¿Has pensado alguna vez en lo que hacen otros seres vivos? Siempre que salgas al exterior, recuerda que hay miles de otras criaturas que vuelan, se esconden, hibernan y mucho más. Estos animales, insectos y reptiles, ayudan a crear el mundo en el que vivimos. Forman parte del planeta de una manera que quizá ahora no comprendas, pero puedes aprender sobre ellos si te interesa.
Las hormigas están entre las criaturas más pequeñas que podemos ver a simple vista. Sin embargo, ayudan a todo el entorno y aportan muchos beneficios.
¿Qué te parece? ¿Recordarás lo útiles que son antes de pisar una? Recuerda que el hecho de que algo sea más pequeño que tú no significa que sea menos importante.
Teo es el protagonista de la siguiente historia. Tiene una imaginación extraordinaria y un día empieza a fantasear sobre cómo sería ser tan pequeño como una hormiga. ¿Crees que podría aprender algo especial? ¿Qué podrías aprender si fueras un insecto, una planta o un animal?
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Teo observó cómo mamá cogía un pequeño taburete de la alacena y se acercaba a uno de los armarios más altos de la cocina. Colocando el taburete en el suelo, mamá se subió encima y sacó algunos artículos de fiesta del armario.
A través de la puerta corredera de cristal, Teo vio a su padre en el jardín ocupado en limpiar la parrilla.
Entonces miró hacia el pasillo y vio a su hermano mayor, Rafael, ocupado en barrer, quitar el polvo y limpiar las ventanas.
Toda su familia estaba ocupada. Sabía que estaba ocupada preparando la fiesta del 50º aniversario de sus abuelos, pero no creía que fuera el único con las manos llenas. Estaba aburrido. Era demasiado joven para ayudarles, así que decidió salir a dar un pequeño paseo en lugar de quedarse ahí parado como un tonto.
El sol golpeaba con fuerza su piel. El brillo dorado del día le levantó un poco el ánimo. Cerró los ojos y giró la cara hacia el sol, para que este le calentara las mejillas, la frente y la nariz.
Sonrió. Le gustaba estar al aire libre.
Cuando terminó de tomar el sol, se dirigió al patio, lejos del bullicio. No quería estorbar a nadie.
De hecho, estaba incluso un poco triste porque no le habían pedido ayuda. Quería a sus abuelos y se alegraba de que hubieran estado casados durante tanto tiempo.
Sin embargo, a nadie se le había ocurrido pedirle que hiciera algo.
Teo se sentó en un columpio, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, dejando que la punta de sus zapatos cavara un surco en la tierra. Cuando miró hacia abajo, vio una columna de hormigas.
Su interés se despertó.
—Me pregunto por qué caminan en filas —pensó. Se dio cuenta de que las hormigas eran pequeñas, como él en comparación con el resto de la familia, y dijo con tristeza—: Probablemente tampoco puedan hacer mucho.
Teo se puso de rodillas para verlas mejor, sin preocuparse de ensuciarse los pantalones.
Parecían estar marchando.
Intrigado, empezó a preguntarse cómo sería ser una de ellas.
Y de repente, su ilimitada imaginación se hizo cargo...
Se imaginó a sí mismo reduciéndose al tamaño de una hormiga. Cuando levantó la vista, vio el columpio, el parque infantil y el césped que se alzaba sobre él. ¡Todo parecía enorme!
Las briznas de hierba parecían gigantescos brazos verdes moviéndose de un lado a otro.
Frente a él, vio que la fila de hormigas se movía mucho más rápido de lo que había pensado cuando era más grande. Comenzó a correr para alcanzarlas.
Las hormigas eran brillantes y de color marrón y negro. Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Teo. Nunca había pensado en cómo era una hormiga de cerca; ahora eran tan grandes como él y tenía una mejor visión de ellas.
Se movió rápidamente para mantener el ritmo. A las hormigas no parecía importarles su presencia. Ni siquiera le miraron y siguieron marchando en fila india.
