TENGO que estar en reposo una semana? No puedo –protestó Polly al médico que la había examinado, vendado el tobillo y recetado unos calmantes–. Tengo que trabajar.
–Lo siento mucho, pero para que se le pase la inflamación tendrá que tener la pierna en reposo –insistió el doctor Jarvis.
–No se preocupe, doctor Jarvis. Yo me encargaré de ello –le respondió Marcus, sin hacer caso de la cara que ponía Polly–. Hasta que no te quiten la venda la semana que viene, te quedarás conmigo.
–¿Quedarme contigo, Marcus? ¿Es que no has oído lo que acabo de decir? Tengo que encargarme del hotel.
–Sí, ya te he oído y puedes trabajar durante el día… siempre y cuando estés sentada en la silla. Pero no podrás trabajar veinticuatro horas al día, tal y como haces ahora.
–Pues si no puedo, no es por culpa mía. Yo no he sido la que ha llamado a esos consultores a…
–Polly, no tiene ningún sentido que sigas discutiendo. Te vas a quedar conmigo hasta que se te ponga bien ese tobillo. Y si veo que haces más esfuerzo del que debes, no tendrás más remedio que…
–¿Que qué? –le retó.
–Pues quedarte las veinticuatro horas, si fuera necesario –le respondió Marcus.
Veinticuatro horas al día con Marcus. Polly cerró los ojos solo de imaginárselo.
¿Y Suzi? Estuvo a punto de preguntárselo, pero no le salieron las palabras. No pudo preguntarle qué era lo que iba a pensar su futura esposa de que ella viviera en la casa que pronto iban a compartir.
–¿Qué te ocurre? ¿Te duele más el tobillo? –le preguntó Marcus al ver la expresión del rostro de Polly al imaginarse a Suzi y él juntos.
Polly movió en sentido negativo la cabeza y dejó que Marcus la llevara hasta el coche.
–Pararemos en el hotel para que recojas lo que necesites –le dio, mientras esperaban en un semáforo.
–No puedo dirigir el hotel desde tu casa, Marcus. Tengo que estar en el hotel –protestó Polly, tratando de forma desesperada que cambiara de opinión.
–¿En serio? Es extraño. De pronto el hotel se ha convertido en lo más importante, cuando hace poco tiempo querías dejarlo.
–Por el momento, todavía soy responsable del hotel –insistió Polly.
–Por cierto, ¿has hablado con Bernstein últimamente?
–No, no he hablado con Phil –admitió Polly–. Creo que está en el Caribe.
–Ya lo sé. Suzi se fue allí a verlo.
¡Suzi estaba con Phil! La verdad, no era nada extraño. Al fin y al cabo, Suzi era su empleada. Pero le extrañaba que Marcus reaccionara de aquella manera, sabiendo que la mujer a la que amaba y con la que iba a tener un hijo estuviera en un sitio tan romántico con un hombre como Phil.
–La secretaria de Phil me ha dicho que iba a volver pronto –le dijo Polly.
–Ya lo sé –respondió él. Llegaron al hotel y detuvo el coche–. Espera aquí, que iré por tus cosas.
–No soy una inválida, Marcus. Puedo ir yo misma a por mis cosas.
Él no se opuso, pero sí la ayudó a llegar hasta el vestíbulo.
Sin embargo, el dolor que sentía en el tobillo era tan intenso que le era muy difícil poder caminar y se dio cuenta también de que, si se quedaba en el hotel, al final iba a terminar haciendo lo que el médico le había prohibido hacer.
–No es necesario que vengas conmigo –le informó a Marcus cuando se fue hacia el ascensor.
En su habitación, empezó a meter en una bolsa lo que pensaba que iba a necesitar, recordándose no obstante que solo iba a quedarse una noche. A la mañana siguiente volvería para hacer su trabajo. Y dentro de poco convencería a Marcus para que la dejara trabajar más tiempo.
Cuando volvió al vestíbulo, Marcus estaba hablando con su asistente, Pat Chorlton.
