Capítulo Treinta y Tres
Por la siguiente media hora, los tres examinaron cada mínimo detalle del caso. Una o dos cosas parecían encajar, pero en general era como si estuvieran intentando armar un rompecabezas de cinco mil piezas y las principales faltaran.
—Entonces estamos de acuerdo en que una lista particular de clientes utiliza esa casa. ¿Sabemos con qué frecuencia? —preguntó Sam.
—No, la verdad que no. El evento que vigilamos fue facturado como una fiesta, pero resultó ser una subasta de carne humana. En mi opinión, no es la primera vez que se lleva a cabo algo así, pero no sabemos desde cuando se hacen ni con qué frecuencia.
—Quizá encontraron una nueva forma de hacer funcionar sus prostíbulos. Quizá encontraron un lugar cómodo y están viendo que tal les resulta —Sam observó detalladamente la lista por un momento y luego soltó un silbido.
—¿Qué sucede, papá?
—Este juega para el otro bando, y él también. —señaló un par de nombres.
Lorne miró la hoja y luego, confundida, llevó la vista hacia su padre.
—¿El otro bando refiriéndote a gay o a corrupto?
—Me refiero a corrupto. El único que no encaja en esta escena es el jugador de futbol. ¿Cuál es su rol?
El jefe fue el primero en tirar una idea.
—Bueno, es de común saber lo que ganan estos muchachos. Tal vez tenga demasiado dinero en sus pantalones Gucci. Tiene reputación de fiestero y es muy popular con las mujeres. Podría ser una conexión en base a drogas o juego.
¿Y si Abromovski invitó al jugador de futbol esperando que la próxima sus compañeros se sumen al evento? —dijo Lorne.
En ese momento, AJ se acercó mostrando en el aire una hoja de papel.
—¿Encontraste algo importante, AJ?
—Importantísimo, diría yo, señora. Pero quizá sea solo mi opinión. Revisando una vez más las grabaciones, vi una cara que me pareció conocida. Me llevó un tiempo saber quién era. Nada más ni nada menos que Glen Waverley.
—¿Quién? —preguntaron Lorne y el jefe a la vez.
—¿Te refieres al comisario de Kent Constabulary, Glen Waverley? ¿Ex comisario de la policía metropolitana, que fue reubicado en vez de darle de baja por-
Lorne miró a su padre. —¡Por Dios!
—Esperan, ¿dijiste comisario? —dijo Roberts.
Lorne no recordaba haber visto a Sean tan sorprendido.
—Jesús. Las implicaciones se siguen multiplicando en este maldito caso. Disculpa, Sam. ¿Decías?
—Esto fue hace siete años, jefe. Me sorprende que no se hayan enterado nada en la estación en la que estabas en ese momento. Un caso relacionado con drogas salió drásticamente mal. Un par de detectives fueron asesinados, y todo apuntaba a Waverley. No había evidencia sólida que demostrara lo que todos sabíamos, así que parecía que él se saldría con la suya. Pero varios hombres que estaban debajo de mí, estaban tan indignados que renunciaron. Pronto, se empezó a correr la voz. Varios oficiales con cargos importantes se plantaron, listos para tirar a la basura años de pensión. Finalmente decidieron trasladar a Waverley. Por lo que sé, no volvió a cometer ningún error.
—No puedo creer lo que escucho. ¿Todo se trata de dinero, o que sucede?
—Dinero, poder, ¿Quién diablos sabe, Lorne? ¿Le molesta si hago una sugerencia, jefe? —preguntó Sam.
—Para nada.
—Debido a la fecha límite que tenemos, creo que deberíamos juntar a estos tipos, llamarlos para interrogarlos.
—Pero, papá, no tenemos tiempo para eso —Lorne miró su reloj— Son casi las ocho.
El jefe asintió en consentimiento.
—Dividan al equipo. Tienen un grupo más grande que el que yo tuve en toda mi carrera, úsenlos.
—Pero todos están ocupados con la investigación.
Su padre llevó la mirada al techo.
—Prioricen el objetivo. Vayan con lo que tienen. Dejen de buscar cosas que quizá nunca encuentren.
—Tu padre tiene razón, Lorne. ¿Qué están haciendo ahora los chicos? Están ocupados buscando al Unicornio, revisando lugares que ni siquiera sabemos si visitó. Sabemos que estuvo en esa fiesta. Talvez a alguno de los invitados se le escape algo que nos pueda dirigir a él. Tenemos que admitirlo, al ritmo que vamos, no llegaremos a ningún lado. Estoy de acuerdo. Traigámoslos. De los testículos si hace falta. —dijo Roberts.
—¿A esta hora del día? ¿Bromeas? No les gustará para nada.
—Me importa un carajo. Organicen todo. Lorne, iré a hablar con el comisario.
—Jefe, yo esperaría un poco para esa llamada. No sabemos hasta donde llegaremos con esto, ni quienes están involucrados.
—No puedo hacer eso, Sam. Sé que el comisario y tú no suelen pensar igual, pero si no lo mantengo al tanto… no sé qué pasaría. Dios, mis días como jefe estarían arruinados.