Capítulo Cuarenta y Dos
Sasha también había estado intentando leer las expresiones de Gary, y por lo que podía ver, el Unicornio estaba consciente de ello. La manera en la que sostenía a Gary parecía una advertencia. De todas maneras, ella sentía algún tipo de esperanza al ver la manera en que Gary la observaba.
¿Es posible que Gary esté intentando cambiar de bando?¿Hay posibilidades de que pueda ayudarme? No podía arriesgarse a ilusionarse tanto, ¿o sí? No, no, no. Sería tonto de su parte.
Su atención volvió al Unicornio cuando escuchó el chasquido de los dedos. Hablando como un profesional de eventos, anunció:
—Cierren las cortinas. Están a punto de ver una de mis películas favoritas. Espero que la disfruten, chicas. Es una película que grabé yo mismo con un objetivo en mente.
Su enferma y malvada sonrisa hizo que Sasha sintiera escalofríos. Podía sentir la tensión del ambiente. La pantalla se encendió. Sasha susurró:
—Familia mea. Mama, şi Tatăl, şi Jordi, şi Johan.
—¿Tu familia? —dijo Charlie en voz baja.
Sasha asintió. La felicidad que sentía al ver a sus hermanos jugando juntos y riendo, se tiñó con preocupación que se transformó en terror al ver que el balón llegaba al primer plano. El pie de un hombre la detuvo. Su corazón se aceleraba al pensar de quien sería el pie, pero casi se le sale del pecho al ver el miedo en las caras de sus padres mientras llamaban a los niños.
La cámara mostró lo que había alrededor, y al girar, Sasha vio su amado hogar, ubicado en el medio de los campos, donde ella solía correr de pequeña. A la distancia se veían las casas de sus vecinos y seres queridos.
Finalmente la cámara volvió a mostrar al horrible y enorme tipo con el pie todavía en el balón de su hermano. Su risa amenazante retumbó por los parlantes y causó eco en la sala muda. Cuando terminó de reírse, le hizo señas al resto de los hombres para que se acercaran.
Sasha sintió que se ahogaba. Comenzó a sudar.
—Nu, nu… te rog… nu.
No podía soportarlo. De a poco rodeaban a su familia, dejándolos sin salida. Una vez más, pero silenciosamente, rogaba. No, por favor, no.
La risa despiadada del Unicornio le penetraba los oídos. Ella lo miró. Ella intentó ponerse de pie, pero el guardia volvió a sentarla en su lugar. Su cabeza explotaba de odio, y la baba le caía por la barbilla mientras gruñía:
—¡Te Urăsc, nenorocitule!
Él se rio.
—Sí, soy un bastardo, ¿verdad? Y Sasha, querida, no puedes odiarme más de lo que te odio yo a ti. Pero sigue mirando. La próxima parte es bastante entretenida.
Ella vio que Gary intentó caminar hacia ella, pero el Unicornio le envió una mirada mortal de advertencia. A su lado, Charlie amagó también a ir detrás del Unicornio, pero fue detenida.
El grito de su mamá hizo que volviera su atención a la pantalla. Jordi gritó.
— ¡Fiul meu, nu, pleae nu-l doare. Nu, Oh Hol Maria Maica lui Dumnezeu, ajută-ne!
Oh, Dios. Su mamá le rogaba a los hombres, quienes arrastraban a su hermanito, que no le hicieran daño y rezaba para que Santa María los ayude.
—Oh, Sasha, Sasha —Charlie la abrazó.
—Silencio. Cierra la boca, pequeña. O te prometo que la próxima será tu familia.
Alejaron a Charlie de Sasha, y quedó sentada derecha en su lugar. Sasha sentía el temor de su amiga, y deseaba sostenerle la mano. La soledad y desesperación obstruían su corazón. La escena que veía en la pantalla le llevaba la sanidad al límite al escuchar los gritos desesperantes de su hermanito. Esos gritos de terror le perforaban el alma. Dos hombres tomaron el cuerpo retorcido del niño y otros dos lo ataron a un poste. Una vez que estaba bien sujeto, lo rodearon de ramas. Sus gritos se convirtieron en ruegos hacia su mamá y papá para que lo ayudaran.
—¡Mama, Tata, ajuta-ma… Ajuta-ma!
Sasha no podía llorar. La agonía le había secado la garganta. El llanto, los sonidos de asombro y los ruegos de las chicas en la sala, cada una hablando en su lengua natal, la hacían sentir en un limbo, entre el lugar donde estaba y su amada Rumania.
En la pantalla se veían escenas que tocaban su corazón, imágenes que iban más allá de su familia, que la transportaban al pasado. Sentía como si estuviera flotando, sin que la vean, cerca de ellos. Todo se volvió confuso cuando un ruido fuerte y agudo la hizo caer en la realidad. Allí, en la pantalla, podía ver a su hermanito, un niño de ocho años, cubriéndose en llamas.
