Capítulo Doce
—Todos, a sus lugares.
Lorne se secó los ojos. Sintió alivio al escuchar al jefe ponerse a cargo y pedirles a todos que salieran de la puerta de la oficina de Lorne. John apretó por última vez su hombro.
—Fox, acomoda al equipo. Diles que estaré con ellos tan pronto pueda. Ahora, Lorne, quiero un informe completo.
Ella le dijo todo lo que sabía. —Sean, ¿Qué hará con ella? Solo tiene trece años, por todos los santos.
—No especulemos. Antes que nada, llama a Tom y cuéntale. Dile que venga, si es lo que ambos desean.
Fue capaz de marcar el número, más allá de que sus manos le temblaban. —Tom…Oh, Tom… Charlie… la han secuestrado…
—Por Dios, Lorne. ¿Qué?...¿Quién?
—Está relacionado con el caso en el que estoy trabajando y-
—No es ese loco, Unicornio, ¿verdad?
—Sí, Tom. Tiene a nuestra Charlie. Oh Dios.
—Te lo dije, Lorne. Todo esto es culpa tuya. Te dije que dejaras este caso de mierda.
Su reacción, si bien era predecible, la horrorizó —No puedes culparme más de lo que me culpo yo misma, Tom.
—¿Te ha contactado? ¿Pidió algo a cambio?
—No…no me ha contactado desde… Oh Dios, ¿todavía es hoy? Quiero decir… —miró su reloj, las once de la noche— se contactó conmigo más temprano… antes. Por eso me quedé.
—¿Y qué te dijo en ese momento?
—No te puedo decir, Tom. Lo lamento, la seguridad-
—Al carajo con eso. ¿Te amenazó con llevarse a Charlie?
—No.
—¿Pero sabes lo que planea?
—Tom, no puedo decir-
—¡Entonces encontraré alguien que pueda!
Lorne se sentó con la mirada fija en el teléfono.
—¿Vendrá? —preguntó Roberts.
—No, señor. No lo creo. Cree que yo se algo que estoy ocultándole. Me parece que se contactará con mi padre y querrá pasar por arriba nuestro.
—Bueno, está bien si lo mantiene ocupado. Su reacción es normal, Lorne. Bueno, parcialmente. Me sorprende que no quiera estar contigo en una situación así.
El teléfono sonó impidiendo que Roberts siga hablando.
—Inspectora Simpkins.
—¿Cómo está, inspectora?
—¿Dónde está? ¿Dónde está mi hija? No tiene nada que ver con esto, déjala ir —Roberts le tocó el hombro, para darle apoyo, le indicó que siguiera hablando y salió de la oficina. Ella supuso que iría a rastrear la llamada.
—Pero, inspectora. Que irrespetuosa, olvidar así los modales. Lo que debería haber dicho es “déjala ir, por favor” o incluso, “te lo ruego”. Él se rio, y a ella le costó el doble seguir con la conversación.
Roberts regresó a la oficina. Al ver lo que le costaba a Lorne mantenerse entera, decidió poner el teléfono en altavoz. —Este es el jefe Sean Roberts. ¿Con quién hablo?
—Buen intento, pequeño amante. Estoy en lo cierto, ¿verdad? La inspectora y usted solían ser amantes hace muchos años. Verá, yo hago muy bien mi tarea. Qué lindo que los dos estén trabajando juntos de nuevo. Uno al lado del otro. Muchas oportunidades de una buena cogida sobre el escritorio, ¿no?
Su risa macabra, cruel y calculadora retumbó en la habitación.
—Deja ir a la niña. ¿Qué pretendes con esto?
—Ustedes los policías deben ser las personas más estúpidas del planeta. Ella no va a ningún lado. Digamos que ahora ella es mi seguro de vida. Si me apego a ella, sé que mis metas serán mucho más fáciles de alcanzar.
—¡Mamá, ayúdame!
—Charlie, estoy aquí. No tengas miedo, mi bebita.
—Charlie. Tan bello nombre. Es un poco marimacho, ¿verdad, inspectora? No importa. Pronto sacaremos eso de ella —su voz cambió cuando le gritó una orden a alguien más— Llévatela, y prepárala.
—Le pones una mano encima, maldito hijo de puta, y yo-
El jefe superior Roberts, le hizo señas con la mano y movió su cabeza diciendo que no. Lorne se dio cuenta del error que había cometido cuando escuchó que el Unicornio decía —Tráemela.
Lorne quedó inmóvil cuando escuchó la voz de Charlie, llena de dolor, por la línea —¡Déjame tranquila!
Luego, Lorne escuchó un ruido penetrante y un agudo grito de Charlie, diciendo “¡Maldito!”
Lorne contuvo la respiración. ¡No, Charlie, no!
—Tú, maldita pequeña-
Lorne no podía soportarlo. Escuchaba el sonido de golpes que se tapaban con los gritos de horror de Charlie. El corazón se le llenó de terror. Antes de que pudiera reaccionar, la línea quedó muda. Con el cuerpo entero paralizado del miedo, la mente de Lorne no dejaba de pensar que no había nada que pudiera hacer para ayudar a su hija.
—¿Por qué se resistió? Solo hizo las cosas peor.
—Es la hija de su madre, Lorne. Esperemos que su carácter la ayude a superar esto, y no dificultar su supervivencia.
—¿De qué crees que hablaba cuando dijo que la preparen? ¿De qué se trata esto?
Sus propias deducciones acerca de cómo el Unicornio llevaría a cabo su última amenaza le abrió los ojos. —No… Oh Dios… No. Una bomba humana. Sean, tenemos que encontrarla. Dios, ayúdanos a encontrarla.
—Lorne, cálmate. Sé que estoy pidiendo lo imposible, pero debes intentarlo. Estás pensando por adelantado. Uno de los oficiales te llevará a casa. Yo me encargo del caso.
Ella no lo contradijo. Sabía que no la dejarían tomar decisiones así, no ahora. También sabía que el jefe estaba siendo extremadamente profesional. Y ella tenía que hacer lo mismo. Tenía que sacarse de la cabeza esa horrible teoría que le hacía explotar la cabeza. Si no lo hacía, no sería capaz de convencer al jefe de que no la envíe a casa. Tenía que quedarse, y estar al tanto. Si, el jefe sería el líder de la investigación, pero ella podría guiarlo, asegurarse de que tomara las mejores decisiones.