Aquel rey malvado y anciano ordenó: «Cada vez que nazca un bebé israelita varón tienen que lanzarlo al río». ¡Eso era terrible!
Un día una mujer israelita tuvo un bebé varón muy lindo. Ella decidió ocultar a su bebé del perverso rey y sus ayudantes. Esta fue una buena decisión.
Cuando tomamos la decisión correcta, Dios siempre nos ayuda. Veamos que ocurrió después.