Fijarse en:
•Los tres temas del período colonial y sus características particulares.
•El porqué de los conflictos entre España y otras naciones europeas, y las consecuencias de éstos.
•El creciente conflicto entre grupos sociales y étnicos durante la colonia.
•Los cambios que hubo durante las últimas décadas del período colonial, y la manera en que éstos prepararon las condiciones para la Independencia.
Términos:
•Borbón, Bucaneros, Casa Real, Contrarreforma, Criollo(a), Habsburgo, Ideal-Real, Intendente, La Reforma, Quinto, Reformas Borbónicas, Resentimiento Criollo, Siglo de las Luces.
En términos generales, el coloniaje español—aunque no tanto el portugués—se puede definir por medio de tres temas principales, que corresponden aproximadamente a tres siglos: (1) siglo XVI, conquista y expansión, (2) siglo XVII, contracción y defensa, y (3) siglo XVIII, reformas borbónicas de España. Vamos a fijarnos brevemente en cada una de esas épocas.
Durante el siglo que siguió a la conquista, los españoles parecían creer que la divina providencia les había concedido adueñarse de todo el territorio a su alcance. Con algunas excepciones—la defensa de los amerindios de Bartolomé de las Casas, por ejemplo—no había ninguna duda sobre ese proyecto político-social-teológico. No había debate sobre si las acciones de los españoles eran o no justas, ellos pensaban que lo que hacían era su deber, clara y sencillamente. Lo que servía para fortalecer esa creencia era el gran éxito alcanzado en: (1) la Reconquista de España y la expulsión de los moros, (2) La Conquista y Colonización de América, y (3) las medidas iniciales en defensa de las colonias contra la intervención de ingleses, franceses, holandeses, y otros. Por lo tanto, después de tanto éxito en nombre de Dios, el Rey, y España, ¿no le parece a usted lógico que los españoles se sintieran como omnipotentes?
La expansión durante el siglo XVI tuvo tres fases. La primera fue militar: abarcaba la conquista y la exploración. La segunda fue económica: se trataba de la búsqueda de riquezas en las civilizaciones prehispánicas, y cuando se agotó este sueño, empezó otro por descubrir yacimientos minerales preciosos y explotarlos a través del trabajo de los mismos amerindios. La tercera fase era de la obra misionera: la “conquista religiosa,” que también ocupó una gran parte del siglo XVII. Para repasar brevemente lo que usted ha leído en capítulos previos, la obra misionera fue en parte el producto de los cambios de la Iglesia en 1517 a partir de la Contrarreforma, es decir, la lucha en contra de la Reforma protestante en el norte de Europa iniciada con las protestas de Martin Lutero (Martin Luther [1483–1546]).
La Contrarreforma incluía la auto-reforma del mismo catolicismo. Lo admirable de la institución católica es que ha tenido la capacidad de reformarse a sí misma más o menos cada siglo. En el siglo XVI la autoreforma iba en contra de la opulencia y lujo de que gozaba la clerecía. Por consiguiente, proponía un regreso a la vida simple y austera, con una rededicación de programas para el beneficio de la humanidad según las enseñanzas de San Francisco de Asís (11821226), fundador de la Orden de los Franciscanos. Esa auto-reforma alcanzó su máxima expresión hacia finales del siglo XVI.
Al comenzar el siglo XVII—el de la contracción y defensa—el poder militar y marítimo de España iba en decadencia. La gran desilusión fue la derrota de la Armada Española por la Reina Isabel I de Inglaterra en 1588. Se suponía que la Armada era invencible, consecuentemente su derrota dañó gravemente el prestigio de España en Europa. Al mismo tiempo, la actividad marítima de Francia, Inglaterra, y Holanda iba en aumento. Sin embargo, durante todo el siglo XVII, esos países tuvieron menos éxito en su campaña en contra de España de lo que esperaban, sobre todo debido a la tenacidad de los españoles. Para fines del siglo, los logros territoriales de los invasores franceses habían sido escasos, aparte de Haití—la región del oeste de Santo Domingo—otras islas pequeñas del Caribe, la Guayana francesa, y el norte de Brasil. En 1697, los franceses se apropiaron del puerto de Cartagena, lo que habría sido una hazaña notable si se hubieran quedado. Sin embargo, decimados por enfermedades tropicales, sus ambiciones desaparecieron poco después, y abandonaron el proyecto.
