Dios estaba protegiendo al bebé. Cuando la princesa vino al río a bañarse vio la canasta. «Ve y trae aquella canasta», le dijo a su sirvienta.
La princesa miró dentro de la canasta. En ese mismo momento el bebé lloró y ella sintió pena por él. La princesa decidió cuidar de él como su hijo. Ella lo llamó Moisés.
¡Esto fue emocionante! Moisés iba a ser un príncipe de Egipto. Pero algo mejor aún estaba a punto de ocurrir.