Capítulo 20

 

Luke se sobresaltó cuando la puerta se cerró y se volvió a una velocidad que hizo que el corazón de Tessa revoloteara de admiración.

–¡Oh! –dijo.

La mirada de Luke sufrió una rápida transformación, pasando de la alarma a la abierta apreciación. Empezó a sonreír y a hacer un comentario ingenioso, pero Tessa se presionó contra él antes de que hubiera podido hablar.

La sensación de su cuerpo la dejó sin respiración. Luke estaba ardiendo, en tensión, pero su piel se deslizó sobre la de Tessa con un calor tan líquido que su pulso se elevó inmediatamente hasta el estado de excitación. La ducha caía sobre su espalda con un agradable cosquilleo mientras estrechaba los senos contra el pecho de Luke y resbalaba contra él en una deliciosa presión.

Fuera lo que fuera lo que iba a decir, Luke prefirió que se lo llevara el agua. En vez de hablar, posó las manos en su espalda y le moldeó las costillas, las caderas y la columna vertebral. La exploró con una caricia constante que evocaba la creación, como si Tessa no hubiera tenido forma alguna antes de estar con él.

Ella también le acariciaba, repitiendo sus movimientos con los ojos cerrados para poder concentrarse en las sensaciones. Luke tenía la piel resbaladiza por el agua y el jabón, y sus músculos apenas cedían bajo la presión de sus manos. Después, cuando él cambiaba de postura o se movía, se tensaban y presionaban contra sus manos como si fueran de un acero flexible. Tessa abrió la boca contra su hombro, atrapando el agua que fluía de su piel con la lengua.

El miembro de Luke se tensó contra su vientre. Tessa lo sintió tensarse contra ella, erguirse y presionar su vientre. Abrazó a Luke con más fuerza, adorando la forma en la que se deslizaba contra ella, regodeándose en el placer que Luke debía de sentir incluso con el más pequeño giro de sus cuerpos. Le clavó los dientes en el hombro, presionó con las caderas con más fuerza y suspiró al sentir el miembro de Luke deslizándose a lo largo de su sensible piel.

Luke hundió los dedos en su espalda con una fuerza rayana en el dolor. Tessa lamió el agua de su hombro, de sus clavículas, y deseó poder beberse al propio Luke. A ella misma le asustaba su urgencia. Jamás había sentido nada similar a aquella desesperación.

Cuando su boca encontró un reguerillo de agua, Tessa lo siguió, descendiendo por el pecho de Luke, lamiendo su pezón y bajando por debajo de las costillas. Le mordisqueó los músculos del estómago, haciendo que se encogieran, antes de colocarse de rodillas ante él.

Parpadeando para protegerse del agua que le caía sobre los ojos, le miró, miró su miembro grueso y firme y los riachuelos de agua caliente que se deslizaban por su vientre y, al final, aquel rostro que la contemplaba a ella. Luke tenía los ojos brillantes y la mandíbula apretada por la tensión. El agua goteaba desde su pelo húmedo. Posó una mano en la cabeza de Tessa y se apoyó con la otra en la pared.

Tessa le dirigió una mirada lasciva, pero la expresión de Luke no cambió. Tessa mordisqueó el músculo en forma de uve que descendía desde su cadera. Pero decidió provocarle, descendiendo con la boca abierta por su muslo y subiendo después con dulce y lenta deliberación.

Luke aflojó la tensión de la mano que apoyaba en su cabeza, pero se le aceleró la respiración. Su miembro creció un poco más.

Gimiendo por la anticipación, Tessa hociqueó la base del miembro y succionó con delicadeza su tierna piel.

Luke siseó. Hundió los dedos en su pelo. Ella succionó y le lamió hasta hacerle gemir y tirar con fuerza de ella. Cuando la urgió a incorporarse, Tessa abrió la boca a lo largo de su asta erguida, presionando la lengua contra su piel sensible y devorando su calor.

Al final, cerró la boca alrededor del henchido prepucio, pero todavía no había terminado su provocación. En vez de tomarle profundamente, deslizó la lengua alrededor de sus rugosidades y succionó lo suficiente para asegurarse de que se muriera de ganas de que siguiera haciéndolo. Tal como esperaba, apenas pasaron unos segundos antes de que susurrara su nombre.

