Josué luchó duro para ganar la tierra que Dios había prometido a su pueblo. Dios lo ayudó. Un día Dios envió granizos enormes que cayeron sobre los enemigos.
Tarde aquel día la batalla no había terminado. Josué dijo: «¡Sol, detente!» Dios mantuvo el sol en el mismo lugar donde estaba hasta que su pueblo ganó la batalla.
Nada es imposible cuando Dios está a nuestro lado.
Dios quiere ayudarnos.