Capítulo Cuarenta y Tres

Eran casi las once y veinticinco cuando Roberts y Lorne llegaron al punto de encuentro donde comenzaría la muestra. Miles de protestantes se reunían en grupos, organizándose. Parecía un carnaval. Agitaban distintos carteles, entre los cuales, Lorne vio uno que sostenía la persona que esperaba para liderar la marcha. Representaba al Señor Robin Cook, quien era un crítico de la guerra con Iraq.

Basándose en una mirada rápida, no se notó nada raro. Lorne esperaba no equivocarse al poner toda su fe en este solo evento.

Notó un par de camionetas blancas en la calle, y se preguntó si Tony estaría en alguna de ellas. Como si estuvieran leyéndole la mente, la camioneta que estaba más cerca a ella le hizo señales de luces. Ella contestó asintiendo con la cabeza.

Luego de unos minutos, la demostración daba inicio. Lorne y el jefe seguían al grupo a paso de hombre, pero pronto se aburrieron y decidieron tomar un atajo y adelantarse. Siendo el jefe el conductor, Lorne se mantenía atenta, mirando hacia todos lados en busca de cualquier cosa sospechosa.

—¿Algo? —preguntó el jefe.

—Nada fuera de lo normal. ¿Crees que leímos bien las pistas? —contestó Lorne.

—Es difícil de decir. Espero que estemos en lo correcto, solo nos quedan treinta minutos hasta la hora límite.

Cuando pasaban lentamente por la calle Great Peter, el jefe dijo:

—Allí…. Mira.

Lorne miró hacía donde el jefe apuntaba con su dedo. Había una camioneta negra, con las ventanillas tapadas, estacionada en un ángulo raro que parecía indicar un detenimiento imprevisto más que un estacionamiento planeado.

—Puede ser interesante, aunque es demasiado obvio, ¿no te parece? Ese vehículo pide a gritos que lo investiguen. Estaciona.

Mientras se detenía, el jefe dijo:

—Esa puede ser justamente la estrategia. Que sea tan obvio que no lo creamos. Comunícate con Warner. Con suerte él esté en una de las camionetas de vigilancia y pueda averiguar algo más rápido que nuestra gente.

Lorne tomó los binoculares que estaban en el asiento de atrás del coche del jefe y enfocó para ver el número de patente de la camioneta.

—Diablos, solo puedo ver la mitad del número. Ese auto de mierda me bloquea el resto.

Buscó su celular y seleccionó el último número en llamadas recientes.

—Hola Tony, ¿estás en alguna de las camionetas?

—Sí, yo fui quien te hizo señas de luces. ¿Tienes algo?

—No estoy segura. Tenemos una camioneta sobresaliendo en la calle, de esas que los de la mafia usan en la tele. Pero el jefe cree que vale la pena investigarla. Él piensa que hay chances de que hayan elegido un vehículo así a propósito, con el fin de que siendo tan obvio, lo ignoremos. Hazme un favor y averigua lo que puedas según la patente. Aunque solo pude ver la mitad.

—Dispara.

—Noviembre, Mark, cero, seis, Romeo. Y eso es todo. Es una Ford Transit negra.

—Por Dios, veo que no esperas demasiado de esto, ¿Verdad? Espera en línea, por favor. Uno de los chicos está buscando en la base de datos.

Lorne mantenía la vista fija en la camioneta.

—Ya casi está, Lorne. Veamos, tenemos veinte coincidencias.

—Mierda. ¿Algo que nos lleve a Abromovski de nuevo?

—Negativo. Estamos asociándolo con todos los nombres particulares y empresariales del ruso y todo sale en blanco. Todavía estamos siguiendo la marcha. ¿Dónde estás? Intentaremos acercarnos y ver si podemos averiguar algo más, o si vemos algún movimiento sospechoso.

Ella le dio la ubicación. Él le dijo que solo estaban a unas cuadras de distancia y que estarían allí en un par de minutos. No pasó mucho tiempo hasta que pudo ver como aparecía el auto frente a la camioneta.

Sonó el teléfono. Ella atendió.

Antes de que Lorne pudiera decir algo, Tony dijo:

—Bien, tenemos la patente completa ahora. Coincide con una camioneta robada esta mañana.

—Eso da un giro positivo a las cosas, supongo —ella miró a Roberts y le pasó la información.

—Lorne, ¿Estás ahí?

—Sí, Tony. ¿Por qué? ¿Pasó algo?

—El satélite está conectándose, ya podemos oír un poco. ¿Puedes escuchar algo?

Lorne puso atención.

—Prepara a las chicas —se escuchó, luego de mucha interferencia— Dije que te quedes quieta, perra.