–Marcus me estaba contando lo de tu tobillo –le dijo Pat cuando Polly se acercó a ellos.
Pat era una mujer de unos sesenta años, excelente trabajadora, tan buena, que Polly la había convencido para que se quedase después de su jubilación, aunque solo fuera a trabajar a media jornada.
–Es el peor momento, dado que tenemos que organizar la boda.
Al parecer Marcus se lo había contado. Lo cual no era nada extraño. Como cualquier hombre enamorado, lo que más quería era hablar de su amada. Polly intentó olvidarse de los celos que sentía.
–No te preocupes, mañana por la mañana vendré.
–Vendrás si estás bien –le recordó Marcus.
–Marcus… –empezó a decirle Polly, pero él ya estaba levantando la bolsa de viaje que ella había preparado, poniendo un gesto de esfuerzo al hacerlo.
–¿Qué demonios…? –empezó a preguntarle.
–Libros –le respondió ella anticipándose. Tengo que trabajar en el balance y….
–¿Qué es lo que haces? –protestó Polly cuando vio que él ponía la bolsa en el suelo, la abría y empezaba a sacar los libros.
–El médico te dijo que tenías que descansar, ¿recuerdas?
–Me dijo que tenía que descansar mi tobillo, no mi cerebro –le dijo Polly–. Tú fuiste el que encargaste el trabajo de auditoría, y no creo que les agrade mucho ver que no están hechas las cuentas.
–Pues si no les agrada que hablen conmigo –respondió Marcus, mientras Pat, que estaba escuchando, movía la cabeza y sonreía.
–Parecéis una pareja que lleva años casada.
Su comentario impresionó a Polly, quien se quedó en silencio. Seguramente Pat, que siempre había sido tan discreta y con tanto tacto, debió darse cuenta de que aquel comentario no venía a cuento, dado que Marcus había hecho público su compromiso.
–Un matrimonio como un infierno –murmuró Marcus mientras volvía a cerrar la bolsa y a levantarla. Polly, por una vez, prefirió no responder.
En cuanto se sintiera mejor, hablaría con Marcus para que la dejase marcharse del trabajo antes de aquellos seis meses. Dadas las circunstancias, seguro que no la quería demasiado cerca.
El camino hasta la casa de Marcus lo hicieron en completo silencio. En un par de ocasiones, Polly lo miró de reojo, preguntándose si estaría pensando en Suzi. Seguro que era a ella a la que le gustaría llevar a casa en aquellos momentos.
–Espera aquí –le ordenó Marcus cuando la dejó en el vestíbulo de la casa–. Llevaré la bolsa arriba y luego volveré por ti.
–Marcus, puedo subir por mi misma las escaleras –protestó Polly.
Había pintado la casa desde la última vez que estuvo. Los colores mediterráneos que había elegido Marcus eran de lo más apropiado, al igual que las cortinas de color crema y los apliques que había elegido. El salón lo había decorado con una mezcla de muebles modernos y antiguos.
Era fácil imaginárselo en aquella casa. Pero por alguna razón, Polly no se imaginaba a Suzi viviendo allí. Seguro que a ella le gustaba más las cosas como el cristal, la seda, la porcelana y otro tipo de mobiliario. Pero, tal y como estaba, era una casa en la que cualquier niño se sentiría cómodo.
Con el corazón roto, al darse cuenta de la soledad en la que se iba a quedar, Polly empezó a caminar hacia las escaleras. En ese momento, Marcus suspiró de impaciencia y se acercó a ella.
–No, puedo yo sola.
Qué simbólicas eran aquellas palabras. A partir de ese momento se las tendría que arreglar sola. No iba a tener que preocuparse de Briony, ni tampoco de Marcus.
–Es esta habitación –le informó Marcus manteniéndose a cierta distancia de ella. Abrió la puerta del dormitorio y se apoyó en la pared para que entrara ella, dejándole bastante claro que no tenía la menor intención de tocarla, al igual que tampoco ella lo quería tocar a él. Aunque por diferentes razones. Ella, porque no quería que notara su amor por él. Él porque estaba comprometido ya con otra persona.
