La casita del árbol de Pedro era su nave. Con orgullo, él colgó su bandera negra.
—¡Yo también quiero ser pirata! —dijo Paco. Se puso un parche en un ojo y comenzó a correr por todos lados.
—¡Cuidado! —dijo Juli—. Estás caminando por el tablón.
Juli atrapó al pequeño antes de que cayera por la borda.
—Pienso rápido —dijo Juli orgullosa—. Por eso yo debería ser la capitana.
—¡No! Yo debería ser la capitana —dijo Katie—. Tengo mejor vista. Alcanzó a ver un cuervo sentado en nuestro puesto de vigía.
—Pero yo soy fuerte —dijo Pedro—. ¡Y valiente! ¿Ven mi espada? ¡Puedo ganar todas las batallas!