Capítulo 21

 

Tessa se sentía como si hubiera pasado la mitad de la semana durmiendo. Por supuesto, no todo lo que había hecho en la cama había sido dormir. Pero era evidente que había estado más estresada de lo que pensaba. Había pasado un par de noches en casa de Luke, pero las noches que había pasado en su propia casa, había dormido nueve horas como un tronco. En aquel momento estaba completamente despejada, con los ojos abiertos como platos y dándose cuenta de que no había resuelto su problema en absoluto.

¿Cómo iba a conseguir que Eric firmara aquel contrato? Había retrasado la reunión con el abogado todo lo que había podido. Pero al día siguiente era lunes y ya no le quedaría otra opción.

Bebió un sorbo de café y miró por la ventana su cuidado jardín. Las sombras de los árboles bailaban sobre los ladrillos del patio. Era un día frío, las zonas de hierba que no había tocado el sol estaban cubiertas de escarcha. Pero, aun así, la luminosidad de la mañana era tentadora. A lo mejor la ayudaba dar un paseo.

Tessa se abrigó y salió a la acera, intentando obligarse a pensar. Pero a pesar de todo lo que había dormido, su mente continuaba entumecida, presionada por la impaciencia de dejar aquellos pensamientos a un lado para volver a pensar en Luke.

Estaba en un estado de intenso enamoramiento que no había vuelto a sufrir desde que se había enamorado de Bryce Stevenson cuando estaba en el instituto. Pero Bryce nunca había hecho nada más que besarla. Luke, sin embargo… ¡Oh! Luke le había ofrecido muchas otras formas deliciosas de perder la cabeza con él. Tessa no sabía a quién pensaba que estaba engañando. No había una forma prudente de hacerlo. Y ella quería disfrutar de cada uno de aquellos momentos de insensatez. Pero eso no sucedería hasta que no resolviera el problema del contrato.

Pasó por delante de la tienda de bicicletas que había en la esquina y después por la cervecería. Continuó caminando, esperando que se le ocurriera alguna idea. Cinco minutos después, pasó por el apartamento de Eric, agachando la cabeza para esconder su rostro mientras caminaba.

Luke se equivocaba al pensar que no debía ocultarle aquella información a Eric. Y también Jamie se equivocaba. Eric no tenía por qué saberlo. En primer lugar, porque pasaría años enfadado con Jamie. Y, en segundo lugar, porque jamás permitiría que ella sacrificara la salud de sus propias finanzas por el bien de la cervecería. Y tampoco Jamie, pero ella no sabía a quién más recurrir.

Aunque Jamie vivía más lejos de la cervecería que los otros dos hermanos, Tessa se descubrió dirigiéndose hacia su casa. No solía ir mucho por allí. La mayoría de las veces, cuando veía a Jamie fuera del trabajo, era porque este iba a su casa a cenar o a alguno de sus partidos de kickball.

Al salir de la universidad, Luke había compartido casa con unos amigos durante varios años, pero el año anterior había encontrado una casa antigua de la que habían hecho dos pisos y había comprado el de abajo. Tessa entró en el porche y llamó a la puerta.

Eran las diez de la mañana y era posible que estuviera durmiendo. E, incluso en el caso de que no estuviera dormido, podría no estar solo. Pero estaba dispuesta a enfrentarse a aquel mal trago. Un minuto después, Jamie continuaba sin contestar, así que volvió a llamar con la esperanza de que apareciera.

Se sentía… sola. Echaba de menos que fueran solamente hermanos, la simplicidad de su antigua relación. Jamie no podría ayudarla a averiguar lo que tenía que hacer con el contrato, pero a lo mejor podían sentarse y ponerse al día sobre sus vidas.

Pero Jamie no estaba en casa.