Pero aquel día, Tessa no estaba interesada en darle lo que quería. Se sentía egoísta y lo que estaba haciendo era preparar a Luke para lo que ella necesitaba. Le dio un último y lento beso y después alargó la mano hacia el preservativo que había dejado en un anaquel.

Luke parecía aturdido mientras ella iba poniéndoselo lentamente. A Tessa le latía el corazón a toda velocidad, presa de una salvaje anticipación, mientras se levantaba y se colocaba de espaldas a él. Se apoyó contra la pared y miró a Luke por encima del hombro.

–Fóllame.

Luke se tensó como si le hubiera abofeteado. El fiero deseo de su rostro se asimilaba al enfado mientras alargaba los brazos hacia ella.

El atrevimiento de Tessa tuvo su compensación. Aquella noche no quería que le hiciera el amor, no como si la quisiera. Necesitaba que la tomara, y que Luke se sintiera impelido a ello.

Luke la agarró por las caderas con fuerza y Tessa sonrió. Jamás había sido una de aquellas mujeres por las que los hombres enloquecían, pero, en aquel momento, Luke estaba en un estado salvaje. Soltó un grave gruñido cuando Tessa posó el pie en un anaquel de la ducha.

Tessa sintió su sexo deslizándose sobre ella y presionando en su interior hasta hacerla suspirar de felicidad.

–¡Oh, sí! –gimió mientras Luke salía y volvía a hundirse más profundamente en ella.

Tessa se inclinó hacia delante hasta apoyar la frente contra los baldosines. Observó su propia mano, extendida contra aquella fría superficie.

–¡Dios mío, Tessa! –musitó Luke.

Fue buscando el ritmo de sus movimientos mientras arqueaba la espalda e inclinaba las caderas. Se deslizó contra ella, dentro de ella, olvidando todo lo demás. Tessa cerró los ojos y disfrutó de cada embestida. Sentía el frío de las baldosas bajo los pies, el miembro de Luke ardiendo dentro de ella y el agua fluyendo a su alrededor, húmeda y caliente.

Luke le apretó las caderas, sosteniéndola con fuerza mientras la tomaba con más ímpetu. Sí, pensó Tessa, aquello era lo que buscaba. Luke era tan grande, tan fuerte… Su miembro crecía de tal manera en su interior que soltó un grito ahogado al sentir una fuerte dilatación. Las veces anteriores, Luke la había tratado como si fuera una joven sin experiencia. Pero aquella vez, no. No, en aquella ocasión, la estaba utilizando como si Tessa hubiera nacido para el sexo.

Alzó la mano hasta sus senos y presionó con fuerza, tensando los dedos alrededor del pezón.

–¡Ah! –exclamó ella, moviendo la cabeza de lado a lado y presionando la mejilla contra las baldosas–. ¡Sí, sí!

–Tessa… Estás tan condenadamente tensa…

La emoción de sus palabras pareció vibrar dentro de ella, giró en lo más profundo de su vientre y culebreó alrededor de su sexo. Sintió el momento en el que Luke perdió el control. Luke tensó los dedos sobre sus senos y su cadera. Tessa sonrió al sentirle temblar contra ella al tiempo que un fuerte gemido rebotaba contra la mampara de cristal.

Cuando cesó el estremecimiento, Luke permaneció dentro de ella y bajó la mano desde el seno de Tessa. Cuando le acarició el clítoris, Tessa gimió.

–Ahora te toca a ti, cariño –susurró Luke, trazando círculos a su alrededor de aquel nudo de terminaciones nerviosas.

Tessa se mordió el labio al tiempo que se tensaba contra él y fruncía el ceño a medida que crecía la presión. A pesar de todo, por un momento, pensó que no iba a ser posible. Estaba intentándolo con demasiada intensidad, desesperada como estaba por perderse en aquel sentimiento. Pero ni siquiera sus atropelladas preocupaciones pudieron resistirse a la destreza de las manos de Luke. Fueron tan milagrosas como siempre y todas las tensiones de Tessa se fusionaron en un solo punto. Apretó los puños.

