Capítulo Cincuenta
El líder del escuadrón de explosivos se detuvo junto a Lorne. Pudo sentir como la recorría una sensación de alivio. Observó a su alrededor. Se vio rodeada de personas que parecían alienígenas en sus trajes especiales. Un par de paramédicos se encontraban unos metros más atrás, esperando para atenderlas, ya que no podían ver a Charlie hasta que les dieran el visto bueno. A su izquierda solo veían un mar de luces rojas y azules. Más atrás, Tom sentado con cara de agonía, junto a un paramédico. Las chicas habían dejado de gritar, y estaban paradas sin moverse, como si el tiempo se hubiese detenido, mirando a Lorne. Ella les dedicó una sonrisa alentadora.
—Todo estará bien, chicas. Estos hombres son expertos. Desactivarán las bombas y estarán seguras. Solo esperen unos minutos.
Sasha, una vez más con su voz y tono valiente, tradujo a su lengua natal lo que Lorne había dicho así su amiga entendía.
Que niña amable, siempre pensando en los demás.
—Señora, tendré que pedirle que se retire ahora. —dijo uno de los oficiales.
Ella sacudió la cabeza.
—No puedo irme, por favor no me pida eso. Esa es mi niña, no puedo abandonarla.
—No se lo estoy pidiendo señora. Se lo estoy ordenando. Su presencia está estorbando nuestro trabajo. Si se queda aquí, estará poniendo en riesgo la seguridad de su hija. ¿Me entiende?
—¡Por Dios! No, quiero que esté a salvo.
—Haremos todo lo posible, señora. Lo mejor que puede hacer para ayudarnos, es dejar a su hija ahora. Entiendo lo difícil que es, señora, pero créame que no se lo pediría si no fuera realmente necesario.
—¿Cuánto tengo que alejarme?
—Nuestra tarea es proteger a todos. Solo podemos protegerla realmente si está fuera de alcance, por lo que tendré que pedirle que se ubique detrás de la valla, señora.
Lorne sabía que debía obedecer, aunque le partiera el corazón. Demorar el procedimiento sería perjudicar a Charlie. Cuidadosamente, levantó a Charlie de su regazo y se puso de pie. Mirándo a las chicas, les sonrió y les pidió que tuvieran fe.
—Escuchen, creo tanto en estos hombres, que dejo a mi hija en su cuidado. No tienen por qué preocuparse.
Ambas niñas le contestaron con una sonrisa.
Una vez detrás de la valla, y en los brazos reconfortantes de Tom, Lorne rezaba sin parar.
El oficial con el que había hablado, revisó el chaleco de Charlie. El hombre le reflejaba seguridad y confianza por la manera gentil y amorosa con que trataba a su hija. Los segundos parecían horas, incapaz de hablar, viendo como estaba en juego la vida de su hijita, a metros de ella. Sabía que si perdía a Charlie, su mundo se terminaría.
El escuadrón estaba conformado por cuatro integrantes. Dos de ellos asistían a Charlie, intentando liberarla de su chaleco, y los otros dos estaban junto a la niña fallecida, Toni. Lorne creía que procedían de esta manera por dos motivos. Primero, de seguro era un chaleco más fácil de remover, y segundo, era una manera de demostrarles a las chicas que se podía hacer y así, lograr mejor cooperación.
El silencio reinaba en el lugar. Ambos equipos trabajan en sincronización. El oficial a cargo dirigía indicaciones y el otro equipo las seguía al pie de la letra. Había terminado.
Lorne y Tom se abrazaron fuertemente, soltando los respiros que tenían contenidos. La tarea había llevado un total de dos minutos en realizarse, pero para ellos había sido una eternidad. Suspiraron al segundo de ver que Charlie y Toni eran liberadas de los chalecos.
Una vez desactivados, los oficiales dejaron los explosivos en el suelo y procedieron a atender a las otras dos chicas. El oficial se comunicó con ellas en todo momento, preguntándoles sus nombres y recordándoles lo importante que era mantener la calma.
