Capítulo 11

 

Tessa estaba dejándose arrastrar hacia un adorable, cálido y supremamente satisfactorio lugar cuando oyó la puerta de un coche al cerrarse. Abrió los ojos, despertándose inmediatamente, y vio que el otro lado de la cama estaba vacío.

¡Maldita fuera! Tenía la esperanza de que Luke la despertara aquella mañana antes de marcharse. Esperaba que la despertara con otra sesión de sexo condenadamente bueno. Pero probablemente tenía que irse a trabajar. El horario de trabajo de Tessa comenzaba más tarde que el de la mayor parte de la gente.

Pero, ¡Dios!, había sido maravilloso. Y estaba deseando hacer el amor con él, estando Luke completamente desnudo. Bueno, quizá aquella noche.

Justo cuando estaba relajándose de nuevo, apoyada en la almohada y pensando que podía disfrutar de otra hora de sueño, oyó que la puerta se abría. En aquel terrible momento, registró dos cosas muy importantes: la primera, que el sonido del coche había procedido de la parte delantera de la casa y Luke había aparcado el coche en el callejón. Y la segunda, que estaba corriendo el agua de la ducha y ella no estaba duchándose. Al final, por supuesto, concluyó la terrible verdad: dejar que sus hermanos tuvieran llaves de la casa había sido una idea de lo más estúpida.

Tessa saltó de la cama maldiciendo justo en el momento en el que la voz de Eric llegaba hasta ella desde la cocina.

–¡Tessa! ¿Estás levantada?

El tintineo de las botellas le indicó que estaba rebuscando en su nevera, de modo que tenía algunos minutos para hacer… algo. Lo primero era lo primero. Necesitaba ocultar su desnudez, y rápido.

Tessa se alejó de la cama y agarró la bata que siempre dejaba en la silla de la esquina. Se ató el cinturón con un fuerte nudo y se agachó para esconder la ropa de Luke debajo de la cama. Uno de los zapatos había desaparecido y empleó diez segundos largos en encontrar el otro.

La puerta de la nevera se cerró.

–¡Mierda! –exclamó.

Justo en aquel momento, encontró el otro zapato y lo lanzó al armario más cercano.

Al oír unos pasos sobre el suelo de madera, corrió hacia la puerta del dormitorio y la cerró tras ella mientras Eric avanzaba por el pasillo. Desgraciadamente, el sonido de la ducha continuaba resonando a través de la madera.

–¿Una noche difícil? –preguntó Eric.

Tessa se llevó la mano al pelo revuelto y tragó con fuerza.

–Sí, estaba a punto de meterme en la ducha. ¿Qué pasa?

–Tenía la sensación de que últimamente no nos estábamos haciendo mucho caso y he decidido pasarme a desayunar contigo.

–¿Quieres decir que has vuelto a olvidarte de hacer la compra?

–No –contestó, pero Tessa advirtió que tenía un resto de pollo frío en la mano.

Para desayunar, nada menos.

–Bueno, a lo mejor podemos ponernos al día en la comida de hoy –en realidad, no tenía ninguna intención de comer con él–. Ahora mismo voy con un poco de retraso –señaló hacia la puerta del dormitorio.

Aquel gesto fue un error.

Eric miró la puerta con los ojos entrecerrados, como si acabara de darse cuenta de que estaba cerrada. ¿Y por qué necesitaba cerrar la puerta del dormitorio una mujer que vivía sola?

Entonces, la ducha se cerró. El agua al caer no parecía sonar con mucha fuerza, pero su ausencia creó un vacío de sonido atronador.

Tessa sintió que la piel se le entumecía al tiempo que sus músculos se convertían en dolorosos nudos. Eric estaba a solo treinta centímetros de ella, de modo que fue testigo de primera línea de la sucesión de emociones que cruzaba su rostro. Confusión, alarma, preocupación y después una violenta y fría furia. Deslizó sus ojos claros por una bata que, se había dado cuenta Tessa cuando ya era demasiado tarde, era su bata de verano. Una bata plateada, sedosa y sensual.

–¿Quién es? –preguntó Eric en un gruñido.

–Eric –le advirtió ella, posando las manos en su pecho cuando comenzó a dirigirse hacia la puerta–, ya no soy una niña.