Tessa no entendía por qué se sentía tan sola. Ciertamente, había recibido todo tipo de atenciones por parte de Luke aquella semana. De modo que ahí estaba otra vez: Luke era la fuente de su inseguridad. Lo que sentía por él la asustaba. Incluso asumiendo que hubiera sido completamente sincero con ella, era aterrador. Tessa nunca había sentido nada que fuera más allá de un amistoso afecto por ninguno de sus otros amantes. Le había resultado fácil estar con ellos y fácil alejarse de su lado. Pero con Luke… Dios, con Luke se sentía como si estuviera caminando por el borde de un precipicio y mirando hacia el mar. Era hermoso y emocionante y no quería alejarse de allí, pero sabía que si daba un paso más, no tendría dónde agarrarse. Si bajaba la guardia, caería en picado.

Hundió las manos en los bolsillos y comenzó a regresar a su casa a un ritmo mucho más lento del que llevaba al caminar hacia allí, pero se detuvo al pasar por la esquina de la casa de su hermano. Inclinó la cabeza y miró hacia la acera con el ceño fruncido. Desde la parte de atrás de la casa llegaba hasta ella un ritmo sordo.

–¿Qué demonios? –musitó.

Esperando no estar entrometiéndose en el jardín del otro propietario, se puso de puntillas en el camino de piedra y miró por el espacio que había entre la cerca y la puerta. Tardó algunos segundos en localizar la fuente de aquel ruido, pero al final vio a Jamie en la parte de atrás del patio, blandiendo una especie de herramienta.

Tessa abrió la puerta, se enderezó y frunció el ceño.

–¿Qué estás haciendo?

Jamie se volvió bruscamente blandiendo un pico por encima de su cabeza.

–¡Oh, Dios mío! Eres tú.

–¿Quién creías que era?

Jamie arqueó una ceja con expresión irónica.

–¿Alguien que estaba entrando en mi jardín sin que le hubiera invitado a hacerlo?

–¡Ja! Qué tonto.

Jamie se quitó los guantes y se secó la frente con la manga de la camisa.

–¿Qué te pasa? ¿Va todo bien?

–Sí, claro –giró en círculo para contemplar la transformación del jardín–. ¿Cuándo te han arreglado el jardín?

–Llevo ya algún tiempo trabajando en ello. Empecé el otoño pasado.

–¿Tú has hecho esto?

Jamie se encogió de hombros y se acercó a la plataforma de madera para agarrar una botella de agua.

Un momento…

–¿Tienes una plataforma? Pero yo estuve aquí… ¿Cuándo fue eso? ¿En enero?

–Sí. Y fui suficientemente inteligente como para esconder mis actividades bajo una capa de nieve, pero ahora ya me has descubierto. ¿Quieres un café?

–Claro –contestó en voz baja, contemplando todavía el jardín.

No solo había una enorme plataforma de madera, sino también un jacuzzi instalado en un pequeño cenador, un camino de piedras que atravesaba el jardín y, lo que quiera que fuera aquello en lo que estaba trabajando en una esquina. Tessa miró con los ojos entrecerrados el montón de piedras y tierra, intentando averiguar qué podría ser.

–Vamos –dijo Jamie, señalando una taza de humeante café–, siéntate.

Tessa subió sobre los flamantes tablones de madera y se sentó en una silla de color rojo.

–Con leche y azúcar –musitó Jamie mientras le tendía la taza.

–Gracias. ¿Qué vas a hacer allí?

Con la mirada fija en el montón de tierra, Jamie bebió un sorbo de café.

–Algún elemento acuático.

–¿Y eso qué significa?

Jamie suspiró y la miró de reojo.

–Una cascada.

A Tessa se le fue el café por el lado equivocado y tosió y escupió hasta que los ojos le lloraron.

–¿Una cascada? –consiguió preguntar por fin entre jadeos.

–Una pequeña. Y un lirio acuático.

–Eso es… –buscó la palabra más apropiada. ¿«Extraño»? «¿Inesperado»? ¿«Raro»?–, genial –dijo por fin.

Jamie elevó los ojos al cielo.