Cuando entró en el dormitorio, Polly se detuvo, se dio la vuelta y lo miró:
–¡Pero esta es tu habitación!
Aunque no la había visto antes, lo supo por los pequeños detalles que había en ella.
–No puedo dormir aquí –protestó Polly.
–No te preocupes –le aseguró Marcus en tono lacónico–. No pensaba compartir la cama contigo. Lo que ocurre es que las otras todavía no están arregladas. Los pintores todavía no han terminado y hasta la semana que viene no van a poner la moqueta.
–¿Y dónde vas a dormir tú? –le preguntó Polly.
–Abajo. Hay un sofá muy cómodo en el salón. Me las arreglaré allí.
–Marcus, no creo que quepas en el sofá –protestó Polly–. Es mejor que duerma yo en él. Esto es ridículo –añadió–. Estaría perfectamente en el hotel. Si hubiera sabido que viniendo aquí te ibas a quedar sin habitación…
–¿Me estás proponiendo que compartamos cama? –se burló Marcus de ella.
–No creo que sea necesario –le respondió ella–. No puedo quedarme aquí, Marcus. Yo…
–Pues no tienes otra elección –le dijo él–. No puedes conducir y yo no te voy a llevar.
–No puedo quitarte la cama –insistió ella.
No podía dormir en ella sabiendo que dentro de poco la iba a compartir con Suzi, que dentro de un año su hijo estaría también allí. No podría soportar ese dolor. Y menos en aquellos momentos.
–Estás perdiendo el tiempo, Polly –le dijo Marcus, mirándose el reloj, antes de añadir–. Voy abajo a preparar algo de comer. Si, cuando vuelva, no te has quitado la ropa y te has metido en la cama, te juro que…
–¿Qué vas a hacer? –le desafió.
–Pues que te quitaré la ropa yo y te meteré en la cama –le respondió él. Al ver cómo su rostro cambiaba de color, añadió–. Pensé que iba a ser un incentivo. La última vez que te quité la ropa pareciste mucho más dispuesta que ahora. De hecho…
–No sigas. No sigas –protestó Polly tapándose los oídos con las manos y girando la cabeza.
¿Por qué tenía que recordarle aquello en la habitación que dentro de poco iba a compartir con otra mujer, con su esposa? Polly había pensado que él nunca iba a mencionar de nuevo lo que había ocurrido entre ellos, que lo sentiría como una traición a Suzi. Ella en su caso… Ella en su caso nunca habría hecho lo que él había hecho. Nunca se habría acostado con alguien al que no amara.
–Te doy quince minutos, Polly –le dijo Marcus y se dio la vuelta.
Quince minutos. No era demasiado tiempo, decidió Polly mientras se ponía el camisón. Se acaba de meter en la cama, cuando Marcus entró de nuevo con una bandeja en la mano.
–La cena –le dijo colocando la bandeja en la cama. A Polly se le hizo la boca agua cuando vio lo que había preparado. Huevos escalfados y salmón ahumado. Era su comida preferida, que siempre comía el día de Navidad, con una botella de champán, mientras Briony, Marcus y ella abrían los regalos.
–Gracias –le dijo. ¿Habría recordado que era su comida preferida? Prefería no preguntárselo.
–No te olvides de tomar las pastillas –le recordó mientras se dirigía a la puerta.
La iba a dejar que cenara sola. Polly logró callar su protesta. Era mejor así. Porque lo que menos le apetecía era que se quedara con ella a hablarle de las virtudes de Suzi y le contara los planes de futuro con ella.
Cuando se marchó, ella empezó a comer, pero de repente y, a pesar de que la comida olía muy bien, descubrió que no tenía hambre. Tenía un nudo en la garganta que le impedía tragar. Se metió una pastilla en la boca y dio un trago de agua.
