Capítulo Cuatro

—¿Está aquí? —Lorne supo que la secretaria intentaría detenerla. De todos modos se dirigió hacia la oficina del jefe.

—Sí, pero está en una reunión.

—¿Con quién?

—Con el comisario Greenfall. Y tengo prohibido que se los interrumpa.

La secretaria, Wily Fox, rápidamente se ubicó en la entrada de la oficina, antes de que Lorne pudiera darse cuenta.

—Quítate de mi camino. —Tomarla de su suéter y empujarla no logró nada más que un fuerte golpe en la puerta de la oficina. Si Lorne hubiera sido más pequeña, la mirada de la secretaria la hubiese intimidado, pero en cambio, Lorne intentó darle un empujón. La resistencia de la otra mujer hizo que ambas terminen apretadas contra la puerta.

—Tengo novedades urgentes para- —sus palabras se perdían mientras su cara se enterraba en la falda de la secretaria. Forcejearon hasta que ambas terminaron dentro de la oficina.

Lorne estaba avergonzada, no había nada que pudiera mejorar ese momento.

—Por todos los cielos…¿Qué…? —dijo el jefe, sin poder creerlo.

Le llevó un tiempo a Lorne desenredarse de Wily Fox.

—Lo lamento, jefe. Acabo de recibir una llamada del Unicornio, y pensé que debía informarlo de inmediato.

—Bueno, si es tan importante es mejor que tomes asiento. Gracias por intentarlo, Margaret. Quizá puedas traernos unos refrescos…

Wily Fox tuvo que tragarse la protesta. Cerró la puerta de un golpe, no sin antes enviarle otra mirada mortal a Lorne.

—Lorne —el comisario le dirigió un saludo seco. Su cabeza pelada brillaba bajo las luces de la oficina. Su rostro mostraba el desagrado que tenía por la abrupta interrupción de Lorne.

—Señor.

—Siéntate, Lorne —dijo el jefe. Ella se sentó junto al comisario Greenfall, el hombre que más detestaba en toda la policía metropolitana.

—Antes de concentrarnos en saber que te trajo hasta aquí de esa manera, quisiera expresarte mis condolencias por la pérdida de tu compañero. Pete era un buen hombre… uno de los mejores.

—Lo era, jefe. Será muy difícil de reemplazar —sin querer perder su postura, dijo de inmediato— a cerca del Unicornio…

—Por supuesto, inspectora. Sorpréndanos —dijo el comisario en un tono aburrido.

—Nos está chantajeando con el palacio de Westminster.

—¡Eso es absurdo! —gritó Greenfall moviéndose incómodo en su asiento.

El jefe superior de policía, Sean Roberts, lo ignoró —Continúa.

—Exige una suma de treinta millones de dólares en las próximas veinticuatro horas… A decir verdad… veintitrés horas y cincuenta minutos. Si no le damos el dinero que exige, hará explotar el palacio de Westminster. Yo creo que debemos tomarlo en serio, señor. No es común que él haga amenazas sin llevarlas a cabo.

—Ya veo… —el jefe sonaba calmo, pero su bolígrafo golpeaba cada vez más rápido su bloc de notas.

—Bueno, yo no lo tomo en serio —dijo Greenfall repentinamente.

—Con todo respeto, señor-

—Lorne. —advirtió Roberts.

—Con todo respeto, señor. ‘Caos’ es el segundo nombre de este tipo. Yo lo sé muy bien, he estado tras él por ocho años. Solo un tonto tomaría a la ligera lo que este tipo dice —Lorne entrecerró sus ojos.

—La inspectora tiene razón. Ella lo conoce mejor que nadie.

—¿Así es, jefe? Entonces respóndame esto. ¿Por qué no ha sido capaz de capturarlo todavía la inspectora Simpkins? Luego de ocho malditos años. El verdadero hecho aquí es que este terrorista ha evitado la captura por demasiado tiempo. La inspectora aquí presente ha permitido que se le escape de las manos.

El pulso de Lorne estaba fuera de control. ¿Cómo se atreve a cuestionar mis habilidades como inspectora?

—¿Usted tiene idea de la clase de persona que es el Unicornio, señor?

—He leído informes, inspectora-

—Quizá haya leído muchos informes, pero-

—Suficiente, Lorne —intervino Roberts.

—No toleraré insubordinación, jefe.

—Lo lamento, señor —dijo Roberts.

—No me refería a usted, Roberts, sino a su inspectora.

Lorne quería sonreír, pero logró ocultarlo. No tenía precio ver al comisario rezongar y resoplar como un toro furioso.

—Quizá pueda hacer una excepción esta vez, considerando lo que sucedió con su compañero. Este no es el comportamiento habitual de Lorne.

—Señor, yo-

—Ya basta, Lorne.

—No, déjala hablar. Veamos que tiene para decir la inspectora sabia.

La vanidad y el engreimiento del comisario llenaban de ira a Lorne. Cerró sus puños con fuerza, las ganas de borrarle esa sonrisa de superioridad de un solo golpe eran tan grandes que sus uñas quedaron marcadas en la palma de su mano.