–Como el jardín está dividido por la mitad, resulta estrecho y largo. Así que quería hacer algo para que no pareciera solamente la mitad de un jardín.

–De acuerdo, pero, ¿desde cuándo te dedicas a la jardinería?

–Bueno, me compré algunos libros –musitó.

Tessa alargó la mano entre las dos sillas para tomar la de su hermano.

–Parece salido de una revista, Jamie. Es increíble.

–Gracias.

–¿Y eso es un manzano?

Jamie se aclaró la garganta.

–¿Para qué has venido?

–Solo quería verte.

Jamie no insistió y continuaron tomando el café en silencio, observando a una bandada de mirlos que cruzaba el jardín. Y entonces Jamie lo echó todo a perder.

–¿Sigues decidida a acostarte con Luke?

Tessa bufó y le miró exasperada.

–Sí, estoy bastante decidida.

–Supongo que tienes derecho, si tienes ganas de explorar tu lado más salvaje.

–¿Supones?

–¿Pero no podrías hacerlo con cualquier otro?

Tessa abrió la boca, decidida a sintonizar con la histérica indignación de una adolescente localmente enamorada. Pero, un segundo antes de empezar a soltar su diatriba, vio el rostro de Jamie. Lo vio de verdad. Y no le pareció que mostrara una expresión arrogante o despótica. Parecía triste. Tenso de preocupación… por ella. Su enfado se enfrió tan rápidamente que hasta la propia Tessa se estremeció.

–Intentó alejarse de mí, ¿sabes? –le explicó Tessa suavemente–. Cuando le dijiste que era virgen, intentó poner fin a la relación. No es un hombre sin corazón. Es un buen tipo.

–¿Cómo puedes estar tan segura?

–No necesito estar segura. No voy a casarme con él. Solo estamos saliendo. Ya no soy una niña. Si tengo que cometer un error, déjame cometerlo.

Jamie soltó una carcajada.

–¿De verdad me estás diciendo eso tú a mí? Estupendo. Estoy de acuerdo. Somos demasiado mayores como para andar escurriendo el bulto y escondiéndonos. Todos cometemos errores.

–¡Estaba hablando de nuestra vida personal!

–Ya sé de lo que estás hablando, pero te equivocas. No quiero seguir escondiéndome de nada. Eric no va a castigarnos. No va a dejarnos sin sueldo. ¡Diablos! Ni siquiera puede despedirnos.

–Pero puede marcharse –le espetó ella.

Jamie inclinó la barbilla.

–¿Qué?

–Él ya ha invertido mucho tiempo en este negocio. Ha hecho todo lo que tenía que hacer. Pero eso no significa que nos necesite, ni a nosotros ni a la cervecería.

–Tessa –bufó Jamie con una risa ahogada–, ¿de qué estás hablando?

–De nada –contestó, levantándose–. Gracias por el café.

Dejó la taza vacía en la plataforma y se marchó corriendo.

–¡Eh! –gritó Jamie.

Y así permaneció mientras ella empujaba la puerta y la cruzaba.

–¡Te veré esta noche! –gritó ella mientras empezaba a correr.

–¡Tessa! –gritó Jamie, pero ella siguió avanzando.

Era ridículo hablar sobre aquello. Hablar no servía para unir a la gente. A lo mejor Luke era perfecto para ella. Y, sin embargo, tampoco él quería hablar de nada.

Curiosamente, aquel pensamiento consiguió alegrarla mientras continuaba avanzando por la calle. Luke parecía aceptarla tal y como era, con todas sus locuras. Y ella estaba dispuesta a mostrar la misma cortesía respecto a él. Marcó su teléfono y aminoró el paso.

–Buenos días, detective –le saludó cuando contestó–. ¿Me echaste de menos ayer por la noche?

Ella le había echado de menos, pero se había sentido demasiado vulnerable como para pasar cuatro noches seguidas con él.

