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Un volcán a punto de explotar

La intensidad de los acontecimientos en la vida del cantante adolescente se reflejaba en muchos momentos puntuales. No tenía tiempo casi ni para respirar. El arranque de 1985 fue frenético, de la apoteosis de San Remo rumbo a otra legendaria cita musical, la de la célebre Quinta Vergara. Luis Miguel viajó hasta Chile donde tenía una importante cita en la XXVI edición del Festival de la Canción de Viña del Mar. En esta ocasión llegaba al país andino en un momento especialmente dulce. Chile se convertiría en otro de sus feudos fieles y Viña del Mar en una cita periódica donde codearse con las más radiantes estrellas del firmamento latino. Las escenas en la Quinta Vergara eran muy emotivas, en la edición del 85 se recordaba a miles de luces iluminando la oscuridad y acompañando los compases de la canción. Una “antorcha” chilena de aquel festival iluminaría su exitoso camino, el reporte de la crónica del festival afirmaba:

Un niño llamado Luis Miguel llega a Chile y causa el mismo revuelo que produce hasta el día de hoy entre sus fans. Junto a él y John Denver también forman parte del jurado internacional y el show: José Feliciano, Dyango, el Bafona, Mirla Castellanos, el grupo Bravo, María Conchita Alonso, Rita Lee, Maitén Montenegro, Fernando Ubiergo, Mandolino, Raúl di Blasio, Miguel Gallardo, María Marta Serra Lima y los rockeros de “Krokus’’. Trece canciones compiten en el género internacional y diez en el folclórico, representan a Chile los temas interpretados por Nino García, Mario Franco Corona y Alberto Plaza. Luis Miguel revoluciona la Quinta y recibe antorcha, le siguen Maitén Montenegro, la espectacular cantante brasileña Rita Lee, el grupo “Bravo’’, Fernando Ubiergo y también el Bafona con sus hermosas coreografías.

La revolución era constante allá por donde pasaba y al año siguiente, en 1986, fue exactamente igual. La crónica chilena decía que “ese año Luis Miguel era el ídolo para las adolescentes, lo que se ve reflejado en el llanto de las niñas al ver al mexicano sobre el escenario. Micky comenzaba a ser furor, transformándose rápidamente en un éxito de ventas”.

Con apenas 15 años, recibiría un enorme reconocimiento al ser nominado por la Academia de las Artes y la Grabación a un premio Grammy, por su dueto con la cantante escocesa Sheena Easton en la canción “Me gustas tal como eres”, un tema que formaba parte del disco Palabra de honor, compuesto por el español Juan Carlos Calderón, que con el tiempo sería una pieza clave en la ascendente carrera de El Sol. Luis Miguel se ponía en la parrilla de salida hacia un reconocimiento internacional junto a mitos de la talla de Julio Iglesias o Plácido Domingo. Sheena y Luismi ganaron, lo que para ella era su segundo Grammy y para él el primero, en la categoría “Mejor interpretación méxico-americana por dúo o grupo.”

Fiebre de amor sería el otro gran filón a explotar para celebrar los 15 años del artista. Ya era una edad en la que sólo se daba pie para explotar la imagen sensual de Luis Miguel. La segunda película se concibió para que suscitara un buen número de chismes y por supuesto un buen número de pesos en la recaudación de taquilla, y así fue. Luis Miguel y Lucerito eran la pareja perfecta para el proyecto y su sola presencia le garantizó el éxito en mitad de las especulaciones sobre si entre ellos hubo algo más que una actuación. Para los entendidos en cine, bastaba sólo mirar la calidad actoral de ambos para darse cuenta de que la respuesta era no, aunque eso no afectó al éxito comercial de la película, pues los dos estaban en un gran momento de popularidad llenando shows y vendiendo discos como rosquillas y todo lo que hicieran sería un hit. Fue dirigida por René Cardona Jr., filmada en su totalidad en el puerto de Acapulco, en una lujosa casa del fraccionamiento Las Brisas, que servía como locación para buena parte de las escenas.

Con motivo de aquella película, se organizó un concierto al aire libre en el Centro de Convenciones, donde Luis Miguel cantó frente a sus fans al tiempo que filmaban. Según contaba en el Excelsior en 2013 un testigo presencial de aquella grabación, el fotógrafo Juan Carlos Cuéllar, quien cubrió con sus fotografías las filmaciones a instancias de la jefa de prensa todavía de EMI, Rosi Esquivel, al protagonista masculino no le gustaba que el público adolescente, compuesto básicamente de enfervorecidas jovencitas, se la pasara gritando y se pusieran histéricas ante el mínimo movimiento suyo. En cuanto había un receso le comentaba con cierto enfado por qué no escuchaban lo que cantaba con atención y luego al final reaccionaran, un deseo desde luego muy complicado de cumplir.

Cuéllar también recordaba una de las escenas cumbres de la película, cuando los dos jóvenes debían besarse en el imponente atardecer de Acapulco: “A mí se me hizo muy fácil tomar esas fotos, sin imaginarme que a la mamá de Lucero eso le molestó porque, además, argumentaba que su hija estaba en bikini, lo que dañaba su imagen. Tan molesta estaba que incluso amenazó con demandarme. Afortunadamente lo platiqué con ella y la convencí de que se trataba de una imagen muy bonita y que estaba cuidada. Tanto que se convirtió en portada y póster de la desaparecida revista Teleguía.

