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Capítulo 1
Savoir es el restaurant más exclusivo en Punta del Este. Los amantes de la buena cocina dicen que es el mejor restaurant en todo Uruguay. También es uno de los más caros. Una cena en Savoir está entre 200 y 300 USD, sin contar la bebida. Pero para los que van a comer allí eso no es mucho dinero. La mayoría son políticos, artistas u otras personas famosas. Apenas llegan al restaurant los recibe el maître. Luego, Celia les da la bienvenida y se queda conversando con ellos.
Celia es la dueña de Savoir. A ella le gusta decir que es la dueña y la chef del restaurant. Pero la verdad es que el verdadero chef es uno de los cocineros. Celia ni siquiera diseñó el menú y la carta del restaurant. Aunque eso nadie lo sabe.
Hoy es sábado por la noche y el restaurant está repleto de gente. Todo el Jet set de Argentina y Uruguay está presente. Celia saluda a todas las personas que van entrando, una por una. Recibirlos en su restaurant la hace sentirse una más del grupo. Cuando está entre ellos se siente famosa y poderosa.
Capítulo 2
Su nombre completo es Celia Giménez. Tiene 41 años y vive en el centro de Punta del Este. Nació en Uruguay y toda su vida ha vivido allí. Desde pequeña siempre quiso ser una persona famosa. O, al menos, estar rodeada de gente famosa. Y al cumplir los 35 años decidió concretar su sueño: abrir su propio restaurant. El mejor restaurant de Punta del Este. En este momento, Savoir es lo más importante en su vida. Ama el prestigio de tener tanta gente famosa almorzando y cenando en su restaurant.
Celia es soltera y nunca estuvo en pareja. Tuvo algunos romances con mujeres, pero ninguno duró más de uno o dos meses. En su adolescencia se dio cuenta de que le gustaban las mujeres. Desde entonces quiere “salir del closet”, pero no se anima a hacerlo.
Desde hace dos años vive con Leonor, su madre. Comparten una casa pequeña, bastante alejada de la playa. Ni a ella ni a su madre les gusta el sol, la arena ni el mar. Por eso, mientras la gente disfruta la playa ellas prefieren quedarse en casa con su aire acondicionado.
Capítulo 3
Celia nunca tuvo un gran talento para la cocina. Siempre fue una cocinera común y corriente. Pero cuando era joven tuvo la oportunidad de estudiar en las mejores escuelas de cocina. Su padre le pagaba con gusto los cursos más caros. Tomó cursos en Argentina y Uruguay con los chefs más importantes de cada país. A los 25 años consiguió su primer trabajo en un restaurant. Como sucede en todos los restaurantes, debió empezar como “ayudante de cocina”. El trabajo le resultaba aburrido y monótono. Todos los días volvía a casa con quemaduras. Después de dos semanas renunció al empleo. Y se prometió no volver a trabajar como ayudante de cocina.
Los años siguientes trabajó como chef en restaurantes de amigos. El trabajo tampoco le gustaba, pero ahora el sueldo era muy bueno. Cuando cumplió 34 años su padre le regaló 300,000 USD. Con ese dinero, al año siguiente abrió el restaurant Savoir. Quería que sea el mejor restaurant de Punta del Este. El más caro y el más distinguido de todos. Para eso contrató a dos excelentes cocineros. Uno de ellos sería el chef.
Capítulo 4
El trato de Celia con sus empleados es muy malo. A los camareros les dice: “¡Vamos, muévanse más rápido! Vamos, que la comida se enfría. Parecen tortugas estúpidas”. Los camareros nunca le responden. Saben que si le contestan los despedirá, como ya hizo con decenas de empleados.
A los ayudantes de cocina les dice: “A ver... ¿no pueden trabajar más rápido acá? Me están haciendo perder dinero. Así nunca van a llegar a nada en la vida. Trabajen con más ganas”. Con los cocineros es aún peor. A veces tira los platos terminados al piso. Y les dice: “Esto es un asco. Háganlo de nuevo. ¡Y háganlo bien esta vez! Inútiles...”. Los cocineros no tienen otra opción que volver a preparar el plato.
Como Celia tiene tan mal carácter la mayoría de los empleados no duran más de uno o dos meses. Todo el tiempo debe buscar nuevos ayudantes de cocina y camareros. Pero sabe que hay mucha gente que quiere trabajar en Savoir, por el renombre del restaurant. No lo hacen por el sueldo: saben que Celia paga muy poco.
Capítulo 5
Hoy Celia está hablando con Esteban y Pedro, los cocineros de Savoir:
-Esta tarde vendrán dos nuevos ayudantes de cocina. Quiero que los pongan a prueba. Ya saben qué es lo que buscamos: que trabajen bien y rápido.
-Okay –dijo Pedro.
-Recuerden decirles que el primer día es a prueba. No les pagamos.
-Pero, ya sabe que eso no está permitido. Recuerde lo que sucedió la última vez.
-No me importa. ¿Tú me vas a decir ahora cómo debo manejar mi restaurant? Yo soy la dueña. Si quiero pagarles el primer día se los pago, y si no se me antoja no se los pago. ¿Está claro?
-Sí, señora.
-La próxima vez, Pedro, guardate el comentario. No es necesario.
Cuando Celia se va de la cocina Esteban y Pedro siguen trabajando. Ninguno de los dos dice una sola palabra. Saben que no tiene sentido discutir con su jefa. Ella siempre hace lo que tiene ganas. Nunca los escucha. Para ella, los empleados son lo menos importante.
Capítulo 6
Esteban y Pedro son los únicos que trabajan en Savoir desde que abrió sus puertas. Ya hace 5 años que son los cocineros del restaurant. Las condiciones del trabajo no son buenas: turnos de 12 horas y solo medio día libre por semana. El sueldo que cobran es bajo, pero necesitan el dinero. Además, ya saben que en los otros restaurantes los sueldos no son mucho mejores.
Lo peor de trabajar en Savoir no son la cantidad de horas ni el sueldo. Lo peor es el maltrato de Celia. Todos los días les grita, los insulta y los trata mal. Con el tiempo, Esteban y Pedro se fueron acostumbrando. Ahora lo ven como algo completamente normal.
En varias ocasiones intentaron cambiar de trabajo. Por distintas razones nunca lograron hacerlo. Tenían miedo de quedar en la calle o de que Celia se enoje con ellos. Con los años Esteban y Pedro se hicieron muy amigos. Aprendieron a soportar a Celia y a disfrutar al menos un poco de lo que más les gusta en la vida: cocinar.
Capítulo 7
Esteban Leroid tiene 34 años y nació en Argentina. Desde pequeño ya sabía que iba a ser cocinero. Le gustaba cocinar todo tipo de comidas, cosas dulces y saladas. Cuando cumplió 18 años consiguió su primer trabajo en un restaurant de Buenos Aires. Empezó como ayudante de cocina. Después de dos años pasó a ser el cocinero principal del restaurant. Luego trabajó en algunos de los mejores restaurantes de Argentina. Esteban nunca hizo cursos de cocina, pero sabe tanto como los mejores chefs.
A los 29 años decidió mudarse a Uruguay. Empezó a trabajar en Savoir y conoció a Johana, su pareja actual. Estuvieron de novios durante varios años, viviendo cada uno en su propia casa. Cuando Johana quedó embarazada decidieron irse a vivir juntos. Marcos, el hijo de la pareja, ahora tiene 2 años. Es la mayor felicidad de Esteban, y la razón por la que se levanta de la cama todos los días. A veces siente ganas de dejar su trabajo, tomar un bolso y viajar solo por el mundo. Olvidarse de Celia y de Savoir. Olvidarse de todos los problemas que tiene. Pero en esos momentos se acuerda de “Marquitos”, su hijo.
Capítulo 8
El día de Esteban empieza a las 8am. Lo primero que hace es preparar el desayuno de Marcos. Después se da una ducha corta. Alrededor de las 8.30am desayuna con Johana. Conversa un poco con ella y juega con Marcos. A las 9am se prepara para ir al restaurant. El viaje en colectivo dura media hora, pero Esteban trata de llegar temprano. A Celia no le gusta que sus empleados lleguen tarde. Varias veces les pagó de menos por eso. “Yo les pago su sueldo por el turno completo. Si llegan unos minutos tarde se los debo descontar. Me parece justo”.