Le dolía el tobillo y estaba medio mareada. Puso la bandeja en el suelo y se apoyó en la almohada. La cama estaba recién hecha y no tenía el olor de Marcus. No, ese privilegio se lo reservaba para Suzi. Las lágrimas acudieron a sus ojos. Pero no quería llorar. No estaba dispuesta.
La luz todavía estaba encendida cuando Marcus entró en la habitación a recoger la bandeja. Polly estaba dormida con un brazo en los ojos, para protegerse de la luz. Marcus frunció el ceño cuando miró la bandeja y vio que no había probado bocado.
Era evidente que la noticia la había deprimido. Él había tratado de advertirle. Suzi le había dicho cuáles eran sus planes. Se había quedado embarazada y el futuro del bebé era lo primero.
–Va a ser un niño –le había dicho Suzi.
Marcus confió en que estuviera en lo cierto, aunque todavía era pronto para saberlo.
Levantó la bandeja, salió de la habitación y cerró la puerta.
Polly cerró los ojos y se puso las manos en las sienes. La mañana estaba siendo agotadora. Todavía le dolía el tobillo, aunque se estaba recuperando bastante bien. No obstante era muy difícil quedarse quieta, porque los consultores que había contratado Marcus la estaban bombardeando a preguntas.
Pero su dolor de cabeza no era nada comparado con el dolor que sentía en el corazón. Aquello sí que era dolor, un dolor que no se curaba con ninguna pastilla.
–¿Polly? Ha venido Suzi –le comunicó Pat–. Quiere hablar contigo sobre la boda.
–¿Ha venido Marcus con ella? –le preguntó a Pat.
–Sí –le confirmó ella.
–Ahora mismo voy –le dijo Polly a su secretaria, esperando a que se hubiera ido para tomar aliento y esbozar una sonrisa forzada.
–Suzi… Marcus… –los saludó con falso placer.
–Marcus, no sé por qué he de verla a ella –le dijo en tono grosero–. No creo que se te haya olvidado lo que te he dicho de poner una marquesina en el jardín. Quiero que me saquen las fotos allí. Tampoco se te habrá olvidado que no tiene que haber ningún otro huésped en el hotel. Quiero recibir a los invitados en el vestíbulo principal. Las floristas lo decorarán. Llamaré a la mejor floristería de Londres y…
Mientras la escuchaba, Polly se sentía cada vez más enfadada. Aquel jardín era su dominio, era su jardín particular, al que no podían acceder los huéspedes del hotel. Le dolió mucho que Marcus le hubiera dicho a Suzi que podía utilizarlo sin habérselo preguntado antes a ella.
–Traeremos a nuestro propio cocinero. Phil lo va a traer del Caribe. Todo lo que haya en la marquesina tiene que tener el mismo color que mi vestido. Y los invitados tendrán que ir de blanco o de negro. Y… ¿todavía no se lo has contado? –le preguntó a Marcus y miró a Polly por primera vez.
Sin esperar a que Marcus respondiera, le dijo a Polly:
–Vamos a ocupar todo el hotel, así que no es necesario que tú estés aquí. Phil me ha dicho que podrías alojarte en el Cay, aunque no creo que sea de tu estilo –le dijo con desprecio.
Arrugó la nariz y miró de nuevo a Marcus, poniéndole la mano en su brazo de forma posesiva.
–Le dije a Phil que podríamos alquilar la isla de Richard Branson, pero no quiso, dado mi estado… –le retiró la mano y se la puso en la tripa–. Parece que ha perdido la cabeza cuando se ha enterado de que va a tener un hijo. ¿Has visto los pendientes que me ha comprado?
Movió la cabeza para que le viera los diamantes que colgaban de sus orejas.
–¿Te vas… te vas a casar con Phil? –la interrumpió Polly–. ¿Sois Phil y tú los que os vais a casar?
