Capítulo 7

 

 

 

 

 

DESPUÉS de pedir el desayuno, que fue incapaz de comerse, Polly empezó a hacer las maletas para volver a casa. En ese momento, sonó el teléfono.

Con gesto de cansancio, levantó el auricular, sabiendo que la única voz que quería escuchar era la de Marcus y que seguramente no era él.

–¿Polly?

–Hola, Phil, estaba a punto de marcharme.

–Me alegra de haberte pillado a tiempo –le respondió él en tono cariñoso, añadiendo antes de que ella pudiera responder–. Me gustaría hablar contigo para hacerte una propuesta.

–¿Una propuesta?

–Un negocio… más o menos –le aseguró Phil, antes de añadir en tono burlón–. No temas, no voy a proponerte nada personal, aunque es lo que más me tienta. Es un negocio. Te lo contaré si vienes. Te estaré esperando en mi suite.

–Phil… –empezó a decir Polly, pero demasiado tarde, porque él ya había colgado.

Frunciendo el ceño, Polly se preguntó qué sería lo que quería decirle. A pesar del tono burlón que había adoptado, Phil era un hombre muy serio. ¿Estaría pensando, como le había dicho, expandir su imperio a las casas de campo inglesas? ¿Se habría fijado en Fraser House? De ser así, tendría que hablar con Marcus, en vez de con ella.

Estuvo a punto de no acudir a la cita y marcharse directamente a Fraser House para poder curar allí las heridas que se había producido con su comportamiento. Pero nunca le había gustado regodearse en sus penas y, además, si Phil estaba pensando en hacerle una oferta por Fraser House, tenía derecho a saberlo.

 

 

Le había dicho que subiera directamente a su suite. Eso fue lo que hizo. Llamó a la puerta, que Phil abrió de inmediato. Llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa. Tenía un aspecto despreocupado.

–Polly, me alegra que hayas venido.

Hizo un gesto con la mano para que entrara en la sala. En la mesa había una gran selección de frutas frescas y cereales.

–Si te apetece desayunar –le ofreció, dirigiéndose hacia la mesa y sirviendo dos tazas de café–. Bueno, siéntate –añadió, esperando hasta que ella lo hiciera antes de añadir en tono un tanto desconcertante–. Dejémonos de andar por las ramas. He llegado a un trato con los propietarios de este hotel y lo voy a comprar. Pero yo no puedo quedarme aquí para dirigir un negocio como este. Este hotel tiene que dirigirlo un buen gestor, alguien que conozca a fondo el negocio, alguien que combine la experiencia con la inteligencia y además tenga determinada intuición de lo que los huéspedes desean.

–Si lo que quieres es que te recomiende a alguien… –empezó a decirle Polly en tono dubitativo. Al principio había pensado que Suzi era la que se iba a hacer cargo del negocio, pero a juzgar por sus palabras se había confundido.

–No necesito que me recomiendes a nadie. Yo sé quién quiero que dirija este negocio.

–¿Sí? –le respondió Polly poniendo una expresión de desconcierto. Pues si ya lo sabía, ¿por qué entonces la había llamado a ella?

–Sí –replicó Phil mirándola directamente a los ojos–. Quiero que lo dirijas tú, Polly. Tú y nadie más que tú. He visto en lo que has convertido Fraser House y he observado… la forma en que trabajas, la forma en que tratas a los huéspedes. Eres la mejor. Y lo mejor es lo que yo quiero para este sitio.

Polly se quedó muda. Era lo que menos se esperaba que le dijera.

–Phil… espera un momento, Phil –protestó Polly, temblando–. No hablarás de verdad en serio. Es…

–Por supuesto que hablo en serio –insistió Phil.

–Me siento halagada de que hayas pensado en mí –empezó a decirle Polly–. Pero no puedo. Estoy al frente de Fraser House…

–¿Fraser House? –le interrumpió Phil, encogiéndose de hombros–. Has hecho maravillas en ese sitio Polly, pero eres capaz de hacer mucho más, en especial ahora que Briony estará en la universidad. No me digas que no te apetece una aventura como esta. Seguro que te apetece extender tus alas, Polly. Además, no hay nada que te ate ahora a Fraser House.