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Paralelamente a todos los éxitos de la carrera de Luis Miguel, las tensiones familiares, derivadas de la desvergonzada infidelidad y los manejos del general del “Pentágono”, encendían la caldera de un volcán que no tardaría en hacer erupción. Fue avisando poco a poco, como esas pequeñas fugas de humo y lava que preceden a la gran explosión final. Luisito no hacía sino echar más y más lava. Aquello tenía pinta que iba a ser una hecatombe similar a la suma del Vesubio en Pompeya y el Krakatoa en Indonesia. Algunas declaraciones públicas hechas años más tarde, como las de la actriz Abril Campillo, confirmaban que la siniestra personalidad del “general” forjaba lo que vendría: “Del papá se decían cosas terribles, pero la realidad rebasaba la ficción, a mí me tocó ver muchas.”

José Quintana no vería nada pero algo supo, así al menos lo recogí de una hemeroteca más reciente en la que narraba lo siguiente:

De niño vivió las bohemiadas de su padre en casa de Carlos Lico. Lo dejaba en un cuarto dormido. Y eran borracheras de tres o cuatro días. Micky me decía que cuando despertaba se encontraba a la gente tirada por todos lados. Debe haber sido difícil vivir algo así. Incluso creo que cuando cantaba mal Luisito le pegaba. Todo eso tiene que tener sus consecuencias.

Lógicamente las tuvo.

Conforme más armado se vio económicamente, el cabeza de familia dejó cada vez más de lado a la madre de sus hijos, de la que sólo le importaba su papel como testaferro que no sabía cómo iba a solucionar, y no contento con eso, pensó la manera de evitar que ella fuera una amenaza, debido a la información que poseía sobre los manejos irregulares hechos a lo largo de todo el tiempo que llevaban juntos. Marcela sabía demasiado.

La ruptura con la madre de sus hijos no fue la única que se produjo entre finales de 1985 y el año 1986. Jaime Ortiz Pino no entendía muy bien por qué se rompió la relación de EMI con Luis Miguel. No acusó directamente a Luisito del cambio de compañía, tampoco lo hizo Rosi Esquivel, pero de las palabras de ambos y de otra fuente cercana de aquella época se desprendió la conclusión de que al manager y padre le importó poco la apuesta que hizo la multinacional británica, y llevado por su soberbia y su temperamento decidió negociar paralelamente con WEA. La versión suya era que EMI había cambiado de personal, David Stockling se había trasladado a Londres y en su lugar había llegado Luis Moyano, y que las decisiones de la nueva gente no contaban con él en absoluto, como por ejemplo cambiar a Carlos Colla por Renato Correa para las nuevas grabaciones en portugués, o la supuesta falta de promoción de Palabra de honor en algunos países, lo cual se había traducido en un descenso en las ventas. El hecho de que Luisito puenteara a Rafael Gil y se fuera directamente a la sede central de Londres no había facilitado las cosas.

A principios de 1986 tuvo lugar una reunión muy tensa en Acapulco con los ejecutivos de la compañía, Stockling desde Londres, Gil desde Madrid y Moyano desde México. EMI, que años más tarde se asociaría incluso con Televisa en México, ya había empezado a usar el sello musical EMI Music dentro del grupo EMI. La corporación desapareció en el año 2012 luego de ser adquirida nueve meses antes por el grupo estadounidense Citigroup, quien la revendió al conglomerado francés Vivendi, que la acabó absorbiendo en Universal Music Group.

Aquella reunión de Acapulco fue el principio del fin, y Rosi Esquivel, la jefa de prensa, lo sabía perfectamente. Ella visitó a Luisito en una casa en la célebre ciudad costera de Guerrero donde pudo saber que Luis Miguel no continuaría en EMI, y además recibió una oferta de trabajo en el “Pentágono” a las órdenes de Luis Rey y la carrera de Luis Miguel, oferta que era extensiva para su esposo, Armando Serna, quien se haría cargo de las finanzas y la contabilidad de la empresa. Aproximadamente un año después, ya con el primer disco de Luis Miguel con WEA en el mercado, ambos aceptaron la oferta del “general” y trabajaron para el exitoso artista.

A Armando Serna no le hicieron falta muchos días para darse cuenta de la enorme equivocación que cometió. Nunca olvidaré la expresión en el rostro de Rosi cuando me lo reconocía frente a una taza de café, el modo en que se le cambiaba el gesto cuando me habló de la muerte de su esposo y de la relación que tuvo en aquel fatal desenlace el tormentoso vínculo con Luis Rey. Serna tuvo que soportar varias veces ver a Luisito llegar completamente enajenado a la oficina bajo los efectos de la cocaína, con un trato completamente vejatorio hacia todo el personal y con una pistola en mano, que en semejante estado es un peligro añadido.

Padeció su agresividad, verlo constantemente enfurecido pidiendo explicaciones por las irregularidades financieras que los balances arrojaban y por el agujero ocasionado por una evasión de capitales que constituían un presunto delito de fraude fiscal. No le eran ajenos los misteriosos viajes que hacía cada dos por tres. Lo peor es que todos sabían que él mismo provocó esa situación. Aquello era para volverse locos, además el propio contador se vería afectado legalmente si todo eso se destapaba y llegaba a conocimiento de las autoridades, como efectivamente sucedió. Aquel estrés descomunal era insoportable. Serna no aguantó la presión.

El nuevo sello discográfico de Luis Miguel sería WEA, su casa hasta el día de hoy, perteneciente al grupo Warner Music. WEA es un acrónimo que nació precisamente de la fusión de 3 sellos discográficos muy asentados en el continente americano como Warner Bros. Records, Elektra Entertainment y Atlantic Records. El grupo está acreditado como la tercera de las grandes compañías que dominan el mercado mundial. Con la llegada a WEA se consolidaría una larga relación profesional con el compositor español Juan Carlos Calderón.