El trabajo como cocinero es realmente intenso. En el horario de trabajo no tienen descanso. Deben preparar un plato detrás del otro. Siempre hay cosas para hacer y siempre les falta tiempo. Al apurarse es normal quemarse con agua caliente o con el fuego de las hornallas. En sus 15 años como cocinero, Esteban ya lleva decenas de quemaduras. Pero eso no es nada en comparación con el maltrato de Celia. Todos los días debe soportar los insultos y las humillaciones de su jefa. Esteban soporta el maltrato sin decir una sola palabra.
Capítulo 9
La familia de Esteban vive en Buenos Aires. Sus padres, su hermano y sus primos. Él piensa mucho en ellos. En algún momento quiere regresar a la Argentina. Le gustaría que Marcos crezca en su país. Se imagina yendo a los partidos de fútbol con su hijo. O escuchando sus bandas de rock preferidas, en vivo. Con Johana hablan seguido sobre eso. A ella también le gustaría mudarse a Argentina. Johana vivió algunos años en Buenos Aires y le encantó la ciudad. Los dos tienen la intención de mudarse, pero no tienen el dinero.
Hace un año Esteban y Johana empezaron a ahorrar dinero para volver a Buenos Aires. Como no ganan mucho, sus ahorros no son demasiados. De todos modos, les alcanzan para vivir unos dos meses. El plan de ellos es viajar a Argentina y tratar de conseguir empleo rápido. Esteban, en un restaurant. Johana, en un call center. Alquilar un departamento, gastando lo mínimo posible. Después de eso, seguir ahorrando. Tienen planeado ahorrar durante varios años para cumplir el sueño de Esteban: abrir un restaurant en Buenos Aires.
Capítulo 10
El viernes al mediodía Esteban recibió un llamado mientras trabajaba. Era Johana:
-Hola, Esteban.
-Hola, amor. ¿Pasó algo? Ya sabés que no puedo hablar a esta hora...
-Marquitos...
-¿Le pasó algo a Marcos?
-Estamos en el hospital. Esta mañana después de que te fuiste se descompuso.
-¿Y ahora? ¿Cómo está? ¿Querés que vaya?
-Está mejor. Lo van a dejar todo el día en observación. Lo traje a una clínica privada. Saqué plata de los ahorros. Lo siento...
-Está bien, Joha. Hiciste bien. Tengo que seguir trabajando. Avisame sobre cualquier novedad.
Por la tarde volvió a hablar con Johana. Los médicos no saben qué es lo que tiene Marcos. Debe hacer un tratamiento costoso. Por suerte tienen sus ahorros. Esteban ya sabe lo que eso significa: deberán olvidarse de volver a Buenos Aires. Deberá olvidarse de su sueño de abrir su propio restaurant. Y deberá seguir aguantando a Celia hasta quién sabe cuándo.
Capítulo 11
Pedro aún recuerda el día en que empezó a trabajar en Savoir. Celia le hizo algunas preguntas personales:
-¿Cómo es su nombre completo?
-Pedro Olmos.
-¿Nacionalidad?
-Peruana.
-¿Fecha de nacimiento?
-5 de diciembre de 1963.
-¿Tiene libreta sanitaria?
-Sí.
-Bien. Puede empezar hoy mismo.
-Gracias, señora.
Pedro cocina desde pequeño. Cuando tenía 6 años cocinaba para sus hermanas más pequeñas. Desde entonces, no hace otra cosa más que cocinar. A los 13 años consiguió su primer empleo en un bar de Cusco, en Perú. Le pagaban una parte con dinero y otra con comida. Eso le alcanzaba para ayudar a sus padres. Su madre trabajaba como empleada de limpieza. Su padre era obrero. Construía casas y edificios. Pedro no tiene buenos recuerdos de su padre. Siempre llegaba a casa borracho y le gritaba a él y a su madre.
Capítulo 12
A los 30 años Pedro ya había trabajado en los mejores restaurantes de Perú, Chile y Argentina. Llegó a tener mucha fama como cocinero. Su nombre aparecía en las revistas de gastronomía, en las guías de restaurantes. Gracias a eso logró cocinar para varios presidentes y para empresarios millonarios. Durante varios años fue el chef privado de las familias más poderosas de Sudamérica.
Toda su vida Pedro fue soltero. Tenía mujeres, pero no quería compromisos. No se imaginaba teniendo su propia familia. Hasta que conoció a Dalma, una empresaria argentina. Se enamoraron y poco después se fueron a vivir juntos. Pedro ya tenía 46 años. La relación duró solo dos años y terminó de la peor manera. Dalma echó a Pedro de su casa a patadas. Se cansó de verlo borracho todos los días. En ese momento, Dalma estaba embarazada de ocho meses. Pedro no tuvo más remedio que irse de la casa. Se mudó a Uruguay y unos meses más tarde empezó a trabajar en Savoir. Desde entonces, no tuvo más noticias de Dalma ni de su hija.
Capítulo 13
Como cocinero, Pedro siempre tuvo mucha paciencia. Lo que más le gusta de su trabajo es enseñarle a la gente más joven. Les explica las mejores técnicas de cocina y les dice todos sus secretos. Los que trabajaron con él dicen que es un excelente profesor. Pedro tiene paciencia para enseñar y también para trabajar con otras personas. Si tiene que dirigir equipos de cocineros, lo hace con mucha paciencia y tranquilidad. Usa palabras suaves, voz baja. Es todo lo contrario de Celia.
En la cocina de Savoir, Celia trata mal a todos los empleados. Incluso a Pedro. Como ella es la dueña del restaurant, cree que eso le da derecho a maltratar y a insultar a todo el mundo. En su experiencia como cocinero Pedro ya conoció a otras personas así. Y siempre soportó el maltrato. Ahora ya está acostumbrado. No se enoja, ni pierde la calma. Ni siquiera cuando Celia le dice cosas como:
“Esto está horrible. Hacelo de nuevo”
“Un asco. ¿No ves que no servís?”
“Sos el cocinero más imbécil que conocí”
Capítulo 14
Pedro recuerda muy pocas cosas de su infancia. A sus padres casi no los veía, porque trabajaban de la mañana a la noche. Él tenía que cocinar o cuidar a sus hermanas. Apenas tenía tiempo para ir a la escuela. Con mucha dificultad logró terminar la escuela primaria. Fue a la escuela solo hasta los 12 años. Después de eso tuvo que empezar a trabajar para ayudar a su familia. Desde los 13 años ha trabajado toda su vida sin parar. De sus padres aprendió cosas buenas, como la importancia del trabajo. Y también aprendió cosas malas, como el vicio de la bebida.
En su adolescencia Pedro empezó a beber alcohol todos los días. Empezó con bebidas suaves, como cerveza. Luego siguieron el vino y las bebidas blancas (whisky, ron y licores). En pocos años estaba igual que su padre. Se había vuelto alcohólico. La bebida lo controlaba, era más fuerte que él. La usaba para escapar de la realidad y para olvidar sus problemas. Después del trabajo, al llegar a su casa, bebía hasta dormirse. Al despertarse por la mañana lo primero que tomaba era alcohol. Y también era lo último que tomaba antes de acostarse.
Capítulo 15
En unos minutos Pedro empieza el turno noche en Savoir. Entra a las 7pm y sale después de la medianoche. Apenas lo ve entrar al restaurant, Celia le dice:
-¿Otra vez borracho, Pedro? Ya sabés que no podés venir a trabajar así. Si querés emborracharte hacelo, pero cuando salís.
-Pe-perdón... señora. Solo to-tomé... un vasito de vino.
-Sí, me imagino... Vamos, no soy estúpida. Dale, ponete el delantal y pasá.
Para un alcohólico, la cocina de un restaurant es una tentación demasiado grande. En la cocina tienen todo tipo de bebidas alcohólicas: vino, vodka, gin, brandy, etc. Son las bebidas que se usan para preparar salsas y otras comidas gourmet. Mientras cocina, Pedro toma un trago de vodka. O de gin, o de brandy. Hace tantos años que cocina, que eso no le impide trabajar. Pero a veces termina totalmente ebrio. Hoy fue uno de esos días. Al terminar de trabajar Esteban tuvo que ayudarlo a salir del restaurant. Estaba tan borracho que casi no podía caminar. Esteban lo acompañó a la puerta y le pidió un taxi.
