Si hay un sonido inconfundiblemente jazzístico ese es el de una big band de la época dorada del swing. Claro que gracias al jazz se creó algún que otro instrumento —como ese conjunto de instrumentos de percusión que llamamos batería— y hubo también instrumentos que hasta su incorporación al jazz no tenían un papel demasiado relevante y llegaron a adquirir papel protagonista, como el saxo. Incluso con el jazz llegó a cambiar el modo de tocar los distintos instrumentos en pos de, en un principio, imitar las inflexiones de la voz humana. Todo esto es cierto, por supuesto, pero cuando escuchamos el especialísimo timbre de una big band, poderoso, irresistible, a menudo espectacular, decimos: Esto es jazz.

trompetaUn sonido... especial

La orquesta de Duke Ellington tenía una sonoridad inconfundible, lo mismo que tenían un color especial otras big bands míticas como las de Count Basie, Benny Goodman, Stan Kenton, etcétera. Algunas de ellas se caracterizaban por una sonoridad potente que en ocasiones podía ser de una gran delicadeza. Por ello sorprende que Theodor W. Adorno definiera la sonoridad de las big band como «la sonoridad del eunuco».

Por cierto, ¿qué son verdades eternas? Y una vez respondido esto, ¿cómo se predican tales verdades a través de los sonidos?

trompetaAsí se aprende

Benny Carter es uno de los grandes arreglistas de jazz. No será tan refinado como Ellington pero es indudable su seguro oficio y su buen hacer. Sorprenderá saber que su formación en este campo, desde luego desde dentro, como músico de big band, fue algo peculiar. Él mismo lo explicaba así: «Te pones de rodillas y estudias cada una de las partes. Después empiezas a escribir primero la trompeta solista y el saxo solista. Por supuesto que es un aprendizaje duro y estuvo bastante tiempo haciendo eso hasta saber qué era una partitura».

trompetaUn entorno difícil

El gran Benny Goodman pasó su infancia en Maxwell Street, un barrio conflictivo con un índice de asesinatos tal que era conocido como Bloody Maxwell. Allí, este noveno hijo de los doce que tuvieron una pareja judía de ascendencia polaca —el padre— y lituana —la madre— encontró en la música un consuelo. El barrio estaba dominado por bandas irreconciliables que se enfrentaban unas con otras; las distinguía el origen de sus componentes o de sus familias. El padre de Benny se dio cuenta de que la música podría alejar a su numerosa prole del peligro que tenían allí mismo y la sinagoga era su refugio; allí se iniciaron como miembros de una banda. A Benny, que empezó a frecuentar este ambiente más saludable a los diez años de edad, le asignaron un clarinete ya que era el más joven de la familia que acudía y se creía que era mejor que tocara ese instrumento en vez de otros de mayor tamaño.

trompetaPerfeccionista

Benny Goodman fue un gran clarinetista. Era un intérprete extraordinario, técnicamente intachable, y es que era todo un perfeccionista, muy exigente consigo mismo incluso cuando ya se hallaba en el olimpo de los más grandes e incluso después, cuando ya era un anciano. Cada día, hasta el final de su vida, practicaba escalas todas las mañanas antes de desayunar, y después estudiaba. La muerte le llegó el 13 de junio de 1986 y le pilló, por supuesto, estudiando. Sufrió un ataque al corazón mientras estaba tocando música de Mozart.

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Benny Goodman, el rey del swing.

trompetaLos canarios

En la época dorada de las big bands surgieron los llamados canarios. Un canario era una cantante, que a menudo ejercía también como animadora y solía vestir de uniforme. Empezaron siendo algo así como un ornamento durante las sesiones de baile pero terminaron por adquirir notable protagonismo. De cantar cancioncillas entre las piezas que realmente importaban, que eran las que permitían apreciar toda la potencia y espectacularidad de la bg band, con los solos de sus miembros más destacados como espacio de lucimiento, los canarios pasaron a ser algo más. Pensemos que nombres como Peggy Lee, Ella Fitzgerald y otras empezaron siendo canarios y acabaron volando a gran altura. Pero los inicios no fueron fáciles y así lo recordaba Billie Holiday: «Me uní a la orquesta de Count Basie para ganar algo de dinero y ver mundo. No vi nada más que el interior del autobús Blue Goose y nunca pude ahorrar ni un céntimo para enviar a casa». Pero la cantante triunfó y cierto día en el Apollo Theater Count Basie se dio cuenta de que Lady Day «no podía abandonar el escenario».