Inglaterra tuvo un poco más de éxito en su lucha contra España y Portugal en América. Desde la segunda mitad del siglo XVI los ingleses estaban cada vez más interesados en el continente. Al principio, entraron en interacciones comerciales con los colonos de la península, sobre todo con el tráfico de esclavos y contrabando. Poco a poco se volvieron más atrevidos. En 1585, Francis Drake saqueó la ciudad de Santo Domingo, y luego capturó Cartagena, manteniéndola bajo su poder durante una breve temporada. Diez años después, una flota bajo el mando de Drake y John Hawkins invadió varios puertos e interceptó galeones españoles por todo el Caribe. Estas actividades sirvieron para establecer el modo de conducta de los invasores extranjeros en el siguiente siglo, lo que han llamado la Era de los Bucaneros. La culminación de las atrocidades ocurrió en 1671 cuando Henry Morgan destruyó la ciudad de Panamá. Durante los siguientes quince años la intensidad de los bucaneros favoreció a la corona española con la adquisición de Belice, Curaçao, Jamaica, y otras islas pequeñas de Caribe, y al sur, la Guyana Británica.
Por parte de los holandeses, el acto de piratería más notable ocurrió en 1628 cuando en el Caribe Piet Hein derrotó una flota de galeones españoles llenos de riquezas, lo que fue uno de los encuentros más lucrativos en toda la historia de los piratas. Sin embargo, el gran éxito de los holandeses consistió en la invasión de Brasil. En 1624 tomaron posesión de Bahía, ocupación que duró poco tiempo, pero en 1630 se apoderaron de Pernambuco y pronto se extendieron hasta el río Amazonas en el norte. Los holandeses establecieron una colonia próspera con el nombre de “Nueva Holanda,” y estuvieron allí hasta 1654 cuando los expulsaron los portugueses.
En fin, durante el siglo XVII España—y hasta cierto punto Portugal—se vio obligada a refrenar la expansión territorial, la explotación de riquezas minerales, y el desarrollo de la producción agrícola. Esa moderación era el resultado del decaimiento de los imperios y el agotamiento de los recursos económicos de los dos reinos de la península. Esa decadencia se debía en parte a la depresión económica que sufría toda Europa, pero también a la agresividad de otros pueblos europeos, que cada vez eran más audaces. Sin embargo, tomando en cuenta el debilitamiento de España y Portugal a fines del siglo XVI y durante todo el siglo XVII, el hecho de que no hayan perdido más territorio frente a otros invasores es testimonio de su perseverancia, su tenacidad, y su capacidad de adaptarse a las circunstancias. Gente con menos vigor y flexibilidad no habría podido defenderse con tanta eficiencia.
Los cambios del siglo XVIII—el de las reformas—pertenecen principalmente a España y a Portugal. En el año 1701, subió Felipe V al trono de España, el primer rey de la casa de los Borbón de Francia, marcando el fin del reino de la casa real1 de los Habsburgo de Austria desde Carlos V, cuyo reinado empezó en 1517 (véase Borbón y Habsburgo en el Glosario). Ya que el último rey Habsburgo había muerto sin herederos, un cambio de la familia real era inevitable. Después de las intrigas acostumbradas en aquella época con respecto a estos asuntos, por fin pasó el trono de la casa austriaca a la francesa. La política borbónica, sobre todo durante la segunda mitad del siglo—a la que han denominado “despotismo ilustrado” en nombre del movimiento del Siglo de las Luces o la Ilustración2—era centralizadora, y su objetivo era radicalmente reformista.
