Antes de cenar, John pregunta si podemos bendecir la mesa. Siempre agacha la cabeza antes de cenar y, al final, hemos terminado haciéndolo todos. Yo hago una petición informal para que Eric consiga llegar hasta mí sano y salvo. Les pido a mis padres que nos cuiden, estén donde estén. Agradezco a quien sea o lo que sea que está allí arriba por llevarlo tan lejos, porque tenemos muchísima suerte. Si hoy hemos aprendido algo es que no estamos a salvo en ninguna parte.
―Sé que no creemos todos en lo mismo ―dice John, señalándome con la cabeza y sonriendo―, pero tanto si somos agnósticos como cristianos o…
―Parte del «pueblo elegido» ―tercia James con una risita―. James Gold era James Goldfarb hace como un centenar de años.
John ríe.
―O judíos, por supuesto… En cualquier caso, quisiera dar gracias, sin intención de ofender a nadie.
―Tú no podrías ofender a nadie, John ―le digo yo.
Es una persona profundamente religiosa, pero no hace proselitismo. Sus creencias le dan fuerzas, algo que envidio pero jamás he sido capaz de emular en lo relativo a la religión organizada.
Agacha la cabeza.
―Te damos gracias, Señor, por estos alimentos que vamos a tomar y por los amigos con los que vamos a compartirlos. Confiamos en que nuestros seres queridos también estén a salvo, tengan una mesa repleta de alimentos y estén rodeados de amigos. Te rogamos, Señor, que nos ayudes a protegernos en los próximos días y que acojas en tu seno las almas de esos cadáveres que deambulan por el mundo. Amén.
―Amén ―repetimos todos.
Penny se limpia las lágrimas y hasta Peter parece que lo dice en serio.
Hay bizcocho de plátano de postre, hecho con los plátanos que hemos rescatado. John me ha dado los huevos que han puesto hoy sus gallinas para que lo hiciera, ahora que ya tiene suficientes en su incubadora casera. Tiene ocho gallinas; no quiso deshacerse de ninguna de las «chicas» de Caroline después de su muerte, aunque, cuando llega el verano, nada en huevos.
―Mañana vamos de excursión ―dice John―. Prácticas de tiro para todos. No deberíamos hacerlo aquí. Parece que el ruido los atrae.
―A Sam lo han matado de un tiro ―comento―, lo que significa que igual los contagiados no son nuestro único motivo de preocupación.
A todos les confunde lo que nos hemos encontrado en el pueblo. Había eleequis, pero está claro que también hay otras personas por ahí. Las que han matado a Sam. A Sam, que lo único que pretendía era proteger a todo el mundo. No se me ocurre quién ha podido querer verlo muerto.
―Quiero que sepáis todos usar un arma de fuego de forma segura y precisa ―dice John―. Así que mañana a primera hora me acercaré con mi camioneta y nos iremos en los dos vehículos. Y puede que, además, os traiga una sorpresa.