trompetaOrquestas de jazz de nombre sorprendente

Sun Ra, un músico un tanto enigmático, lideró algunas de las orquestas de jazz de nombre más extraño, como la Myth Science Arkestra u Orquesta de la Ciencia Mítica, y Astro Infinity Arkestra u Orquesta del Infinito Astral. Bien, el nombre de Sun Ra, tan poco común, no era real sino que tenía un nombre más bien convencional, Herman Poole Blount. Afirmaba que era originario del planeta Saturno y que estaba en la Tierra para cumplir con la misión de salvar a la humanidad.

trompetaSi viene más público, subimos el sueldo

Tras la época dorada de las big band, la que estuvo felizmente dominada por Benny Goodman, Glenn Miller, Duke Ellington, Artie Shaw y muchas más, la mayoría de ellas extraordinarias, este tipo de agrupación instrumental sobrevivió no sin dificultades. Algunos ilustres líderes de big band, como Benny Goodman, se dedicaron a tocar en pequeños grupos —cosas de la crisis— e incluso en solitario actuando y/o grabando junto a otros músicos sin tener una relación profesional estable. Algunas big band, mejor o peor, sobrevivieron, como la de Count Basie, con épocas de dificultades y otras en que conocieron un verdadero resurgimiento. Una big band de éxito fuera de esa época dorada fue la que lideraban dos grandes músicos: Thad Jones y Mel Lewis. Se llamaba la Thad Jones-Mel Lewis Orchestra y vivió su mejor momento en unos años con poco protagonismo de big band en el panorama jazzístico, entre las décadas de 1960 y 1970. Empezó su andadura como banda de ensayo y alguien se percató de que allí había posibilidades de éxito. La banda fue contratada para tocar todos los lunes en el Village Vanguard de Nueva York, y allí pudo escucharse durante más de una década con este nombre —después, como veremos, bajo otras denominaciones—. Los músicos que la integraban recibían una asignación más bien discreta, diecisiete dólares por cabeza. Lo curioso es que esta cantidad, casi irrisoria si pensamos que se trataba de músicos realmente expertos y de talento, podía incrementarse si el local se llenaba; entonces cobraban hasta... dieciocho dólares.

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Sun Ra, líder enigmático de varias orquestas de jazz, afirmaba que estaba en la Tierra para cumplir la misión de salvar a la humanidad.

Por cierto, la nómina de músicos que la integraban es impresionante, con figuras relevantes del jazz como Joe Farrell, Thad Jones, Roland Hanna, Mel Lewis y George Mraz entre ellos.

En 1979 Thad Jones abandonó la big band y fue a Dinamarca, donde dirigió otra big band, la Thad Jones Eclipse, y Lewis se quedó sólo a su frente. La orquesta siguió con Mel Lewis hasta que éste murió en 1990 y entonces cambió de nombre; pasó a llamarse Vanguard Jazz Orchestra y continuó tocando en el mítico local neoyorquino como llevaba haciéndolo desde hacía muchos años.

trompeta¿Gotemburgo o Londres?

Uno de los discos más conocidos del gran Count Basie al frente de su sensacional big band lleva por título Basie in London; todo buen aficionado lo conoce. Lo que quizá no sea tan conocido es que ese disco recoge una sesiones de grabación efectuadas en la ciudad sueca de Gotemburgo.

trompetaUna plácida batalla

Durante unos años era habitual que las big band entablaran las denominadas batallas, que eran actuaciones conjuntas de dos de estas orquestas en las que se medían musicalmente si bien de un modo más bien amistoso aunque no exento de cierta tensión en ocasiones dado que, ante el público, se jugaban el prestigio e incluso la supremacía, sobre todo si se enfrentaban dos de las grandes de verdad. Así ocurrió en 1961, cuando en Nueva York se hallaban frente a frente la big band de Duke Ellington y la de Count Basie, dos pesos pesados del jazz, dos maravillosas maquinarias musicales, dos ejércitos de talentos dispuestos a una lucha de virtuosismo y espectacularidad.