Su cuerpo estaba tenso como un arco y gritó cuando su sexo comenzó a palpitar alrededor del de Luke. El orgasmo invadió todo su cuerpo, elevando los latidos de su corazón a la categoría de un trueno. Y cuando por fin cedió, se derrumbó contra la pared.

–Dios mío –susurró Luke.

–Sí –se mostró de acuerdo ella–. Desde luego.

Luke salió de su interior y se derrumbó contra la otra pared.

–¿Estás bien?

–Sí –susurró Tessa.

Porque quería estarlo. El trato al que había llegado con Kendall era aterrador. Y también podía serlo el estar enamorándose de Luke. Pero, a veces, estaba bien tener miedo.

 

 

–Lo siento –se disculpó Luke–, sé que esto no es muy romántico.

Tessa sacudió la cabeza y siguió a Luke a lo largo de la cerca de la cervecería.

–No pasa nada. Lo bueno es que Jamie está ocupado dentro de la barra, así que no nos interrumpirá.

Luke se acercó al siguiente tablón.

–A lo mejor deberíamos entrar a tomar otra cerveza.

–Sí, claro. Sería genial.

Mientras movía el siguiente tablón, Luke la miró con recelo.

–Pero será mejor que de momento no nos vean juntos, ¿no te parece?

Tessa se sintió extrañamente reacia a adquirir aquel compromiso, así que fingió no enterarse de lo que le estaba preguntando. Afortunadamente, el siguiente tablón cedió cuando Luke tiró de él y Tessa exhaló un suspiro de alivio mientras él concentraba en la cerca toda su atención.

Tiró de nuevo y el tablón se salió. Luke se puso unos guantes de látex y probó con el siguiente tablón. Se deslizó tan fácilmente que estuvo a punto de salirse del suelo.

–Lo siento –le dijo–. Solo necesito un momento.

–Continúa. En modo detective estás muy excitante.

–¿Ah, sí? A lo mejor te enseño después mis esposas.

Tessa sabía que solo era una broma, pero se estremeció de placer al pensar en ello. Quizá lo hicieran.

Un último tablón se deslizó y Luke desapareció entonces al otro lado de la cerca. Tessa miró a través del hueco y le vio hacer unas fotografías con el teléfono. Después, Luke estuvo caminando lentamente por el callejón, se inclinó y recogió un paquete de tabaco arrugado. Como si siempre llevara un laboratorio portátil encima, sacó una bolsa de plástico del bolsillo de la cazadora y guardó allí la cajetilla. Unos minutos después, regresó por la apertura y clavó los tablones de nuevo en su lugar.

–¿Puedo pedirte un favor enorme?

Tessa habría dicho que sí a cualquier cosa en aquel momento. Todavía sentía debilidad en las rodillas y tenía el sexo inflamado.

–¿Podríamos pasar un momento por la comisaría? Quiero ver estas huellas impresas.

–Por supuesto.

Sinceramente, sentía curiosidad por su trabajo. ¿Quién no la sentiría? Aquel hombre se ganaba la vida resolviendo delitos.

Pero intentó comportarse con dignidad cuando llegaron a la comisaría. Intentó no sonreír al policía uniformado que estaba sentado tras un escritorio cerca de la puerta. Y disimuló su asombro con miradas de aparente naturalidad con las que fue recorriendo la comisaría mientras iban pasando delante de las pocas personas que trabajaban en el turno de noche.

–Puedes sentarte en el escritorio de Simone. Esto solo me llevará un momento.

Tessa se sentó e intentó no ponerse a dar palmadas y gritos de alegría. En cambio, se reclinó en la silla y entrelazó las manos ante ella, fingiendo ser policía. Observó a Luke disimuladamente mientras este marcaba la bolsa con la prueba que había llevado y se levantaba después para ir a recoger unos impresos. Ninguno de sus habituales encantos se hacía evidente en aquel lugar. Fruncía el ceño con expresión fría y distante. Tessa no pudo evitar recordarle en la ducha y pensar en lo duro que se había mostrado justo cuando ella necesitaba que lo hiciera.

