11 Cambia espacio por tiempo

LA ESTRATEGIA DE LA INACCIÓN

El repliegue de cara a un enemigo fuerte no es signo de debilidad, sino de fortaleza. Al resistirte a la tentación de responder a un agresor, ganas tiempo valioso: tiempo para recuperarte, pensar, adquirir perspectiva. Deja que tus enemigos avancen; el tiempo es más importante que el espacio. Negándote a pelear, los enfurecerás y alimentarás su arrogancia. Pronto se extralimitarán y empezarán a cometer errores. El tiempo los exhibirá como imprudentes, y a ti, como sabi@. A veces puedes lograr más no haciendo nada.

RETIRADA PARA AVANZAR

A principios de la década de 1930, Mao Tse-tung (1893-1976) era una estrella ascendente en el Partido Comunista Chino. Había estallado una guerra civil entre los comunistas y los nacionalistas; Mao encabezó campañas contra los nacionalistas, usando tácticas guerrilleras para batirlos una y otra vez, pese a ser muy superiores en número. También se desempeñó como presidente del naciente gobierno comunista chino, y sus sugestivos ensayos sobre estrategia y filosofía fueron ampliamente leídos.

Pero entonces hizo erupción una lucha de poder entre los comunistas: un grupo de intelectuales de educación soviética conocidos como los 28 Bolcheviques intentaron obtener el control del partido. Despreciaban a Mao, considerando su inclinación por la guerra de guerrillas como señal de timidez y debilidad, y como atrasada, su defensa de una revolución campesina. Abogaban en cambio por una guerra frontal, en la que se peleara directamente con los nacionalistas por el control de ciudades y regiones clave, como habían hecho los comunistas en Rusia. Poco a poco, los 28B aislaron a Mao y lo despojaron de poder político y militar. En 1934 lo pusieron prácticamente bajo arresto domiciliario en una granja en Hunán.

Amigos y camaradas de Mao pensaban que había caído vertiginosamente en desgracia. Pero más inquietante que la caída misma era su aparente aceptación de ella: Mao no convocó a sus partidarios a defenderse, dejó de publicar, realmente desapareció. Tal vez los 28B habían tenido razón: era un cobarde.

Ese mismo año, los nacionalistas —dirigidos por el general Chiang Kai-shek— lanzaron una nueva campaña para destruir a los comunistas. Su plan era cercar al Ejército Rojo en sus fortalezas y matar hasta el último soldado, y esta vez parecía probable que tuvieran éxito. Los 28B se defendieron valientemente, luchando por preservar las pocas ciudades y regiones bajo control comunista, pero los nacionalistas los excedían en número, estaban mejor equipados y tenían a asesores militares alemanes para ayudarlos. Los nacionalistas tomaban una ciudad tras otra y lentamente rodearon a los comunistas.

Miles desertaron del Ejército Rojo, pero finalmente los soldados restantes —alrededor de cien mil— lograron romper el cerco nacionalista y encaminarse al noroeste. Mao se les unió en su éxodo. Sólo entonces empezó a hablar y a cuestionar la estrategia de los 28B. Se retiraban en línea recta, se lamentó, lo que facilitaba a los nacionalistas perseguirlos; y avanzaban muy despacio, pues transportaban demasiados documentos, archiveros y otros aparejos de sus antiguas oficinas. Actuaban como si el ejército sencillamente cambiara de campamento y planeara seguir combatiendo a los nacionalistas de la misma manera, peleando por ciudades y territorio. Mao argumentó que esa nueva marcha no debía ser una retirada momentánea a terreno seguro, sino algo más grande. El concepto mismo del partido debía replantearse: en vez de copiar a los bolcheviques, debían crear una revolución distintivamente china basada en el campesinado, el mayor grupo demográfico de China. Para lograrlo necesitaban tiempo y verse libres de ataques. Debían dirigirse al suroeste, a los más distantes confines de China, donde el enemigo no pudiera alcanzarlos.

