Capítulo Catorce

Cuando Lorne volvió a su oficina, el teléfono indicaba que estaba entrando una llamada fuera del cuartel. Lorne se apresuró a responder, esperando que sea el Unicornio.

—Lorne, soy tu padre. ¿Qué es todo eso que me contó Tom? ¿Han secuestrado a Charlie y no quieres decirle por qué? Tiene el derecho a saberlo, hija, todos lo tenemos.

El tono de voz severo que utilizaba su padre la ponía nerviosa. Cada vez que se trataba de trabajo, ella nunca estaba en desacuerdo con su padre. Sin embargo, era muy distinto cuando se trataba de temas familiares. Aunque él estaba orgulloso de sus logros, la mirada dejaba entrever que él no aprobaba la manera en que ella abandonaba sus tareas como esposa y madre. Para su padre todo se trababa de “haz lo que digo y no lo que hago”. Su hipocresía la volvía loca por momentos. Pero claro, un hombre así sí vale la pena.

—Hola papá. Sí, me encuentro bien dentro de todo. Gracias por preguntar —La lastimaba que su padre la atacara de golpe sin primero preguntarse cómo se sentiría en un momento como este.

—Sí, sí. Bueno, ¿vas a decirme que sucede?

—¿Para qué? ¿Para que vayas corriendo a contarle a Tom? Tengamos un poco de sentido común. Te diré lo mismo que le dije a Tom. No puedo divulgar lo que sabemos del caso, es la política de discreción.

—¿Política de discreción? Eso es pura mierda, Lorne, y lo sabes. No intentes hacerte la viva conmigo, jovencita.

Su tono no le cayó nada bien.

—Debes confiar en mí esta vez, papá. Si te digo, arriesgo mi trabajo. El jefe ya me ha hecho a un costado de la investigación. Es él quien está a cargo ahora. Si te sirve de algún consuelo, me encantaría poder decirte. Me vendría bien tu consejo en algunas cosas, pero esta vez tengo las manos atadas.

—Entonces tendré que hablar con alguien que sí me diga. Todavía tengo algunos contactos allí, ¿sabes? —terminó la llamada de un golpe. Por Dios, estoy rodeada por hombres furiosos que se empecinan con colgar cada llamado. ¿Cuándo me darán un maldito descanso? Lorne se cubrió la cabeza con las manos, intentando calmar el dolor.

—¿Mucho dolor de cabeza? —dijo Roberts haciendo que Lorne se sobresaltara del susto— Vamos, te invito un café y un analgésico en el bar. Sin peros. No hay mucho para hacer aquí por ahora. Cinco minutos, te lo prometo. Te ayudará a despejarte un poco.

—¿Cómo podría una chica negarse a una propuesta como esa?

Como era de imaginarse, la noticia del secuestro de Charlie se había esparcido en la estación más rápido que el fuego en pleno pastizal. En la cantina, colegas que usualmente se detenían a tener una breve charla con ella, ahora, incomodos, evitaban el contacto visual. Ella siguió al jefe hasta la mesa del fondo, siempre mirando hacia el estacionamiento. Ambos bebieron un sorbo de sus tazas.

—Mi día sigue yendo de mal en peor.

—¿Qué sucedió? —preguntó el jefe.

—¿Además de que mi hija fue secuestrada y está en las manos de un maldito asesino, quieres decir? Bueno, aparentemente, a pesar de todo, me las ingenié para hacer enojar a mi esposo, quien seguramente esté ahora sentado en casa preocupándose por el bienestar de su hija, odiándome tanto como el hombre que la secuestró. Y como si fuera poco, también logré disgustar a mi padre. Me llamó justo antes de que entraras a mi oficina. —el jefe se vio sorprendido— No te preocupes, no le dije nada. Por eso está furioso conmigo. No lo culpo. Ahora debe estar ingeniándoselas para averiguar. Dios, como si tener a mi hija con ese hijo de puta y perder a Pete no fuera suficiente.

Él llevó sus manos sobre la mesa y las apoyó sobre las de ella.

—No debes culparte, Lorne. Culpa al sistema, por todo. Pero nunca te culpes a ti. Si pudiera, traería a tu padre con nosotros, lo sacaría del retiro. Su experiencia sería de gran ayuda ahora, pero como sabes, el comisario no lo aprobaría. No lograría convencerlo.