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11.21 h (129 minutos retenida)

1 mechero, 3 botellines de vodka, 1 tijeras, 2 llaves de una caja de seguridad

Plan n.o 1: descartado

Plan n.o 2: en marcha

 

 

Le retiro a Iris el pelo de la cara y de la línea de fuego cuando vomita con una mano apretada contra la parte baja del vientre mientras se le saltan las lágrimas por el rabillo del ojo. Cuando se incorpora, le tiembla el labio inferior y se enjuga los ojos con los nudillos. Apenas se le emborrona el maquillaje cuando ve esos dramas históricos tan tristes con un montón de corsés, acantilados y paseos por los acantilados que le gustan, y tampoco lo hace ahora. Me provocaría admiración si no estuviera tan preocupada.

—Estoy bien —dice—. Solo duele. —Pero cuando se recuesta contra el escritorio, todo su cuerpo se enrosca—. Ojalá tuviera un poco de agua —añade con una voz más débil. Y entonces se yergue, igual que si sus huesos hubieran sido cristales rotos por un instante y ahora volvieran a ser de acero—. El vodka no es ideal para enjuagarte la boca.

—No a menos que quieras agarrar una curda —conviene Wes, y ella le dedica una sonrisa temblorosa.

Deja la papelera en el rincón y se encamina hacia Wes para sentarse en el suelo a su lado, al otro extremo del despacho. Yo me quedo junto al escritorio, porque no tengo claro que sea bienvenida. Estoy segura de que esto no ha terminado. Sus preguntas. Mis revelaciones.

Ahora bien, si los dos atracadores están distraídos con el soldador y entrando en la cámara acorazada de las cajas de seguridad, seguramente hayamos ganado tiempo suficiente para que aparezcan los cuerpos especiales y hagan algo de una vez.

El problema de seguramente es que no es seguro. No puedo apostar nuestras vidas a la posibilidad de que los federales de Sacramento se den tanta prisa como para llegar a tiempo. Los pueblos perdidos como Clear Creek no son la prioridad de nadie.

La única cosa segura que tengo aquí soy yo. Así pues, o bien confío en la policía, algo que contradice todo lo que me han enseñado..., o confío en mí misma. Y ¿qué puedo decir? En el fondo nunca he respetado a la autoridad. Tengo más probabilidades de renacer en Cristo que de confiar en el FBI, y ninguna de las dos opciones parece muy probable, visto lo visto. Nunca volveré a tolerar la autoridad de una deidad ni de una madre ni de un organismo gubernamental.

—¿Fue por eso por lo que rompisteis? —pregunta Iris de repente.

Sé que la expresión de mi cara es de alucine total, porque la de Wes es un reflejo de la mía.

—Me dijiste que fuiste tú la que lo fastidió —me aclara—. Pensaba que te referías a que le habías puesto los cuernos o algo así.

—Medio lo insinué para que no adivinaras la verdad —admito sincera. Es lo que toca.

—Entonces, que yo piense que le has puesto los cuernos es preferible a que sepa la verdad.

—Si se llama «identidad secreta», es por algo —respondo—. En teoría, nadie debe conocerla.

—Wes la conoce.

—Ella no me lo dijo —alega Wes—. Lo adiviné.

—Vaya, ahora me siento tonta por no haberlo descubierto —dice Iris.

—Qué va. Para que yo lo averiguara hicieron falta tres años, un incendio forestal y el chantaje más demencial que te puedas imaginar —explica Wes.

—No fue demencial. Y si sigues hablando de eso, vamos a tener que hablar de eso.

Me llevo una sorpresa cuando se encoge de hombros.

—¿Y qué? Mira dónde estamos. ¿Te crees que no me acuerdo? No estaba tan colocado. Sé que me ha visto los hombros.

—Ay, Wes... —interviene Iris, pero él se encoge de hombros otra vez. Tiene rubor en las mejillas.

—No tenemos que... —empiezo a decir, porque quiero protegerlo. Y a ella también No sé si puedo hacer las dos cosas. Sé que no puedo protegerme a mí misma. ¿Puedo protegerlos a ellos de mí? ¿Qué significa eso? ¿Qué implicaría?

«Marcharme bien lejos de los dos.»

—¿Qué más podemos hacer? —pregunta Wes—. Lo estás largando todo. ¿Por qué no iba a hacerlo yo? ¿Qué dices, Iris? Podríamos morir en cualquier momento. ¿Verdad por verdad?

Iris se alisa la falda del vestido.

—Verdad por verdad —accede.

Me miran con una pregunta en los ojos.

—Vale —asiento—. Verdad por verdad.