Capítulo Cuarenta y Siete
Lorne pasó por debajo de la cinta policial y se apresuró hacia Charlie, pero un oficial la detuvo.
—No puede pasar, señora.
De inmediato, buscó su placa y se la mostró. El oficial se hizo a un lado. Escuchó una voz lejana llamándola. Luego se dio cuenta que provenía de su teléfono.
—Lorne, vimos lo que pasó. Por favor, dinos que Charlie no está…
No podía contestar. Ni siquiera ella sabía cuál era la respuesta.
—Lorne…
Ella terminó el llamado. No tenía tiempo para nada que no fuera Charlie.
—Estoy aquí, cariño. Mamá está aquí.
Levantó con cuidado la cabeza herida de Charlie y la posó sobre su falda, meciéndola hacia atrás y hacia adelante, tal como lo hacía cuando Charlie era un bebé. Pasó la mano suavemente por la herida. Parecía poder oír su propia voz repitiendo el nombre de su hija mil veces. Además se podía escuchar a las chicas pidiendo ayuda desesperadamente. Todas posibles blancos.
Charlie todavía tenía un pulso fuerte. Lorne evaluó la herida y se dio cuenta que era superficial. No creía poder sobrellevar otro tiroteo con el mismo resultado que el anterior.
—Lorne —la voz angustiada de Tom se escuchó a lo lejos. Su cara reflejaba el mismo trauma que ella sentía. Él se quedó duro como una estatua. Ella sabía que estaba en un estado de completo shock, y le preocupaba pensar como le afectaría. Llamó a uno de los oficiales que estaba cerca y le pidió que revisaran a Tom.
—Charlie, mi amor, ¿Puedes oírme? —mientras hablaba, vio como el oficial se encargaba de Tom. Alguien le había brindado asiento y un vaso con agua. Él levantó el otro brazo para hacerle saber que estaba bien.
Su teléfono volvió a vibrar. Atendió y escuchó la voz traumatizada de Sean.
—¿Lorne? Lorne, ¿Charlie se encuentra bien?
—Le dispararon… Oh, Sean, haz que el equipo entre en acción.
—Oh, por Dios. Iré de inmediato.
—No. Debes seguir los pasos del hijo de puta. Atrapa al desgraciado que le hizo esto a mi pequeña niña.
—Lorne... ¿Está… muerta?
Ella se dio cuenta por su tono de voz, lo doloroso que había sido pronunciar esas palabras.
—No. Creo que es solo un roce. Tiene pulso, pero los paramédicos no pueden acercarse. Todavía está enredada en este puto chaleco.
—¿Estás con ella? Dime la verdad, Lorne ¿Sobrepasaste la valla?
—Sí. Está posada en mi regazo como un pequeño ángel. Dios, por favor no la conviertas en uno todavía.
—Está bien… mantén la calma. Necesito que cuelgues. Debo hablar con alguien, ¿de acuerdo?
Sin contestar, ella colgó.
***
Roberts se detuvo a un lado y llamó al centro de investigación.
—Habla el jefe Sean Roberts. Necesito que me comuniquen de inmediato con Sam Collins —sus dedos repiqueteaban en el volante.
—Hola, jefe. ¿Cómo está todo?
Roberts notó la preocupación en la voz de Sam, y se preguntó cómo debería seguir.
—Asumo que no vio las últimas noticias.
—Acabo de entrar en la oficina. Estuve observando los interrogatorios. ¿Por qué?
—Oh, Dios, Sam. ¿Por dónde carajo empiezo? Mira, enciende el televisor y mantente al tanto de lo que sucede. Sam, no hay manera de disfrazar esto… Las cosas han dado un vuelco terrible. Charlie está en peligro. En este momento es una bomba humana en el Palacio de Westminster junto a otras tres… dos chicas. Le han disparado… Lorne está con ella.
—¿Qué? Por Dios, ¿Y nadie me dijo nada? ¿Qué tan grave es? ¿Está…?
—No. Está herida, no muerta. Acabo de hablar con Lorne por teléfono. Me dijo que la bala rozó a Charlie. Parece que él está jugando.
Un sonido como si fuera un suspiro lleno de dolor atravesó el teléfono.
—Sam… Sam, ¿Te encuentras bien?
—Sí. Tuve que sentarme. Santo cielo, Sean, dime que tienen todo bajo control. Dime que lo solucionarás.
—Sabes la respuesta, Sam. Me conoces, y conoces a Lorne.
—Así es. Espera un segundo, hay noticias. Dicen que alguien secuestró al hijo del primer ministro. ¿Esto es así?
—Es verdad. En este momento estamos rastreando el vehículo. Sam, necesito tu ayuda. ¿Puedes ver a Lorne?
—Sí. Oh no, está detrás de la valla.
—Lo sé. Necesito que la convenzas de salir de ahí.
—Será una pérdida de tiempo. Ponte en su lugar. Si esa fuera tu hija allí, harías todo lo posible para ayudarla, ¿Verdad?
El jefe dudó, pero solo por un segundo.
—Quizá tengas razón, Sam, pero ¿puedes al menos intentarlo? Un francotirador, probablemente uno de sus matones, le disparó a Charlie. Podría hacer lo mismo con Lorne.
—Estamos hablando de una mujer muy obstinada, Sean.
—Lo sé. No hace falta que me digas lo terca que es.
—Veré lo que puedo hacer. Supongo que no hay riesgo en llamar a su celular. ¿Es Tom el que está sentado cerca de los policías?
—Sí. Lorne lo llamó para apoyo emocional. El propósito era mantener a Charlie distraída, sin pensar en el chaleco. Y no, no hay riesgo alguno. Ya lo consulté con el equipo de explosivos antes de llamarla.
—Bien. ¿Qué chances tenemos, Sean? Quiero decir, ¿Hay posibilidades de que los chalecos detonen?
—Creemos que los chalecos son solo una trampa. Intentamos bloquearlos y no pudimos. Conociendo al Unicornio, debe tener algo más preparado. Ya utilizó uno, el francotirador. Por eso mi urgencia en sacar a tu hija de ahí.
—Comprendo, Sean. Déjamelo a mí. Nos comunicaremos en un rato. Conseguimos información bastante intrigante en los interrogatorios.
—Excelente. Me quedaré otra media hora aquí y luego regresaré a la base. Gracias por tu ayuda, Sam. Haz lo mejor que puedas.