Ella tomó aire, sintiendo que se desmayaba. Así no sentiría dolor, ni miedo. Mamá le sonreía, y papá tomaba su mano. Todo estaría bien…
El golpe de agua helado en su cara la despertó. De golpe vomitó. El líquido salió por su nariz y cayó chorreando entre sus senos. Una fuerte cachetada hizo que su nariz sangrara y la sangre llegue a su boca.
Al abrir los ojos, vio al Unicornio frente a ella. La saliva se juntaba en su boca. Juntó todo lo que podía y lo escupió con todas sus fuerzas. La saliva rojiza le golpeó la cara.
—Levántenla.
Uno de los hombres ubicados detrás de la silla de Sasha, la tomó con fuerza y la puso de pie.
No lograba mantenerse firme de los golpes en su estómago. Largó aire por la boca y luego no fue capaz de volver a respirar. Sus ojos sobresalían. Las lágrimas y el sudor se mezclaban al recorrer su rostro. Imágenes atroces se le cruzaban por la mente, sin parar. Llamas ardiendo, gemidos de dolor cada vez más fuertes al acercarse a la muerte. La voz de su mamá, desbordada por la agonía, diciendo:
— Sasha mea, te iubesc. Fii puternic… Live pentru noi… Slavă Tatălui şi Fiului…
Sasha, te amamos. Vive por nosotros. Sé fuerte. La gloria estará con el Señor…
Las llamas comenzaron a subir por su cuerpo hasta que su rostro quedó completamente cubierto y su oración murió en sus labios.
Con su madre ya incinerada, llevó la mirada hacia su hermano mayor y su padre. Ambos prendiéndose fuego, las chicas alrededor de ella sollozando, Charlie llorando desesperadamente, y el último mensaje de su padre.
— Sasha, viaţa noastră trăi în tine. Nimic din toate astea e vina ta. Fii tare, copilul meu. Te iubesc.
Sasha, nuestras vidas siguen en ti. Nada de esto es culpa tuya. Sé fuerte hija mía. Te amo.
—Está despertando. Vamos Sasha. Ya todo terminó. Vamos, despierta.
Las voces parecían venir por un túnel. Era una voz amable y cariñosa. Reconoció que era Gary. Abrió los ojos justo para ver como el Unicornio lo quitaba del camino.
Sus sentimientos habían quedado nulos, fríos y completamente desprendidos de su cuerpo. En la pantalla todavía se burlaban de ella, no con imágenes, pero con letras.
La historia de la familia de Sasha.
El fin.
A su lado, Charlie lloraba por debajo, sin hacer ruido prácticamente. Sasha sabía que lloraba por ella y no por sí misma, y la postura rígida de Charlie le confirmaba el espíritu guerrero que tenía.
—Sasha, me lastimas. Lo que viste es solo una parte de mi venganza por tu traición. Tengo más castigo para ti —El Unicornio luego miró a Charlie— Y tú, engendro de mierda, sufrirás el mismo destino. Ahora, Sasha querida, necesito cuatro chicas. Necesito que elijas a dos.
Ella no respondió. Algo había cambiado en ella. Estar carente de sentimientos ahora, le daba el coraje que siempre había soñado. Estaba decidida a escapar. Sabía que lo haría. Por la memoria de su pobre familia, ella sería libre.
—No me ignores, perra.
El golpe que esperaba no se materializó. El Unicornio le sostuvo la cara y la movió para que lo mire.
—Elije, o mueren todas.
Cuando ella no respondió, él dijo:
—Muy bien, decido yo. Las dos más pequeñas que se integraron hace poco.
—No. Elígenos a nosotras —Toni y Carli, dos chicas más grandes que habían entrado con Sasha, se pusieron de pie.
—Entonces existe el honor entre las putas, después de todo.
—No somos putas por elección. Pero sí somos buenas Rumanas —Sasha lo escupió —Son tú y tus mugres quienes nos han manchado. Hijo de puta.
—Me estás diciendo que soy un bastardo de mierda. ¡Ja! Me honras. Pero soy mucho más que eso, ya lo verás. —Se rio fuertemente, y luego pausó por un momento, mirando a su alrededor furioso. Sasha se imaginó que estaba enojado porque sus hombres no se habían reído con él.
—¿Sucede algo? —dijo él, mirando a los hombres, uno por uno. Gary fue el único que no respondió. Todos los otros negaron con la cabeza. El Unicornio miró a Gary. La mirada intensa sacudió la determinación que Gary sentía, y luego de que el Unicornio preguntara una vez más, él respondió:
—No, jefe.
—Ya basta de estos juegos inútiles. El tiempo corre. Solo tenemos cuarenta minutos. Prepárenlas.
Dos guardias se acercaron. Ambos cargaban dos chaquetas sin mangas. Cada una llena de explosivos.