Capítulo Treinta y uno

—Simon, ¿Tienes tu celular?

—Sí, señora. Está aquí mismo —Simon le entregó a Lorne el celular— Llegó un mensaje hace un instante. Me tomé la libertad de ver quien era, señora.

—¿Y?

—No lo leí. Es su padre. Solo me fijé porque pensé que podría ser el Unicornio, señora.

—Está bien. Gracias Simon. Oficial Fox, ¿Hay alguna novedad acerca del maldito reconocimiento facial?

—Nos hablaron del puerto, pero no salió nada de la lista de buscados. Todavía estamos esperando que nos contacten las autoridades del aeropuerto.

—Hablaré con el agente Warner a ver si puede apurar un poco las cosas. Estamos perdiendo demasiado tiempo en esto, y no estamos llegando a nada. Jefe, debo llamar a mi padre, estoy segura de que Tom ya le informó todo lo que sucede.

—Por supuesto inspectora. Tu padre debe estar muy preocupado por ti. Envíale mis saludos.

De camino a su oficina, Lorne se sirvió un vaso con agua fría del refrigerador que estaba en la esquina. Revisó el cajón de su escritorio hasta que encontró una tableta de pastillas. Sentía que la cabeza se le partía.

—Hola papá, soy yo.

—Lorne, ¿Qué demonios sucede? Intenté hablar con algunos de mis antiguos contactos, pero nadie está dispuesto a contarme nada. Maldición, hija, tengo derecho a saber qué pasa. Después de todo, Charlie es mi nieta.

Su tono de voz era duro, como si estuviera en el límite de la tolerancia. La culpa la envolvió como si fuera una camisa de fuerza.

—Está bien, papá. Tú ganas. Esto es a lo que nos estamos enfrentando. No hace falta recordarte acerca de la confidencialidad, ¿verdad?

—Lorne.

Su tono de voz le recordó a como él solía advertirle en sus años de adolescente.

—Me contacté con el tipo que secuestró a Charlie. Sin dar vueltas, estamos frente a lo peor de lo peor —Ella prosiguió a contarle todo lo sucedido hasta el momento, terminando con las ultimas noticias —Él llevó a cabo la explosión del edificio al lado del palacio de Westminster, y ha aumentado la suma de dinero que exige, papá. De hecho, la sigue aumentando.

—¿Entonces crees que está manteniendo encerrada a Charlie a cambio de un rescate?

—No. Creo que la tiene a modo de asegurarse algo. No me dio ningún tipo de indicación de que la liberará cuando se pague el dinero.

—Estoy confundido. Cuando hablé contigo por primera vez, me dijiste que ya se había contactado contigo. Eso fue antes de que secuestrara a Charlie, ¿verdad? ¿Cuáles eran sus pedidos en ese momento, además de los treinta millones?

Ya que estamos en el baile, bailemos. Lorne se preguntaba si la experiencia de su padre como ex jefe superior podría aportar algo que se las haya pasado.

—Él me dijo que si el gobierno no le daba los treinta millones hoy al mediodía, volaría el palacio de Westminster. Eso fue todo, papá. El comisario aprobó el pedido de dos búsquedas en el área, pero ambas salieron impecables.

Ella escuchó como él soltaba un largo suspiro.

—Treinta millones no me suena a una locura, Lorne. Está bien, ahora aumentó un par de millones, pero el gobierno ha pagado recompensas de cientos de millones. Este es un monto miserable. No me convence.

—Ahora que lo mencionas, sí es raro. ¿Tienes alguna sugerencia, papá?

—Mi instinto me dice que hay algo más detrás de todo esto. ¿Qué es lo que hay detrás? Bueno hija, eso vaya uno a saber. Dices que no encontraron ningún explosivo, ¿verdad?

—Nada. El comisario cree que es una amenaza falsa, pero yo no lo creo así papá, menos después de la explosión de esta mañana.

—Por lo que me dices, el comisario sigue siendo un pendejo. Siempre habla basura. ¿Es consciente de que secuestraron a Charlie?

—Así es, papá.

—¿Qué investigación hiciste?

