Una aguja en un pajar
Embarazada de cinco semanas y seis días
Seattle, Washington
Chloe
Según el registro de propiedades, había dos mil hombres que se llamaban William viviendo en Seattle.
Facebook decía que la cifra se acercaba más a los tres mil, y mis veinte pruebas de embarazo me confirmaron que uno de esos William estaba a punto de recibir el susto de su vida.
—Chloe, te has olvidado de anotar la cantidad de Williams que viven en Inglaterra. —Kristin colocó una taza de cacao caliente ante mí.
—Los he omitido porque no quiero desmoralizarme más de lo que ya estoy.
—¿Estás segura de que te dijo que vendría a vivir a Seattle a estas alturas?
—Del todo.
—Vale, bueno… —Puso una marca junto a la frase «Cita con el dibujante» que había en su enorme pizarra—. Como no van a hacernos este boceto oficial hasta dentro de otras dos semanas, dividiremos la búsqueda en tres y le daremos a Madison su lista mañana. ¿Hay algo más en concreto que recuerdes de él?
—Tiene una letra muy bonita —dije—. Es como de caligrafía.
—¿Algo que pueda resultar de ayuda de verdad para encontrarlo?
—A lo mejor si vuelvo a describirte la noche que pasamos juntos y el sexo, podría…
—Joder, no. —Me tiró un osito de gominola a la cara—. Empieza con tu parte de la lista. Ahora mismo.