Era una ocasión especial, muy especial, y el escenario era un estudio de grabación, de modo que cuánto allí sucediera quedaría conservado para siempre. Uno de los contendientes, el contrabajista de la big band de Ellington, Aaron Bell, explicaba que la tensión entre los músicos era menor de la que podría imaginarse: «En el estudio había un pequeño bar en una esquina. Mientras Duke estaba reunido con Basie, los chicos de las bandas no paraban de visitarlo. Antes de que terminara la noche, todo el mundo estaba borracho. Fue algo realmente divertido».

trompetaUna sorpresa

Rex Stewart, uno de los músicos que integraban la orquesta de Flechter Henderson, una de las primeras big bands y de las más importantes, declaró ante la popularidad de otra: «Y de repente quedamos en evidencia ante esa banda surgida de la nada, formada por músicos blancos desconocidos». Efectivamente fue toda una sorpresa para todo el mundo. La primera big band integrada por músicos blancos sonaba maravillosamente bien y su debut en 1927 halló continuidad tanto por el trabajo bien hecho como por la admiración que despertaba. Era la Victor Recording Orchestra, impulsada por el sello discográfico americano Victor. Pero lo más sorprendente es que su director no solo no era negro sino que ni tan solo era americano. El director, Jean Goldkette, había nacido en Francia, se había criado en Grecia y su educación tuvo Rusia por escenario.

trompetaEl piano manda

Count Basie fue uno de los grandes nombres en el campo de las big bands. Su estilo al frente de su sensacional orquesta era inconfundible y sabía extraer de ella un sonido peculiar, que la distinguía de todas las demás. Músicos de gran nivel poblaban su big band y él al piano era uno de los destacados. De hecho, el modo de tocar de Basie también era de gran personalidad, y podríamos decir que, en general, tocaba pocas notas pero esas pocas notas eran esenciales y eran capaces de expresar mucho más que la torrencialidad y espectacularidad de otros pianistas. Basie controlaba su orquesta desde el piano, y sus músicos le seguían perfectamente con solo escucharle. Uno de los miembros de su orquesta, el guitarrista Freddie Green, dijo en cierta ocasión que «Count es simplemente el mejor pianista cuando se trata de espolear a una banda o de improvisar un acompañamiento para un solo de jazz. Me refiero a cómo hace diferentes preparativos para cada solista y la manera en que, al final de uno de sus solos, prepara la entrada del siguiente músico».

En su libro The Big Bands, su autor, George T. Simon, recoge la impresión que causaba esta orquesta extraordinaria y el trabajo de su líder desde el piano: «Incendiarios pasajes de conjunto precedidos por un mínimo solo de piano, explosiones de metales tras un solo de saxofón apenas murmurado, levísimas frases al piano tras la pirotecnia de los metales». Sin duda, ver a Basie y sus muchachos hacer música debía ser inolvidable.

trompetaEl rey del swing

Benny Goodman fue coronado el rey del swing y su éxito llegó a prácticamente todas partes. Era admirado por aquellos que gustaban de bailar al son de una poderosa big band —y la suya lo era, y mucho— como para quienes preferían escuchar. Incluso músicos respetados como Béla Bartók no escondieron su admiración por este gran artista. El pianista y compositor Mel Powell decía de él: «No se trataba sólo de que su improvisación fuera maravillosa, de su espíritu, de su expresión, de su vitalidad, incluso del humor con el que tocaba, sino también de su pura maestría técnica. Tocaba esa cosa como quien juega con un yoyó». Efectivamente, Goodman no sólo era un músico extraordinario sino que también, desde una perspectiva técnica, era todo un virtuoso.

trompetaUn gran éxito

El clarinetista y líder de big band Woody Herman consiguió algunos grandes éxitos pero quizá el más destacado fue su grabación de Woodchopper’s Ball de 1939, de la que se vendieron alrededor de cinco millones de copias. Esta pieza era habitual en sus conciertos y refiriéndose a ella dijo en cierta ocasión: «Fue genial las primeras mil veces que la tocamos».