Capítulo 16
Casi toda su vida Pedro vivió en la pobreza. Todo lo que ganaba se lo gastaba en alcohol o en mujeres. Guardaba una pequeña parte para pagar una habitación barata en una pensión. Y el resto se lo gastaba en bebida. Como siempre trabajó en restaurantes, nunca tuvo problemas con la comida. Todos los días almuerza y cena en su trabajo.
Varias veces intentó ahorrar dinero. Separaba una parte de su sueldo a principios de mes. Juraba que no iba a tocar ese dinero por ninguna razón. Tenía el sueño de, algún día, crear una escuela de cocina. Esa era su mayor motivación para ahorrar dinero. Lo máximo que llegó a ahorrar en toda su vida fueron 500 USD. Lo cierto es que tarde o temprano terminaba gastando todo lo que ahorraba. En bebida o mujeres.
Hay meses en que gasta tanto dinero que debe pedir préstamos a amigos. Gasta tanto que a veces ni siquiera le alcanza para pagar los 150 USD de la habitación. Por suerte tiene muchos amigos que lo ayudan. Los que viven en Uruguay le prestan dinero en efectivo. Los que viven en Perú o Argentina le envían giros por Western Union.
Capítulo 17
El talento de Pedro en la cocina no tiene comparación. Combina perfección técnica y creatividad. Su talento es tan grande que, con el tiempo, se convirtió en una leyenda. Expertos en gastronomía de todo el mundo dicen que es el mejor chef de Sudamérica. Gente de los cinco continentes viaja a Uruguay solamente para probar los platos de Pedro. Y esta no es la primera vez que ocurre. Cuando trabajaba en Argentina o en Perú pasaba exactamente lo mismo.
En todos los restaurantes en los que trabajaba, Pedro hacía sugerencias. Los dueños le pedían consejos para preparar los menús y las cartas de sus restaurantes. Las ideas originales de Pedro siempre atraían a cientos de clientes de todas partes. La gente que probaba sus platos después les recomendaba los restaurantes a sus amigos. En la época de las redes sociales, la fama de Pedro se multiplicó. Ahora, además de los comentarios sobre sus comidas había fotos. En Savoir, Celia aprovecha esto al máximo. Todas las semanas publica fotos en Instagram y en Pinterest. Algunas de las fotos son de los platos del restaurant. Otras, son fotos de ella junto a artistas y famosos.
Capítulo 18
Toda su vida Celia vivió sola. Nunca le gustó tener que compartir su espacio con otras personas. Ya desde pequeña prefería tener su propio lugar, sus propias cosas. Al ser hija única, nunca supo mucho sobre compartir. En su casa, todo giraba alrededor de ella. Sus padres estaban allí para servirla. Todo lo que les pedía, ellos se lo compraban.
Cuando cumplió 18 años Celia se fue a vivir sola. Su padre le pagaba el alquiler y le daba dinero para sus gastos. Al poco tiempo se dio cuenta de las ventajas de vivir sola. Podía llegar a la hora que quisiera, podía invitar a cualquier persona y podía levantarse a cualquier hora. Nadie la molestaba. Ella era la única dueña y reina de su espacio. Pero hace dos años todo cambió. Cuando falleció su padre, su madre le pidió por favor que la acepte en su casa. Le dijo que se sentía muy sola. Celia hizo todo lo posible para que su madre no se mudara con ella. Intentó convencerla de ir a un geriátrico (una “residencia para mayores”, como le decía a su madre) o de ir a visitarla día por medio. Finalmente, su madre insistió tanto que no tuvo más remedio que aceptar convivir con ella.
Capítulo 19
Leonor tiene 79 años y es la madre de Celia. Al igual que su hija, mide poco más de 1.60mt. Su cabello es totalmente blanco y le llega hasta la cintura. Desde joven usa el pelo largo, y nunca pensaría en cortárselo. Toda su vida se dedicó a su esposo y a su hija. Como tenían dinero de sobra siempre vivieron con mucho lujo. A Leonor le gustaba usar vestidos elegantes y joyas con diamantes. Uno de sus pasatiempos favoritos era viajar. Le gustaba viajar por el mundo y conocer distintas culturas. Por eso, desde joven se dedicó a aprender varios idiomas.
Después de tener a Celia empezó a fumar. Fumaba dos o tres cigarrillos por día. A los pocos meses fueron diez. Y un año más tarde estaba fumando dos paquetes de cigarrillos diarios. Al día de hoy sigue fumando esa misma cantidad. Los doctores ya le dijeron que si sigue así no vivirá mucho tiempo más. Sus pulmones están totalmente intoxicados por el tabaco y la nicotina. Pero a ella no le importa. Dice: “Cada uno hace lo que quiere. A mí me gusta fumar, así que fumo. ¿Cuál es el problema?”.
Capítulo 20
Para Leonor no hay nada más importante que la familia y los hijos. Por eso, quiere que Celia se case y tenga al menos un hijo. Pero Celia no tiene el menor interés en formar una familia. De todos modos, Leonor se lo recuerda todas las semanas:
-Hija, ya estás grande. ¿Cuánto más vas a esperar? ¿Cuándo vas a traer un novio?
-Ya te dije que no quiero hablar del tema.
-Pero, vos sabés que después de los 40 es más difícil quedar embarazada. Y hay más riesgos para el bebé. Lo sabés, ¿no?
-Sí, ya lo sé, mamá... Pero yo no quiero tener un hijo. Ya te lo dije mil veces.
-Por lo menos podrías conseguirte un marido.
-Basta, mamá. Me tenés harta con eso.
Después de estas conversaciones Celia se va de la casa. Leonor queda sola en la casa. Prende la televisión y se sirve un vaso de whisky. Enciende un cigarrillo y empieza a fumar. Uno tras otro, durante horas. Hasta que llega la hora de la cena o hasta que se acuesta a dormir.
Capítulo 21
Los sueldos de los cocineros nunca fueron los más altos. Esteban siempre lo supo. Sabía que ahorrar dinero iba a ser difícil y que comprar su propia casa iba a ser casi imposible. Cuando se puso de novio con Johana se lo dijo muy claramente:
-Mi amor, yo te quiero mucho, pero nunca voy a poder ofrecerte una casa.
-No me importa. Podemos seguir alquilando. No necesitamos comprar una casa. ¿Quién la necesita?
Lo que nunca imaginó es tener que vivir con tan poco dinero. El sueldo que le paga Celia no le alcanza para mantener una casa de 3 personas. Muchas veces intentó pedirle un aumento, pero nunca tuvo éxito. Por eso, después de tener a Marcos, Johana tuvo que volver a trabajar. Desde hace dos años trabaja en un call center. Son 6 horas de trabajo por día, pero parecen el doble. Todos los días Johana vuelve a casa estresada y de malhumor. Pero gracias a ese trabajo pueden seguir pagando el alquiler, la comida y otros gastos. Ahora rezan para que Marquitos se recupere pronto. Los médicos aún no saben qué tiene, y eso los pone peor.
Capítulo 22
Savoir abre todos los días al mediodía y a la noche. El único momento en que está cerrado es los domingos a la noche. Los cocineros y camareros tienen doble turno. Esteban y Pedro entran al trabajo a las 10am. El primer turno termina a las 3pm, después del almuerzo. A esa hora pueden tomarse un descanso. A veces regresan a su casa, y otros días se quedan en el restaurant. El segundo turno es de 7pm a 1am. Recién a esa hora pueden regresar a sus casas a descansar.
En el restaurant siempre hay muchas cosas para hacer. Hay que lavar y cortar verduras y frutas. Amasar la pasta y preparar salsas. Siempre hay dos o tres ayudantes de cocina que los acompañan. Los ayudantes son los que pelan las papas y cortan las verduras. A veces Esteban y Pedro los ayudan, para terminar antes.
