Para entender a Ashley, tienes que conocer a Katie. Y para conocer a Katie, tienes que saber quién es Haley. Y para que Haley existiera, Samantha tuvo que antecederla, a modo de ensayo, y antes de Samantha estuvo Rebecca. Pero antes de Rebecca había...
Una niña.
Tenía nombre, pero me enseñaron a guardármelo para mí, como un tesoro secreto.
Fue hija una vez. Pero creció y se convirtió en un recurso para despistar. Creció un poco más y se transformó en una herramienta. Solo un poco más y ya sería un cebo.
¿Y qué pasó cuando fue lo bastante mayor? ¿Durante los años que siguieron hasta llegar a las dieciocho velas?
La estafa siguió evolucionando. Las hijas perfectas no funcionan para siempre. Crecen.
Y se convierten en presas perfectas.
Hay una alternativa, cuando sabes que tu destino es que te cacen, te devoren y te utilicen.
Puedes resignarte como si fuera inevitable o puedes darle la vuelta a la tortilla.
Me criaron para ser carne de cañón. En cambio, me convertí en una cazadora. Una que siempre da en el blanco. Pase lo que pase.
Rebecca y Samantha eran ensayos.
Haley y Katie eran profesionales.
¿Y Ashley?
Bueno, Ashley era peligrosa.