Epílogo

 

 

 

 

 

Primer baile anual de las cadenas y grilletes

 

Sunny estaba sentada en el regazo de William, sobre su nuevo trono. El de ella estaba al lado, y era… un poco más grande que el del rey. El de William se había fabricado con formas de cuernos de unicornio entrecruzados, y el de ella, con láminas de diamante que reflejaban la luz. A sus pies había una camita–trono para Dawn, que estaba descansando cómodamente.

Miraron a sus amigos, que estaban disfrutando de una fiesta en su nuevo palacio. Además de la corona, William había recibido el territorio que antes pertenecía a Lucifer. Sunny y él habían trabajado mucho para limpiar aquel lugar. Ella había creado en sus tierras una zona segura para todo aquel que buscara refugio de los demonios.

La vida era magnífica. William había quemado el libro, y ambos habían gritado de alegría al ver las páginas convirtiéndose en ceniza.

–Tú eres quien ha hecho que todo esto sea posible, mi amor –le dijo William–. ¿Acaso hay algo que no puedas hacer?

–Sí. Perder –dijo ella, y se echó a reír. Después, añadió con seriedad–: O encontrar a Sable.

–Está en algún lugar. Por fin, mis hijos han encontrado una pista. La encontraremos pronto, te lo prometo.

Cuando William le hacía una promesa, la cumplía, así que no iba a preocuparse por su amiga.

–¿Sabes? Todo esto lo hemos hecho juntos, cariño. Así que te doy las gracias por mi nueva manada.

–Y yo a ti –respondió él.

Ayudó a Sunny a ponerse en pie y se levantó. Se la llevó hacia la pista de baile que habían instalado en el salón.

William había pedido también unos grandes ventanales, de modo que ella siempre pudiera ver el paisaje. Y, con la magia, se había cerciorado de que hubiera rosales trepando por las murallas del palacio y floreciendo todo el año.

Sunny se apoyó en él y miró a las otras parejas. Anya estaba bailando con Lucifer, y Puck, con Gillian.

Sunny adoraba a Gillian. Aquella chica era muy descarada.

Gideon y Scarlet estaban a un lado, charlando con Amun y Haidee. Las dos mujeres tenían un embarazo muy adelantado. Maddox y Ashlyn estaban con sus gemelos, Urban y Ever, en la mesa del buffet, en la que había deliciosa comida vegetariana.

Reyes y Danika, Aeron y Olivia, Galen y Legion estaban jugando a los dardos con un póster de Lucifer como diana.

Paris y Sienna hablaban y se reían con Koldo y Nicola. Bueno, más bien, con Nicola. Koldo tenía la misma expresión homicida de siempre.

Hades y Pandora caminaban por la habitación, hablando con las cabezas agachadas.

Padre e hijo se habían esforzado por recuperar su relación. Y, con Lucifer empalado en las mazmorras del palacio, todos podían disfrutar de un nuevo comienzo. Muy pronto darían con la forma de acabar con él para siempre.

Sunny ya tenía algunas ideas. En algún lugar había algo llamado la Estrella de la Mañana, que podía hacer cosas impensables.

Ella se lo había mencionado a William y él se lo había contado a los Señores del Inframundo. Ellos ya llevaban buscando aquel artefacto un tiempo y, con la información que ella podía aportar, tal vez lo encontraran rápidamente.

Strider y Kaia se echaron a reír, y ella los miró. Estaban jugando a un juego de Gauntlet que William había encargado a tamaño real. Sabin, Gwen, Bianca y Lysander también estaban jugando. Strider iba ganando, porque Kaia no permitía que su competitividad disminuyera.

Sunny sonrió. William tenía unos amigos geniales. Y, ahora, ¡ella también!

Torin y Keeley estaban acariciando a tres nuevos perros del infierno que habían llevado Baden y Katarina.

La música continuaba sonando en el salón, mientras Reyes y Danika, Kane y su mujer embarazada, Josephine, Zacharel y Annabelle, Cameo y Lazarus bailaban en la pista. Bjorn y Fox hicieron lo mismo, así que Thane y Elin los imitaron. Su amigo Xerxes observaba desde el borde de la pista de baile.