Con las reformas borbónicas se fortalecieron las colonias, de modo que recobraron algo de la vitalidad que habían tenido al principio. Esas reformas incluían lo siguiente. (1) Las restricciones del comercio fueron liberadas, dándoles a los colonos la oportunidad de entrar en un intercambio comercial más independiente y fuera de las relaciones que antes estaban estrechamente atadas al monopolio español. (2) Los impuestos fueron modificados o abolidos, y se prohibió la mano de obra esforzada de los amerindios. (3) La actividad comercial fue notablemente reforzada, y como resultado, nuevas clases comerciales empezaron a reemplazar la vieja aristocracia de tipo feudal. (4) En las provincias, nuevos métodos de minería fueron establecidos y la administración de la producción agrícola fue reorganizada para mayor eficacia. (5) Gobernadores, corregidores, y alcaldes mayores fueron reemplazados por un sistema más eficiente de intendentes de nuevas provincias llamadas intendencias (cambio de administración que causó mucho resentimiento, porque los oficiales tradicionales consideraban la posesión de sus títulos como un derecho incuestionable). (6) El cuerpo burocrático de los reyes Habsburgo—que había crecido considerablemente durante el coloniaje—fue reducido. (7) A los nuevos oficiales se les dio un salario respetable, lo que contribuyó a reducir la corrupción que había aumentado durante el último siglo y medio. Consecuentemente los oficiales comenzaron a responder más directa y favorablemente a sus respectivos reyes.
Es necesario mencionar el período del Rey Carlos III (1759–1788) de España, que el historiador Hubert Herring llama “el capítulo más inteligente del coloniaje español.” Con su consejero, José Campilla, Carlos III denunció la marginación de los amerindios durante los dos y medio siglos del colonialismo. Recomendó que a los indígenas se les diera su propia tierra para trabajar, con garantías que incluían todos los derechos humanos de los que gozaban los españoles. También quiso poner fin al monopolio económico—que había existido en el sistema colonial desde el principio. Para realizar esto, redujo los impuestos y creó un sistema de comercio más libre. Carlos III logró poner algunas de sus recomendaciones en efecto, contribuyendo a una prosperidad hasta entonces desconocida. Al parecer se estaba cerrando poco a poco la gran brecha entre las leyes idealistas aunque bien intencionadas de España, y la realidad de las colonias en la que los colonos “obedecían pero no cumplían.” En otros términos, parecía que el espacio ideal de la América “inventada” se acercaba a la América “real” (quiere decir, la visión quijotesca se hacía un poco “sanchopancista”). Sin embargo, las apariencias a veces engañan.
Esa distancia entre lo ideal y lo real de ninguna manera se cerró del todo. Al fin de cuentas, la visión borbónica cuasi utopista también quedó, como todos los utopismos, alejada de la realidad. Aunque la nueva eficacia borbónica tuviera varios resultados, también creó nuevos problemas. (1) A pesar de las reformas borbónicas, España ya no estaba alcanzando tanto éxito en su lucha contra los demás países europeos. (2) El liberalismo francés del Siglo de las Luces chocaba con las viejas tradiciones españolas, lo que causó malestar y a veces tendencias de rebelión. (3) Lo que más alteró el sistema colonial fue que muchos de los puestos menores del cuerpo burocrático que ocupaban los criollos—españoles nacidos en América—se les empezó a otorgar a representantes recién llegados de España.3 Esta discriminación obviamente no les agradó a los criollos, que se sentían tan “españoles” como la gente de la península. Por lo tanto esa transformación agudizó el resentimiento criollo—tema que se atiende a continuación.
Como ya se ha observado, la distancia enorme entre América y Europa iba en contra del empeño en administrar eficientemente las colonias—manteniendo un control respetable y justo—por parte de las coronas de la península. De hecho, el contraste entre los designios humanitarios irremediablemente idealistas de España y Portugal y la realidad americana, tal como la percibían y concebían los colonos, llegó a ser un tema que perduraría durante toda la época colonial.