Se estremeció y se echó hacia atrás en la silla.

No podía imaginarse trabajando en una oficina como aquella cada día. Jamás había hecho nada parecido. Antes de cumplir veintiún años, había trabajado ocasionalmente durante algún fin de semana en restaurantes, por el mero placer de hacerlo, pero no había sido algo muy habitual. En general, lo que había hecho había sido hacerse cargo de sus hermanos. Había aprendido a cocinar y a hornear a los catorce años y se encargaba de preparar la cena cada noche, porque eso era lo que hacía su madre. Pero la posibilidad de que aquella situación se prolongara en el tiempo, le había parecido terrorífica. Eric, que para entonces vivía ya en su propia casa, había vuelto a la casa familiar. Había renunciado a su libertad y a su intimidad, de modo que darle de comer era lo menos que podía hacer por él. Tessa había suplicado, lisonjeado e intimidado a Jamie para que se hiciera cargo del jardín. No tenían padres, pero tenían una bonita casa. Y Tessa había conseguido graduarse con un sobresaliente en el instituto y casi con la nota máxima en la universidad. Pero un trabajo normal de oficina de nueve a cinco de la tarde era algo extraño para ella.

Tampoco aquel era un trabajo de nueve a cinco. Evidentemente, Luke no era el único que estaba allí a las siete de la tarde. Tessa miró hacia el hombre que había dos escritorios a su izquierda y le descubrió mirándola fijamente.

–¡Hola! –le saludó.

Él alzó la barbilla a modo de saludo y miró a Luke con los ojos entrecerrados cuando este regresó a la sala.

–¿Tienes una cita, Asher?

–Eso no es asunto tuyo –replicó Luke sin levantar la vista de sus papeles.

–¿Y estás seguro de que debe sentarse en la mesa de tu compañera?

Luke miró a Tessa a los ojos un instante y dirigió después una mirada cargada de desprecio al otro detective.

–Cuida tu boca, Morrison.

Tessa comenzó a levantarse.

–Puedo levantarme. No sabía que estaba…

–No se refería a eso, Tessa.

–¡Ah!

¡Ah! El otro policía se estaba refiriendo a los rumores que corrían sobre el hijo de Simone. Tessa sintió una oleada de calor subiendo por su cuello.

–Eh, Morrison, ¿qué tal si te disculpas por ser tan maleducado?

Morrison se limitó a gruñir y a inclinarse de nuevo sobre su trabajo.

–Estúpido –musitó Luke mientras grapaba los papeles y copiaba algo del papel que había metido en la bolsa de la prueba.

Buscó algo en su cajón, lo cerró y rodeó el escritorio de Simone.

–Lo siento.

–No pasa nada.

Alargó la mano para abrir un cajón que tenía Tessa a la izquierda, pero después de buscar durante algunos segundos, se quedó paralizado. Tessa le oyó murmurar algo, pero en voz demasiado baja como para que pudiera entenderlo. Levantó un papel y se lo quedó mirando fijamente durante largos segundos antes de volver a guardarlo y cerrar el cajón. Tenía el rostro tenso por un sentimiento que no quería mostrar.

–Una cosa más y podremos irnos.

Se alejó a grandes zancadas y en cuanto desapareció tras doblar una esquina, Tessa abrió el cajón. Se inclinó hacia la derecha con la cabeza en ángulo para ver mejor el interior y entonces lo descubrió. Era una ecografía. Una de esas ecografías en tres dimensiones que había visto en las noticias. El rostro del bebé estaba claramente dibujado en diferentes tonos de gris y aquella única imagen le explicó a Tessa que el sentimiento que había visto en el rostro de Luke era… tristeza.

Tessa sintió retornar todos sus miedos.

Cerró el cajón y alzó la mirada hacia Morrison, pero este ya había acabado con ella. Había dicho lo que tenía que decir. Había dejado claro cuáles eran sus sentimientos. Los compañeros de Simone pensaban que Luke era el padre de su hijo y Tessa no sabía qué pensar. Teniendo en cuenta cómo se comportaba Simone con ella, no podía ser el padre. Entonces, ¿por qué demonios le aterraba la posibilidad de que le estuviera mintiendo?