—La verdad, señor, es que el Unicornio tiene a su alcance recursos que, francamente, nos dejan en desventaja. Modifica su apariencia más seguido de lo que yo me cambio la ropa interior. Con un simple chasqueo de dedos, él obtiene helicópteros, botes, incluso jets privados, en solo cuestión de minutos. Posee armas que el ejército ruso estaría orgulloso de tener. Mientras que, por otro lado, yo tengo prohibido hasta mirar una maldita arma, ni siquiera pensemos en que tome una. Incluso los chalecos antibalas están en falta por los recortes. Si no fuera así, mi compañero no estaría ahora tirado en la morgue, porque el chaleco que tenía ni siquiera le prendía.

—Es su compromiso con la sociedad, atrapar a este hombre lo antes posible.

El pretencioso hijo de puta ni siquiera pensó en las dificultades.

—¿Cómo? Ayer pensamos que lo teníamos acorralado y sin embargo nos tendió una trampa. Lo que necesito, señor, es especial exoneración para portar un arma. Tengo el entrenamiento necesario. Trabajé esas habilidades en mi propio tiempo con un instructor privado.

—Eso es imposible. Además, usted no tiene derecho a entrenamiento, es solo para empleados seleccionados. Exijo saber el nombre de su instructor —dijo Greenfall, enojado.

Mierda. —Em… No lo recuerdo, señor.

Roberts tosió incómodo. —A decir verdad, señor, Lorne tiene un punto válido allí. Le pido personalmente que considere su pedido. Siendo su superior, tomaré responsabilidad pura por sus actos.

Lorne contuvo la respiración. Podía ver como Greenfall estaba reflexionando a cerca del pedido.

—Está bien. Estoy de acuerdo si es la única manera de atrapar a este criminal. Pero el comisionario deberá dar el permiso. ¿Cuál es el siguiente paso, inspectora?

—Mi equipo está revisando los videos de las cámaras de seguridad del incidente de ayer. Nuestra prioridad es identificar al tipo este. Tenemos videos suyos de otras escenas, y el equipo forense está trabajando en un software de reconocimiento de rostros para ver si encontramos alguna coincidencia. Desafortunadamente para nosotros, solo se lo ha visto en tres localidades.

El comisario se puso de pie y se dirigió hacia la puerta. Dio una orden innecesaria sobre su hombro mientras abandonaba la oficina. —Manténganme al tanto de cualquier novedad.

—Sí, señor —dijeron Lorne y Roberts a unísono.

En el preciso instante que la puerta se cerró, Roberts le preguntó a Lorne —¿Qué mierda fue todo eso?

—Es un malparido. Y ambos lo sabemos.

—Y estoy de acuerdo. Pero debes controlar ese temperamento tuyo, o te sacará de la fuerza más rápido de lo que crees.

—¿Tal como sacó a mi padre, quieres decir?

—Ya olvídalo, mujer. Sabemos que tu padre ya lo superó.

—¿Ah, sí? ¿Y tú como mierda sabes eso? ¿Cuándo fue la última vez que lo viste? Da pena ver cómo pasa sus días sentado en el jardín, mirando sus plantas. El jardín que solía cuidar con tanto orgullo y que ahora solo parece una mini jungla.

—Lorne, tu padre dejó la fuerza hace dos años. Tú sabes, tanto como yo, que su depresión comenzó cuando tu madre murió —él salió detrás de su escritorio, se sentó en el asiento que había desocupado el comisario y tomó a Lorne de las manos. La muestra de preocupación la afectó, y comenzaron a caer lágrimas por su rostro.

—Vamos, cariño, desahógate.

La voz de Sean la trasladó a una fiesta familiar que habían tenido cinco años atrás. Podía ver a su hermosa madre, llenando la mesa de deliciosa comida. Era una calurosa tarde de julio, y todos se habían reunido para un asado familiar. El papá, vistiendo su más nuevo delantal obsceno, daba vueltas las hamburguesas y salchichas, mientras que Pete, bebiendo una lata de cerveza de un trago, charlaba con Tom del Arsenal, su equipo de fútbol favorito. Charlie, su hija angelical, ayudaba a su abuela a llevar los platos y cubiertos de plástico.

¿Qué era de esas personas? Pete estaba muerto, a mamá se la había llevado el cáncer de mama diez meses atrás y papá actuaba como si ansiara que llegara el día que la acompañe. Su matrimonio estaba en ruinas y Charlie estaba atravesando la terrible adolescencia.

—No debes ser amable conmigo. Todo estará bien. Solo que tratar con estúpidos como Greenfall hace que me pregunte si todo esto vale la pena.

—Escucha, Lorne. Quizá necesites un descanso-

—¡No!

—Está bien, yo solo pensé-

—Lo sé, y aprecio tu preocupación, jefe, pero no puedo perder tiempo. No ahora. No con el Unicornio activo. Tengo que estar para lidiar con él. Estaría defraudando a Pete si me retirara ahora. Además hay algo que no te he dicho.

—¿Qué cosa?

—Creo que tenemos un infiltrado aquí…