Los oficiales del Ejército Rojo empezaron a escuchar a Mao: sus tácticas guerrilleras habían sido exitosas antes, y la estrategia de los 28B fracasaba visiblemente. Poco a poco adoptaron sus ideas. Viajaban más ligeros; sólo avanzaban de noche; seguían una y otra direcciones para despistar a los nacionalistas; dondequiera que iban, efectuaban mítines para reclutar a campesinos para su causa. Mao se había convertido de algún modo en el jefe de facto del ejército. Aunque inferior en número cien a uno, bajo la jefatura de Mao el Ejército Rojo consiguió escapar de los nacionalistas y, en octubre de 1935, llegar a los remotos confines de la provincia de Shan-hsi, donde finalmente estaría a salvo.

Luego de cruzar veinticuatro ríos y dieciocho cordilleras, y de escapar apenas al desastre en numerosas ocasiones, el ejército llegó al final de su larga marcha. Estaba radicalmente reducido —sólo contaba ya con seis mil hombres—, pero se había forjado un nuevo tipo de partido, el tipo que Mao había deseado siempre: un núcleo duro de devotos seguidores que creían en una revolución campesina y abrazaban la guerra de guerrillas. A salvo de ataques en Shan-hsi, poco a poco este partido depurado fue capaz, primero, de recuperarse y, después, de difundir su evangelio. En 1949, los comunistas derrotaron al fin a los nacionalistas y los expulsaron de la China continental.

Seis en el cuarto lugar significa: El ejército se retira. No hay nada que censurar. Al enfrentarse con un enemigo superior, con el cual sería inútil entablar pelea, una retirada en orden es el único procedimiento correcto, ya que salvaría al ejército de la derrota y la desintegración. No es ningún signo de valor o de fuerza el insistir en una lucha sin esperanza desconociendo las circunstancias.

I CHING, CHINA, CIRCA SIGLO VIII A.C.

Interpretación

Mao nació y creció en una granja, y la vida campesina china podía ser difícil. Un agricultor debía ser paciente, a merced como estaba de las estaciones y el caprichoso clima. Miles de años antes, de esa dura vida había emergido la religión taoísta. Un concepto clave del taoísmo es el de wei wu, la idea de la acción por medio de la inacción, el control de una situación mediante su no control, el gobierno mediante la abdicación del gobierno. El wei wu implica la creencia de que al reaccionar y oponerte a las circunstancias, al luchar constantemente en la vida, en realidad retrocedes, creando más turbulencia en tu camino y dificultades para ti. A veces es mejor esconderse, no hacer nada, sino permitir que pase el invierno. En tales momentos puedes reponerte y fortalecer tu identidad.

Al crecer en una granja, Mao había internalizado esas ideas y las aplicó constantemente a la política y la guerra. En momentos de peligro, cuando sus enemigos eran más fuertes, no temía retirarse, aunque sabía que muchos verían eso como signo de debilidad. El tiempo, sabía él, exhibiría los defectos de la estrategia de sus enemigos, y él usaría ese tiempo para reflexionar en sí mismo y adquirir perspectiva sobre la situación general. Hizo de su periodo de retiro en Hunán, no una humillación negativa, sino una estrategia positiva. De igual manera, usó la larga marcha para forjar una nueva identidad para el Partido Comunista, creando un nuevo tipo de fiel. Una vez que su invierno pasó, él reemergió: sus enemigos habían sucumbido a sus propias debilidades; él se había fortalecido gracias a un periodo de retiro.

La guerra es engañosa: tú puedes creer que eres fuerte y que avanzas contra un enemigo, pero el tiempo podría demostrarte que marchabas de hecho a un gran peligro. En realidad nunca se puede estar segur@, ya que nuestra inmersión en el presente nos priva de verdadera perspectiva. Lo mejor que puedes hacer es librarte de ociosos y convencionales patrones de pensamiento. Avanzar no siempre es bueno; retirarse no siempre es muestra de debilidad. De hecho, en momentos de peligro o dificultad, rehusarse a pelear suele ser la mejor estrategia: separándote del enemigo, no pierdes nada valioso a largo plazo y ganas tiempo para entrar en ti, repensar tus ideas, separar a los verdaderos fieles de los satélites. El tiempo se vuelve tu aliado. Al aparentemente no hacer nada, adquieres fortaleza interior, la cual se traducirá después en tremendo poder, cuando llegue el momento de actuar.

