INTRODUCCIÓN







La figura del hombre ha sido de gran importancia en mi vida. Mi padre fue un hombre maravilloso a quien amé con todas mis fuerzas y con todo mi corazón. Admiré su amor por la familia, su dedicación al trabajo y su gran sentido de responsabilidad. Estoy consciente de que cometió errores en su caminar por la vida, pero las grandes muestras de amor, dedicación y ejemplo sobrepasaron esos errores. Hoy día, treinta y siete años después de su muerte, todavía puedo sentir su amor, su cariño, sus abrazos y hasta sus palabras en lo más profundo de mi ser. Lo más bello de todo es que el tiempo no ha podido borrar ni destruir su dulce recuerdo.

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El modelo de mi papá fue vital en la concepción de ese ideal de hombre que visualicé en mi adolescencia.

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La gran influencia que mi papá ejerció en mi vida, contribuyó a que creciera con una imagen digna de lo que debe ser un hombre. Así que cuando llegué a la adolescencia, como casi todas las mujeres, soñaba con ese gran hombre con quien me iba a casar.

El modelo de mi papá fue vital en la concepción de ese ideal de hombre que yo había visualizado. Esa persona todavía no tenía rostro ni cuerpo, pero sí poseía las características de aquél a quien yo anhelaba para compartir toda mi existencia.

Todavía me emociono al recordar ese momento. Fue a mis diecisiete años de edad cuando conocí al segundo hombre más importante de mi vida, mi esposo: Jorge Pantojas. Ese hombre excepcional con el que me casé hace treinta y ocho años, reunió los requisitos que yo me había fijado en la adolescencia. Aquel príncipe azul que soñé en mi juventud por fin tenía una imagen definida; era real: poseía unas características que lo distinguían entre el grupo de compañeros que estudiaban conmigo. Hoy, cuando me detengo a mirarlo, me siento orgullosa de él y vivo agradecida de Dios por el gran regalo que guardó para mí.

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La felicidad no baja del cielo automáticamente, es necesario trabajarla.

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Esta, mi gran novela de amor, no implica que conocí a un hombre perfecto ni que yo sea perfecta; de ninguna manera significa que en nuestra relación no hemos tenido diferencias. Como toda pareja hemos pasado por el verano y por el otoño en el que hemos perdido hojas, pero nuestro amor y compromiso nos han dirigido a florecer y a permanecer en esa bella primavera del matrimonio.

Mi querido amigo o amiga, soy una mujer muy feliz y anhelo que tú conozcas la alegría de sentirte feliz y realizado o realizada. A través de los años he comprendido que la felicidad no baja del cielo automáticamente, es necesario trabajarla. Ser feliz implica esfuerzo, dedicación, aceptación, respeto y también implica corregir desde el principio de cualquier relación, todo lo que atente contra la dignidad de los que componen el núcleo familiar.

Tanto las mujeres como los hombres necesitamos evaluar nuestro equipaje espiritual y emocional para destacar nuestras debilidades y nuestras fortalezas, y hacer el propósito de modificar todo lo que amarga nuestra existencia y la de aquellos que nos rodean.

La mayoría de la gente quiere ser feliz pero muchas veces, inconscientemente, actúa y toma decisiones que le dirigen a ser infeliz. Muchas personas tratan de cambiar a otros o esperan que situaciones particulares de su vida cambien para lograr su felicidad, así que si no llegan esos cambios, se sienten en el pantano de la infelicidad. ¡Qué fascinante sería si en lugar de querer cambiar a otros, decidiéramos cambiar primero nosotros para que con nuestro modelaje, otros decidieran imitar nuestra conducta! Practicar lo que le enseñamos a otros es lo que en realidad nos da autoridad.

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La verdadera felicidad se experimenta cuando Dios es el centro de nuestra vida y, por consiguiente, nuestros pensamientos y nuestras acciones están de acuerdo con sus principios.