trompetaLa primera big band

Se considera como primera big band de la historia la de Fletcher Henderson, pero ésta no nació ni en Nueva Orleans ni en Chicago, sino en Nueva York. Henderson había llegado a la ciudad de los rascacielos en 1920 con el propósito de estudiar química pero terminó por instalarse allí para dedicarse a la música. Rápidamente se hizo un lugar en el panorama jazzístico neoyorquino aunque los inicios, como es habitual, no fueran fáciles. Primero tocaba el piano en la tienda de un editor a requerimiento de los clientes. Así, un cliente le pedía que tocara esto, lo otro o lo de más allá a fin de decidirse por que partitura se quedaría. Su talento no pasó desapercibido ni en la tienda del editor ni en las actuaciones que realizaba en distintos locales de la ciudad y terminó por obtener el puesto de director musical del sello discográfico Black Swan, el primero de lo que entonces se llamaba «música negra». Entre finales de 1923 y principios del año siguiente formó una banda que tocaba en el club Alabam de Nueva York y poco después formó otra en el Roseland Ballroom de la misma ciudad, con una formación propia de una big band. Era la primera. Henderson escribió a un músico que admiraba y que deseaba que se integrara a la orquesta, Louis Armstrong. Éste fue a Nueva York y contagió con su estilo a todos los miembros de la entonces nueva big band. La popularidad de la big band creció como la espuma y en ella coincidieron grandes figuras del jazz, como los saxofonistas Coleman Hawkins y Benny Carter, el trombonista Jimmy Harrison y otros. Pronto llegaría el esplendor de las big bands de la época del swing pero la semilla ya estaba echada y dio un primer fruto de inmediato con la de Flechter Henderson.

trompetaArreglistas para las big bands blancas

En la época dorada de las big bands las hubo formadas por músicos blancos y otras por músicos negros, todas ellas con sus arreglistas. Lo curioso del caso es que no faltan ejemplos de big bands blancas cuyos arreglistas fueran negros, algunos de ellos tan destacados como Sy Oliver, Benny Carter y otros, incluida la figura casi patriarcal de Flechter Henderson. Cierto es que arreglistas blancos como Billy May, Jerry Gray y Joe Lipman trabajaron para big bands blancas, y arreglistas negros como los ya citados también trabajaron para big bands negras. Y es que en este campo al menos, no había racismo y se valoraba el talento por encima de cualquier otra consideración.

Fue precisamente un líder de big band blanco, Benny Goodman, quien a mediados de la década de 1935, rompió un tabú al presentarse en escena con un pequeño y selecto grupo de músicos tanto blancos como negros. Junto a él estaban músicos tan destacables como el pianista negro Teddy Wilson, el batería blanco Gene Krupa, y el vibrafonista negro Lionel Hampton. Más allá de cuestiones raciales, el resultado musical del encuentro ya es parte de la historia del jazz y ese grupo queda como uno de los grandes conjuntos de la historia.

trompetaAplausos para un solo silencioso

El saxofonista Paul Gonsalves era uno de los grandes músicos que formaban parte de la orquesta de Duke Ellington. Su talento era extraordinario pero a veces se veía mermado por su adicción a las drogas y al alcohol. Una vez, en el transcurso de una actuación de la legendaria big band, Gonsalves estaba completamente dormido y le tocaba ejecutar un solo. Le despertaron y se levantó. Todavía medio dormido marchó hacia adelante y escuchó aplausos. Pensó que eran para él una vez había interpretado su solo y se volvió a su lugar y se sentó. Gonsalves no había tocado ni una sola nota. Los aplausos eran para el violinista Ray Nance que, él sí, había terminado su solo. La orquesta continuó como si tal cosa y Gonsalves convencido de haber ejecutado el solo que le correspondía.

trompetaDecadencia y auge en una época difícil

La llamada Gran depresión, que se desató a raíz de la caída de la bolsa neoyorquina en octubre de 1929 tuvo efectos en el jazz, pero no siempre negativos, hasta el punto de poderse considerar una época musicalmente dorada, aunque no siempre supusiera un crecimiento de la calidad cuando sí lo había en lo que a cantidad se refiere. En su The Story of Jazz, Marshall W. Stearns escribía al respecto: «Por aquel entonces se multiplicó el número de orquestas de baile, muchas de las cuales conservaban escaso empaque jazzístico. Los bailes de moda en esos años eran charleston, el black bottom y el lindy, y a las bandas les bastaba con tocar un mínimo de hot jazz». Así pues, se trataba de música de entretenimiento en la mayoría de los casos, sin duda ligado a la evasión en un momento de crisis. Tal como reconoce Stearns más adelante, por muchas orquestas o bandas que tocaran en los bailes, que eran numerosas, «en todo caso, ninguna de estas grandes agrupaciones estaba dotada de swing. La fórmula consistía en importar un par de solistas hot o de ejecución espectacular, a los que se les permitía tomar un chorus de vez en cuando, rodeados de acres de músicos de escasa inspiración». Pero no todos los analistas coinciden con Stearn y en su libro The Big Bands, Georges T. Simon se mostraba más optimista hasta el punto de considerar que se vivió un momento dulce e incluso de gran influencia posterior, sin el cual quizá no se hubiera producido la eclosión de las big bands en la época del swing: «Sin que el público masivo apenas reparara en ellos al principio, aunque sí atrajeron la atención de jazzmen y aficionados en una fecha tan temprana como 1930, por entonces aparecieron los ritmos ágiles, frágiles y en swing moderado de la Casa Loma Orchestra». Esta orquesta, según Simon, fue más allá de la funcionalidad propia de un grupo de músicos que acompañaba las sesiones de baile: «Pronto, la música de Glen Gray y su Casa Loma Orchestra dejó de ser patrimonio exclusivo de los profesionales. Los jóvenes universitarios sobre todo, se arremolinaban para escuchar a esta banda de músicos diestros capaz de generar tanto sonidos suaves y atmosféricos como súbitas explosiones instrumentales al estilo big band. Más que ningún otro grupo, la Casa Loma Orchestra pavimentó el camino a las bandas de swing y adelantó lo que luego fue conocido como época de las big bands».

