El espíritu de una época
Un siglo es una forma aleatoria de medir el tiempo. Encerrar en ese espacio temporal el vértigo de los cambios que han marcado el traje femenino y el masculino de nuestro mundo occidental durante estos cien años es una ambición a todas luces desmesurada. Pero la moda, entendida como ese extraño mecanismo que cambia, por razones inabarcables, los gustos individuales y masivos, ha sido, en mi opinión, un elemento definitorio del espíritu de este siglo XX que pronto será historia.
Este libro presenta una selección subjetiva y voluntariamente limitada a unas mil entradas diferentes, complementadas con dibujos que ilustran los conceptos, de lo que considero han sido puntos claves para explicar algo de la evolución estética y social de esta vertiginosa etapa en la que la moda, históricamente vehículo de expresión de las élites sociales, ha quedado democratizada. Y es probable que éste sea el gran cambio que ha protagonizado la indumentaria, definitivamente industrializada, estandarizada y homogeneizada internacionalmente a lo largo de este siglo.
Al acabar estos cien años, la moda es tan democrática como universal, tan plural y caótica como homogénea y acaso mucho menos obligatoria, mucho menos moda, de lo que cualquiera pudiera pensar hace unas pocas décadas.
Con lo cual se ha zanjado una tradición histórica profunda y se ha consumado el sueño de la Revolución burguesa de 1789 que proclamó, por primera vez, la libertad vestimentaria total.
A la vez, la moda, en tanto que sistema de comportamiento, ha traspasado su know how, su saber profundo que junta deseos y aspiraciones individuales con la oferta del mercado, a otros territorios sociales; la moda es un comportamiento que ha sobrepasado ampliamente las manías y los antojos vestimentarios. Seguir la moda, hoy, ya se entiende como una actitud y una disponibilidad de los sentidos en todos los terrenos, no sólo en la estética o el traje.
El siglo ha visto cómo el sistema tradicional de la moda liderado por la alta costura se ha venido abajo, ha surgido la confección, y la apariencia se ha organizado con nuevos parámetros en los que los jóvenes han sido decisivos, especialmente en los años veinte y en los sesenta de este siglo. Hombres y mujeres han sufrido grandes cambios individuales y colectivos, y la moda ha recogido antes que nadie el espíritu de la sociedad de masas transformándose en producto de consumo masivo.
París y Hollywood, los dioses de la costura y los del cine, se han disputado, en esta etapa, el liderazgo en la propuesta universal de modos y modas asumidos por medio mundo. De esa tensión entre Europa y América ha surgido parte del espíritu de este tiempo, pleno, por otro lado, de innovaciones tecnológicas tan decisivas como el nailon o las fibras sintéticas, fruto, a su vez, de investigaciones militares. En la geopolítica de la moda, también Londres ha tenido su peso específico, así como las aportaciones italianas y más recientemente japonesas.
En tanto que fotografía social de momentos históricos concretos, los trajes del siglo XX, que han evolucionado con el auge de la higiene, la técnica, la comunicación, el comercio y el deporte, hablan de las inquietudes y los anhelos de una sociedad que ha cambiado radicalmente su forma de vivir.
Una selección heterodoxa
Éste es, pues, el espíritu con el que se ha hecho esta selección de elementos de la indumentaria que la historia del futuro no podrá ignorar. Estos elementos que aquí se citan pertenecen tanto a lo que se conoce como alta moda de prestigio como a aquellos que, aportados por la cultura popular, como los pantalones vaqueros o las camisetas, han marcado generaciones enteras. Se ha huido también de términos técnicos que pueden encontrarse con facilidad en la bibliografía textil. Y, aunque me habría gustado, no he podido asumir la tarea de dotar al fenómeno de unas dimensiones económicas fiables.
Por todo ello, ésta es una selección heterodoxa de términos más o menos coloquiales en nuestro idioma referidos a prendas o estilos y en la que, junto a nombres inmortales como los de Dior, Worth, Fortuny, Chanel o Courrèges, el lector encontrará los de Greta Garbo, Eduardo, príncipe de Gales, James Dean, Brigitte Bardot o Elvis Presley.
Para los europeos, tan influidos lógicamente por lo próximo, será un descubrimiento encontrar también en estas páginas nombres claves en los estilos vestimentarios que propuso Hollywood a los hombres y las mujeres de todo el mundo. Unos y otras están aquí en razón de su influencia específica en la estética vestimentaria del siglo. Éstas son, pues, algunas de las razones que me han movido a incorporar a estas páginas tanto lo más clásico como lo más inhabitual en este tipo de publicaciones.
A todo ello hay que añadir alguna razón más, sumamente personal. Hasta ahora la extensísima bibliografía del traje del siglo XX había sido producida por franceses, americanos, italianos o ingleses; ningún español había emprendido una tarea similar que abarcara una etapa larga. La consecuencia de esta situación es que había sido imposible juntar en un solo volumen las influencias que el traje occidental ha recibido a lo largo de un siglo de todos estos focos internacionales importantísimos de la moda. Lógicamente los americanos hablaban de lo suyo, con alguna incursión inevitable hacia Francia, donde, como es natural, enfatizan lo propio y así sucesivamente.