Tenía razón en lo que le estaba diciendo. Briony estaba en la universidad y Marcus se iba a marchar. Lo único que le quedaría a ella serían los recuerdos de sus ridículos sueños y esperanzas, el dolor de lo que pudiera haber sido, mientras que no muy lejos Marcus iniciaría una nueva vida, con una nueva mujer y una nueva familia.

¿Y qué iba a sentir ella cuando los viera a los dos entrar juntos en Fraser House? Marcus y Suzi, a comer con los niños. Suzi sería la que disfrutaría del amor de Marcus mientras que a ella solo le quedaría la soledad.

Sí. Si se quedaba en Fraser House tendría que aguantar escenas como esa. Pero si se marchaba tendría que renunciar a recuerdos maravillosos, recuerdos de la infancia de Briony, de aquellos años tan difíciles en los que Marcus y ella habían logrado montar el negocio juntos, años en los que Marcus había trabajado codo con codo con ella, la había ayudado, había estado al lado de Briony. Tantos recuerdos, recuerdos agridulces de su amor por él… Pero de alguna manera recuerdos que ella apreciaba mucho.

Se podía llevar aquellos recuerdos con ella, pero en el fondo sentía que no quería abandonar Fraser House. Era feliz allí. Era su hogar y su medio de vida. Por muy mal que sonara, no era una persona especialmente ambiciosa. Le gustaba saber que había hecho un buen trabajo. Le gustaba saber que sus clientes se sentían a gusto y cómodos. No le atraía demasiado acometer una empresa de mayor envergadura y en un sitio más grande. Y aquel hotel era demasiado grande para ella, demasiado impersonal para su gusto.

–Phil, te agradezco mucho la oferta que me haces, pero… –le empezó a decir.

–¿Pero? –le interrumpió él, enarcando las cejas–. ¿No irás a decirme que rechazas la oferta? –le preguntó asombrado, ante lo cual Polly no tuvo más remedio que sonreír–. Dirigir un sitio como este no tiene punto de comparación con Fraser House. Piensa en lo que puede suponer para tu currículum. Dirige este hotel, Polly, y el mundo se pondrá a tus pies. Todas las cadenas de hoteles llamarán a tu puerta para hacerte una propuesta.

–Suena muy tentador –respondió Polly–. Pero…

–Piénsatelo y dame una respuesta cuando quieras –le recomendó.

–Phil –protestó Polly, deseando decirle que ya se lo había pensado y que lo había decidido, pero al ver que él movía la cabeza, prefirió guardar silencio. Aparte de que, en ese momento, empezó a sonar el teléfono.

–Escucha, tengo que responder la llamada –le dijo–. Es del banco de Nueva York. Te ruego que pienses lo que te he dicho. No tienes que darme ahora mismo la respuesta. Te doy una semana o más…

Estuvo a punto de preguntarle por qué no se lo proponía a Suzi. Pero él ya se había dado la vuelta. Pensando que quería hablar en privado, Polly se marchó.

Tomó el ascensor hasta el vestíbulo casi atolondrada por los pensamientos. La oferta que le había hecho Phil no la rechazaría nadie, ni en sueños.

Cuando salió del ascensor, estaba tan ensimismada en sus pensamientos, que casi no vio a Suzi.

Pero la otra mujer sí la había visto y se estaba dirigiendo hacia ella. Se detuvo justo a su lado, tan cerca que Polly tuvo que retroceder unos pasos para sentirse un poco más cómoda.

–Por fin te encuentro –se anunció–. Quería hablar contigo.

–Suzi –protestó Polly–. Pienso que…

–Ya sé lo que tú piensas –la interrumpió Suzi casi de forma grosera–. Piensas que porque él haya pasado la noche contigo, porque has dormido con él, le interesas. Pero me temo que estás muy confundida. No me gusta tener que ser yo la que te arruine los planes de futuro que te habrás hecho, pero alguien tiene que decirte la verdad. Tú para él no eres nada –le dijo con crueldad–. Nada en absoluto. Se acostó contigo, solo porque yo no estaba allí –le dijo sonriendo.