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La verdadera felicidad se experimenta cuando Dios es el centro de nuestra vida y, por consiguiente, nuestros pensamientos y nuestras acciones van de acuerdo a sus principios. El resultado de esta fórmula es una vida íntegra que camina siempre en pos de lo excelente y cada día se aleja más de lo que le hace daño. Implica acercarse más a lo que edifica un carácter firme que no se deja arrastrar por la mayoría, que muchas veces lo que busca es la gratificación inmediata. Uno de los secretos para lograr la felicidad es actuar de acuerdo a los principios divinos, porque estos no solo te dirigen a valorarte, sino también a valorar a los demás. Si comprendes esto y lo llevas a la práctica, aprenderás a ser feliz a pesar de las circunstancias, porque no importa cuán dura pueda ser la adversidad, estás en armonía con Dios y contigo mismo.

Aprenderás que todas las circunstancias de la vida son cambiantes y si tu felicidad depende de estas, vivirás todo el tiempo dando tumbos por la vida entre un estado de felicidad y uno de infelicidad.

Yo decidí que voy a ser siempre feliz a pesar de las circunstancias. Aprendí que lo que llega a nuestra vida son ratos tristes que serán pasajeros, porque tomé la firme decisión de no hacerles nido en mi corazón. Aprendí que la esperanza siempre estará presente en mi vida recordándome que mañana será mejor. Esto me permite la claridad mental y emocional para analizar los problemas y encontrar las soluciones, además de la paciencia para esperar resultados positivos. Lo posible lo hago yo y lo imposible se lo dejo a Dios. Él ha prometido estar con nosotros todos los días de nuestra vida. Con esta gran promesa, ¿cómo me voy a desesperar?

En el caminar por la vida he visto mucha infelicidad y tristeza en tantas personas que no han comprendido el secreto de ser feliz. A través de las consejerías he conocido muchos jóvenes y adultos que no pueden recordar a unos padres que hayan dejado huellas de amor en sus corazones. Padres que, a su vez, fueron maltratados y continúan siendo un eslabón en la triste cadena del maltrato. Hombres que no han sabido valorarse a sí mismos y, por tanto, no saben apreciar a su esposa ni a sus hijos. Hombres que no asumen responsabilidad, que se dejan llevar por la vista y por el placer, y no actúan por convicción, de acuerdo a unos valores definidos y de altura que Dios estableció para que el hombre fuera feliz y pudiera formar una familia maravillosa.

Muchos hombres piensan que su éxito proviene de la competencia, de alcanzar una gran posición en su trabajo y de tener una mujer que satisfaga su deseo sexual en el momento que ellos lo deseen. Le dedican horas a los trabajos y a las aventuras amorosas, sin percatarse de que el reloj de la vida va marcando fuertemente y sin compasión su tic, tac, tic, tac sin detenerse un solo instante. Cuando pasan los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses y los años se dan cuenta de que invirtieron sus fuerzas y sus energías en relaciones y trabajos que el tiempo fue destruyendo a su paso. Hombres que no echaron raíces en ninguna relación porque todo fue superficial; no hicieron vínculos emocionales, no sembraron amor ni ternura ni seguridad en sus hijos y ahora el reloj les dice: «Se te acabó el tiempo y ya no hay oportunidad para volver atrás». El tiempo es como el viento; arrastra y destruye todo lo que no está bien arraigado, dejando el área desierta y vacía. Así mismo queda el alma: desolada y sin esperanza.

Hombre, es tiempo de tomar decisiones, pero decisiones que representen vida para ti. Fija tu mirada en todo aquello que no se puede comprar con dinero. Aléjate de la competencia por el poder; compite contigo mismo, consciente de que cada día quieres superarte con relación al hombre que eras ayer. Ubícate en la línea de los que trabajan para edificar relaciones de amor con su familia; relaciones que trasciendan el tiempo y la distancia. El amor, la ternura y la presencia de Dios en nuestra vida perduran por encima de las circunstancias y hasta por encima de la muerte. Una vez internalices la importancia de aquello que no se puede comprar con dinero, podrás tener éxito en las demás áreas de tu vida.

