Kaylee


Mi madre me espera al pie de las escaleras. Mira el ordenador que sostengo contra mi pecho.

—El agente Shepens dice que llamaste a la comisaría esta mañana. Le dije que debía de estar en un error.

Lleva su pelo moreno recogido en una cola, lo que hace que sus ojos y la expresión de su cara parezcan cansados. Fatigados. Más decepcionados que nunca. No pensé que eso fuera posible. Una pequeña parte de mí, la que busca su aprobación por encima de todo, quiere darle la razón. Decirle que sí que es un error. Que no hay razón por la que haya llamado a la policía, ni por la que no se lo haya contado antes de que llamaran a nuestra puerta. 

Al otro lado del vestíbulo veo al agente Shepens, de pie, cerca de la mesa de la cocina. Se encuentra de espaldas a nosotras, pero estoy muy segura de que está escuchando cada palabra que sale de nuestros labios. Yo lo haría.

—Llamé y pedí hablar con el agente Shepens, que estuvo ayer aquí. Hay algo que creo que debe saber. 

Esquivo a mi madre y recorro el vestíbulo en dirección a la cocina. El agente Shepens se gira en el momento en que cruzo el umbral de la puerta. Sí, sí que estaba escuchando. Bien. Pese a lo rojas que tengo las mejillas, me alegro de que no haya llamado por teléfono simplemente. D.E.S.E.O. es inteligente. Se va a necesitar a alguien todavía más inteligente para cerrarla.

—Gracias por venir —digo, colocando el portátil en la mesa de la cocina junto a una taza de café a medio acabar. 

Asiente, desabrocha su abrigo negro y saca una libretita de un bolsillo interior.

—Sonaba importante. ¿Quieren tomar asiento las dos?

Mi madre alarga el brazo a mi lado para coger su taza de café y luego le ofrece una al agente Shepens. Le da las gracias por el café y luego retira la silla que está justo en frente de donde estoy yo. No espero a que mi madre tome asiento, y digo:

—Amanda Highland murió hace unas horas. Me he topado con algo que me hace creer que su muerte estuvo provocada por la misma persona responsable de lo que ocurrió en nuestro jardín la otra mañana.

—Dios mío. —Pego un bote cuando la taza de mi madre choca contra la encimera estrepitosamente—. ¿Se enfrentó a alguien mientras destrozaban su casa?

—No. —Corto a mi madre antes de que empiece a imaginarse todas las cosas horribles que podrían haber pasado—. Alguien le regaló galletas. Se comió una y sufrió una reacción alérgica que la mató. ¿Verdad, agente Shepens?

Supongo que se ha enterado de lo ocurrido.

Él me escruta por encima de su taza con expresión impenetrable.

—Amanda Highland falleció esta mañana por anafilaxia.

—Pobre familia. —Mi madre se encorva contra la encimera—. Cuando pienso en por lo que esa pobre familia tiene que estar pasando…

Para nosotros es fácil imaginar qué es perder a alguien. Tener ese tipo de ausencia en la familia. Vivimos con ello cada día y sin un donante podríamos perder todavía más. La familia de Amanda debe estar pasando por un infierno.

—Espera. —Mi madre sacude la cabeza—. No entiendo por qué has llamado a la policía por esto. —La tristeza y la preocupación de su rostro son reemplazadas por una expresión que hace que me paraliza—. Es horrible que esa chica haya muerto, pero no entiendo cómo una reacción alérgica puede tener algo que ver con DJ y con lo que ocurrió aquí.

—Kaylee debe de haber visto u oído algo que la hace creer que ambos están relacionados. ¿Verdad, Kaylee? —dice el agente Shepens, tranquilo.

Me paso las manos por los vaqueros y me trago el dolor. No debería importarme. Debería estar acostumbrada. Pero no. Y odio no estarlo.

—Hay una web.

—¿Una web? —Mi madre suspira—. Kaylee…

El agente Shepens levanta una mano.

—Háblame de la web, Kaylee.

Mantengo la mirada fija en el agente Shepens y continúo:

—Es nueva. Se llama D.E.S.E.O. y solo es para los estudiantes del instituto Nottawa, pero se supone que nadie puede revelar su usuario ni publicar información que desvele su identidad. —El agente Shepens frunce el ceño y por dentro yo me encojo. Lo estoy explicando mal. Así que vuelvo a intentarlo—. Esta web pregunta a los usuarios qué desean. Una vez se ha aceptado la petición, la web te asigna una tarea que debes llevar a cabo para conseguir aquello que has pedido. Además, tiene un tablón de mensajes donde la gente puede publicar enlaces de las cosas que quieren o fotos y comentarlas. Una de esas fotos era del hoyo en nuestro jardín. Y había otra con una caja de galletas en el porche de casa de Amanda. Yo…

—Kaylee, a ver si te estoy entendiendo. —El agente Shepens apoya los codos sobre la mesa—. ¿Estás diciendo que hay una web con fotos de tu jardín y de la casa de Amanda?

—No su casa —le respondo—. La puerta principal. Había una caja de galletas verde y blanca junto a la puerta. Y la foto de nuestro jardín es de antes de que yo saliera. El ataúd no estaba todavía en el hoyo. Y…

—Eres consciente de que es difícil de creer, ¿no? —La voz del agente Shepens es amable, pero las palabras me dejan fría—. A menos que puedas mostrar lo que me cuentas…

—Puedo. —Abro la tapa de mi ordenador justo cuando el timbre de casa suena—. Puedo demostrar que no me lo estoy inventando.

—Eh. ¿Hay alguien en casa? —la voz de DJ grita desde arriba.

Sí, pero no me importa. Tecleo la contraseña del ordenador mientras mi madre va a ver quién ha llamado a la puerta.

—Mamá, ¿quién es?

El escritorio aparece y hago clic en el navegador web.

Se oyen pasos en la escalera.

—¿Está Kaylee? —dice la voz de Nate desde la puerta de casa—. Me mandó un mensaje y pensé en venir.

—Aquí —digo mientras pincho en la pestaña de favoritos el enlace de D.E.S.E.O. y giro el ordenador para que el agente pueda verla.

—¡Hola, Nate! ¿Vamos a ver pelis otra vez? Sería genial. Guau… ¿qué está haciendo aquí la policía? ¿Ha pasado algo más?

—No ha pasado nada —espeta mi madre—. Nate no se va a quedar y tú, DJ, vas a volver arriba.

DJ le grita a mamá que tiene todo el derecho a estar aquí. Nate se disculpa por no llamar para asegurarse si podía ir y me llama. Pero yo no digo nada mientras espero la reacción del agente Shepens. Cuando frunce el ceño, vuelvo a girar el ordenador e intento entender qué estoy viendo. 

La conexión a internet sigue funcionando.

La dirección web es correcta.

Pero la pantalla está en negro.

D.E.S.E.O. ha desaparecido.