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Paul Gonsalves, uno de los grandes músicos de Duke Ellington.

Además, en la época del swing el jazz empezó a ser bien considerado y esta música, hasta hacía poco considerada marginal o más bien propia de marginados, estaba siendo un emblema de los Estados Unidos, la genuina música americana e incluso la gran aportación de América a la música del siglo XX. Y es que la popularidad del jazz llegó, curiosamente, en aquellos tiempos de crisis. Leroy Ostransky en su libro The Anatomy of Jazz escribió al respecto: «Es difícil establecer por qué el jazz alcanzó tan enorme popularidad después de que durante muchos años estuviera en el límite de lo socialmente aceptable. Como el resto del país, Nueva York, Kansas City, Chicago y los demás centros jazzísticos se hallaban sumidos en la depresión económica. La banca y las finanzas estaban por los suelos, la industria precisaba de una fuerte subvención gubernamental y las colas de hambrientos ante las cocinas de caridad eran un espectáculo frecuente en las grandes ciudades». Esta situación, por supuesto afectó también a los músicos, que necesitaban trabajo como cualquiera. Y entonces empezó a haber trabajo para ellos. Sigue Ostransky: «Como si se hubieran puesto de acuerdo, las grandes cadenas comenzaron a emitir la música que se tocaba en los hoteles a una audiencia de cientos de miles de personas, que poco después atestarían teatros y salas de baile para ver a estos grupos de gira [...]. ¿El resultado? La multiplicación de las big bands».

trompetaEl bello sonido del éxito

El rey del swing, Benny Goodman, recordaba la belleza del aplauso del público cuando ya era un mito. Recordaba los inicios de su éxito a mediados de la década de 1930 con estas palabras: «Tras recorrer casi cinco mil kilómetros, por fin dimos con un público dispuesto a aceptar nuestra música tal y como la interpretábamos. El primer rugido de ese público fue uno de los sonidos más dulces que he escuchado en la vida. Y el rugido no hizo sino crecer en intensidad a medida que nos aplicábamos a tocar cada pieza de nuestro repertorio». El escenario de aquel histórico triunfo de Goodman fue el Palomar Ballrrom de Los Ángeles.

trompetaEl retiro de Artie Shaw

Artie Shaw, cuyo verdadero nombre era Arthur Jacob Arshawsky, fue uno de los más destacados directores de big band además de un gran clarinetista. Su big band fue de las mejores y de las más populares. Entre 1955 y 1959 se retiró para dedicarse a la literatura, su otra pasión además de la música, aunque también hiciera sus pinitos en el cine y en el teatro. Durante esos años residió en la Costa Brava.

trompetaUna bandleader

No es muy común, especialmente en la época dorada de las big bands, la era del swing, encontrar a una mujer —y encima negra— al frente de una orquesta de jazz. Pero tal hecho ocurrió y la «jefa» era nada menos que Ella Fitzgerald. La historia empezó en 1934, cuando esta diva del jazz tenía dieciséis años de edad. Ese año el percusionista Chik Webb —por cierto, el primer percusionista en liderar una big band— reparó en el talento de Ella Fitzgerald en un concurso. La gran cantante llegó a casarse con él pero Webb murió en 1939, a los treinta y siete años de edad y a causa de la tuberculosis, y alguien se tenía que poner al frente de la big band, y le tocó a Ella.