EPÍLOGO

Sale Goffredo tras el telón y, a modo de epílogo, sostiene un diario, el que abre y sopla esparciendo el fino polvo acumulado antaño sobre sus hojas, purificando el viciado aire. Acto seguido lee una página concreta entre sus manos a un público imaginario:

—Conozco una charca al pie de un castillo, donde duerme Lucrecia como un sol sin su brillo. De desavenencias mundanas y opuestos cumplidos, que ensalza en reflejos a los bien elegidos, la innominada disputa sucumbió en la espesura, la irreconciliable malicia por la dulce ternura. ¡Cuánto infortunio tras este telón!, renovadas palabras nos dé la oración, rezad por su alma, testigos de honor, pues parto al retiro sin patria ni amor.


FIN