Con ojos llenos de ira y desprecio, continuó:

–Es un hombre al que le gusta mucho el sexo y tiene mucha experiencia en la cama –se encogió de hombros–. Pero mi relación con él no solo se basa en el sexo. Nosotros dos tenemos una relación muy fuerte y, si piensas que voy a dejar que cualquiera, y menos una mujer como tú, se interponga entre nosotros, estás muy confundida. De hecho ya me ha pedido que me case con él. ¿No te lo ha contado?

Empezó a reírse al ver la cara de desconcierto que puso Polly.

–No solo me lo ha pedido, sino que me lo ha suplicado –añadió–. Y le puedo dar mucho más de lo que tú puedas darle. Porque, ¿cuántos años tienes? Cerca de los cuarenta, ¿no?

–Treinta y siete –le corrigió Polly.

–Treinta y siete –se encogió de hombros de forma despreciativa–. Pues yo tengo veintiséis. ¿Piensas de verdad que puede sentir algo por ti? Claro, que al verte tan desesperada, seguro que te ha dicho cualquier cosa por consolarte –añadió con veneno en su tono–. Supongo que te habrás imaginado que, como tiene tanto dinero, tendrías asegurada así tu pensión.

¿Su pensión? De no haber estado tan sorprendida, Polly se habría echado a reír. Podría tener diez años más que aquella chica, pero todavía le quedaba mucho para pensar en esas cosas. Nunca en su vida se había fijado en un hombre por la seguridad económica que le pudiera dar.

–Se ha acostado contigo solo porque le das pena –continuó Suzi.

Polly sintió que se ponía mala. Pensar que Marcus había estado hablando de ella con otra persona era como si le arrancaran de cuajo el corazón.

Pero por mucho dolor que sintiera, tenía que defenderse, y eso fue lo que hizo.

–Me dices que se ha acostado conmigo porque tú no quisiste. Ahora que ha sido porque le daba pena. Podrías aclararte un poco y decirme con claridad cuáles han sido sus motivos.

–Yo sé cuáles han sido sus motivos –le aseguró Suzi–. Si no te hubieras insinuado a él de la forma en que te insinuaste, nunca lo habría hecho. No me extraña que Marcus tenga la opinión que tiene de ti.

Polly tuvo que morderse el labio para no echarse a llorar de dolor. No tenía ni idea cómo se había enterado de lo de la noche anterior, aunque estaba claro que solo había una forma y era que se lo hubiera dicho Marcus.

Polly sintió odio hacia sí misma. ¿Era por eso por lo que se había ido tan temprano? ¿Se habría ido por remordimiento de lo que había hecho, para contárselo a Suzi y así descargar su conciencia antes de marcharse a China? ¿Para pedir su perdón?

–Puede que pienses que eres muy lista –continuó Suzi–. Pero no lo eres. Lo que has hecho es una estupidez. El sexo es solo un juego para los hombres. Y tú supones un desafío nada más. Como ya te he dicho antes, a mí es a la que ama y con la que se va a casar.

Polly empezó a sentir que la cabeza le daba vueltas. Sintió náuseas por los insultos de Suzi. La estaba agrediendo, lo cual era normal, si se tenía en cuenta su relación con Marcus.

En el hotel había tenido que enfrentarse a situaciones un poco tensas, pero nada comparado con aquella. Quizá ella fuera una persona débil e ingenua. Quizá hubiera vivido demasiado apartada y en su mundo. Pero junto a la vergüenza que sentía por lo que había hecho y cómo había sucumbido a su amor por Marcus, sentía una cierta aversión por aquella mujer. Porque Suzi era la mujer que Marcus amaba.

–Te agradezco que me lo digas –le respondió Polly–. ¿Pero no crees que esto lo deberías hablar con él?

–Me dejan impresionada tus buenas maneras –la interrumpió–. ¿Te portaste de esa misma forma en la cama? Pues déjame que te dé un consejo. De ahora en adelante no te acerques a él. Es mío. Y a menos que no quieras que se entere todo el mundo de lo que has hecho… Estoy segura de que a Briony le encantaría que la familia de Chris se enterara de los valores morales de su madre, por ejemplo –la amenazó.

