—¿Cómo te fue hoy en la escuela?
—me pregunta Catalina trepando la cerca
con su guitarra al hombro.
Dejo escapar un suspiro denso,
de esos que hacen que tus labios
vibren como un bote a motor.
—Así de bien, ¿eh?
—¿Y a ti?
—Es difícil encajar cuando
eres la nueva...
—Si lo sabré.
Es difícil encajar cuando
eres la gorda.
—Bueno, al menos nos tenemos la una a la otra.
Algo es algo.
No decimos una palabra,
sin embargo, nos entendemos.
Una amiga escucha lo que dice tu silencio.
Catalina rasguea su guitarra,
muy suavemente
mientras yo escribo
en mi diario.