–¡Oh! Eché de menos algo…

Tessa soltó un sonido burlón.

–Qué perverso.

–Hablando de perversidades, ¿vas a venir esta noche?

–La verdad es que está noche estoy ocupada. Por eso te he llamado.

–¿Estás intentando confundirme?

Tessa sonrió.

–A lo mejor. Esta noche tengo un partido de kickball y me preguntaba si te apetecería venir a verlo.

–¿Perdón? –su tono sugería que Tessa había enloquecido.

–La cervecería tiene un equipo. Esta noche se juega el primer partido de la temporada. ¿Quieres venir a verme patear algunos traseros?

–¿Acabas de decir «verme patear algunos traseros»?

–¿Qué pasa? Es la jerga que utilizamos entre nosotros.

–De acuerdo. Diré que sí antes de que consigas espantarme. ¿Pero que van a decir tus hermanos?

¡Mierda! No había pensado en sus hermanos, lo cual era ridículo. Ellos formaban la cuarta parte del equipo.

–Bueno, Eric parece haber renunciado a separarme de ti, aunque no estoy segura de que te vaya a pedir que te unas al equipo. En cuanto a Jamie… Espero que esté conforme siempre y cuando no empecemos a magrearnos en el campo.

–Mm. Sí, creo que podré evitarlo.

–En ese caso, trato hecho. Nos veremos allí. El partido es a las seis y media. El campo está dos bloques más allá de la cervecería.

 

 

Cuando Luke llegó al campo de béisbol, se dio cuenta de su error. No debería haber prometido que no se magrearía con ella antes de haber visto su indumentaria. Tessa era como el sueño húmedo de sus años de instituto.

Llevaba unas medias que terminaban justo por debajo de las rodillas, después, se adivinaba una larga fracción dorada de muslo que llegaba justo hasta el borde de sus pantaloncitos de nylon. En la parte de arriba llevaba una camiseta estrecha con el logo de la cervecería en el pecho en un color rojo que atrapaba la mirada. Aunque quizá no fuera el color lo que atrapaba la mirada, sino lo que se escondía bajo ella. Por supuesto, Tessa remataba el conjunto con una cola de caballo alta que brillaba como el oro y el bronce bajo el último sol de la tarde.

A Luke le dolía el pecho cada vez que le latía el corazón. Se sentó rápidamente en las gradas, antes de que los hermanos de Tessa le descubrieran devorándola con la mirada. ¿Pero cómo demonios le permitían vestirse así? Miró a las otras personas de las gradas, esperando ver a los hombres haciéndole fotografías con sus teléfonos móviles y colgándolas en Internet. Pero la vasta mayoría de los espectadores eran mujeres. Lo cual tenía sentido, suponía. Solo había otra mujer en el equipo. La reconoció como una de las camareras a las que habían tomado las huellas dactilares. El resto del equipo parecía estar compuesto por Jamie, Eric, Wallace y el joven lavaplatos. Eric no parecía tener muchas ganas de estar allí, pero Jamie parecía encantado hablando con dos mujeres despampanantes que no paraban de reír emocionadas. Pero Luke apenas las miró. Al fin y al cabo, Tessa estaba estirando los tendones de las rodillas. Y él tenía que memorizar aquellos movimientos para después reproducirlos.

Cuando Tessa alzó la mirada y le vio, su rostro absorbió todo el sol de la tarde y curvó los labios en una sonrisa que le golpeó a Luke en las entrañas. Estaba comenzando a acostumbrarse o, por lo menos, a aceptar la ola de pánico que le invadía en tantas ocasiones. Ignorando los dardos que Eric le estaba lanzando con la mirada, le devolvió la sonrisa y contempló después cada centímetro de su cuerpo cuando Tessa se volvió y comenzó a correr hacia el campo.