Puedo recuperar espacio. Tiempo, nunca.

—Napoleón Bonaparte (1769-1821).

CLAVES PARA LA GUERRA

El problema que tod@s enfrentamos en la estrategia, y en la vida, es que cada un@ de nosotr@s es únic@ y posee una personalidad única. Nuestras circunstancias también lo son; en realidad, ninguna situación se repite jamás. Pero por lo general apenas si estamos conscientes de lo que nos diferencia; en otras palabras, de lo que en realidad somos. Nuestras ideas proceden de libros, maestros, todo tipo de influencias invisibles. Respondemos a los hechos rutinaria y mecánicamente en vez de tratar de entender sus diferencias. En nuestro trato con los demás, asimismo, somos fácilmente contagiados por su tempo y ánimo. Todo esto crea una especie de niebla. No vemos los hechos como son; no nos conocemos a nosotr@s mism@s.

Tu tarea como estratega es simple: ver las diferencias entre tú y los demás, conocer tu bando y tu enemigo lo mejor que puedas, para tener una mejor perspectiva de los hechos, conocer las cosas tal como son. En la agitación de la vida diaria, esto no es fácil; la capacidad de hacerlo procede únicamente, en efecto, de saber cuándo y cómo retirarte. Si siempre estás avanzando, siempre atacando, siempre respondiendo emocionalmente a la gente, no tendrás tiempo para adquirir perspectiva. Tus estrategias serán débiles y mecánicas, basadas en cosas que ocurrieron en el pasado o a otra persona. Como el mono, imitarás en lugar de crear. Retirarte es algo que debes hacer de vez en cuando, para encontrarte y librarte de influencias contagiosas. Y la mejor ocasión para hacerlo es en momentos de dificultad y peligro.

Simbólicamente, el retiro es religioso, o mitológico. Fue sólo escapando al desierto que Moisés y los judíos pudieron solidificar su identidad y reemerger como fuerza social y política. Jesús pasó sus cuarenta días en el desierto; Mahoma huyó a La Meca en un momento de gran peligro para un periodo de retiro. Él y el puñado de sus más devotos partidarios usaron ese tiempo para fortalecer sus lazos, saber quiénes eran y en qué creían, dejar que el tiempo ejerciera su benéfica acción. Luego, esta pequeña banda de creyentes reemergió para conquistar La Meca y la península árabe, y más tarde, tras la muerte de Mahoma, derrotar a los bizantinos y el Imperio persa, extendiendo el Islam sobre vastos territorios. Alrededor del mundo, todas las mitologías tienen un héroe que se retira, aun al Hades mismo en el caso de Odiseo, para encontrarse.

Si Moisés se hubiera quedado y combatido en Egipto, los judíos serían una nota al calce en la historia. Si Mahoma hubiera enfrentado a sus enemigos en La Meca, habría sido aplastado y olvidado. Cuando peleas con alguien más poderoso que tú, pierdes algo más que tus posesiones y posición; pierdes tu capacidad para pensar claramente, para mantenerte distante y distint@. Te contagias de las emociones y violencia del agresor en formas que no puedes imaginar. Es mejor huir y usar el tiempo que tu fuga te ha ganado para entrar en ti. Deja que el enemigo tome territorios y avance; te recuperarás e invertirás la situación cuando llegue el momento. La decisión de retirarte no muestra debilidad sino fortaleza. Es el culmen de la sabiduría estratégica.