–Le mataré –lo dijo en una voz tan baja que la asustó.

–No seas ridículo.

Eric pasó por delante de ella. Tessa le agarró de la muñeca, pero Eric tenía la mano ya en el pomo de la puerta. Mientras la puerta se abría, la voz de Luke fluyó por el pasillo con perfecta claridad.

–Tessa, he utilizado tu toalla. Espero que no te importe.

Tessa observó indefensa cómo Eric abría los ojos como platos y mostraba los dientes como si fuera un perro guardián. Tessa hizo entonces lo único que se le ocurrió. Le empujó hacia el pasillo. Con fuerza.

–¿Qué pasa? –preguntó Luke.

Tessa sintió la presencia de Luke tras ella. Su hermano entrecerró los ojos hasta convertirlos en dos estrechas ranuras.

–Mierda –susurró Luke tan suavemente que Tessa apenas le oyó.

–Sí –respondió ella.

Una cálida humedad se deslizó por debajo de sus piernas mientras salía el vapor del baño. No tuvo que volverse para saber que Luke llevaba encima una toalla y nada más. Podía verlo en el odio furioso que reflejaba el rostro de Eric.

–Eric –le dijo con calma–. Vete. Hablaremos de esto más tarde.

–Estás de broma, ¿verdad? ¡Porque no pienso ir a ninguna parte!

–Sí, claro que te vas a ir. Estas son mi casa y mi habitación y ahora tienes que irte.

Eric la ignoró y señaló a Luke como si pudiera matarle con la punta de su dedo.

–¿Cómo demonios has podido hacerle una cosa así?

–Yo no… –empezó a decir Luke, pero sus palabras dieron paso a un tenso silencio.

–Vamos –le repitió Tessa a su hermano mientras retrocedía al interior del dormitorio.

Como Eric no se movió, le cerró la puerta en las narices y echó el cerrojo.

Con los ojos abiertos como platos por el terror, se volvió lentamente para mirar a Luke. Este estaba mucho más serio de lo que esperaba haberle visto aquella mañana.

–Lo siento –susurró Tessa.

Oyeron los pasos de Eric alejándose de la puerta. Luke permaneció mirando a Tessa fijamente hasta que dejaron de oírse.

–¿Por qué no voy a hablar con él? –sugirió al cabo de un rato.

Tessa sacudió la cabeza con un gesto frenético.

–De ningún modo. Hablaré yo. Yo solo…

–A lo mejor podrías comentarle que no eres…

Tessa hizo un gesto con la mano.

–Sí, lo sé. Lo único que tengo que hacer es encontrar la manera de evitar que esté enfadado contigo.

–¡Ja! –Luke negó con la cabeza–. Eso no va a ocurrir. Lo que espero encontrar es la manera de ir al trabajo sin un ojo morado.

–No te va a pegar.

–Mira, habría estado encantado de poder pegarme hace un momento, Tessa. En el mejor de los casos, tu hermano sabe exactamente lo que hicimos anoche.

–Oh –sintió que comenzaban a arderle las mejillas.

–Sí, exactamente. Y, en el peor, sabe lo que hicimos ayer por la noche y cree que te intimidé para que lo hicieras. De modo que sí, es capaz de hacer algo violento.

Tessa asintió y corrió a la cómoda para sacar unos pantalones de chándal y una camiseta.

–Muy bien. Espérame aquí. Y, ¿sabes? –señaló su pecho desnudo–. Será mejor que te vistas.

–Sí, señora.

–Tienes la ropa debajo de la cama. Y mira también en el armario.

Tessa salió al pasillo, intentando arreglarse el pelo mientras se dirigía al cuarto de estar. Si uno de sus hermanos pensaba que era completamente inocente, también debía de pensarlo el otro. Había representado su papel demasiado bien, maldita fuera. ¿Cómo iba a salir de aquella difícil situación?

Esperaba encontrar a su hermano taciturno en el sofá, pero Eric estaba frente a la puerta de la casa con los brazos cruzados. Mientras avanzaba hacia él, Tessa comprendió por qué no se había sentado. La ropa que Luke le había quitado la noche anterior estaba todavía desparramada en el suelo, enfrente del sofá.

¡Mierda!