—¿Investigación? ¿De qué tipo de investigación hablas? ¡Oye! ¡No tardaste mucho en encender tu cerebro de policía! Pensé que habías dejado que se acumulara telarañas y se multiplicaran con el correr de los años.

Él ignoró su chiste.

—Recuerda el caso de Bill Taylor. ¿Recuerdas que amenazaba con explotar el subterráneo? Esa fue una excelente distracción para que él tenga vía libre en el robo al banco que estaba llevando a cabo. Si no hubiese sido por algunos de nuestros chicos que estaban atentos ese día, él se hubiera llevado todos esos millones. Por suerte para nosotros, pudimos darnos cuenta de su jueguito, y lo agarramos a él y su banda en la caja fuerte del banco.

—Sí, lo recuerdo. ¿Cómo puedo haberme olvidado de eso? Te dieron una mención por haberlo capturado.

—Así fue. Bien, mira, ¿quieres que vaya para allá? No sirvo de nada aquí esperando.

—No lo sé, papá. No soy la que está a cargo, Roberts tiene la decisión.

—Ya veo. No tengo resentimientos con Sean. Siempre nos hemos llevado de maravilla en el pasado. Sé buena, ve y pregúntale si tiene inconvenientes con que les dé una mano. Esperaré en línea.

Su pedido le recordó a cuando era pequeña. Recordó como cuando era niña recibía órdenes y se sentía feliz de cumplirlas. Tuvo una sensación de contención. Se sacó un peso de los hombros. Papá se haría cargo. Él no le había dado una orden, pero lo dijo casi como si estuviera hablando con la pequeña Lorne. “Corre y dile a mamá que está lloviendo. Tiene ropa tendida afuera.” Si tan solo la vida hubiera permanecido así de simple.

Ella salió corriendo de la oficina y volvió unos momentos después.

—Papá, acabo de hablar con el jefe y dijo que sí. Dijo que vengas de inmediato.

—Salgo para allá, cariño.

Tenía sentimientos encontrados acerca de involucrar a su padre en el caso. Por un lado, no había mejor detective en todo Londres que su padre. Pero por el otro, sabía cuánto Charlie significaba para él, y si le llegaba a pasar algo que él fuera incapaz de impedir, eso lo terminaría matando.

—Hola, Tony. ¿Alguna novedad? —preguntó Lorne al realizar el siguiente llamado de su lista de “llamadas pendientes”.

—Estamos concentrándonos en averiguar por qué aumentó la suma del pedido de dinero. Estamos rastreando todas las llamadas salientes de las propiedades de Abromovski, pero hasta ahora, nada. ¿Ustedes encontraron algo?

—Creemos tener una pequeña pista, pero necesitaría ayuda de la base de datos del servicio secreto. Tenemos el reconocimiento facial de las cámaras de seguridad de cuando él nos tenía encerrados en el callejón a Pete y a mí. Pensé en que quizá tú puedas hacerla circular junto a la foto que me diste. Nosotros la hemos enviados a los puertos y aeropuertos para ver si salta algo del sistema que tienen, pero hasta ahora todo ha sido demasiado lento para mi gusto. Así que si ustedes pueden meterles un cohete en el culo para apurarlos, te lo agradecería.

—Bien. Estoy en el área. Iré para allá y buscaré una copia. Pero, acerca del tema de los puertos y demás… personalmente, creo que es solo una pérdida de tiempo. ¿Sabes si se realizó alguna cirugía plástica?

—Sospechamos que sí. Pero no sé cuánto se operó ni cuando fue. Hace un par de años encontramos un cirujano plástico muerto en un callejón. El Unicornio es sospechoso de haber tenido algo que ver.

—Bien, cobraré algunos favores y haré que los chicos analicen ambas fotos en todas las bases de datos disponibles, incluyendo Interpol. Si salta algo, serás la primera en saberlo. Incluso aunque haya setenta por ciento de posibilidades de coincidencia, te daré los nombres. Luego puedes revisar y clasificar lo que obtenga. Quizá a ti algo te suene familiar.

—Genial, Tony. Me aseguraré de que haya una copia en recepción para ti.