Las oportunidades cambian sin cesar. Quienes llegan muy pronto han ido demasiado lejos, mientras que quienes llegan muy tarde no pueden aprovecharlas. Así como el sol y la luna siguen su curso, el tiempo no sigue a la gente. Por lo tanto, los sabios no valoran las grandes joyas tanto como un poco de tiempo. El tiempo es difícil de encontrar y fácil de perder.

HUAINANZI, CHINA, SIGLO II A.C.

La esencia de la retirada es la negativa a combatir al enemigo por cualquier medio, ya sea psicológico o físico. Puedes hacer esto en forma defensiva, para protegerte, pero ésta también puede ser una estrategia positiva: al negarte a pelear con enemigos agresivos, en realidad puedes enfurecerlos y desequilibrarlos.

Durante la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Alemania libraron una guerra unilateral en el este de África, donde cada uno de ellos tenía una colonia. En 1915, el comandante inglés, el teniente general Jan Smuts, procedió contra el mucho menor ejército alemán en el África oriental alemana, dirigido por el coronel Paul von Lettow- Vorbeck. Smuts esperaba una rápida victoria; tan pronto como acabara con los alemanes, sus tropas podrían desplazarse a más importantes teatros de guerra. Pero Von Lettow-Vorbeck se rehusó a hacerle frente y se retiró al sur. Smuts marchó tras él.

Una y otra vez, Smuts creía tener acorralado a Von Lettow-Vorbeck, sólo para descubrir que el oficial alemán había emprendido la marcha horas antes. Como atraído por un imán, Smuts siguió a Von Lettow-Vorbeck por ríos, montañas y bosques. Sus líneas de abastecimiento se extendieron cientos de kilómetros, y sus soldados se volvieron vulnerables a incluso las menores acciones hostiles de los alemanes, lo que destruyó su moral. Atascado al paso del tiempo en selvas pestilentes, el ejército de Smuts fue diezmado por el hambre y la enfermedad, sin haber librado nunca una batalla real. Para el final de la guerra, Von Lettow-Vorbeck había logrado inducir a su enemigo a una cacería de gato y ratón de cuatro años de duración que había inmovilizado por completo valiosas fuerzas inglesas sin rendir nada a cambio.

Smuts era un jefe persistente, concienzudo y agresivo que gustaba de derrotar a sus adversarios mediante maniobras en el campo de batalla. Von Lettow-Vorbeck jugó con esa predilección: se rehusó a trabar frontal batalla con Smuts, manteniéndose en cambio tentadoramente cerca, justo al alcance de la mano, preservando la posibilidad del combate para que los ingleses siguieran internándose en la selva. Enfurecido en vano, Smuts continuó la caza. Von Lettow-Vorbeck usó los vastos espacios e inhóspito clima de África para destruir a los ingleses.

La mayoría de la gente responde a la agresión involucrándose de alguna manera en ella. Es casi imposible contenerse. Alejándote por completo y retirándote, tú exhibes gran poder y refrenamiento. Tus enemigos se desesperan de que reacciones; la retirada los enfurece y provoca en ellos nuevos ataques. Así que persiste en tu retirada, cambiando espacio por tiempo. Mantente tranquil@ y equilibrad@. Deja que tomen el territorio que quieran; como los alemanes, atráelos a un vacío de inacción. Empezarán a extralimitarse y a cometer errores. El tiempo está de tu lado, porque no has perdido un segundo en batallas inútiles.

La guerra está llena de sorpresas, de hechos imprevistos que pueden entorpecer y arruinar hasta el mejor plan. Carl von Clausewitz llamó a esto “fricción”. La guerra es una constante ilustración de la ley de Murphy: si algo puede salir mal, lo hará. Pero cuando te retiras, cuando cambias espacio por tiempo, haces que la ley de Murphy trabaje para ti. Así le ocurrió a Von Lettow-Vorbeck: volvió a Smuts víctima de la ley de Murphy, dándole suficiente tiempo para hacer que sucediera lo peor.

Durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), Federico el Grande de Prusia enfrentó por todas partes a los ejércitos austriaco, francés y ruso, todos ellos determinados a traspasarlo. Estratega usualmente proclive al ataque agresivo, Federico pasó esta vez a la defensiva, ideando maniobras para ganar tiempo y escapar de la red que sus enemigos pretendían tenderle. Un año tras otro logró evitar el desastre, así fuera por un pelo. Luego, de repente, la zarina Isabel de Rusia murió. Odiaba a Federico, pero su sobrino y sucesor en el trono, el zar Pedro III, era un joven perverso que no había querido a su tía y admiraba enormemente a Federico el Grande. Así, no sólo sacó a Rusia de la guerra, sino que además se alió con los prusianos. La Guerra de los Siete Años llegó a su fin; había ocurrido el milagro que Federico necesitaba. Si éste se hubiera rendido en su peor momento, o intentado abrirse paso en la pelea, lo habría perdido todo. Maniobró en cambio para hacer tiempo a fin de que la ley de Murphy obrara sobre sus enemigos.

La guerra es una cuestión física, que tiene lugar en un sitio específico: los generales dependen de mapas y planean estrategias por ejecutar en localidades particulares. Pero el tiempo es tan importante como el espacio en el pensamiento estratégico, y saber cómo usarlo hará de ti un@ estratega superior, dando una dimensión adicional a tus ataques y defensa. Para lograrlo debes dejar de pensar en el tiempo como una abstracción: en realidad, a partir del minuto en que naciste, el tiempo es lo único que tienes. Es tu único bien verdadero. La gente puede arrebatarte tus posesiones, pero —salvo que te liquiden— ni siquiera los más poderosos agresores podrán arrebatarte el tiempo a menos que tú se lo permitas. Aun en prisión tu tiempo es tuyo, si lo usas para tus propósitos. Perder tu tiempo en batallas que no has elegido es más que un error: es una estupidez del mayor orden. El tiempo perdido no se recupera nunca.

Imagen: Las arenas del desier-

to. En el desierto no hay nada

que comer ni útil para la gue-

rra: sólo arena y espacio va-

cío. Retírate al desierto

ocasionalmente,

para pensar

y ver con

claridad.

El tiempo

pasa despacio ahí,

que es lo que necesitas.

Bajo ataque, retrocede al de-
  sierto, atrayendo a tus  enemi-

gos  a  un lugar  donde  pierdan

todo sentido del tiempo y el es-

pacio y caigan bajo tu control.



Autoridad: En perfecto orden esperan un enemigo desordenado, y serenos, un enemigo vociferante. Esto es lo que se llama tener de su parte el factor “ánimo”. —Sun-tzu (siglo IV a.C.).

REVERSO

Cuando tus enemigos te atacan con abrumadora fuerza, en lugar de retirarte a veces puedes decidir enfrentarlos directamente. Invitas así al martirio, quizá esperándolo incluso, pero el martirio también es una estrategia, y de muy antigua índole: te convierte en símbolo, un punto de referencia en el futuro. Esta estrategia tendrá éxito si eres suficientemente importante —si tu derrota tiene valor simbólico—, pero las circunstancias deben operar para realzar la justicia de tu causa y la repulsividad de la del enemigo. Tu sacrificio también debe ser único; demasiados mártires, a lo largo de un periodo muy extenso, arruinarán el efecto. En casos de extrema debilidad, frente a un enemigo realmente grande, el martirio puede usarse para demostrar que el espíritu combativo de tu bando no se ha extinguido, útil manera de mantener alta la moral. Pero, en general, el martirio es un arma peligrosa y puede ser contraproducente, pues quizá ya no estés ahí para verlo prosperar, y sus efectos son demasiado fuertes para ser controlados. También puede tardar siglos en fructificar. Aun cuando pueda resultar simbólicamente exitoso, un buen estratega lo evita. La retirada es siempre la mejor acción.

La retirada no debe ser nunca un fin en sí misma; en algún momento tienes que volverte y pelear. Si no lo haces, la retirada será más bien rendición: gana el enemigo. El combate es, a largo plazo, inevitable. La retirada sólo puede ser temporal.