Polly empezó a sentir un terrible dolor de cabeza, producido por la tensión en sus sienes, un dolor tan intenso que casi le impidió enfocar con claridad y ni siquiera pensar.

–Ya sé que debería sentir pena por mí misma, pero en el fondo siento pena por ti, Suzi…

A continuación, y sin darle tiempo a la otra mujer a responderle, se dirigió hacia la salida del hotel, con la cabeza muy alta y el cuerpo rígido mientras trataba de que no le temblaran las piernas.

Pero una vez fuera, no pudo seguir fingiendo. Tenía revuelto el estómago y le temblaba todo el cuerpo. Tenía el rostro pálido como una hoja de papel. Tan mal se encontraba, que una mujer que pasaba por allí se detuvo a preguntarle si se sentía bien.

–No, es que me duele la cabeza –le mintió Polly mientras paraba un taxi.

Todavía tenía que pasar por el hotel a recoger sus cosas. La habitación, muy a su pesar, todavía olía a Marcus.

Las lágrimas que amenazaban con salir las sentía como si fueran ácido.

No estaba dispuesta a llorar por un hombre que no solo había conseguido que traicionara su moral, sino que además le había contado lo que había ocurrido entre ellos a otra mujer.

Nunca se hubiera imaginado que Marcus fuera capaz de una cosa así.

–¿Cuándo vas a aprender? –se dijo mirándose en el espejo–. Te estaba utilizando, abusando de ti, y tú permitiste que lo hiciera. Te mereces lo que tienes. Te mereces la ira y el desprecio de Suzi. Y agradecida tenías que estar de saber que la ama a ella y no a ti.

Suzi le había dicho que se había acostado con ella solo porque ella no estaba allí. A pesar de ser consciente de ello, el que se lo expresaran en palabras, oír que Marcus no sentía nada por ella, le había dejado el corazón con una herida tan sangrante que nunca volvería a cerrarse. Nunca.

No podía seguir viviendo en Fraser House. No tendría por qué quedarse, si aceptaba la oferta que le había hecho Phil.

Pensar que tenía que marcharse de Fraser House le producía un dolor inmenso, pero era el castigo que se merecía por haber hecho lo que había hecho.

Cuando llegó a casa, ya lo había decidido. Era una persona dueña de sus actos. ¿Por qué tenía que pasar aquella humillación? Antes de poder cambiar de opinión, llamó a su abogado, al abogado de la familia de Richard, para ser más precisos.

–Quieres vender tu participación en Fraser House –repitió él, cuando ella le dijo lo que quería.

–Sí –insistió ella, contándole medias verdades–. Briony está en la universidad y Marcus se va a ir a vivir a otra casa. Además, me han ofrecido dirigir un hotel más grande, y…

–¿Lo has hablado con Marcus? –le preguntó Tim Webb.

–Todavía no. Está en China, de viaje de negocios. Y esta oferta me la han hecho hace poco, pero…

–Yo hablaría con él antes, Polly. Marcus y tú sois los dos únicos propietarios de Fraser House, pero…

–Ya lo sé, Tim. Lo único que te estoy pidiendo es tu consejo sobre cómo puedo vender mi participación y dejar la gestión del hotel –le recordó con mucho tacto.

–Bueno, el contrato que firmaste cuando te hiciste cargo del hotel es bastante flexible e informal, como tú sabes. En esos momentos, lo único que quería Marcus era garantizar tu futuro. Ya sabes lo liadas que Richard dejó las cosas.

Polly se sonrojó, al notar el reproche de Tim.

La muerte de Richard había sido tan traumática para ella, que ni siquiera se había puesto a pensar en el lado práctico de las cosas. Marcus se había hecho cargo de todo.

–Yo no quiero perjudicar a Marcus, Tim –le respondió Polly–. Solo quiero saber qué es lo que tengo que hacer para poder aceptar la propuesta que me están haciendo. Marcus ya ha hecho planes de futuro y seguro que se alegra de no tener ninguna relación conmigo.

Asombrada por lo que acababa de decir, y lo que Tim hubiera podido imaginarse por sus palabras, Polly prefirió no continuar contándole más.