Desde el principio, los conquistadores—demasiado ambiciosos con frecuencia—deseaban convertirse en aristócratas genuinos (hidalgos), con todos los privilegios y derechos que disfrutaban los administradores de las casas reales de España y Portugal. En cambio, los monarcas estaban en contra de la creación de una nobleza con su propia autonomía en las colonias—a causa de la distancia y los problemas de comunicación y control. Los reyes deseaban ejercer su autoridad, a como diera lugar4 exigiendo el quinto,5 y administrando la importación y exportación, la inmigración a América, la educación y la religión. Para establecer el control deseado, España y Portugal dependían cada vez más de fuerzas burocráticas, lo que por fin bloqueó la comunicación y casi paró la movilidad social. Lo peor era que la creciente burocratización de las colonias deterioraba todavía más el contraste entre las buenas intenciones de los reyes, por idealistas que fueran, y lo que en realidad ocurría en América. En vista de la extensión enorme de las colonias y su distancia de Europa, no podía más que haber una distinción entre la concepción de las colonias, por parte de sus respectivas coronas, y las colonias tal como las forjaban los mismos colonos. Por consiguiente, la mentalidad de “obedezco pero no cumplo” (que revelaba una lealtad formal hacia la corona y a la vez una tendencia anárquica) alcanzaba su máxima expresión. A pesar de las reformas borbónicas, en muchos casos crecía la distinción entre los ideales de la corona y la realidad americana.
Esa distinción, más marcada en las colonias españolas que en la portuguesa, tuvo su génesis en la misma “invención” y conquista de América por razones antes descritas. El contraste entre ideales y realidad era profunda después de la conquista, cuando comenzó una segregación social que involucraba el nacimiento y desarrollo de una nueva clase social: los criollos. Según las prácticas socio-político-económicas, los criollos no gozaban de los mismos privilegios y no podían ejercer los mismos cargos administrativos que los peninsulares. Como es de suponer, eso motivó un resentimiento por parte de los criollos que paulatinamente se fue agudizando hasta que llegó a los movimientos de Independencia en contra de España por parte de las colonias. En realidad, el problema consistía de una demanda de privilegios y puestos burocráticos por parte de los criollos que excedía la posibilidad de la corona de satisfacer tal demanda. Había un número insuficiente de títulos disponibles.
Este conflicto crecía durante todo el período colonial. Aunque el Rey de España otorgó el título de duque a Cortés y a Pizarro como justo pago por su rol en la conquista de los aztecas e incas, subsecuentemente confirió pocos títulos. Para el año 1680 sólo había concedido seis títulos en México, cinco a españoles y uno a un mestizo, descendiente de la familia real de los aztecas. En Perú, a principio la situación fue un poco diferente, probablemente debido a la riqueza inmensa de las minas durante los años iniciales. Hasta 1750 más de 85 títulos se habían otorgado a habitantes de Perú, en comparación con 27 en México. Por regla general, después de la conquista, los que recibían títulos eran burócratas prominentes, líderes sobresalientes de la fuerza militar, e individuos con grandes recursos pecuniarios que habían contribuido a las fuentes de riqueza en las colonias—pero a veces esa gente simplemente compraba los títulos. Casi todos los que recibían títulos, en cualquier forma, eran peninsulares, aunque con frecuencia sus hijos (que eran clasificados como criollos) los heredaban.
Peninsulares y criollos desde el principio participaban en actividades diferentes. Los criollos llegaban a dominar el comercio de las provincias, en las minas, en la producción agrícola, y a fines del período colonial, en los oficios locales. Los peninsulares preferían ocuparse del comercio urbano y los altos oficios. Los puestos superiores de la burocracia, como fue descrito arriba, estaban prohibidos para los criollos, ya que la corona opinaba que la gente nacida en suelo americano no sería tan leal a España que la gente nacida en la península. De cualquier forma, la entrada de los criollos en los oficios burocráticos de mayor prestigio iba en aumento hasta mediados del siglo XVIII.
