Capítulo Tres

—Mierda —acababa de cruzar una luz en rojo. El sonido de la bocina del conductor indignado detrás de ella continuaba sonando en sus oídos cuando llegaba a la estación. Necesitaba componerse. Y ahora tendría que lidiar con las miradas de compasión y las condolencias superficiales. Al cerrar la puerta de la oficina, Lorne cerró los ojos y le agradeció a Dios que todo pareciera estar bajo control. Lidió bien con las miradas y las sonrisas condescendientes.

Su plan en vengar la muerte de Pete tenía prioridad a todo lo demás. Ahora, para dejarles bien en claro esto a sus compañeros, entró a la sala de reunión, con completa determinación. La recibió el silencio. Uno de los voceros, Sam O’Connor se puso de pie y se aclaró la garganta.

—Señora, lo lamentamos-

Lorne levantó la mano. Decepcionada con la reacción del equipo, fue más dura de lo que planeaba.

—Está bien, todos lo sentimos, yo más que nadie. Pero lo que quiero de parte de ustedes es acción. Pete se ha ido, y mientras yo respire, nadie lo olvidará. Pero ahora debemos atrapar al maldito que lo mató. Quiero que cada uno de ustedes ponga el ciento cincuenta por ciento. Debemos concentrarnos en localizar al Unicornio. Una vez que lo atrapemos, ahí podremos hacer el duelo. De hecho si los veo de duelo antes, los suspenderé. ¿Se entiende?

Nadie contestó. Ella les dio la espalda. Lorne abrió la puerta de su oficina, y por un momento, dudó. En el aire se podía oler la colonia de Pete. Durante el último año habían estado compartiendo la oficina debido a remodelaciones en otras secciones de la estación.

—¿Podemos hablar honestamente, señora? —la voz del oficial John Fox sonó detrás de ella, obligándola a entrar a la oficina.

—Sí, adelante. Toma asiento. ¿Hay algo que te tiene preocupado, John?

—Em, fue un poco dura allí, ¿no lo cree, señora? —se hundió en su asiento como si no tuviera más fuerzas. Ella esperaba que él tenga más huevos que eso ya que debería ocupar el lugar de Pete por un tiempo.

—Debía decirlo, John. He visto mejores equipos que el mío desmoronarse por completo tras la caía de un compañero. Es mejor aceptar lo que pasó y accionar rápido que dejarse estar. Es lo que Pete hubiese querido. Tú más que nadie deberías saberlo.

—Tiene razón, como siempre jefa. El grupo se reunirá en el White Swan después del trabajo, para recordar a Pete con un trago. Es bienvenida si quiere acompañarnos.

—Veremos. Comencemos, ¿sí? ¿Qué encontraste hasta ahora?

Él tomó su cuaderno del bolsillo de arriba de su chaqueta negra. La misma chaqueta que había usado todos los días, los seis años que lo conocía.

—Bien, este tipo se hace llamar el Mago, por la cantidad de trucos que tiene bajo la manga. Parece que él los llevó a usted y a Pete intencionalmente hasta el callejón.

—Eso coincide con la mente del maldito, y ya había llegado a esa conclusión. Está bien, ¿Qué tienes?

—En el techo, los oficiales encontraron treinta o más balas pertenecientes a una ametralladora. Estaba programada para disparar en distintos intervalos, tirando entre tres y cuatro disparos por segundo. Si no lo hubieran detenido cuando lo hicieron, hubiese llegado a disparar cientos de balas y te hubiese pegado al suelo.

—Entonces, programó la ametralladora para cubrir su escape. Maldito astuto de mierda. Pero basándonos en la cantidad de balas, no debe haber escapado mucho antes de que el equipo llegara. Si tan solo hubiesen sido un poco más rápidos… ¿Qué más? ¿Tienes idea de cómo escapó?

—Se encontraron huellas en el arma, pero sabemos por experiencia pasada que resultarán falsificadas, así que no tengo mucha esperanza en cuanto a eso. Lo más probable es que haya escapado por la escalera de emergencia.

—¿Hacia dónde se dirige?

—A Market Street. Ya tengo varios chicos revisando las cámaras de seguridad.

—Buen trabajo. Pero hay algo que me intriga. ¿Cómo sabía dónde nos mandarían como refuerzos? Bueno, es lógico que fuéramos, pero no tiene como saber lo cerca que estábamos. El ruido del helicóptero podría ser cualquier cosa. Siempre sobrevuelan Londres. De todas maneras, John, mantenme al tanto de todo.

—Así será señora. Oh, por cierto, el jefe pasó más temprano y me dijo que necesita hablar con usted cuanto antes —John se levantó mientras hablaba.

Su conciencia pudo con ella. Él se veía destruido. Quizá ella no quería ningún tipo de simpatía, pero debía cuidar a su equipo…

—John, ¿Cómo lo vienes llevando?

—De bien a regular, señora. Pete era un muy buen amigo mío, uno de los mejores. Lo voy a extrañar. Hemos sido amigos por años, éramos compañeros en Hendon —lágrimas brotaron de sus ojos.

—Lo sé, John. Las próximas semanas serán duras para todos nosotros. Oye, voy a necesitar tu apoyo.

Abrazarlo pareció algo natural para ella. Todos se conocían hacía mucho tiempo. Se separaron cuando sonó el teléfono de su oficina. Lorne se dio vuelta para contestar.

—Inspectora de policía Simpkins…

—Ah, Lorne, que amable de tu parte que recibas mi llamado personalmente…

Inmediatamente reconoció la voz del engreído Unicornio. —Maldito —cubrió el teléfono y le hizo señas a John para que rastreara la llamada.

—Esto fue demasiado lejos, Lorne. Solo te puedes culpar a ti misma. Tuviste demasiadas advertencias para que des un paso al costado y aun así, decidiste ignorarlas. Quizá la próxima vez seas más cuidadosa. Estoy seguro de que habrá una próxima vez, inspectora.

Su risa la enfermaba.

—Solo dime, ¿para qué llamas?

—Oh, ¿Estaba ocupada?

—Sí —contestó ella bruscamente.

—Bien, ya me he divertido suficiente. Ahora, a lo importante. Quiero treinta millones de dólares. No, déjame corregirme. Exijo treinta millones en efectivo. Déjenlos en el techo del hospital Great Ormond en las próximas veinticuatro horas-

—Treinta millones… ¿Es una broma?

—Oh, recuerda, recuerda…. Aquel cinco de noviembre. Solo que yo, querida Lorne, no soy tu Guy Fawkes. Yo no fallaré.

—Es ridículo. No te atreverías.

—Duda si quieres, querida. En veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos, y ah, treinta segundos, Londres verá la sesión de fuego artificiales más grande de la historia. Hablamos más tarde, linda.

La llamada terminó.

Lorne quedó congelada. El palacio de Westminster.