–En ese caso, creo que lo único que puedo hacer es escribirle a Marcus comunicándole tu decisión. Por lo que se refiere a tus responsabilidades como copropietaria, sin embargo…

Hizo una pausa.

–Si tienes pensado vender tu parte, has de saber que Marcus tiene preferencia para la compra. Si lo que habías pensado era venderla a cualquier otra persona…

–No, no. No había pensado eso –le aseguró Polly–. La oferta que me han hecho es una oferta de trabajo y no tiene nada que ver con Fraser House.

–En ese caso, creo que te conviene mantener tu participación en el hotel. Marcus y tú podríais nombrar otro director y así podrías aceptar la oferta de trabajo.

Otro director para el hotel… Polly mantuvo la respiración. Suzi era la persona más cualificada para ese puesto, porque ya ejercía esas funciones para Phil Bernstein. ¿Querría Marcus que la mujer con la que iba a casarse se encargase de Fraser House?

–No…

–¿Qué has dicho? –le preguntó Tim Webb.

–No, nada, Tim –se disculpó Polly–. Estaba pensando en otra cosa. ¿Qué me estabas diciendo?

–Pues te estaba sugiriendo que podría redactar una carta y enviársela a Marcus, informándole de forma oficial que deseas poner fin a tus labores de gestión, y otra en la que le ofrezcas la venta de tus acciones, sujetas a una valoración por parte de un profesional, por supuesto.

–Parece una buena idea –le confirmó Polly.

Cuando colgó el teléfono, se dijo a sí misma que era lo mejor que podía haber hecho y que no iba a volverse atrás. Tendría que llamar a Briony y también a Phil Bernstein para comunicarle su decisión.

Llamó a Phil en primer lugar.

–Me alegra de que hayas cambiado de opinión. ¿Cuándo puedes empezar?

Polly no pudo hacer otra cosa que reírse, a pesar de lo desgraciada que se sentía.

–Primero tendré que finalizar de forma formal mi contrato con Marcus –le advirtió ella.

–Eso no es problema. Dile que le pagaré lo que quiera por que te deje libre cuanto antes. De hecho podrías darme su número de teléfono y se lo diré yo mismo.

–No puedo. Está en China, de viaje de negocios –le respondió Polly–. Pero si no te importa, prefiero hacer las cosas de forma legal. Mi abogado está redactando una carta para enviársela.

–Está bien. Pero si tienes algún problema, dímelo. Mis abogados son los mejores…

–Estoy segura de ello –le respondió Polly.

–Así que, si Marcus empieza a ponerte las cosas difíciles…

–Dudo mucho que haga eso –le respondió, mientras daba un suspiro–. De hecho, creo que incluso se alegrará de que terminemos el contrato.

–Ya me contó Suzi que no os llevabais muy bien, pero yo pensé… por cierto, ¿viste a Suzi cuando te marchaste del hotel está mañana?

–Sí, en el vestíbulo –le dijo Polly.

–Ya. A lo mejor se ha olvidado de que teníamos una reunión.

Polly estuvo tentada de decirle que Suzi parecía adoptar una actitud muy relajada en cuanto a sus responsabilidades profesionales, pero prefirió morderse la lengua. Briony le había contado que, en el pasado, Suzi y Phil habían sido algo más que jefe y empleada. A lo mejor, por esa razón Suzi se comportaba de aquella forma, una actitud que para ella era impensable con una persona que al fin y al cabo era su jefe.

–¿Cuándo va a volver Marcus de China? –le preguntó Phil.

–No estoy muy segura –confesó Polly, por no querer admitir que ni siquiera se había enterado de aquel viaje. Y no porque Marcus tuviera que contárselo, pero en el pasado, cuando Briony había estado en casa, siempre le había informado de dónde estaba, y le había dado un número de teléfono donde lo podía localizar en el momento que quisiera.

Briony…

Después de rechazar la invitación que le hizo Phil de comer juntos para celebrarlo, Polly volvió a levantar el auricular y marcó el número de teléfono de su hija.