 

 

Tessa había estado callada desde que habían salido de la comisaría y Luke estaba más que arrepentido de haberla llevado. Maldito Morrison. Era el peor de todos porque, precisamente, él era el único que pensaba que las mujeres policía solo servían para causar problemas y que cualquiera que trabajara con una tenía que acostarse necesariamente con ella. Parecía un hombre de las cavernas. Irónicamente, la única persona que no le había tratado con recelo era la otra detective de la división de delitos graves. Parecía conformarse con la idea de que el embarazo de Simone era asunto únicamente suyo. ¡Diablos! A lo mejor Simone se había desahogado con ella. A lo mejor ellas también habían cotilleado y habían estado riéndose de aquel tipo en el cuarto de baño. Sí, claro. Como si Simone estuviera siempre riéndose.

Pero no era eso lo que a Luke le preocupaba. Lo que le preocupaba era que Tessa no dejaba de morderse el labio inferior con un gesto de preocupación. Y que tenía la mirada clavada en el vaso de agua mientras esperaban a que les sirvieran su cena favorita.

–¿Va todo bien por la cervecería?

–Sí. Todo va muy bien.

–¿De verdad? Detecto un tono más despreocupado por tu parte. ¿Resolviste lo de ese contrato?

Tessa volvió a sonreír. Al principio, ligeramente, pero no tardó en esbozar una sonrisa deslumbrante. El corazón de Luke respondió con su ya típico vuelco.

–De verdad. Creo que todo va a salir bien.

–¿Así, sin más?

La sonrisa de Tessa vaciló ligeramente, pero ella asintió.

–Así sin más.

–¿Y el problema peliagudo? ¿Cómo habéis conseguido resolverlo?

–Mm. Sencillamente, decidimos dejarlo de lado.

Lo bueno de Tessa era que mentía terriblemente. Prácticamente se estaba revolviendo en el asiento y cuando la camarera se acercó con los platos, se reclinó en la silla con un suspiro de alivio. Luke le dejó tomar un trozo de tortilla antes de volver a presionar.

–Así que aquello que Jamie fastidió no tenía nada que ver con la negociación.

Tessa tragó la tortilla como si estuviera hecha de cemento. Luke arqueó las cejas y esperó.

–Yo no… Mm –bebió un sorbo de agua–. En realidad, el desacuerdo no tenía nada que ver con el contrato en sí mismo.

–No lo comprendo.

Tessa miró hacia los lados, como si alguien pudiera escucharla.

–Jamie se acostó con la hija de Roland Kendall.

–¿Te refieres a Roland Kendall, el Kendall de Kendall Group?

–Sí, exactamente.

–¡Dios mío! –Luke sacudió la cabeza.

Jamie llevaba una vida bastante alocada cuando estaban en la universidad, pero Luke tenía la impresión de que se había tranquilizado durante los últimos años.

–¿Cómo se enteró su padre?

–Es una larga historia. El caso es que se enteró y quería cancelar el trato. Conseguí convencerle de que no lo hiciera.

–¿Se lo has dicho ya a Eric?

–No. Y no pienso decírselo –se metió otro trozo de tortilla en la boca.

Luke dejó el tenedor en el plato.

–¿No vas a decírselo?

–No tengo ninguna razón para hacerlo.

–Tessa, si todo el mundo lo sabe, al final, terminará enterándose de alguna manera y le fastidiará extremadamente que se lo hayáis ocultado.

–Conozco a mis hermanos, Luke. Eric no tiene por que enterarse y si puedo ocultarle esa información, lo haré. No necesita más estrés.

–¿Y Jamie está de acuerdo?

Tessa atacó la tortilla con tanta fuerza que el tenedor tintineó en el plato.

–Claro. ¿Por qué iba a querer él decir nada?

Otra mentira. ¿De verdad pensaba que no se daba cuenta? Su trabajo consistía en distinguir la verdad de las mentiras.

Pero lo dejaría así. Era su familia y era suyo el secreto. Y, ¡caramba!, a lo mejor Eric prefería no saberlo. Desde luego, había estado encantado de mantener la ignorancia en lo que a la vida social de Tessa se refería. En ese aspecto, había estado completamente en la inopia.