Cinco minutos más tarde, las cuatro chicas estaban libres de los explosivos. El equipo llevó los chalecos hasta el vehículo especial y los dejó uno por uno. En el momento que el vehículo se alejó velozmente, la multitud suspiró y festejó. El equipó revisó rápidamente el área y los paramédicos se acercaron a asistir a las chicas. Hubo un sentimiento de tristeza en la gente cuando se cubrió el cuerpo de Toni.
Lorne y Tom subieron de inmediato a la ambulancia con Charlie.
—Su vida no está en peligro. Todo está funcionando como debería —dijo uno de los paramédicos— aunque sí tiene muchas heridas. No se encuentra del todo bien, y tiene por delante un largo camino de recuperación, pobre pequeña.
—Muchas gracias. ¿Cree que despertará pronto? —preguntó Lorne.
—No. Intentó despertar, lo que es bueno, pero la sedamos. Imagino que ese será el procedimiento a seguir por las próximas doce horas o quizá más. Hay riesgo de que su cuerpo entre en shock, por lo que intentaremos disminuir ese riesgo todo lo posible. De camino al hospital curaremos las heridas superficiales. Las limpiaremos e intentaremos evitar la infección. Lo más importante es que sus signos vitales están normales.
—Gracias —Lorne se inclinó y besó a Charlie en la frente.
—¿Vendrás al hospital con nosotros? —preguntó Tom. Luego la sorprendió al agregar —Entiendo si no lo haces. Yo me quedaré con ella y te mantendré informada.
Ella se dio cuenta por el amor que mostraban sus ojos, que esta vez de verdad la entendía. Él la abrazó y la besó en los labios. Le dio un beso tierno, que selló su amor por ella. —Y no vuelvas a casa hasta que hayas matado a ese hijo de puta o lo hayas puesto tras las rejas. ¿Me escuchaste?
Luego, con un poco de humor, le giró ciento ochenta grados y le empujó suavemente hacia una de las camionetas blancas donde se encontraba el equipo de Tony.
—Gracias por entender Tom. Te amo. Y por favor dile a ella cuando despierta que también la amo. Por favor, llámame a penas lo haga e iré de inmediato.
—Así será —dijo él.
Tony abrió la puerta de la camioneta.
—¿Cómo se encuentra? Supongo que está fuera de peligro…
—Si… Gracias a Dios.
—Siéntate, Lorne, Estás temblando. Toma, aquí hay un poco de café. Está un poco frío, pero fuerte y dulce. Te hará bien.
—Gracias —intentando mantener la voz firme, le comentó sobre la situación de Charlie— No son las heridas visibles lo que me preocupa. Vivió un infierno, Tony. La mantendrán sedada. Tom se quedará con ella, pero en el momento que despierte, quiero estar allí con ella. Mientras tanto tenemos un bastardo que atrapar, uno que yo misma quiero patear en las pelotas.
—Ponte en fila. Lamento todo lo ocurrido, Lorne. Te recomiendo que vayan a terapia en cuanto se recupere.
—Gracias por tu consejo. ¿Hemos logrado algún avance?
—En un principio pensamos que lo teníamos, a él y a la banda, pero resultó ser una maniobra de distracción— él le explicó cómo habían cambiado de coches.
—Mierda ¿Cómo carajo hace? Siempre consigue todo.
—Es un tipo muy peligroso, como ya sabes, Lorne. Hay mucha gente que le tiene miedo, y cuando ves de lo que es capaz, entiendes por qué. Tenemos que mejorar nuestro juego y ponernos a su altura.
—Entonces, ¿Qué hacemos ahora?
—¿Te enteraste de la muerte de Abromovski?
—No sé los detalles, pero supongo que no hace falta preguntar quién lo mató.
—Así es. Él solo sigue confirmando la clase de hijo de puta que es. Digamos que la pequeña Charlie tuvo mucha suerte.
—No puedo ni pensarlo. Debo volver a la estación, ¿Podrán llevarme?
—Creo que podemos, ¿verdad chicos?
Los oficiales asintieron. Uno de ellos saltó hacia el asiento de adelante y encendió el motor.