Tanto los peninsulares como los criollos manifestaban una inclinación hacia títulos, honores y oficios de renombre. Evitaban, hasta donde fuera posible, el trabajo manual: para reiterar, según su concepción de sí mismos, nacieron para ser hidalgos. Ya que los peninsulares gozaban de mayor acceso a los altos puestos burocráticos, los criollos pensaban que los peninsulares eran arrogantes, altaneros, y esnobs—por eso les aplicaron términos de desprecio como gachupines (México) y chapetones (Perú). A través de los años, el resentimiento de los criollos por los peninsulares aumentaba, sin embargo había una contradicción en ese resentimiento. Con frecuencia, sobre todo en presencia de gente de estratos sociales “inferiores,” los criollos imitaban la misma conducta de los peninsulares, pues estaba de moda ser “cosmopolita” hasta donde fuera posible. Por consiguiente, generalmente las instituciones en su mayoría criollas, reflejaban una “psicología criolla”—es decir, una tendencia a copiar las costumbres “más respetables” de la península.
En fin, el antagonismo entre criollos y peninsulares llegó a ser más grave entre las clases menos ricas que entre los aristócratas, pero la tensión entre las dos clases siempre se manifestaba. A menudo, padres criollos adinerados proveían dotes generosas para sus hijas con la esperanza de emparentarlas con uno de los españoles recién llegados de “pureza de sangre.” Esos casamientos poco a poco daban origen a una aristocracia “mixta” de peninsulares y criollos. Sin embargo la tensión continuaba por debajo de la superficie, lo que dio origen a los movimientos de Independencia hacia finales del siglo XVIII.
1.¿Cuáles son los tres temas del período colonial? ¿Por qué es posible decir que había tres mundos diferentes durante esos períodos?
2.¿En nombre de quién y de qué ocurrió la conquista y la colonización? ¿Por qué?
3.Describa la naturaleza del siglo de la expansión.
4.¿Qué es la Reforma y la Contrarreforma? ¿Quiénes fueron Martín Lutero y Francisco de Asís?
5.¿Qué acontecimientos marcan la caída del poderío militar y marítimo de España?
6.¿Cuál fue el premio de Inglaterra en América y por qué este país fue más exitoso que Francia?
7.Describa la era de los bucaneros
8.¿Quiénes fueron los Habsburgo y los Borbón?
9.¿Qué fue la Ilustración? ¿Por qué se le llama el Siglo de las Luces?
10.¿Por qué es tan importante el período durante el que estuvo Carlos III en el trono?
11.¿Qué fue lo que provocó las reformas borbónicas?
12.¿Cuál es el origen o génesis de la contradicción entre lo ideal y la realidad con respecto al tratamiento de las colonias por parte de España?
13.¿Cuál es la diferencia entre un peninsular y un criollo? ¿Cuál era la rivalidad más grande entre ellos?
14.¿Qué es la “pureza de sangre”? ¿Qué es la aristocracia “mixta”?
1.Los españoles y portugueses debían tener un talento personal y colectivo especial para poder defenderse con tanta eficacia en las Américas. ¿Por qué cree usted que tenían esas cualidades precisamente en esa época?
2.¿Habrá algún fenómeno cultural en nuestros días que sea semejante al “resentimiento criollo”?
Se forman tres grupos para defender: (1) los privilegios de los peninsulares, (2) el resentimiento criollo, y (3) el punto de vista, generalmente apagado, de los mestizos y amerindios.
1 Casa real = royal household.
2 Siglo de las Luces o Ilustración = Enlightenment, the 18th century movement in Europe placing renewed emphasis on logic, reason, and criticism of ethical and aesthetic norms.
3 Si un hijo o hija de españoles nacía en España, era considerado(a)peninsular, si nacía en América, era criollo (a).
4 A…lugar = come what may.
5 Quinto = a tax consisting of 1/5 of the income from the mines. The “quinto” was at times reduced to as much as a “décimo,” according to what was perceived to be the colonists’ capacity to pay the King his due share.