Los hijos de William, que también eran sus hijos, porque ella se había convertido en su madrastra, y etcétera, jugaban al póker y fumaban puros.

Los tres habían estado buscando a Lilith, porque William quería pedirle perdón y darle las gracias. En serio.

En aquella celebración solo faltaba Viola, la guardiana del Narcisismo. Llevaba una temporada apareciendo y desapareciendo. William había expresado su preocupación por los problemas que pudiera estar causando, así que Sunny había mandado a sus compañeros unicornios a buscarla. ¡Su gente era libre otra vez!

Qué vida más increíble estaba viviendo ahora. Con William.

–Os he visto a Gillian y a ti charlando hace un rato –le dijo él–. Me alegro de que os llevéis bien.

–Es maravillosa.

No había nadie más apasionado que Gillian, que luchaba para ayudar a mujeres y niños en situaciones de maltrato.

–Estábamos pensando formas de torturarte, por si alguna vez hay que darte un buen castigo. ¡Ah! ¿Sabías que está embarazada?

–No, pero me alegro por ella. Y estoy seguro de que tú y yo vamos a engendrar a nuestro primer hijo en la próxima época de celo.

Ella sonrió.

–¿Crees que a Axel le gusta Evelina? –preguntó, al ver que el Enviado se apartaba un poco para mirar la pantalla de su móvil. Tenía una cámara para vigilar a la chica.

–Claro. No la ha matado, tal y como le ordené. Y no es porque me tenga miedo. Por suerte, ahora que Bjorn está saliendo con Fox, a nadie debería importarle con quién salga Axel.

–Y, si alguien tiene un problema con eso, deberían tenerte miedo a ti. Vas a ser un rey increíble.

–Sí, ya lo sé.

Cuando terminó la canción, volvieron a su trono.

Hades se acercó y se sentó en el trono de diamante.

–He encontrado mi espejo mágico en la habitación de Lucifer. La diosa está silenciosa y no me muestra más imágenes. Creo que Lucifer le hizo algo perjudicial con magia, y me gustaría que la absorbieras, como hiciste por Axel.

Con la ayuda de William, Sunny había ayudado a Axel a que recuperara la memoria.

–Encantada –dijo ella–. En cuanto le hayas pedido perdón adecuadamente a mi prometido.

William sonrió.

Hades apretó los labios, pero asintió. Miró a William, y dijo:

–Ya no soy el mismo hombre que cuando tú eras un niño. Tú me ayudaste a cambiar. Entonces estabas muy traumatizado, y necesitabas cosas que yo no conocía: amor, comprensión y bondad. Aprendimos juntos. A medida que crecías, empecé a tener miedo de perderte si recuperabas a Axel. Temía que recordaras el objetivo de tu creación y que intentaras hacerlo realidad. Entonces, habría tenido que hacer lo que mejor se me daba: eliminar a uno de mis posibles asesinos.

–Como si pudieras –dijo William, con petulancia.

Entonces, Hades sonrió.

–No estás desencaminado. Te has convertido en un hombre muy fuerte, en un rey poderoso. Estoy orgulloso de ti, y siento haberte hecho daño.

Le dio unas palmaditas a William en el dorso de la mano, y regresó a la fiesta.

–¿Mejor? –le preguntó Sunny a William.

–Mucho mejor. Todavía lo quiero.

–Bueno, es parte de nuestra manada. Sus actos, por muy despreciables que fueran, sirvieron en buena medida para que tú y yo estuviéramos juntos, y yo siempre me sentiré agradecida por eso.

–Yo he pensado lo mismo sobre Lilith. ¿Cómo voy a seguir odiándola, si tú has iluminado mi vida y has borrado mi oscuridad?

–Vamos a tener un futuro asombroso, cariño.

–El mejor.

Se miraron el uno al otro y, en un segundo, ella se excitó.

–¿Qué te parece si nos fuéramos…?

William la teletransportó a la cama en un segundo.

–¿De la fiesta? –terminó de decir ella, riéndose.

Entonces, él la besó, y Sunny se olvidó del resto del mundo. Solo existían William y ella, en aquel momento, y tenían toda una vida llena de felicidad por delante.