–Claro. Ya te dije que era mío –le respondió a Polly sonriendo–. Hace tiempo que Phil y yo estamos saliendo. Y ahora se alegra de que haya ocurrido lo que tenía que ocurrir. Los dos sentimos haberte desilusionado, pero ahora Phil quiere que yo me encargue de gestionar el hotel de Londres. De hecho, él se va a trasladar a vivir a Londres durante los próximos años. Aquí tenemos más oportunidades de llevar a Philip a los mejores colegios. La educación es lo más importante en los hijos, ¿no crees? –le preguntó a Marcus sonriendo.
–Creo que es lo más importante para un niño es sentirse amado –respondió Marcus en tono tranquilo mientras Polly estaba todavía intentando asimilar la información que acababa de conocer.
Suzi se iba a casar con Phil y no con Marcus. Suzi iba a tener un hijo de Phil y no de Marcus. ¿Por qué entonces la había atacado Suzi de aquella forma cuando la había visto en el hotel de Phil?
El hotel de Phil. De pronto, Polly lo entendió todo. Suzi había pensado que ella había pasado la noche con Phil, y no con Marcus y esa era la razón por la que…
Al cabo de un rato, Suzi terminó la lista de las cosas que necesitaba. Cuando se dirigía a la salida, se dio la vuelta y le dijo a Polly en tono autoritario:
–Por cierto, Phil me ha comentado que, si se entera de algo para ti, te lo comunicará, aunque yo sinceramente pienso que estás mejor aquí… Bueno, me tengo que ir, porque si no voy a llegar tarde. He quedado para ir a cenar a París. Luego voy a ir de compras con Phil.
En cuanto se marchó, el vestíbulo se quedó tranquilo. Marcus, que se había ido con ella para acompañarla al coche, volvió y Polly le dijo:
–Suzi se va a casar con Phil.
–Sí –respondió Marcus–. Escucha una cosa, Polly, sé que no te va a sentar bien que te lo diga, pero creo que Phil no era el hombre que más te convenía.
–¿Quizá porque soy más vieja que él? –le preguntó ella.
–No –respondió Marcus enfadado–. La edad no tiene nada que ver.
–Pues eso fue lo que dijiste cuando…
–No es el hombre que más te conviene y eso es todo. Ya sé que estás enamorada de él y ahora estás dolida… Sé cómo te sientes, porque yo he pasado por lo mismo…
De repente, Polly recordó que Marcus estaba enamorado de Suzi y que el alivio que ella había sentido cuando se enteró de que Suzi iba a casarse con Phil no era un sentimiento compartido.
Estiró una mano de forma instintiva y le tocó el brazo, incapaz de ocultar la calidez en sus ojos, ni en su voz mientras le decía:
–Yo podría decirte lo mismo, Marcus. Suzi no es la mujer que más te conviene…
–¡Qué!
–Ya sé que cuando te acostaste conmigo estabas pensando en ella –continuó ella queriendo decirle lo que le tenía que decir antes de perder el coraje–. Tendría que habértelo impedido, pero…
–Pero era más fácil fingir que era Bernstein –respondió Marcus por ella.
Polly movió en sentido negativo la cabeza.
–No. Lo que te he dicho sobre Phil es verdad, Marcus. Para mí no es más que una persona que podía haberme dado trabajo.
–Pero Suzi dijo…
–Me da igual lo que dijera Suzi –lo interrumpió Polly–. Yo nunca he sentido nada por Phil, simplemente lo considero un amigo. Pero desde luego nunca se me habría ocurrido llegar a intimar con él.
Marcus se la quedó mirando con la boca abierta.
–¿Entonces por qué…?
–Escucha, yo creo que es mejor que lo olvidemos todo –le dijo.
–¿Olvidarlo? ¿Olvidar las horas más bonitas de mi vida? –le respondió Marcus–. ¿Sabes lo que me estás pidiendo, Polly? He esperado años para que llegaras a fijarte en mí, a quererme, tocarme de la forma en que lo hiciste, y quieres que me olvide del placer que me diste… Ya sé que no estás enamorada de mí, Polly. Siempre lo he sabido. Solo Dios sabe cómo he intentado provocar alguna reacción emocional en ti, destruir ese muro de indiferencia que has levantado contra mí. Para mí, estar enamorado de ti ha sido casi una forma de vida…
–¿Estás enamorado de mí? –le preguntó Polly con voz temblorosa.