La gran ventaja de mirar la historia del traje del siglo XX desde España, un país claramente colonizado por potentes influencias estéticas externas, es, en este caso, la neutralidad. La moda española ha producido nombres importantes que, en su inmensa mayoría, tuvieron que buscar su reconocimiento fuera del país. Balenciaga es el ejemplo más flagrante, pero también Mariano Fortuny, Paco Rabanne y algunos más. En el mundo de la moda, tanto femenina como masculina, los españoles hemos mirado, al menos hasta la década de los ochenta y salvo contadas excepciones, hacia fuera, y hemos recibido toda clase de influencias; hasta hace muy poco con bastante retraso.
Por ello, estas páginas pueden considerarse también un testimonio de lo que realmente triunfó en la moda desde una perspectiva exterior e independiente de los centros de influencia de la misma. Aclararé, en este punto, que la propia historia de la moda española queda aquí recogida en los principales creadores internacionales y también en un apartado específico (España) más extenso que las voces habituales de este libro, pero desde luego sucinto y que tan sólo pretende ofrecer las líneas generales de una evolución que aún no ha sido estudiada en profundidad.
Un punto de vista independiente: la colaboración de Antonio Miró
El carácter independiente de este trabajo viene subrayado por la inestimable colaboración del creador de moda barcelonés Antonio Miró, uno de los supervivientes de la pionera generación de los setenta, con unos dibujos que resumen la estética vestimentaria del siglo.
Ésta es la primera vez que Antonio Miró, a quien conocí a finales de los años sesenta, exhibe sus dibujos, tan ingenuos como intencionados, en una publicación. Le agradezco mucho su deferencia y su esfuerzo, enorme, de síntesis: en diez dibujos desfila ante nosotros la evolución de los trajes masculinos y femeninos de un siglo. Su equipo, y concretamente Isaac Reina, ha realizado los demás dibujos que ilustran estas páginas.
La moda española está en deuda con Antonio Miró por su trayectoria personal, que ha afianzado un estilo a la vez depurado, independiente y perfectamente integrado en nuestra época sin moverse de España, concretamente desde Barcelona, ciudad, como es sabido, inquieta y observadora interesada de la aldea global, que nos ha marcado a ambos. El estilo de Miró recoge pues, maravillosamente, el espíritu de un tiempo universal, visto desde nuestro territorio neutral frente al poder de la moda internacional. Desde este punto de vista, este libro es producto de la colaboración de dos barceloneses que, desde nuestra juventud situada en la revolución del pop, seguimos de cerca, aún desde perspectivas diversas, la evolución de la moda.
Un mapa de situación
Y aún hay más razones en la aparición de estas páginas. El editor creyó en el proyecto de realizar un libro de consulta fácil y amena sobre este abigarrado y hoy caótico mundo de la moda que tanta influencia ha adquirido sobre todos.
La confusión entre épocas pasadas pero recientes, acrecentada en las dos últimas décadas que han revivido todos los momentos de la historia del traje de este siglo, nos animó a clarificar algunos conceptos y a intentar situarlos en su correcto lugar histórico.
Por esta razón, como elemento anexo al diccionario, se ha resumido, por décadas, una cronología social e histórica a la que corresponden unos determinados estilos de indumentarias utilizadas durante estos cien años y los personajes que las marcaron. En esta cronología el lector podrá encontrar situados en el tiempo acontecimientos decisivos y los principales rasgos vestimentarios con que complementar las voces del diccionario.
A tal respecto, esta autora ha de hacer constar que ha basado principalmente su trabajo en la bibliografía que se adjunta al final de estas páginas, pero también en otros muchos materiales. Entre ellos un seguimiento exhaustivo, durante más de treinta años, de las revistas de modas, europeas y norteamericanas, desde los años diez de este siglo hasta la actualidad.
Quiero decir algo sobre las dificultades encontradas en este trabajo, que han sido muchas. El contraste de informaciones, por ejemplo, resulta sumamente difícil en un asunto tan volátil como éste, Por ejemplo: ¿quién inventó, realmente, el biquini? ¿Cuándo hay que datarlo? Probablemente nunca lo sabremos, porque no pocas modas han surgido de una evolución simultánea en diversas partes del planeta y todos corren a apuntarse al hallazgo. Sucede algo similar con no pocas fechas, que se contradicen en las fuentes bibliográficas y cuyos protagonistas ya no existen; o existen, pero las ocultan celosamente por los más variopintos motivos.
Y está también, más recientemente de forma creciente, la influencia de la propaganda y el peso de la publicidad y el prestigio comercial que induce a más de un error. La defensa que los grandes focos internacionales de la moda europeos y americanos hacen de su propio producto distorsiona también la influencia real de muchos elementos. Por todo ello advierto al lector que debe ser precavido y tomarse este libro como un primer mapa de situación que la realidad le ayudará a completar en cada caso.
Me gustaría que estas páginas fueran como un aperitivo y estimularan el interés de las nuevas generaciones de investigadores españoles por completar referencias e interpretaciones de un mundo, el de la moda, tan decisivo en el imaginario, la identidad y los deseos individuales y colectivos.
MARGARITA RIVIÈRE
Barcelona, abril 1996