El trabajo de ellos consiste en preparar los platos y presentarlos. Son los que les dan los toques finales a las comidas. Y los que aseguran que solo se sirvan platos de excelente nivel. Si algo está crudo, quemado o sin sabor se tira y se hace de nuevo.
Capítulo 23
A Pedro le gusta mucho la frase: “La cocina de un restaurant es lo más parecido al infierno. Y no lo digo solo por la temperatura”. En la cocina siempre se respira tensión y malas vibraciones. La energía es muy negativa. Casi todos los chefs tienen mal carácter. Les hablan mal a los cocineros, los insultan y los humillan. En Savoir ese papel lo tiene Celia. Pedro dice que ella es el demonio hecho mujer.
El ritmo de trabajo en Savoir es vertiginoso. Cuando el restaurant abre sus puertas al público nadie puede descansar. Ni siquiera un segundo. Y esto vale especialmente para los cocineros. Cada media hora Celia pasa por la cocina y les dice:
-¡Vamos, vamos a moverse! La gente está esperando en el salón. ¿Qué se piensan, que van a esperarlos todo el día? A ver si hacen un poco más rápido. Pedro, ¿me escuchaste?
-Sí, señora. La escuché. Por suerte, no soy sordo.
-¿Qué manera de contestar es esa? Lo que faltaba... Además de borracho, insolente.
Capítulo 24
Hoy Esteban llegó a casa más tarde que de costumbre. El reloj de su celular dice que son las 2.10am. Dejó las llaves sobre la mesa y fue a su cuarto a cambiarse. Lo único que quiere hacer es acostarse, pero antes necesita bañarse. Después de darse una ducha corta mira la hora. Si se acuesta ahora puede dormir al menos 5 horas y media. Tiene ganas de esperar a Johana, pero falta casi una hora para que regresa. Desde que le dieron el horario nocturno en el call center apenas se ven. Como Marcos sigue internado en el hospital pudo aceptar el cambio de turno. Ni había mucho que pensar: le pagan casi el doble de dinero.
Antes de meterse en la cama Esteban escucha el ruido de la puerta. Es Johana. Llegó casi una hora más temprano. Esteban corre hasta la puerta. Johana está llorando. Apenas lo ve, le dice:
-Me echaron. ¡Me echaron del trabajo!
-Bueno, tranquila, mi amor. ¡No llores!
-¿Cómo vamos a hacer ahora? ¿Cómo vamos a pagar las cuentas?
-Tranquila... Algo se nos va a ocurrir.
Capítulo 25
Al salir del trabajo a la madrugada, Pedro suele ir bares. Los que más le gustan están a unas 20 o 30 cuadras del restaurant. Por lo general va caminando. Como tienen precios muy bajos se queda bebiendo unas dos horas. Luego, si no está muy borracho, regresa a su casa caminando. Y si no, se toma un taxi.
Hoy es sábado por la noche y Pedro está sentado cerca de la barra de un bar. Siempre va directamente a la barra. La verdad es que nunca le gustó sentarse en las mesas. Allí se siente muy solo. En la barra, en cambio, siempre está acompañado. Si no hay otra persona bebiendo, al menos está el barman. A Pedro no le gusta hablar, pero le gusta escuchar a otras personas hablando. En las conversaciones, es de los que siempre hacen preguntas. Es de las personas que hacen hablar a los otros.
Mientras bebe el tercer whisky Pedro escucha al barman. El barman le cuenta sus aventuras viajando por Europa. Se divierte contándole historias de los cruceros en los que trabajó. Tal vez muchas sean inventadas, pero a Pedro no le importa.
Capítulo 26
En el restaurant, los camareros trabajan con miedo. Tienen miedo de equivocarse, o de perder dinero. Celia los amenaza, les dice que les quitará parte del sueldo, o que los despedirá. Como ninguno quiere perder su trabajo hacen lo posible por no cometer errores. Prefieren trabajar lento, antes que perder plata. Pero a Celia no le gusta eso. Quiere que los camareros sean rápidos y eficientes. Especialmente en el turno de la cena.
Anoche Celia le dijo a una camarera:
-¿Qué te pasa, querida? ¿Tenés algún problema para caminar?
-No, ¿por qué?
-Porque estás lenta. Estás caminando lento. Dale, movete.
-Está bien.
-¡Movete, te dije!
La camarera apura un poco el paso. Camina más rápido, intenta hacer las cosas con más velocidad. Sabe que no tiene otra opción. Celia la sigue observando desde lejos. Sigue cada uno de sus movimientos. Espera el momento justo para volver a llamarla.
Capítulo 27
20 minutos más tarde Celia vuelve a llamar a la misma camarera:
-Me parece que no me estás comprendiendo. Te pedí que camines más rápido. Que te muevas más rápido.
-Pero... estoy haciendo eso. Me estoy apurando más. Más rápido que eso no puedo.
-Sí que podés. Movete más rápido.
La camarera vuelve a su trabajo. Esta vez empieza a caminar a toda velocidad. Camina con platos y copas en las dos manos. Prácticamente va corriendo por todo el restaurant. Celia la mira, riéndose de la pobre empleada.
Poco más tarde, se escucha un ruido en una de las mesas más alejadas. La camarera iba caminando rápido con un plato y se dio un traspié. El plato terminó hecho pedazos y la comida desparramada por el suelo. Celia la llamó aparte unos minutos. Le dijo que se lo iba a descontar del sueldo. La camarera le respondió: “No es necesario. Renuncio al trabajo”. Ese fue su último día en Savoir.
Capítulo 28
Al final del día, Celia les dijo a Esteban y a Pedro:
-Necesitamos una nueva camarera. Se acaba de ir Luci.
-¿Por qué? ¿Pasó algo? –preguntó Esteban.
-No, no pasó nada. Bueno, sí. Se fue por inútil. No servía para nada. Así que, necesitamos un remplazo. ¿Ustedes conocen a alguien?
-Yo no... –dijo Pedro.
-Yo puedo recomendarle a alguien. Johana, mi novia. Justo en este momento acaba de quedarse sin trabajo.
-¿Tiene experiencia como camarera?
-Sí, trabajó varios años en Argentina.
-Mmm... okay. Voy a hacerle una prueba. Decile que la espero mañana al mediodía. Que traiga su documento y la libreta sanitaria, si aún la tiene.
-Perfecto. Muchas gracias, Celia.
Esteban se pregunta si habrá hecho bien. Por un lado, Johana necesita un nuevo trabajo. Pero, por otra parte, Esteban no quiere que Celia la maltrate como a todos los empleados.
Capítulo 29
-Buen día. Estoy buscando a Celia. Es por una entrevista de trabajo.
-Qué tal. Yo soy Celia. Vos debés ser Johana, la novia de Esteban.
-Sí.
-Vamos a hacer una prueba de un día. Si todo va bien empezás mañana mismo. ¿Te parece?
-Sí, buenísimo.
Celia observa cómo trabaja Johana durante el almuerzo y la cena. Rápidamente se da cuenta de que Johana nunca ha trabajado en un restaurant como Savoir. Sus modales no son muy refinados. Pero lo compensa con otras cosas. Es una chica muy hermosa y simpática. En varias ocasiones la vio hablando y riendo con los clientes.
Ese mismo día, antes de cerrar el restaurant, le dice:
-Bueno, Johana. No estuviste tan mal. Empezás mañana.
-Muchas gracias. ¡Qué alegría! Realmente necesitamos el dinero.
-Está bien. Igualmente, el primer pago es recién a fin de mes.
Capítulo 30
Al día siguiente, Esteban y Johana van juntos a trabajar. Lo bueno es que ahora pueden compartir mucho más tiempo. En el viaje en colectivo aprovechan para conversar.
El segundo día de trabajo de Johana es aún mejor que el primero. Los clientes están fascinados con ella. Les encanta cómo los atiende, su frescura y buen humor. Johana habla al menos un par de minutos con cada cliente. En solo unas horas se dio cuenta de que la mayoría de la gente es muy amable. A casi todos les gusta intercambiar unas palabras con los camareros.