Marcus se quedó mirándola fijamente.
–Pues claro que estoy enamorado de ti –le dijo con voz ronca–. Te amo desde la primera vez que te vi, y si no me hubiera enamorado de ti entonces, Polly… Estar junto a ti cuando nació Briony ha sido la experiencia más emotiva que he tenido en mi vida. Una experiencia comparable solo con lo que ha supuesto tenerte entre mis brazos. No te puedes imaginar lo mucho que he deseado que Briony fuera hija mía, lo mucho que he deseado que tengas un hijo mío…
–¿Deseado? –le preguntó Polly, manteniendo la respiración–. ¿Hablas en serio?
–¿Si hablo en serio? –repitió Marcus, frunciendo el ceño mientras trataba de imaginarse lo que quería decir.
La agarró del brazo, tiró de ella y la abrazó.
–No, Marcus, aquí no, que nos pueden ver.
–A mí me da igual quién me vea –respondió Marcus mientras la besaba. Después, sintió que su boca se abría y comentó–. Aunque quizá sea buena idea buscar algo de privacidad.
–Una muy buena idea –le informó Polly mientras se apartaba de él y se dirigía hacia las escaleras.
–Tengo una idea mejor –le dijo Marcus, agarrándola de la mano y tirando de ella.
–¿Dónde me llevas? –le preguntó Polly mientras él la llevaba al coche.
–A casa –le respondió Marcus–. Os voy a llevar a los dos a casa.
–Oh –Polly lo miró sorprendida mientras él abría la puerta del coche.
–¿O no me comentaste que era posible que te hubieras quedado embarazada?
–Sí –comentó Polly–. No estoy segura, pero podría ser…
La verdad era que se había sentido mareada durante toda la semana. Incluso había llamado al hospital a preguntar si las pastillas que le habían recetado estaban contraindicadas en caso de embarazo. El médico le había dicho que debería hacerse una prueba de embarazo.
Los síntomas eran claros, pero al haber pensado que había otra mujer que llevaba en su seno el hijo de Marcus no había querido dar ese paso. Había temido que los hijos que ella tuviera estuvieran destinados a no tener un padre.
–A ver que dice Briony cuando se entere de todo esto –le dijo a Marcus un par de horas más tarde mientras él le apartaba el cabello de la cara y la besaba. Al principio, él no había querido hacer el amor con ella, por si acaso estaba embarazada, pero Polly le había asegurado que no había ningún peligro–. Te quiero tanto, Marcus… Todo esto es nuevo para mí… Yo nunca… Richard y yo… Los dos éramos unos críos…
Respiró hondo y después continuó:
–Lo que compartimos era muy bonito, pero no era amor. No era ni la décima parte de lo que siento por ti. No me puedo creer que hayamos podido malgastar tantos años. Yo pensé que no te gustaba. Eras siempre tan crítico conmigo.
–Tan crítico que no podía apartarme de tu lado –protestó Marcus.
–Yo pensaba que era por Briony.
–Yo quiero mucho a Briony –le dijo Marcus–. Y siempre la querré. Espero que lo que tengamos sea un niño, Polly, pero no porque desee, como Bernstein, un heredero. Es solo porque Briony ha significado mucho para mí y me preocupa que otra niña no llegue a…
–¿Temes querer más a un hijo tuyo? –le sugirió Polly. Marcus movió en sentido negativo la cabeza.
–No podría querer a un hijo más de lo que quiero a Briony. No, estaba pensando que una segunda hija podría sentirse desplazada por Briony, mientras que un hijo…
–Oh Marcus, no puedo creerme que hayamos tenido tanta suerte. Y todo por Phil y Suzi. ¿Cómo pudiste pensar que yo quería a Phil? –le reprochó.
