Capítulo Veintidós

El Unicornio mantenía su sonrisa de satisfacción, que coincidía con la Abromovski, mientras observaba como uno de los hombres de Abromovski contaba el efectivo que estaba sobre la mesa.

—Otro éxito en el mundo corrupto de Abromovski —presumió Sergei.

—Exactamente.

Fue una respuesta vaga, pero el Unicornio estaba ocupado pensando en números; precisamente en los de la cuenta en las Islas Caimán de Sergei. Un par de horas más, y todo el dinero de Abromovski sería suyo. Metió los puños dentro de los bolsillos para evitar fregar sus manos. Por todos sus ingeniosos fraudes. El único error del ruso es subestimarme.

—¿Dónde está la chica?

—¿Qué chica?

—No te conviene joder conmigo, Sergei —Otra cosa del ruso: nunca esperaba lo inesperado.

Los ojos del ruso se abrieron por completo cuando el Unicornio le apretaba la garganta fuertemente.

—Sabes de quién estoy hablando. Ahora, ¿Dónde está?

Dos de los hombres de Sergei que escoltaban la entrada, se apresuraron en acercarse. El Unicornio le apretó más fuerte. El ruso les hizo señas para que se alejaran.

—Esa fue una decisión rara, pero muy sabia de tu parte, Sergei.

Él lo soltó y le acomodó el pliegue del cuello de la chaqueta negra de cuero.

—Está en mi cuarto. Pensé que podía divertirme un poco con ella esta noche.

—¿Por qué no estuvo en la subasta?

—Ella… Ella todavía está demasiado resistente como para presentarla con los clientes. Además, no ha tenido tiempo de aprender las reglas.

El Unicornio podía oler el miedo del ruso.

—Quieres decir que la moliste a palos. Vamos, admítelo.

—Admito que la situación se puso un poco intensa. Pero lo veo como un desafío personal el poder quebrarla. Siempre y cuando no tengas ninguna objeción al respecto.

—Solo ten cuidado. Mantén el rostro intacto, tal como te enseñé. Lo que realmente necesito es una fotografía de ella. Si está un poco golpeada, sería justo lo que me proponía.

—Mis hombres se encargarán.

Él le hizo señas a sus hombres, pero ambos se miraron entre sí y luego volvieron a mirar al ruso. El Unicornio presentía que ellos no querían dejar a su jefe solo. Sergei les volvió a hacer señas impacientemente. —Bueno, ¿Qué esperan? Asegúrense de que esté despierta.

Los matones abandonaron el lugar en el preciso momento que el contador, quien no había dejado su tarea en ningún momento a pesar de la situación incómoda que había vivido, terminaba de contar el efectivo.

—Doscientos cincuenta y nueve mil —anunció el hombre.

Sergei silbó. —Nada mal para una noche de entretenimiento, ¿verdad?

—Está bien para empezar. Necesito esa foto lo antes posible. Nos mantendremos en contacto.

***

Charlie luchaba por mantenerse de pie en la oscuridad. Podía escuchar sus propios gritos rebotar en las paredes y volver hacia ella. Luego algo fuerte la obligó a ponerse derecha. No podía hacer nada para resistirlo. Pequeños y profundos pinchazos llenaban sus mejillas y brazos.

Alguien me está pinchando. Mientras volvía en sí, también volvía el dolor de su cuerpo golpeado y lleno de moretones.

Intentó decir unas palabras, intentó decirles que se vayan a la mierda y la dejen dormir tranquila. Mientras dormía, el dolor desaparecía. Y así podía tolerar esta pesadilla.

Fuertes luces traspasaban sus párpados. ¿Una cámara?