Cuando terminó el día Johana fue la que hizo más propinas de todos. La propina que dan en Savoir es abundante, casi la mitad del sueldo. Pero Celia es muy estricta con las propinas. Quiere que, al final del mes, todos los camareros reciban la misma cantidad de propinas. Por eso, al final del día guardan la propina en un frasco. Cuando termina el mes cuentan el dinero y lo reparten entre los camareros. A Johana no le parece gustó mucho el sistema, pero no tiene más remedio que aceptarlo.
Capítulo 31
Ya pasaron tres semanas desde que Johana está trabajando en Savoir. Los clientes simplemente la adoran. Varios saben su nombre completo y que tiene un hijo llamado Marcos. Al principio Celia creía que era solo porque era la “camarera nueva”. Luego se dio cuenta de que los clientes realmente la aprecian. Pero, en vez de alegrarse, Celia reaccionó de forma negativa. Pensó: “Johana me está quitando protagonismo. La gente solo pregunta por ella. Todos parecen haberse olvidado de mí”.
Las propinas que le dan a Johana son cada vez más grandes. Celia no lo puede creer. Es la primera vez en cinco años que una camarera recibe tanta propina. Los otros camareros están contentos, porque ese dinero a fin de mes se repartirá. Pero Celia no quiere entrar en razón. Desde hace unos días empezó a hacer comentarios sobre Johana. Habla con sus clientes y les dice mentiras sobre ella. Hace todo lo que puede para quitarle un poco de popularidad. Pero a la gente no le importa. Le dicen: “Celia, no nos interesa saber eso. Es una excelente chica y nos atiende muy bien. No entiendo por qué hablás así de una empleada”.
Capítulo 32
Hoy se cumple un mes desde que Johana empezó a trabajar en el restaurant. Hace semanas que espera este día: hoy le pagarán el sueldo de todo el mes, más las propinas. Justo antes de comenzar el turno de la noche, Celia le dice a Johana:
-Johana, hoy estarás encargada de la caja. Yo estaré con otras cosas.
-Pero... tengo que servir los platos. ¿Debo hacer las dos cosas?
-Harás un poco de cada cosa. Servir los platos y cobrar el dinero.
-Okay.
Al final del día Celia cuenta el dinero de la caja. Llama a Johana y le dice:
-Aquí falta dinero. Por lo menos están faltando 1400 USD.
-No. No es posible. Debe haber un error.
-Sí, un error tuyo. Cobraste de menos. Lo siento, no puedes seguir trabajando aquí.
-(silencio) Está bien... hoy debía cobrar el dinero del mes y las propinas.
-Sí, pero faltaron 1400 USD. No puedo pagarte. Tu sueldo cubrirá lo que faltó.
Capítulo 33
En el camino de regreso a casa, Johana no puede dejar de llorar. Esteban intenta consolarla:
-No llores, mi amor. Es algo que puede pasar. Le puede pasar a cualquiera.
-Es que estoy segura de que no me faltó ese dinero. Es un invento de Celia. Una excusa para no pagarme el mes.
-¿Y por qué haría eso?
-Por celos. ¿No te diste cuenta? Estos últimos días me hacía la vida imposible.
Al llegar a su casa Esteban y Johana apenas hablan. Al día siguiente, mientras desayunan Johana le dice:
-¿Cómo vamos a hacer para pagar las cuentas de este mes?
-No lo sé... Puedo volver a pedir dinero prestado.
-No entiendo, Esteban.
-¿Qué cosa?
-No entiendo cómo podés seguir trabajando con una persona como Celia. Y cómo pudiste aguantarla durante 5 años.
-Y... uno se acostumbra. A todo. A lo bueno y a lo malo.
Capítulo 34
Los domingos son los únicos días que Celia cena con su madre. En realidad, ese es el único día que están juntas. Durante la semana, Celia pasa casi todo el día en el restaurant. Hoy, como todos los domingos, su madre vuelve a mencionar el tema:
-Hija, trabajás muchas horas en ese restaurant. ¿Cómo es posible que solo cenemos juntas un día por semana?
-Es mi trabajo, mamá. Soy la dueña del restaurant. Se supone que tengo que estar ahí. Si no los empleados hacen lo que quieren. Sería un desastre.
-Antes no eras así. Como cambiaste, Celia... Ahora solo te importa ese restaurant. Ni siquiera te queda tiempo para estar con tu pobre madre.
-Mamá, ¿otra vez con lo mismo? ¿Por qué no cenamos en paz, al menos por una vez?
Leonor no dice nada y se queda en silencio. Las dos siguen mirando la TV, en algún canal de moda al azar. Miran la tele y beben vino. El médico ya le dijo a Leonor: “No más de medio vaso por día”. Pero ella toma tres o cuatro vasos de vino con cada comida.
Capítulo 35
La salud de Leonor sigue empeorando, semana tras semana. Celia a veces intenta hablar con su madre. Le recuerda que debe cuidarse. Leonor le dice: “No se metan más en mi vida. Yo fumo y bebo todo lo que quiero. Ya soy lo bastante grande para decidir por mí misma, ¿no?”. Últimamente, Celia ya no le dice nada. Se dio cuenta de que su madre no tiene el menor interés en cambiar su estilo de vida. Hace ya demasiados años que vive de esa manera. En esos momentos, Celia piensa: “Tiene razón. No tengo derecho a meterme en su vida. Ella sabe perfectamente que todo eso le hace daño. Y, sin embargo, lo sigue haciendo. No tiene sentido seguir insistiendo”.
La semana pasada los médicos le confirmaron lo que ya se imaginaban: tiene cáncer de pulmón. La única forma de curarlo es con un trasplante. Pero Leonor no quiere saber nada sobre eso. “No quiero los pulmones de otra persona. Me quedo con los que tengo. Hasta que muera. Punto”, le dijo a su médico clínico. Mientras tanto, sigue fumando como siempre: dos paquetes de cigarrillos por día.
Capítulo 36
Los sábados por la noche Celia a veces sale con amigas. Van a bares que son solo para mujeres. Toman unas copas y después van a la casa de alguna de ellas. Luego siguen tomando durante toda la madrugada. Muchas veces Celia se queda a dormir allí. Hoy no es uno de esos días. Después de tomar durante toda la noche Celia regresa a su casa, completamente borracha. Son las 5.30am, y su madre está despierta:
-Hija, qué tarde que viniste hoy. Decime, ¿tuviste una cita? ¿Conociste a algún hombre?
-No, mamá. Ninguna cita. Me voy a acostar...
-Nena, ya te dije que estás grande. Ya tenés más de 40 y...
-¡Basta, mamá! No me lo recuerdes.
-Y estás grande para quedar embarazada.
-¡No quiero un hijo! ¿Cómo te lo tengo que decir? ¡¿Sos sorda o no entendés cuando te hablan?!
Leonor no llegó a responderle. Después de escuchar esas últimas palabras se descompuso. Cayó al suelo, desmayada.
Capítulo 37
Celia intenta reanimar a su madre. Pero tomó tanto alcohol que apenas puede sostenerse. Después de mucho esfuerzo logra sentarla en una silla. Saca su celular y marca el número de emergencias médicas. Cuando la atienden les dice la dirección de su casa. Calculan que llegarán en unos 15 o 20 minutos.
Mientras llega la ambulancia Celia se lava la cara y bebe un café doble. Piensa: “Qué vergüenza. Tener que acompañar a mi madre al hospital en este estado. Las dos estamos ebrias. Qué vergüenza...”.
Emergencias médicas llega antes de lo previsto. Suben a Leonor a una camilla y la llevan hasta la ambulancia. Celia les dice que es la hija. Les pregunta:
-¿Debo acompañarlos a la clínica?
-¿Usted es la hija de la señora?
-Sí, soy la hija.
-Y, sí. Debería acompañarla. A menos que haya otra persona que pueda acompañarla.
-No. Yo soy la única. Okay, en ese caso iré yo.
Capítulo 38
Celia odia las clínicas y los hospitales. Le recuerdan a la época de sus operaciones. Antes de cumplir 10 años los médicos la operaron cuatro veces de las piernas. Pero gracias a eso ahora puede caminar sin problemas. De todos modos, cada vez que entra a un hospital se acuerda de eso. Por eso, siempre que puede intenta evitarlos. Hoy no tiene más opción que ir. Debe acompañar a su madre a la sala de urgencias.