–¿Y cómo pudiste pensar tú que yo estaba enamorado de Suzi? –replicó Marcus.
–Pero seguro que te diste cuenta de mis sentimientos cuando…
–¿Cuándo hicimos el amor? –le preguntó Marcus–. Me di cuenta de tu respuesta, pero quería oír de tus labios que me querías.
–Cuando se entere Briony de todo esto. Ella quería que te casaras con Suzi –le dijo Polly.
–Pues parece que no le han salido bien las cosas –respondió Marcus–. De todas maneras, me dijo que pensaba que estabas haciendo una tontería enamorándote de Bernstein y me pidió que cuidara de ti porque no se fiaba de sus intenciones…
–¿De ahí sacaste tú la idea de que estaba pasando una crisis? Ya hablaré yo con ella…
–Briony, querida. Qué sorpresa. No estábamos… no esperaba que vinieras este fin de semana –le dijo Polly a su hija cuando esta la abrazaba, confiando en que su hija no se diera cuenta de lo alterada que estaba.
No era que no quisiera ver a Briony, sino que Marcus y ella habían pensado pasar el día comprando las cosas para el bebé y después iban a salir a cenar a hablar de su futuro juntos. Polly sospechaba que le iba a regalar un anillo de compromiso, algo que no era necesario dadas las circunstancias. Y luego hablarían de cómo iban a celebrar la boda. Ella quería que fuera una ceremonia lo más íntima posible.
Ya sabían que estaba embarazada. Marcus estaba como en la luna y la trataba como si se fuera a romper.
Se lo iban a contar a Briony, por supuesto, pero quería preparar el discurso antes.
–¿Cómo llevas los preparativos para la boda? –le preguntó Briony.
–¿La boda? –Polly se mordió el labio. En ese momento, se acordó de que su hija le preguntaba por la boda de Suzi y Phil–. Bien. Marcus ha decidido que no podemos satisfacer todos los requisitos de Suzi y creo que se van a casar en alguna isla del Caribe al final…
–¿Y tu trabajo con Phil?
–Pues no… He decidido quedarme aquí –Polly suspiró hondo–. Briony, querida, será mejor que hablemos.
–Marcus, no puedo creérmelo –le dijo Polly, cuando le relató el incidente más tarde–. Yo pensaba que Briony se iba a enfadar cuando le contara que no te ibas a casar con Suzi y lo nuestro, y lo que hizo fue sonreír de oreja a oreja. Parece que ella había querido desde hacía mucho que nosotros nos casáramos, pero como ninguno de los dos daba el primer paso, decidió ponernos celosos…
–No puedo creerme que haya sido tan malvada. Me dijo que ella veía claro que nos queríamos desde hacía mucho, pero que éramos incapaces de darnos cuenta…
–Lo sé. Me llamó hace un par de horas para decirme lo contenta que estaba.
–Yo pensé que le iba a sorprender lo del niño, pero también se puso muy contenta.
–¿Puedes parar ya de mirarme como me estás mirando? –murmuró Marcus mientras ella sonreía–. Estamos en un restaurante y lo que quiero hacer ahora contigo es algo que solo se puede hacer muy pero que muy en privado.
–Marcus –protestó Polly sonrojándose.
–Polly –respondió él.
Antes de ir al restaurante, le había dado el anillo que le había comprado y después la había desnudado y hecho en amor con ella. Le besó todo el cuerpo y en un momento determinado le besó el dedo en el que llevaba el anillo.
–Mi anillo… mi bebé –le dijo besándole la tripa–. Mi amor… –la besó en la boca. Polly se sintió como si su cuerpo se convirtiera en líquido, un delicioso líquido cargado de deseo y felicidad.
–¿Qué te pasa? –le preguntó Marcus al ver que ella apartaba el plato sin tocar la comida.
–Nada –le respondió Polly suspirando–. Es que me apetece estar a solas contigo, Marcus…