Recuerdo siempre una canción en la que el cantautor argentino Alberto Cortés narra la historia de un hombre llamado Juan Comodoro, quien buscando agua encontró petróleo, pero se murió de sed. El agua, en términos monetarios, vale menos que el petróleo; sin embargo, el agua es esencial para la vida. El petróleo no enriqueció a Juan Comodoro porque su sed solamente se podía saciar con agua. La riqueza del petróleo no le sirvió para nada, porque se murió de sed.

Cada día mueren esposos, esposas, hijos y hermanos porque mueren de sed de amor, de ternura, de atenciones; por falta de un abrazo y una caricia; simplemente porque muchos hombres y mujeres han gastado sus vidas buscando el petróleo de este siglo: el dinero, el poder, el reconocimiento o la posición social. Al final del camino de la vida se dan cuenta de que invirtieron todo su esfuerzo en lo que no rinde fruto. La Biblia nos dice algo muy importante: «La bendición de Dios es la que enriquece y no añade tristeza con ella» (Proverbios 10.22, RVR60).

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Decídete a cultivar tu vida interior, tu relación personal con Dios, tus relaciones de familia y, aun cuando mueras, trascenderás en la vida de los tuyos.

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Hombre, decídete a valorar lo que no se puede comprar con dinero. El dinero y el trabajo no pueden saciar la necesidad de amor, apoyo, aceptación y seguridad. Decídete a cultivar tu vida interior, tu relación personal con Dios, tus relaciones de familia y, aun cuando mueras, trascenderás en la vida de los tuyos. No hay dinero ni fama ni trabajo que pueda sustituir una maravillosa vida de familia en la que tú, como hombre, seas capaz de expresar los sentimientos más nobles a los tuyos. Siembra amor y tolerancia en tu familia y cosecharás amor y aceptación. Cuando tienes éxito en esta área de tu vida, el éxito en tu trabajo y en lo profesional está garantizado, y todo lo que hagas prosperará.

Al igual que el hombre, mujer decídete a reconocer y a actuar de acuerdo a ese gran valor que ya Dios nos adjudicó, desde que nos formó. No debe haber ninguna competencia por el poder entre el hombre y la mujer, sino que ambos deben complementarse y ayudarse a superar sus respectivas debilidades y a alcanzar tanto las metas individuales así como las que ambos han trazado como matrimonio. Todo este proceso nos va dirigiendo a fortalecer los lazos familiares y a lograr vidas satisfechas y felices. Recuerden ambos que la felicidad y la moral van agarraditas de la mano.

¿Qué recuerdo ustedes quieren dejar en el corazón de los suyos? Disfruten y apliquen la lectura de este libro que escribí, con todo mi amor, para que descubran toda la capacidad de amar que tienen, y sean hombres y mujeres maravillosos con una gran sensibilidad para amarse ustedes mismos, y para dirigir y proteger a sus familias.

Por último, a ti hombre, no te dejes llevar por lo que otros hacen. Marca tú la diferencia: ama y respeta a tu esposa, y asume tu responsabilidad de ser un gran líder en tu hogar. A ti mujer, te insto a que respetes y ames a tu esposo.

¡Sigamos hacia adelante, siempre adelante! No tengamos miedo porque Dios va con nosotros sosteniéndonos y levantándonos cuando caemos. Solo así seremos felices.

Este libro va dirigido a toda la familia, pero te lo dedico a ti hombre, para que identifiques tus debilidades y fortalezas, y seas el líder responsable que lleve a su familia al éxito.

A ti mujer deseo enseñarte cómo resolver sabiamente los problemas que se te presenten en el hogar, sin perder tu dignidad ni representando el papel de víctima. Aprenderás a ganarte el respeto sin gritar, sin decir palabras soeces, sin luchar por el poder, sin ser servil pero siendo firme en los planteamientos y capaz de practicar lo mismo que le exiges a los demás. Recordemos siempre que lo que nos da autoridad es que haya congruencia entre lo que hablamos y lo que practicamos.

Les amo mucho y les deseo prosperidad espiritual, mental, emocional y física.

Norma Pantojas