En la clínica los médicos le dijeron: “Tuvo un paro cardíaco. La situación es complicada, por los problemas que tiene en los dos pulmones”. Celia ya está preparada para lo peor. Sabe que la noticia puede llegar en cualquier momento.
Desde la clínica, Celia llama por teléfono a una amiga de su madre. Luego le avisa a una prima suya que también vive en Uruguay. Unas horas más tarde las dos llegan a la clínica. Se quedan junto a Celia toda la noche. Ya son más de las 10am. Mientras beben café, hablan sobre la salud de Leonor. Recuerdan tiempos pasados, momentos compartidos.
Capítulo 39
Leonor falleció ese mismo día por la tarde, alrededor de las 4.30pm. No hubo velorio. Leonor ya le había dicho a Celia varias veces: “El día que me muera no quiero que me velen. No hagan velorio, por favor. No quiero que la gente ande llorando alrededor de mi cajón”. El entierro fue al atardecer. No había más de 9 o 10 personas. Una o dos amigas de Celia, amigas de Leonor y algunos familiares. Todos estaban muy serios, ninguna persona lloraba.
Después del entierro, Celia volvió a su casa con una amiga. Era la primera vez que llevaba una amiga a su casa, en casi 2 años. Mientras su madre vivió con ella, nunca había llevado visitas. Ahora que ya no está, Celia siente que puede volver a invitar gente a su casa. Es una mezcla de alegría y tristeza. Por un lado, siente pena por la muerte de su madre. Pero, por otra parte, se siente más liberada. Ya nadie le volverá a decir “¿Cuándo vas a traer un hombre a casa?”, o “¿Cuándo te vas a casar?”. Todo eso quedó en el pasado. De ahora en adelante puede volver a su vida normal. Como cuando vivía sola, antes de que su madre se mudara con ella.
Capítulo 40
Los días siguientes, varios amigos de Celia se comunican con ella. Le dan sus condolencias, por la muerte de su madre. Uno de los amigos que la llama es Gino, un empresario italiano:
-¿Cómo estás, Celia? Siento mucho lo de tu madre...
-Gracias por llamar, Gino. Sí, yo también lo siento. ¿Vos cómo estás? ¿Estás en Europa?
-Bien. Sí, estoy en España. Mañana tengo una reunión con la familia real. Ya sabes, el Rey de España, su familia...
-Wow... qué suerte que tenés, Gino. De estar tan cerca de la familia real. A mí me encantaría.
-Escucha: la semana que viene iré a Punta del Este con alguien de aquí. Me gustaría llevarlo a tu restaurant. ¿Debo reservar?
-No, claro que no Gino. ¡Vos no necesitás hacer una reserva! Llamame el día anterior y yo me encargo de todo. ¿Con quién vas a venir?
-¡Ah, sorpresa! Es una persona muy importante aquí en Europa. Bueno, ¡nos vemos pronto!
Capítulo 41
Celia está muy entusiasmada con la visita de Gino. Se pregunta quién será la persona que lo acompañará. “Sin duda, tiene que ser alguien muy importante. Un gran empresario o deportista”, piensa Celia. De repente, parece haberse olvidado completamente de su madre. Los empleados de Savoir la ven y no pueden creerlo. Celia no parece triste ni apenada. Todo lo contrario: desde que falleció su madre parece estar más contenta que nunca.
El miércoles por la mañana le dice a Pedro:
-Tenemos que rediseñar la carta de Savoir. La semana que viene vendrá una visita muy importante de España. Quiero que se lleve una buena impresión del restaurant.
-Está bien, señora.
-Perfecto. Haremos como siempre: vos te encargás de armar toda la carta.
-Bueno. Y... ¿sobre el nombre?
-¿El nombre? ¿Qué nombre?
-¿Pondremos mi nombre como chef creador del menú?
-No, Pedrito. Eso lo harás cuando tengas tu propio restaurant. Vamos a poner mi nombre, como hicimos toda la vida.
Capítulo 42
El lunes por la mañana Celia recibe un llamado de Gino:
-Hola, Celia. ¿Cómo estás?
-Mucho mejor, Gino. Acá... ¡esperándote!
-Quería avisarte: llego a Punta del Este mañana al mediodía. ¿Podremos ir a cenar con mi invitado, mañana martes?
-¡Claro que sí! Será un gusto enorme recibirlos. A propósito, ¿no me vas a decir quién es? ¡Me muero de curiosidad!
-Es alguien de la realeza. Te diré solo eso.
-¡Qué malo que sos, Gino! Bueno, mañana me enteraré.
-Llegaremos a eso de las 9.30pm. ¿Está bien?
-Sí, está perfecto.
-¡Nos vemos mañana!
-Los esperamos a esa hora. ¡Besos!
Por la tarde, Celia va a la tienda de vestidos. Como es una ocasión especial, quiere vestirse de forma distinta. Quiere impresionar al invitado de Gino. Recorre las tiendas más caras de Punta del Este. Se prueba varios de los vestidos más caros. Finalmente, compra un vestido de autor y zapatos con taco. En total, gasta 1400 USD.
Capítulo 43
Hoy es el gran día: esta noche Gino y su invitado sorpresa irán a cenar a Savoir. Celia prepara el salón como nunca antes. Les dice a sus empleados:
-Hoy todo debe ser perfecto. No puede fallar nada. ¿Está claro?
-Sí, señora –le responden los camareros.
-El que cometa un error, por pequeño que sea, quedará automáticamente despedido. Y ahora, ¡a trabajar!
Los camareros revisan cada rincón del salón. No quieren que se les escape ni un solo detalle. Mañana todo volverá a la normalidad, pero, como les dijo Celia, “hoy no pueden fallar”. Cambian todos los manteles y servilletas. Luego revisan todos los platos, copas y cubiertos. Se aseguran de que todo esté en perfectas condiciones. Más limpio que nunca.
En la cocina, Esteban y Pedro también se preparan lo mejor posible. Chequean todos los ingredientes que necesitan. El nuevo menú tiene platos complejos, pero los dos son excelentes cocineros. Y están listos para cocinar cualquier cosa que les pidan.
Capítulo 44
A las 9.25pm llegan Gino y su invitado a Savoir. Los recibe el maître y los acompaña hasta su mesa. Mientras caminan, Celia los ve desde lejos. Se acerca rápidamente. Mira al invitado de Gino y no lo puede creer: es el Rey de España. ¡El Rey de España en su restaurant! Nunca imaginó que alguna vez iba a tener a una persona tan importante en el restaurant. Cuando se acerca lo suficiente, Celia saluda a su amigo:
-¡Buenas noches! Bienvenidos a Savoir.
-Buenas noches, Celia. Te presento a mi invitado especial: Fernando, Rey de España.
-Un gusto, su majestad. Es un verdadero honor recibirlo en nuestro restaurant.
-Gracias, Celia –respondió el Rey–. El gusto es mío.
-Aquí les dejamos la carta del restaurant. Si necesitan sugerencias, nuestro camarero estará encantado de ayudarlos.
-Muchas gracias, Celia –dijo Gino.
-Bueno. Los dejo elegir tranquilos.
Mientras se acomodan, Gino conversa con el Rey. Elogia a Celia y le habla sobre su experiencia en restaurantes.
Capítulo 45
Gino y el Rey Fernando leen la carta del restaurant con tranquilidad. Después de unos minutos, el Rey dice:
-Gino, esto es maravilloso. La selección de platos me parece extraordinaria. El chef del restaurant tiene que ser un genio. Claramente, tiene un talento único.
-Mmm... veamos. Aquí dice que Celia es la autora de la carta. Todos los platos fueron creados por ella.
-Wow... esta mujer es increíble. Jamás había visto una carta tan bien balanceada. Los entrantes, los platos principales, los postres. Hasta los vinos. Todo es perfecto.
-Es cierto que está muy bien. Pero... no nos apresuremos. ¡Aún no hemos probado nada!
-Tienes razón, Gino. Me estoy apresurando.
Unos minutos después, los dos ordenan su comida. Mientras los cocineros preparan la comida Celia se acerca a la mesa. El Rey la felicita por los platos del menú. Celia se sonroja y le dice: “Gracias, su majestad. Me llevó mucho tiempo diseñar la carta”.
