Jonás se fue en el barco. Cuando el barco estaba en alta mar, Dios envió una gran tormenta. Las olas golpeaban el barco. Los marineros estaban muy asustados por la tormenta.
El capitán fue hasta el piso de abajo del barco y encontró a Jonás durmiendo. «Levántate y ora también a tu Dios», le dijo. «¡Quizá tu Dios nos salve!»
El capitán y todos los demás oraban. Sabían que necesitaban la ayuda de alguien más grande que ellos mismos.