Curiosamente, Luke comenzó a sentirse casi nervioso al lado de Tessa. Cuando volvieron al coche, no sabía si debía abrirle la puerta o bajar los seguros y hacer el amor con ella en el asiento delantero. ¿Ambas cosas, quizá? Era una mujer encantadora. Y apasionada. Era también vulnerable, pero no le necesitaba. Era alegre, pero se había enfrentado a más tragedias de las que él había vivido.

Aquella era una situación peligrosa. No podía haber nada más peligroso que aquella combinación de fascinación personal y sexo salvaje. Luke había estado engañándose a sí mismo pensando que podrían verse de manera informal y él lo viviría todo perfectamente. Tendría que poner el freno y disminuir la velocidad.

Pero en vez de echar el freno, la llevó a su casa. Pronto intentaría recular. Después de aquel fin de semana. O cuando resolviera el caso. Pronto. Pero no en aquel momento.

Una vez en casa de Tessa, Luke abrió dos cervezas y le tendió una.

–Ahora hemos llegado a ese punto crítico en el que averiguamos si tenemos o no cosas en común.

Tessa estaba sentada en uno de los taburetes de la cocina

–¿En qué sentido?

–¿Música o cine? O, más importante todavía, ¿qué música o qué película?

–¡Y yo que pensaba que ibas a enseñarme tus esposas!

Luke empezó a sonreír, pero continuaba habiendo algo extraño en Tessa. Una ligereza excesiva incluso para tratarse de ella. Y horas antes, en la ducha, se había mostrado desesperada, no feliz.

–¿Estás bien?

–Sí, claro, ¿por qué?

–Te estás comportando de una forma un poco… rara.

–¡Por Dios! Lo único que he hecho ha sido preguntar por las esposas.

–Mira –le dijo Luke, encogiéndose de hombros–, lo he entendido. A las chicas les gustan las esposas. No es eso lo que…

–¿Qué quieres decir con eso de que a las chicas les gustan las esposas? ¿De cuántas chicas estamos hablando?

–Solo me refería a que es un tema que otras chicas han sacado a colación en otras ocasiones. No quiero decir que esté…

Tessa se llevó la cerveza a los labios con tanta fuerza que la espuma burbujeó por el borde y se deslizó por los laterales.

–Te estás comportando de una manera muy extraña. ¿Qué te pasa?

Tessa sacudió la cabeza, se levantó del taburete y se cruzó de brazos.

–Yo… solo estoy preocupada.

–¿Por qué?

–Por muchas cosas.

–Muy bien, ¿como cuáles?

Tessa se aclaró la garganta y se echó la melena hacia atrás. Luke dejó su cerveza y se preparó para lo que estaba por llegar.

–Sé que ya hemos hablado de esto, pero ese asunto con Simone.

–¡Maldita sea! –ladró Luke–. Sabía que no debería haberte llevado a la comisaría.

–No es solo por lo de ese tipo. Yo…, por casualidad, te he oído hablando con Simone esta noche.

–Muy bien.

Pensó en la conversación que había mantenido con Simone, pero no era capaz de averiguar qué malentendido podía haber habido.

–¿Me juras que no eres el padre?

–Creo que ya te lo dejé suficientemente claro.

Tessa alzó las manos.

–Te creo. De verdad. Es solo que… estáis muy unidos. Y tú eres tan… Tengo la terrible sensación de que estás enamorado de ella.

A pesar de lo disgustado que estaba, Luke no pudo evitar una carcajada al oírla.

–Sí lo estuviera, tengo una forma bastante rara de demostrarlo.

–Sí, claro. ¿Pero te acuerdas de ese complejo de Madonna–prostituta del que hablamos? ¿Y si resulta que yo soy la prostituta?

–¿Qué? –preguntó Luke alzando la voz.

–Solo estoy diciendo…

–¿Cuántas clases de psicología diste en la universidad? Deja de aplicarme ese diagnóstico tan extraño.