Capítulo 46
A las 11pm Gino y el Rey ya comieron los entrantes. Ahora están en medio del plato principal. Gino le pregunta al Rey:
-¿Qué tal está eso?
-¡Increíble! Mejor aún que los entrantes. Jamás había comido algo tan exquisito.
-Te dije que el restaurant era muy bueno. Debe ser el mejor en todo Sudamérica.
-Ya lo creo. Tienen una excelente carta. Y excelentes cocineros.
Mientras comen el postre, Celia vuelve a acercarse a la mesa de Gino. Les pregunta:
-Espero estén disfrutando la comida. ¿Puedo ayudarlos con algo?
-Celia: te felicito. Esto está fabuloso, de veras.
-Bueno, muchas gracias, su majestad.
-Escucha, Celia. Tengo algo para proponerte: quiero llevarte a España. ¿Te gustaría ser la cocinera de la familia real?
-¡Claro que me gustaría! Sería un gran honor. Debería arreglar primero las cosas aquí, con el restaurant. Pero sí.
-Perfecto. Toma. Este es mi número de teléfono. Quiero que me llames mañana.
Capítulo 47
Celia está eufórica. Le parece increíble que pronto estará viviendo en España. Será la cocinera del Rey y su familia. Es lo que siempre había soñado. No puede haber nadie más famoso y distinguido que un Rey. Ni siquiera los clientes más importantes de Savoir se le comparan. Trabajar para el Rey es otra cosa. Y sucedió de la manera más inesperada. Jamás creyó que Gino iba a traer al mismísimo Rey. Que luego el Rey iba a quedar fascinado con su restaurant, e invitarla a volver con él a España.
El único detalle que debe solucionar es el del restaurant. ¿Qué hará con Savoir? Una opción es vendérselo a otro chef, para que el lugar siga funcionando. La otra es cerrar el restaurant y vender el local. Esta última sería la forma más práctica y rápida. Después de pensarlo unos días, finalmente decide ir por esa opción. Sabe que Esteban, Pedro y el resto de los empleados quedarán en la calle. Pero no le importa. Jamás se preocupó demasiado por sus empleados, y en este momento tampoco planea hacer nada por ellos. Siempre lo tuvo muy claro: en primer lugar está ella, después el restaurant, y por último sus empleados.
Capítulo 48
Los últimos días Celia arregló los detalles de su viaje a España. Ya empezó a armar sus valijas y compró su boleto de avión. Un pasaje a Madrid, solo de ida. El vuelo es en solo dos semanas. Tiene el tiempo justo para hacer todos los trámites y actualizar su pasaporte. El Rey le dijo que la irán a buscar al aeropuerto. Vivirá con el Rey y su familia en el Palacio de la Zarzuela, ubicado en Madrid. Tendrá mucho tiempo libre para sus actividades y cobrará su sueldo en euros.
Faltan menos de dos semanas para el viaje y Celia aún no les dijo nada a sus empleados. Piensa que no es necesario. “Con avisarles una semana o unos días antes es suficiente”, le dijo a una amiga. Pero los empleados de Savoir ya se enteraron de la noticia. En las redes sociales ya anunciaron que Celia será la nueva chef de la familia real. Esteban fue el primero en ver la noticia. Inmediatamente se la reenvió a todos sus compañeros de trabajo. La pregunta del millón es: ¿seguirá funcionando el restaurant, o lo cerrarán? Nadie se atreve a preguntarle a Celia. Por ahora, todos rezan para que Celia mantenga el restaurant en funcionamiento. No quieren ni siquiera imaginar que Savoir va a cerrar.
Capítulo 49
Una semana antes de viajar a España, Celia llama a todos sus empleados. Les anuncia:
-Los llamé a todos para darles una noticia. En una semana me voy a España. Me voy a trabajar para la familia real.
-(silencio)
-Lamento tener que decirles que no me queda más opción que cerrar el restaurant.
-¿Y nosotros? –pregunta Pedro.
-¿Ustedes qué?
-Qué haremos nosotros. ¿Podremos seguir trabajando?
-Claro que pueden seguir trabajando. Pero no aquí. Tendrán que buscar otro trabajo. En una semana Savoir cerrará sus puertas definitivamente.
-¿Tendremos una indemnización, al menos? –pregunta Esteban.
-Lo siento, pero no. No puedo darles una indemnización. Con la mudanza a España tengo muchos gastos inesperados. Me encantaría poder darles un dinero extra, pero no puedo. De todos modos, sé que estarán bien. Por algo los elegí para trabajar aquí. Algo de talento tienen. Ya encontrarán algo.
Capítulo 50
Esteban y Pedro vuelven a la cocina con la cabeza baja. Están resignados. En una semana perderán su trabajo. Y ni siquiera tendrán una indemnización. Celia los va a dejar a todos en la calle. Nunca creyeron que Celia iba a ser capaz de hacerles algo así. Al final, era peor de lo que se imaginaban. Les gustaría hablar, insultar a Celia o decir cualquier cosa. Pero los dos se quedan en silencio. Vuelven a sus lugares de trabajo y continúan cortando vegetales, amasando y preparando salsas. Como si nada hubiera ocurrido.
El resto del día siguen cocinando en el más absoluto silencio. Hablan lo mínimo necesario, únicamente sobre lo que están cocinando. Esteban le pregunta a Pedro cosas como “¿Viste las botellas de puré de tomate?” o “¿Me ayudás a terminar estos spaghetti?”. Ninguno de los dos menciona la charla de Celia. Pero los dos no dejan de pensar en eso ni un solo minuto. Ya están preocupados por su futuro. No saben si conseguirán trabajo, si podrán pagar sus cuentas. También piensan en los otros empleados. Se preocupan por ellos.
Capítulo 51
A la 1.40am Esteban llega a su casa. Hoy fue uno de esos días largos. Hubo un solo ayudante de cocina y muchísimo trabajo. Y por la tarde, la noticia de Celia. Esteban aún no sabe cómo se lo dirá a Johana. Cómo hará para decirle que en una semana ya no tendrá trabajo. Mientras regresaba a su casa pensaba en que ya tiene que empezar a buscar trabajo. No puede esperar a último momento. Ahora él es el único sostén de la casa. La única persona que lleva dinero para pagar los gastos.
Johana aún sigue sin conseguir trabajo. Lo bueno es que tiene más tiempo para estar cerca de Marcos. Marcos aún sigue internado en la clínica. Nadie sabe hasta cuándo. Johana se queda con él durante el día y a veces también por la noche. Le lee cuentos, le habla e intenta animarlo. Esta noche se quedó en la clínica. Antes de ir a acostarse, Esteban pensó que a la mañana temprano irá a visitar a su hijo. Tiene por lo menos una hora antes de que empiece el primer turno en el restaurant. De paso puede hablar al menos un poco con Johana. Desde que Celia la echó del restaurant la relación de Esteban y Johana no es la misma.
Capítulo 52
A la mañana siguiente Esteban va a la clínica donde está internado su hijo. Llega a las 8.40am. Marcos ya está despierto. Johana duerme en una silla, al lado de la cama de su hijo. Cuando escucha el ruido de la puerta, Johana abre los ojos. Marcos sonríe y lo saluda con alegría. Después, mira la bolsa que Esteban trae en la mano. Son galletas para el desayuno. Los tres comen galletas y beben jugo. A las 9.30am Esteban le da un beso a su hijo en la frente y se despide. Johana lo acompaña.
Mientras caminan hacia la parada del colectivo, Esteban le dice:
-Joha, tengo una mala noticia.
-¿Qué pasó?
-Celia va a cerrar el restaurant.
-¿De verdad? ¿Por qué?
-Se va a España, a trabajar como chef para el Rey y su familia.
-(llorando) ¿Y ahora? ¿Qué vamos a hacer?
-No sé... No llores, mi amor. No llores que me hacés sentir peor. Mañana voy a empezar a buscar trabajo. Algo voy a encontrar, en otro restaurant.