Fue aminorando el ritmo de sus pasos hasta detenerse. Se miraron fijamente el uno al otro.

Eric fue el primero en hablar.

–No sabes nada de ese tipo.

–Sí sé –respondió.

Eric tensó la barbilla, clavó la mirada en el sofá y volvió a mirarla.

–Siento decirte esto después de que…

–Por el amor de Dios, Eric. Llevo mucho tiempo saliendo con chicos. En la universidad, en el instituto…

–¿En el instituto? –chilló.

–¡No me refiero a eso! Yo solo… –apretó los ojos con un gesto de frustración–. ¡Lo único que pretendo decirte es que estoy bien, que no necesito que nadie me proteja!

Eric inclinó la cabeza como si llevara todo el peso del mundo sobre los hombros. Cuando volvió a alzarla, sus ojos mostraban una profunda tristeza.

–La compañera de Luke está embarazada de él.

Fue tal el alivio que experimentó Tessa que esbozó una sonrisa sincera.

–No, eso no es cierto. Simone solo es su compañera. El hijo no es suyo, Eric.

Eric la miró con los ojos entrecerrados.

–Estoy hablando en serio.

–Bueno, esa es solamente una de…

La puerta del dormitorio de Tessa se abrió y Eric se interrumpió y miró hacia el pasillo. Tessa se volvió y vio a Luke entrar en el cuarto de estar.

–Eric –saludó Luke en tono neutral.

Pero Eric no contestó. Cuando Tessa alzó la mirada hacia él, gruñó:

–Hablaremos más tarde –abrió la puerta y salió.

Tessa mantuvo la mirada fija en la puerta hasta que oyó el motor de su coche.

–¿Lo ves? –dijo por fin–. Te vas sin un ojo morado.

Luke la abrazó de repente.

–¿Estás bien?

Tessa presionó la cara contra su camisa.

–Estoy bien. De verdad. Pero no estoy segura de que Eric lo esté. ¿Y tú?

–¿Yo?

Diablos, ni siquiera un hermano a punto de cometer un crimen de honor podía arruinarle el buen humor aquella mañana.

Tessa alzó la cara para besarle el cuello y sonrió al percibir el olor de su jabón y su champú.

–Mierda. Llego tarde –se lamentó Luke, pero incluso mientras lo decía, le acariciaba a Tessa suavemente la nuca.

–De acuerdo –le besó el cuello por última vez–. Vete.

–Tengo la sensación de que debería quedarme. Esta ha sido una gran noche. Me refiero a lo de haberte convertido en una verdadera mujer y todo eso.

Tessa le empujó con un gruñido.

–Eres peor que mis hermanos.

–No es cierto. Yo me adapto a la realidad mucho mejor que ellos. Y creo que he mostrado un valor admirable en el cumplimiento de mi deber.

Tessa arqueó una ceja.

–¡Vaya! Te mereces un premio.

–Desde luego –se acercó más a ella y le rodeó la cintura con los brazos.

–Bien –respondió Tessa, estrechándose contra su musculoso cuerpo–. Tengo una caja llena de premios en el armario para situaciones como esta. Bueno, ya solo me queda media caja después del año pasado. Fue un año muy bueno.

Luke sonrió, después, ensanchó la sonrisa, echó la cabeza hacia atrás y comenzó a reír a carcajadas. Tessa permaneció donde estaba, sonriendo como una idiota. Aquel hombre tenía una risa maravillosa, sonora y profunda. Posó la oreja en su pecho para disfrutar de la vibración de su risa, oyó también los latidos de su corazón y, al final, un suspiro.

–De verdad, tengo que irme –susurró Luke contra la parte superior de su cabeza–. Tengo que atrapar a algunos tipos malos. O, por lo menos, hacer algún papeleo.

Tessa le dio un beso en el pecho.

–Ves demasiada televisión.

Luke se echó a reír y volvió a besarla, y a Tessa todavía le cosquilleaba la piel cuando se marchó. A lo mejor era una suerte que sus hermanos supieran de la existencia de Luke, porque a Tessa le gustaba más que ninguno de los hombres que había conocido hasta entonces. Seguramente, mucho más. Se tocó los labios, que sentía chispeantes de calor, y sonrió contra sus propios dedos.

O, a lo mejor, el problema era que veía demasiada televisión.