John ha encontrado un cerdo escuálido y abandonado para Bits, que lo ha llamado Bert y procura recoger la mesa antes de que nos lo hayamos comido todo para poder dárselo a él. No tengo yo muy claro lo de la matanza de otoño. Me da que acabamos de adquirir un cerdo mascota.
Bits es tan buenaza que parece imposible malcriarla. Cuando veo la foto de ella con su madre, intento no imaginarla atada y gritando, o esforzándose por no gritar, desesperada por disfrutar de unos segundos más antes de que los contagiados le den alcance. Me pregunto si lo pasaría aún peor pensando que Bits se iba a quedar desprotegida. Espero que pueda vernos y que su corazón esté en paz, y que pueda oírme cuando le prometo que lo vamos a hacer lo mejor posible.
La pequeña aún cree en las hadas. Al principio me pareció extraño, pero vivimos en un mundo con zombis, así que igual lo de las hadas tampoco es tan descabellado. Hemos creado un jardín encantado y estamos tumbadas en el césped, esperando a las hadas. Aún no hemos atrapado ninguna, aunque una vez vi a Peter espolvorear purpurina a escondidas para que Bits la encontrara por la mañana.
Peter procura ser civilizado conmigo, aunque, en el mejor de los casos, hago como que no existe. En el peor, me pone de mal genio y lo trato fatal. Se me escapan de la boca los comentarios hirientes. No me enorgullece, pero tampoco soy capaz de parar.
Estoy subida a una escalera, en el granero, clavando las tablillas sueltas. Últimamente parece un granero de verdad, con el heno y los sacos de pienso apilados para el invierno. Bert ronca en su aprisco, Flora y Fauna dan brincos por ahí y las gallinas cloquean suavemente. Hasta huele a granero a veces.
Me vuelvo a decirle algo a Nelly, que está limpiando la cuadra de las cabras, y la escalera se tambalea.
―¡Mierda! ―grito.
Me agarro a la pared para no perder el equilibrio y justo entonces aparece Peter, que sujeta la base de la escalera y me mira desde abajo.
―El suelo es irregular aquí. Te la sujeto hasta que termines.
No quiero su ayuda. No quiero deberle nada, ni siquiera un «gracias». Aporreo un clavo y niego con la cabeza.
―No hace falta.
―No quiero que te caigas ―dice.
No entiendo por qué no me deja en paz y ya está.
―¡Peter! No. Quiero. Tu. Ayuda. Déjame en paz.
Se le agarrotan los hombros. Suelta la escalera y sale del granero sin rechistar, aunque con un portazo. Le doy fuerte al clavo con el martillo y procuro no sentirme culpable. La escalera vuelve a estar estable y, al mirar abajo, le veo la cara seria a Nelly. Conozco bien esa cara.
―¿Qué? ―pregunto.
―¿Te acuerdas de cuando me decías que, a pesar de todas sus chorradas, Peter era un tío majo? ―Asiento y miro a otro lado―. Pues tenías razón. ¡Alucina!, estoy reconociendo que tenías razón. —Bromea para disimular que me está echando la bronca, pero el sofoco me trepa por el cuello igual―. Está haciendo todo lo posible para demostrarte que lo siente, Cass. Me llevó a un aparte para disculparse por haber sido un capullo, incluso antes de que pasara todo esto. No es posible que no veas lo que adora a Bits, lo bueno que es con ella. Se ha puesto a la altura de las circunstancias. Solo que le ha costado un poco más y un gran error. ―Vuelvo a asentir, pero estoy tan avergonzada que no lo puedo ni mirar―. Tú nunca has sido rencorosa, ¿por qué lo eres ahora? Tienes que perdonarle lo que te ha dicho y hecho. A estas alturas, también tú te has pasado un montón. Y deja de culparlo de lo que no es culpa suya. No sabes qué estará pensando Adrian. Ni lo sé yo. Ni Peter, ya puestos. Y ahora mismo no hay forma de saberlo, así que, para empezar, deja de portarte como si lo supieras y de pagarlo con los demás. Todos tenemos nuestras mierdas. Da gracias por que Adrian esté vivo. ―Pienso en Eric y en lo que daría por saber qué ha sido de él, en las familias de todos y en lo desesperados que estamos por tener noticias de ellos. Una vez dije que me bastaba con saber que Adrian seguía vivo, y entonces era cierto. Estoy hecha un lío―. Estás siendo cruel, Cassie, y tú no eres así. Dale a Peter una oportunidad de demostrarte que ha cambiado, ¿vale? ―Me tiende la mano. La agarro, pero mantengo la mirada fija en las motas de polvo que revolotean en un haz de sol. Me la aprieta una vez―. Te quiero, Cass. Te dejo sola.
Lo veo marcharse y descanso la cabeza en los peldaños de la escalera. Nelly tiene razón. Le he negado a Peter lo que más deseo para mí misma: el perdón. En vez de comprender que quizá le ha sido imposible ser la persona que yo esperaba que fuera, lo he estado castigando, alimentando las ofensas y el rencor y echándoselo en cara, que es precisamente lo que temo que Adrian haya hecho, que no pueda perdonarme por haber sido débil y haber estado perdida. No he podido perdonármelo yo y por eso pensé que Peter tampoco se lo merecía.
Es hora de dejarlo correr, de aceptar que lo que sea es, de agradecer y disfrutar lo que sí tengo, porque sé que ahora mismo, en comparación con el resto del mundo, es muchísimo.