Capítulo 53
La noche de Pedro no fue mejor que la de Esteban. Llegó a su habitación después de las 3am. Al entrar vio que alguien le había enviado una carta. Se puso los anteojos y miró el sobre. Era de Perú, de una de sus hermanas. En la carta le dice:
Querido Pedro:
¿Cómo sigues en Uruguay? La última vez que hablamos me dijiste que seguías trabajando en ese restaurant lujoso en Punta del Este. Espero que sigas trabajando bien allí.
Aquí yo estoy bastante bien. El dinero no me sobra, pero tampoco me falta. No me puedo quejar.
Me da pena tener que escribirte para contarte malas noticias. Nuestra madre ha fallecido hace dos días. Como sé que no planeas regresar a Perú, te aviso por carta (además, porque no tengo tu teléfono. ¿Cuándo te comprarás un celular?).
Bueno, hermano querido. Espero que sigas bien.
Un gran abrazo.
Tu hermana, Rosalía.
Capítulo 54
Celia ya está con los últimos preparativos del viaje a España. Ya vendió casi todas sus pertenencias y compró lo que necesita para viajar. Lo que más le preocupaba –además del restaurant– era su departamento. Por suerte, ya tiene todo arreglado. Hace unos días se contactó con una inmobiliaria muy importante de Punta del Este. Le dijeron que ellos se pueden encargar de vender su departamento. Apenas logren venderlo le enviarán el dinero por una transferencia bancaria internacional (también le ofrecieron depositarlo en una cuenta). Nunca creyó que sería tan fácil. Los trámites para actualizar su pasaporte también fueron sencillos.
Esta semana Celia está aprovechando para despedirse de sus amigas. Se ven en su casa o en un bar, por la tarde. A algunas las invita a su restaurant. Una de ellas es abogada. La última vez que se vieron le dijo:
-Celia, no sé si es buena idea no pagarles indemnización a tus empleados. Podés tener problemas legales.
-Mmm... puede ser. Tal vez puedo arreglarlo de alguna forma. Ofrecerles algún regalo, o algo por el estilo. Ya veré.
Capítulo 55
Al llegar a su casa Celia piensa en lo que le dijo su amiga abogada: “Tal vez tiene razón. Quizá alguno de los empleados luego me hace un juicio. Ya veo que los diarios de todo el mundo empezarán a decir 'La cocinera del Rey Fernando no les pagó indemnización a sus empleados'. Mmm... Eso no suena nada bien”. Celia no le teme demasiado a las consecuencias legales. Lo único que le preocupa es mantener su imagen pública. Pronto será la cocinera del Rey, y no quiere que nadie diga nada malo sobre ella.
Unas horas más tardes se le ocurre una idea: organizará una cena de despedida para sus empleados. Será la última cena en Savoir. Puede hacerla un domingo a la noche, el día en que el restaurant está cerrado al público. “Sí. Eso es lo que haré. Es una excelente idea. Ninguno de mis empleados tiene la oportunidad de comer en un lugar así. Mi último regalo será ofrecerles una cena gratis en el restaurant. Eso los mantendrá contentos. No creo que nadie se atreva a hacerme un juicio después de eso”, se dice a sí misma.
Capítulo 56
Los últimos días el restaurant fue una locura. La gente sabe que en menos de una semana Savoir cerrará para siempre. Y nadie se quiere perder la oportunidad de conocer el mejor restaurant de Sudamérica. Celia aprovechó la ocasión para subir los precios casi un 50%. De hecho, hasta llegó a pensar en cancelar la cena con sus empleados el domingo a la noche. Pensó en abrir también ese día, para ganar más dinero. Pero después se acordó de que debe “contentar” a sus empleados.
El viernes por la tarde Celia les anunció a sus empleados:
-Quiero comentarles algo. En agradecimiento por su trabajo en Savoir, voy a organizar una cena para los empleados. La haremos el domingo por la noche. Todos los empleados comerán conmigo en el restaurant, como si fueran clientes. Obviamente, yo los invito. No tendrán que pagar nada. Esteban y Pedro, naturalmente, no podrán acompañarnos a la cena. ¡Alguien tiene que cocinar! Pero podrán quedarse a cenar en el salón más tarde, si lo desean.
Capítulo 57
Después de hablar con todos los empleados, Celia los llama a Esteban y a Pedro. Les dice:
-¡No veo la hora de probar lo que van a preparar el domingo a la noche! ¡Qué intriga! ¿Qué cocinarán? Esta vez quiero que me sorprendan. Estoy segura de que van a hacer cosas fantásticas.
-Haremos lo posible, señora –dice Pedro.
Al regresar a la cocina, Esteban le dice a Pedro:
-Bueno. La última cena en Savoir. Va a ser una noche especial, ¿no?
-Sí que va ser especial. Nosotros también debemos hacer algo especial. ¿Qué opinas?
-Sí... justo pensaba en eso. Yo también tengo ganas de hacer algo especial.
-Tenemos que elegir el menú.
-Yo diría hacer un menú para los empleados. Y algo especial para a la jefa.
-Me gusta la idea. Ya que vamos a hacer algo distinto, puedo comprar algo para sorprender a Celia.
Capítulo 58
El sábado por la tarde Pedro va a la feria de comidas de Punta del Este. Allí está el vendedor de pescado al que le compra siempre. Es el único que consigue las especies más exóticas. Los pescados más raros del mundo. Los que no se venden en ninguna otra pescadería.
-Hola, Pedro. Qué bueno verte por acá. ¿Qué estabas buscando hoy? Tengo un salmón rosado súper fresco.
-Gracias, pero hoy estoy buscando otra cosa. Algo diferente. No sé bien cómo se pronuncia. Tengo el nombre acá anotado.
-(sorprendido, mientras lee) ¿Estás seguro de que estás buscando esto?
-Sí, seguro.
-¿Y sabés prepararlo? Mirá que tiene partes venenosas. Es una delicia, pero si no lo sabés hacer podés matar a alguien.
-No te preocupes por eso. ¿Me lo podés conseguir?
-Mirá, hoy ya no lo puedo conseguir. Te lo puedo conseguir para mañana a la tarde. ¿Te sirve?
-Sí, perfecto. Paso mañana entonces.
-Dale, Pedro. ¡Nos vemos!
Capítulo 59
El domingo a las 7.30pm Esteban y Pedro empiezan a preparar la última cena que se hará en el restaurant. Es la última vez que usarán las cuchillas y las sartenes de Savoir. Y es la primera vez que preparan una comida para sus compañeros de trabajo. Por eso se esfuerzan para que salga lo mejor posible. Quieren demostrarles su agradecimiento por haber trabajado con ellos.
Como todos los camareros están sentados a la mesa, Esteban divide su tiempo entre la cocina y la mesa. Hoy es mitad cocinero y mitad camarero. Les sirve el vino y les trae los entrantes. Mientras comen, Celia intenta conversar con los empleados. Pero todos están muy serios. Nadie está acostumbrado a este trato amigable de Celia. Se sienten un poco incómodos, sin saber qué hacer. Celia sigue hablando. Es casi un monólogo. Les cuenta a sus empleados todos los detalles de su nuevo trabajo como chef de la familia real. Cuando terminan los entrantes Esteban les sirve el plato principal. A simple vista todos los platos son iguales. Pero hay uno que es diferente: el de Celia.
Capítulo 60
Los empleados se enteraron al día siguiente. El pescado de Celia estaba envenenado. Como el sabor era perfectamente normal ella lo comió sin darse cuenta. Después de comer el postre empezó a sentirse mal. Volvió a su casa en taxi y llamó a emergencias médicas. La ambulancia llegó en menos de 10 minutos. Mientras la subían a la camilla quería hablar, pero no le salían las palabras. Quería decirles a los médicos: “¡Me envenenaron! ¡Me envenenaron mis empleados!”. Pero no podía hablar. Tenía un nudo en la garganta. Agonizó durante todo el viaje y murió antes de llegar al hospital. Unas horas más tarde los médicos descubrieron que Celia había muerto envenenada.
Al día siguiente la policía tocó el timbre de la casa de Esteban. Le hicieron algunas preguntas por la muerte de Celia Giménez:
-¿Ustedes sabían que el pescado era venenoso?
-Sí, pero no sabíamos cómo prepararlo.
-¿Y por qué lo prepararon?
-Ella nos obligó a hacerlo. Quería algo especial para la última cena.