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La primera ciudad a la que llegaron fue Jericó. Tenía muros enormes y puertas, también guardias por todas partes. Dios dijo: «Marchen alrededor de Jericó todos los días durante seis días. El séptimo día los sacerdotes con trompetas deben marchar al frente».

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«El séptimo día, marchen siete veces alrededor. Entonces que los sacerdotes toquen sus trompetas de forma larga y fuerte. El pueblo debe gritar y los muros caerán». El pueblo obedeció y aquellos muros se vinieron abajo.

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A veces Dios nos pide hacer cosas que no comprendemos.

Nosotros sólo necesitamos obedecer.