El juego empezó. Luke no tenía la menor idea de lo que estaba pasando mientras el juego progresaba. Lo único que sabía era que Tessa se acercaba corriendo y después volvía a alejarse corriendo otra vez. Luke la observó sin pensar ni una sola vez en los casos que tenía abiertos. Sencillamente, sentía el calor del sol y el frescor de la brisa y observaba a Tessa divertirse con aquella indumentaria indecentemente saludable. No había disfrutado tanto desde hacía daños.

No, eso había que borrarlo. No había disfrutado tanto en público desde hacía años. Por supuesto, los momentos íntimos de disfrute también habían sido compartidos por Tessa. Y no podía esperar a llevársela a algún lugar más privado aquella misma noche. Rezó al cielo para que no se fueran todos a tomar pizza y refrescos después del partido. Luke se volvería loco si tenía que sentarse cerca de sus muslos en una mesa en la que estuviera también su familia.

–Deja de mirar a mi hermana de esa forma –le dijo una voz a la derecha.

Luke se sobresaltó y se llevó la mano al lugar en el que normalmente llevaba la pistola. Soltó una maldición y se volvió hacia Eric.

–¿De dónde demonios has salido?

–Estoy esperando –dijo Eric, señalando hacia el juego.

Luke no había registrado nada, excepto el hecho de que Tessa estaba a solo unos cinco metros de distancia y de espaldas a la línea, proporcionándole una vista fantástica.

–Lo siento –musitó, sin molestarse siquiera en negar que la estaba devorando con la mirada.

–Más te vale no engañarla.

–No la estoy engañando.

–Seas o no policía, encontraré la manera de destrozarte la vida.

–Comprendido.

Luke no iba a discutir con aquel hombre. Eric tenía todo el derecho del mundo a preocuparse por Tessa. En aquel momento parecía tan vulnerable como un condenado corderito.

–Te prometo que lo que has oído sobre mí no es verdad. Nada.

Eric le sorprendió contestando:

–De acuerdo, lo aceptaré hasta que tenga alguna razón para no hacerlo. No quiero que mi hermana tenga que ocultarme nada, así que hagamos una tregua.

Aunque estuvo a punto de atragantarse al oír las palabras de Eric, Luke alargó la mano y se la estrechó. ¿Que no quería que Tessa le ocultara nada? Pues le iba a costar.

Eric bajó de las gradas para reunirse con su equipo y Jamie los fulminó a los dos, a Luke y a su hermano, con la mirada. Era extraño que un viejo amigo pudiera estar tan molesto, pero quizá tuviera sentido. Luke no había sido ningún angelito cuando estaba en la universidad y Jamie lo sabía.

Cuando Tessa estaba en la base, esperando a golpear la pelota, sonó el teléfono de Luke. Este sacó el teléfono del bolsillo sin apartar la mirada del juego.

–Asher –contestó.

–Asher, soy Ben Jackson, de Denver, ¿estás en medio de algo importante?

Tessa golpeó la pelota y corrió hacia la primera base, pero la interceptaron antes de llegar allí.

–No –dijo Luke mientras bajaba y rodeaba las gradas–. ¿Qué ha pasado?

–Estoy teniendo un turno de fin de semana muy tranquilo, así que he estado buscando las grabaciones que me pediste. Es curioso. Esas entrevistas se han perdido definitivamente. Llamé al detective que condujo la investigación, que ahora mismo se encarga de delitos violentos. Imaginé que el caso todavía estaría fresco, pero él me asegura que no recuerda nada de esas entrevistas. Dice que no debía de haber nada, puesto que no llevaron a ninguna conclusión.

–Suena extraño.

–No sé, tío. En realidad, son solo unos cuantos robos. No me imagino a nadie esforzándose en encubrir información a través del departamento. Piensa en cuánta gente haría falta.

–¿Y no podría haber sido el propio detective? A lo mejor tiene a un sobrino o a un primo involucrado en el caso.

–Podría intentar investigar a su compañero, si quieres –pero Ben parecía bastante reacio–. Aunque no es el único que firmó los informes.

