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Un general que libra una guerra debe buscar constantemente una ventaja sobre su adversario. La mayor ventaja procede del factor sorpresa, de atacar a los enemigos con estrategias novedosas, ajenas a su experiencia, completamente no convencionales. Está en la naturaleza de la guerra, sin embargo, que al paso del tiempo cualquier estrategia de posible aplicación se ensaye y someta a prueba, así que la búsqueda de lo nuevo y poco convencional tiene una tendencia innata a ser cada vez más extremosa. Al mismo tiempo, los códigos morales y de ética que rigieron sobre la guerra durante siglos se han relajado gradualmente. Estos dos efectos convergen en lo que hoy llamamos “guerra sucia”, en la cual todo se vale, hasta la muerte de miles de civiles desprevenidos. La guerra sucia es política, engañosa y sumamente manipuladora. A menudo el último recurso del débil y el desesperado, usa todos los medios disponibles para nivelar el campo de juego.
La dinámica de lo sucio se ha filtrado a la sociedad y la cultura en general. Ya sea en política, negocios o sociedad, para derrotar a tus adversarios tienes que sorprenderlos, acercarte a ellos desde un ángulo inesperado. Y las crecientes presiones de esas guerras cotidianas vuelven inevitables las estrategias sucias. La gente recurre al disimulo: parece amable y decente, pero usa métodos escurridizos y descaminados tras bastidores.
Lo no convencional tiene su propia lógica, que debes entender. Primero, nada es nuevo mucho tiempo. Quienes dependen de la novedad deben hallar constantemente una idea fresca que vaya contra las ortodoxias del momento. Segundo, la gente que usa métodos no convencionales es muy difícil de combatir. La clásica ruta directa —el uso de la fuerza— no funciona. Debes usar métodos indirectos para combatir lo indirecto, pelear fuego contra fuego, aun a costa de que incurras en lo sucio. Tratar de mantenerte limpi@ por un imperativo moral es arriesgarte a la derrota.
Los capítulos de esta sección te iniciarán en las diversas formas de la heterodoxia. Algunas de ellas son estrictamente no convencionales: engañar a tus adversarios y hacer lo contrario de lo que esperan. Otras son más políticas y escurridizas: convertir la moral en arma estratégica, aplicar las artes de la guerra de guerrillas a la vida diaria, dominar las insidiosas formas de la agresión pasiva. Y otras más son indefendiblemente sucias: destruir al enemigo desde dentro, infligir terror y pánico. Estos capítulos están destinados a ofrecerte una mejor comprensión de la diabólica psicología implicada en cada una de esas estrategias, para que puedas armarte de la defensa adecuada.