RELATO DE FRANÇOIS LONGUEJOUE, CLÉRIGO

HOY, decimoquinto día del mes de septiembre, en el año doscientos doce después de la encarnación de Nuestro Señor, han llegado a la oficina de mi patrón Hugues Ferré muchos niños que piden atravesar el mar para ir a ver el Santo Sepulcro. Y ya que el dicho Ferré no tiene suficientes naves mercantes en el puerto de Marsella, me ha pedido requerir al patrón Guillaume Porc para completar el número. Los patrones Hugues Ferré y Guillaume Porc dirigirán las naves hasta Tierra Santa por amor a Nuestro Señor J. C. Esparcidos alrededor de la ciudad de Marsella hay presentes más de siete mil niños, algunos de los cuales hablan lenguajes bárbaros. Y los señores regidores, temiendo justamente la carestía, se han reunido en la casa del ayuntamiento, donde, después de deliberar, han ordenado a nuestros dichos patrones para exhortarlos y suplicarles que envíen las naves con gran diligencia. El mar no se presenta muy favorable a causa de los equinoccios, pero es preciso considerar que tal afluencia podría ser peligrosa para nuestra buena ciudad, puesto que estos niños están hambrientos por el largo camino y no saben lo que hacen. Hice llamar a los marineros al puerto y equipar las naves. En la hora de vísperas podrán hacerse a la mar. La multitud de niños ya no está en la ciudad, sino que recorre la playa recogiendo conchas como señales de viaje, y se dice que se asombran ante las estrellas de mar y piensan que han caído vivas del cielo para indicarles la ruta del Señor. Y por ese hecho extraordinario esto es lo que tengo que decir: primero, que deseamos que los patrones Hugues Ferré y Guillaume Porc conduzcan prestamente fuera de nuestra ciudad a esta turba extranjera; segundo, que el invierno ha sido muy rudo, por lo que este año la tierra es pobre, lo que saben los señores comerciantes; tercero, que la Iglesia de ningún modo ha sido avisada del propósito de esta horda que viene del norte, por lo que no se ha de interesar en la locura de un ejército pueril (turba infantium). Y es conveniente alquilar a los patrones Hugues Ferré y Guillaume Porc, tanto por el amor que sienten por nuestra buena ciudad como por su sumisión a Nuestro Señor, enviando sus naves y escoltándolas en estos tiempos de equinoccio, con gran peligro de ser atacadas por los infieles que piratean nuestro mar en sus faluchos de Argel y de Bujía.