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Mucha gente amaba a Jesús pero había muchos a quienes Jesús no les gustaba para nada. Después que capturaron a Jesús en el huerto, lo llevaron a la casa del sacerdote principal, luego a Pilato, el gobernador romano de Judea.

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Toda la noche los principales le preguntaron a Jesús si Él era el Hijo de Dios. Ellos no creían que Él lo era. Finalmente Pilato dijo que él no pensaba que Jesús era culpable. Pero la gente que odiaba a Jesús seguía gritando hasta que Pilato decidió que Jesús tenía que morir en la cruz.

Jesús dijo a todos que Él era el Hijo de Dios y esto enojó mucho a algunas personas. Sin embargo, aunque no lo creyeron, Él todavía siguió siendo el Hijo de Dios.