. Tessa no tenía ni idea de hasta qué punto. O, en realidad, sí. Sabía más sobre Simone de lo que Luke le había contado a nadie.
–O… –continuó Tessa, arrastrando las palabras–, también podrías quedarte y convencerme de que te diera otra oportunidad.
Luke se agarró al marco de la puerta, inclinó la cabeza e intentó sopesar cuál sería la decisión correcta. Por una parte, su vida ya era demasiado complicada, y la de Tessa no se quedaba atrás. No necesitaba complicaciones en aquel momento. Y tampoco Tessa necesitaba verse arrastrada a aquel desastre. Pero, por otra parte, Tessa le gustaba. Le gustaba hablar con ella. Le hacía sentirse mejor. Y no era virgen.
Pero no. Aquella era exactamente la razón por la que no debería quedarse.
Luke tomó la mejor decisión que había tomado desde hacía años.
–Te llamaré mañana –le dijo.
Y salió a enfrentarse solo a la noche.