Luke se encogió de hombros.

–Estoy seguro de que no es nada. Y gracias.

–De acuerdo. Llámame si cambias de opinión.

Cuando rodeó las gradas, Luke estuvo a punto de chocar con Tessa, que también estaba rodeando el campo.

–¡Eh, hola! ¿Alguna llamada importante? ¿Una investigación sobre un asesinato?

–Se supone que no deberías parecer tan ilusionada.

–¡Oh, lo siento! Es verdad –pero continuaba mirándole con ojos brillantes.

–No, no es una investigación sobre un asesinato –bajó la mirada–. Por cierto, pareces…

Tessa flexionó el bíceps.

–¿Muy deportista?

–No era eso lo que iba a decir.

Tessa intentó dirigirle una dura mirada.

–¿Preparada para machacar a cualquiera?

Luke se inclinó hacia ella y le susurró al oído:

–Por favor, dime que llevas unas bragas blancas porque de esa forma completaría completamente mi fantasía.

Tessa soltó una carcajada y se llevó después la mano a la boca.

–¿Qué?

–Tienes el aspecto de todas las chicas guapas con las que fantaseaba en la clase de gimnasia cuando estaba en noveno grado.

–¡Ooh! –Tessa retrocedió y le miró arqueando una ceja–. Vaya, vaya, detective. Al final resulta que tienes un lado sucio. ¿Y qué te imaginabas haciendo con esas chicas?

–Diablos, Tessa. Estaba en noveno grado. Para entonces, ya había llegado a la parte en la que me imaginaba a una chica sin las bragas puestas. Pero eso era todo.

Sonriendo, Tessa dio un paso hacia él y le susurró al oído:

–¿Entonces solo necesitas que me tumbe a tu lado y me baje las bragas? ¿Eso es todo?

–¿Quieres que te sea sincero? Me avergüenza decir que podría valerme con eso.

–¿De verdad? –arqueó las cejas varias veces–. Tendremos que averiguarlo.

Luke estaba sonriendo como el gato de Alicia cuando alzó la mirada. Desgraciadamente, su sonrisa de satisfacción se cruzó con la mirada de Jamie antes de que Luke hubiera borrado aquella expresión de su rostro. Se tensó.

–¡Dios mío! –susurró Tessa–. ¿Alguno de mis hermanos está detrás de mí?

–Sí.

–¡Cojones! –musitó ella.

Luke se irguió y la señaló con el dedo.

–¡Aquel día dijiste «cojones»!

–¿Qué?

–No importa –contestó, antes de volverse para mirar a Jamie–. Muy buen partido –le dijo débilmente.

Jamie le fulminó con la mirada antes de dirigirse a su hermana.

–Mañana tengo el día libre. Chester me sustituirá. Llámame si surge algún problema. O por cualquier otra cosa.

–Claro –contestó Tessa–. Te llamaré.

Jamie la miró con el ceño fruncido, como si estuviera esperando algo más.

–O puedes venir a mi casa para que hablemos si te apetece.

Tessa asintió y Luke se marchó sin volver a mirar a Luke. Tessa clavó la mirada en su espalda.

–Lo siento –susurró Luke–. No quiero causar problemas entre vosotros.

–No, hay otras muchas cosas. Pero estos trece años han merecido la pena, creo –tomó aire, alzando los hombros, pero cuando se volvió hacia Luke, ya estaba sonriendo otra vez–. Vente a casa. Te haré la cena. En realidad, cocino bastante bien. Y después… a lo mejor te dejo llegar a la segunda base.

–¿De verdad? Pues a lo mejor intento avanzar hasta la tercera.

La sonrisa de Tessa le indicó que ella tenía una idea mejor.

–¿Qué tal si llegamos al home?

Luke gimió al oír aquella broma y le dijo que no tenía gracia, pero en el fondo, estaba tan emocionado como un maldito estudiante. Y enamorándose a mayor velocidad que antes.