El teléfono estuvo sonando durante tanto tiempo, que Polly estuvo a punto de colgar otra vez, asumiendo que Briony debía de haber salido a algún sitio. Pero cuando iba a colgar, su hija respondió.

–Hola… Acabo de entrar…

–Briony, tengo que decirte algo…

Polly descubrió que no solo estaba nerviosa, sino que además le daba un poco reparo comunicarle a su hija su decisión. Pero tomó aliento y empezó a contárselo.

El silencio con el que Briony la escuchó fue preocupante. Polly supo por intuición materna que iba a tener problemas con su hija. En cuanto acabó, Briony le respondió:

–¿Estás bromeando, mamá? No puedes abandonar al tío Marcus así como así. No puedes…

–Briony… –empezó a decirle Polly, pero su hija parecía no estar dispuesta a escuchar.

–¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así, después de todas las cosas que el tío Marcus ha hecho por nosotras… y por ti? Pensé que Suzi estaba diciendo tonterías cuando comentó que a lo mejor te enamorabas de Phil por tu edad, pero parece que tenía razón. Y…

–¡Briony! –exclamó Polly horrorizada–. Esto no tiene nada que ver con Phil. Me ha ofrecido un trabajo, eso es todo.

–¿Eso es todo? Pero si tú ya tienes trabajo. Tú ya tienes Fraser House –protestó Briony.

–El trabajo que me está ofreciendo Phil es mucho más importante –le explicó Polly con toda la calma que pudo.

–¿Más importante para qué? –le preguntó Briony en tono amargo–. ¿Para poder acostarte con Phil Bernstein? ¿Qué opina el tío Marcus de todo esto?

–No lo sabe. Todavía no –Polly tuvo que admitir.

–¡No se lo has contado! –Polly no solo percibió el tono de reprobación en su voz, sino también de sorpresa–. Mamá, no puedo creerme que…

–Antes de que continúes, creo que tienes que saber la razón por la que no se lo he contado a Marcus todavía. Está en China y no sé cuándo va a volver.

–¿Y no se lo has preguntado a Suzi? –le preguntó Briony–. Puede que lo sepa.

–Seguro que lo sabe –replicó Polly en tono tenso–. Tim Webb está redactando una carta en la que le comunica mi decisión de terminar mi relación de negocios. Por cierto, no sé cómo te va a sentar esto, pero he decidido vender mis acciones en Fraser House.

–¿Qué? ¡No puedes hacer eso!

Polly se sintió descorazonada al notar el pánico en la voz de su hija. No quería hacerla sufrir, pero no podía contarle la razón por la que no quería seguir manteniendo una relación con Marcus.

–Fraser House es nuestro hogar, mamá. El nuestro y el del tío Marcus.

–Briony –intervino Polly–. Sé cómo te sientes, cariño, pero escúchame. Marcus ya ha hecho planes para marcharse de la casa. Tú estás en la universidad. Seguro que comprendes que a mí me apetezca también seguir con mi vida, igual que vosotros.

–Sí, lo entiendo. Pero, ¿dónde te quieres ir, mamá? ¿A la cama de Phil Bernstein?

–¡Ya basta, Briony! –le regañó Polly–. Ya te he dicho que Phil me ha ofrecido un trabajo. Comprendo lo que sientes por Fraser House, pero…

–No, no lo entiendes –le respondió Briony de forma apasionada–. Tú no entiendes nada… –y antes de que pudiera responderle, Briony había colgado el teléfono, dejándola en silencio.

Polly puso el auricular en su soporte. Ya desde niña, Briony había sido muy impetuosa. Polly sabía muy bien que no tardaría en llamarla, y le diría que estaba arrepentida. Sin embargo, su reacción le dolía.

Parecía claro dónde Briony tenía puestas sus lealtades y simpatías.

Polly se restregó las sienes con los dedos. Su corazón podía dolerle de pena y desolación, pero tenía que dirigir un hotel. Lo mejor que podía hacer para olvidarse de todo era concentrarse en su trabajo.

Pero le iba a costar mucho olvidarse de Marcus. Porque no había otra persona en el mundo con la que deseara estar tanto.

Pero Marcus amaba a Suzi. Eso fue lo que aquella mujer le había dicho.