–¡De acuerdo! Pero la quieres mucho. Mucho. Y no quiero ser la estúpida que se descubra de pronto atrapada en medio de esa situación.

Luke alzó las manos.

–¿Qué se supone que puedo decir? No estoy enamorado de ella. Me preocupa porque nos hemos pasado los dos últimos años trabajando juntos. No albergamos otro tipo de sentimientos el uno por el otro. ¿Por qué no te lo puedes creer?

–No lo sé. Me asusta.

–¿Por qué?

–Porque… –cuando Tessa tragó saliva, Luke se dio cuenta de que estaba al borde de las lágrimas–. ¡Porque no quiero ser la típica chica estúpida que se enamora de quien no debe!

El enfado de Luke no desapareció exactamente, pero sintió que se filtraba en su cuerpo hasta terminar siendo arrastrado por su torrente sanguíneo.

–No estoy buscando una relación estable –le aclaró a Tessa con voz queda.

Tessa pareció sobresaltarse. Se llevó la mano a la boca como si acabara de darse cuenta de lo que había dicho.

–Yo no me refería a… Sé que esto no es…

–Así que será mejor que nos tomemos las cosas tranquilamente, ¿de acuerdo? A partir de ahora, tendremos cuidado.

Tessa detuvo las manos en medio del aire. Frunció el ceño y le miró con los ojos entrecerrados.

–¿Cuidado con qué?

–Con la posibilidad de enamorarnos. Si vamos a enamorarnos, tendremos que tener cuidado.

Tessa tomó aire suavemente y con firmeza. Luke le sostuvo la mirada, esperando que se diera cuenta de que estaba sintiendo lo mismo que ella. La euforia y el miedo. Jamás lo reconocería, pero aquellos sentimientos estaban allí.

Tessa dejó escapar el aire tan lentamente que Luke apenas vio moverse su pecho, pero el pulso le latía salvajemente en la garganta.

–Por si acaso no lo sabes –añadió Luke–, no tengo el mejor historial del mundo. Es posible que no esté hecho para las relaciones largas.

Tessa se encogió de hombros.

–Ahora no tenemos que hablar sobre eso. Siempre y cuando me prometas que no me vas a mentir.

–Eso te lo prometo. No estoy enamorado de Simone. Es solo que… no sé. Me hice policía porque me gusta cuidar a la gente. Y Simon para mí es como una hermana. Además…

–¿Qué?

–Supongo que me dan miedo los niños.

–¿Que te dan miedo los niños?

Luke sabía que aquello sonaba ridículo. Era difícil expresarlo con palabras.

–Son muy frágiles. Y la idea de que críe ella sola a un bebé…

–No son frágiles. Los niños lo resisten casi todo.

Luke sacudió la cabeza.

–Eso es lo que dice la gente, pero no es verdad. Trabajando de policía en Los Ángeles… ¡Dios mío! Tratar con niños era una pesadilla. Era ver vidas arruinadas desplegándose ante tus ojos a diario. Bebés adictos a las drogas, niños abandonados en sus casas porque sus madres tenían que ir a trabajar. Niños que se metían en problemas por falta de alguien que les guiara. Chicas en las calles porque sus padres las trataban como si fueran basura. Ellos no lo resistían todo, Tessa. Eso es solo lo que nos decimos nosotros. Un paso equivocado y, a veces, ya es el definitivo.

–Pero no es eso lo que va a sucederle a Simone.

–Esperemos que no. ¿Pero puede hacerle algún daño el que yo esté cerca para ayudarla?

Tessa le tomó la mano.

–No –susurró–, no puede hacerle ningún daño.

–El mundo es un lugar muy cruel.

–Lo sé –susurró Tessa.

Y Luke supo que estaba pensando en sus padres.

–Lo siento, Tessa.

–De acuerdo –musitó ella–. Pero ya está bien de hablar.

–¿Sí?

–Veamos una película. Ya está bien de salvar el mundo por un día. Vamos a relajarnos y, quizá, a enamorarnos. Pero con mucho cuidado.

Luke sonrió y tomó la cerveza con una mano que le habría temblado si no la hubiera movido con tanto cuidado.

–Tienes toda la razón del mundo.