Una chica gritó:

—Déjala tranquila —se escucharon unas bofetadas.

A Lorne se le detuvo el corazón.

—Esa es Charlie. Tony, mi hija está en esa camioneta.

—Está bien, Lorne. Debemos ver como resulta esto. Podría brindarnos información vital para dar con cualquier amenaza. Es la única manera de detenerlo. Intenta mantenerte en calma y objetiva.

—¿Eso es lo que harías tú si tu hija estaría allí adentro?

—No. Yo perdería el control. Pero te ruego que no lo hagas. Hay mucho en juego, y si perdemos la calma, pondríamos a Charlie en una peor situación. Por lo menos está viva. Si comenzáramos un tiroteo podría terminar siendo una víctima. ¿Lorne? ¿Lorne, me estás escuchando?

—Por Dios, estás pidiendo demasiado, Tony.

—¿Lorne? —gritó Tony.

Sean le sostenía la mano. Ella había activado el altavoz, para que él escuchara lo que sucedía y lo que Tony había dicho. Tomó el celular de su mano temblorosa.

—Estará bien, Tony. Solo dale un segundo. Te llamaremos enseguida.

—¿Estás segura de poder seguir, Lorne? —preguntó Roberts.

Dolor y enojo se acumulaban dentro de ella. Intentó alejar su mano de la de Roberts, pero él la tomó más fuerte aun. Exhalando el aire que había contenido por los últimos treinta segundos, asintió con la cabeza.

—No te preocupes por mí, Sean. Lidiaré con cualquier mierda que tenga preparada este hijo de puta, con tal de recuperar a mi pequeñita sana y salva.

—Escucha, no es tarde todavía para que te retires. Puedes volver a casa y esperar junto a Tom…

Dije que estaré bien. Sé que lo que más quiero es ir y llenarlo de tiros, pero entiendo lo que dice Tony. Si hiciera eso, Charlie estaría en más peligro del que está ahora.

Ella volvió a llamar a Tony.

—¿Está todo bien, Lorne?

—Sí, Tony.

—Bien, mientras no estabas, comenzó una pelea. Todavía están discutiendo. Estimo que uno de sus seguidores lo está enfrentando.

—Suena interesante. Disculpa mi ignorancia, Tony. Pero, ¿Hay algún satélite que pueda decirnos cuantos cuerpos hay en esa camioneta?

—Debería poderse. Estamos conectando otro satélite mientras hablamos. Allí está. Según mis cálculos, pareciera que hay siete personas atrás, y una en el asiento del conductor. Ahora pasó atrás con los demás. Sí, son ocho personas en total.

—Quizá, esto sea imposible de contestar, pero ¿Sabes cuantas chicas hay?

—Podemos divisar cuatro cuerpos más pequeños y delgados. Los otro cuatro se ven más grandes, como si fueran guardaespaldas. Espera. La discusión estalló nuevamente.

Todos se quedaron en silencio, escuchando lo que sucedía en la camioneta.

—No dejaré que la vuelvas a lastimar.

—Y dime, Gary, ¿Qué piensas hacer para detenerme? Empiezas a quererla, ¿verdad?

—Esa fue la voz del Unicornio, Tony —interrumpió Lorne.

—No. Solo creo que ya pasó por demasiadas cosas hoy, teniendo en cuenta que se sentó a ver en video como su familia era quemada viva hasta morir.

—Ohh, Y dime, Gary, ¿Qué hay de tu familia? ¿Sabes dónde están ahora?

—¿Por qué lo dices? Maldito hijo de puta…

A continuación se escuchó lo que parecía un forcejeo entre los dos hombres, hasta que se oyó un golpe seco y una chica con acento que decía:

—¿Estás bien, Gary? ¡No! Por favor no te pongas en peligro por mí.

—Así es, Gary. Sasha está bien. ¿No es verdad, cariño? Solo déjame mostrarte que tan bastardo puedo ser.

Se escuchó lo que parecía el ruido de un hueso al quebrarse, seguido de un grito de extremo dolor.

Por favor, Charlie, mantente fuera de esto, pensaba Lorne, apretando los ojos con fuerza mientras escuchaba.

Sean golpeó el volante con su mano.

—Jesús Cristo. Parece como si el Unicornio estuviera bajo mucha presión. Está cerca de la locura. ¿Qué demonios está planeando?

—No lo sé. Pero más importante, ¿Cómo sacaremos a esas chicas de allí… y vivas? —preguntó Lorne.

Para ese momento, la marcha ya había llegado a la camioneta. Algunas personas ya habían comenzado a reclamar. Con todo el ruido que traía la marcha, era imposible escuchar lo que sucedía en la camioneta, hasta que el inconfundible ruido de un disparó irrumpió en el aire.