Teo les siguió hasta un agujero en el suelo. Se mordió el labio. No estaba seguro de querer entrar, pero la curiosidad era demasiado fuerte. Miró dentro del agujero y abrió los ojos con sorpresa. Delante de él había un largo túnel, tan largo, que ni siquiera podía ver el final.
Entusiasmado, entró con cuidado de no estorbar a las hormigas. Se mantuvo cerca de la pared porque el terreno frente a él era tan empinado que tenía que prestar atención a cada paso que daba. Casi parecía un precipicio más que un descenso.
Al tener que caminar con la máxima precaución, se dio cuenta de muchas otras cosas. Escuchó los ruidos que llegaban del exterior: cómo resonaban las pisadas, el silbido del viento y los ladridos de los perros. Todo hacía un gran ruido bajo tierra.
Pero también notó otros ecos más profundos en la galería. Oyó unos pasos ligeros que parecían marchar al unísono y se preguntó si serían las hormigas moviéndose juntas.
Cuando llegó al fondo, se sorprendió de lo que vio.
A partir del primer túnel, se abrió una gran red de túneles, carreteras y puentes. Teo no pudo contener su asombro y gritó:
—¡Guaoooo!
Quería correr y mirar en cada rincón, pero sabía que no debía estar en esa madriguera y no quería molestar a sus habitantes.
Caminó a lo largo de la pared, para no caer en las otras cuevas o agujeros que vio. Pronto se dio cuenta de que había un enorme trozo de tierra bloqueando el camino. Algunas hormigas lo tocaban con sus antenas.
Teo esperó, pensando que seguirían otro camino. En cambio, una hormiga empujó la piedra hacia un lado utilizando sus patas delanteras.
Otra hormiga se agachó y una tercera empujó la piedra sobre su espalda. La hormiga, con la gran carga a cuestas, se dio la vuelta y se alejó sin problemas.
Teo parpadeó sorprendido.
Le impresionó que una hormiga tan pequeña pudiera llevar algo tan grande y pesado.
—Si pueden mover algo tan grande siendo tan pequeños, quizá yo también pueda ayudar a mi familia de alguna manera —pensó.
Se volvió hacia la entrada y vio otra cosa extraordinaria. Las hormigas estaban comiendo una especie de líquido oscuro y pegajoso que olía un poco a podrido. Parecía atónito: las hormigas estaban limpiando una parte de la tierra que había sido contaminada por algún tipo de vertido.
Estaban moviendo esa suciedad aceitosa hacia un agujero muy oscuro. Al mismo tiempo, otras hormigas sacaban tierra que parecía más limpia.
—¡Vaya! —exclamó Teo, cuya satisfacción resonó en los túneles—. Las hormigas están limpiando el entorno. Cuando llegue a casa, buscaré más información sobre ellas para saber más. Después de ayudar a mi familia a preparar la fiesta, por supuesto.
Corrió por la empinada colina hacia la luz del sol. Y cuando reapareció, volvió a su tamaño normal.
Miró a su alrededor y vio que la hierba ya no era gigante y que su mano volvía a ser mucho más grande que una hormiga.
Sonrió y se levantó. Luego se cepilló la parte trasera de los pantalones, que se habían ensuciado, y se quitó el polvo de las rodillas. Cuando entró en la casa, su hermano todavía estaba limpiando el salón, su madre seguía sacando cosas de los armarios y su padre estaba preparando el patio para la fiesta.
Teo se acercó a Rafael y le preguntó:
—¿Puedo ayudarte a quitar el polvo? No tienes que hacerlo todo tú mismo.
—¡Claro, me encantaría!
Durante el resto del día, Teo ayudó a su madre, su padre y su hermano a limpiar y preparar la casa para la fiesta. Estaba orgulloso de su trabajo y no podía dejar de sonreír. Sabía que el trabajo que hacía era útil y que, aunque fuera pequeño, podía marcar la diferencia.
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Nadie es demasiado joven o demasiado pequeño para marcar la diferencia: no importa tu edad (o tu altura), siempre puedes marcar la diferencia. No dejes que tu cuerpo, tu edad o cualquier otra cosa te impida hacer lo que quieras.