Capítulo Cincuenta y Dos
—Detente. He cambiado de opinión —le dijo el Unicornio a Ramón.
Ramón pisó el freno de golpe. Las ruedas resbalaron en la calle de polvo que los dirigía hacia Kent.
—Pero, jefe… Ya casi llegamos-
—Ya lo sé. Pero ahora prefiero ir a otro lugar, ¿Tienes algún problema con eso?
—No, no. Por supuesto que no, señor. Es solo que me sorprendió, eso es todo.
—Bien. Sigue así. Estoy seguro que al ser testigo de lo que le pasó a tu compañero, no querrás seguir su camino. Solo recuerda que él terminó así por cuestionar mis decisiones.
Se podía ver cómo temblaba Ramón. Eso le dibujó una sonrisa en la cara al Unicornio. Había hecho lo correcto al matar a Gary. Además del placer que le había causado, había servido para mantener al resto atento a sus errores.
—Llévame a la casa del juez Walter Winwood.
—Está bien. Está a treinta minutos de aquí.
—Haz que sean veinte.
—Disculpen, pero antes de irnos, necesitaría ir al baño —dijo Simon Clovelly.
—Te quitaré la capucha y podrás hacerlo por la ventanilla, mientras seguimos camino. Pero no te enseñaron como hacer eso en la escuela privada, ¿verdad?
—Entonces preferiría no hacerlo, gracias.
—Es tu decisión, idiota. Ahora cállate. Tengo un llamado que hacer.
El Unicornio abrió su celular y presionó el número uno.
—Inspectora, que bueno escuchar su voz de nuevo.
—¡Hijo de puta!
El Unicornio soltó su risa macabra. Esta vez la hizo temblar de verdad. Él lo disfrutó.
—No hace falta que rías, basura. Esta vez frustramos tu malvado plan. No tuviste éxito, ¿me escuchaste?
—Al contrario, inspectora. Yo creo que salió a la perfección. ¿De veras cree que esas niñas significaban algo para mí? ¿Incluso volar por el aire el palacio? No. Solo la mantuve ocupada mientras yo obtenía lo que realmente buscaba. Saluda a la inspectora, Simon.
Él le dio un puñetazo en las costillas.
—Ayúdenme. Por favor, ayúdenme.
—Está bien, Simon. Te encontraremos pronto.
—Ja. Se equivocó de profesión, inspectora. Debería estar arriba de un escenario, como comediante. Usted y su hija harían un buen número juntas. Por lo menos a mí me mata de risa.
—Veremos quien ríe último, Sr…
Su risa se intensificó.
—Sr. Unicornio está bien. Veo que todavía no pudo averiguar mi verdadero nombre. ¿Le gustaría una pista? ¿Acaso debo darle mis iniciales? ¿Eso la ayudaría?
—No es necesario, gracias. Los oficiales ya han recolectado información muy interesante acerca tuyo y tus planes. Es solo cuestión de tiempo hasta que te tengamos acorralado. No puedes escapar por siempre. Oh, por cierto, todos los aeropuertos y puertos fueron notificados y están al tanto de quien eres.
—Oh, inspectora, me decepciona. Pensé que era más inteligente. Evidentemente, me equivoqué. ¿Realmente creyó que saldría del país en transporte público? Creo que ya no es la gran detective de la que tanto escuché hablar.
—¿Hay un motivo que justifique este llamado?
—Solo chequeando. Supongo que para esta altura del juego debe estar exhausta, inspectora.
—Nada más lejos de la realidad. ¿Qué tan ingenuo eres? No tienes ni idea de cómo motivar a un detective entonces.
—Antes de irme. ¿Cómo está Charlie? Ja. Si alguna vez se recupera, tendrá una buena vida sexual. Hará mucho dinero —terminó la llamada y se recostó hacia atrás.
Otro round para mí.
***
Lorne cerró de un golpe la tapa del celular. Se limpió con fuerza las lágrimas de dolor, y llamó de inmediato a Tony Warner.
Una vez que la conversación terminó, Lorne quedó pensando en lo que Tony le había dicho. Le sorprendía el hecho de que necesite permiso de un área superior antes de siquiera comenzar a investigar las posibles identidades del Unicornio. Pero él le había explicado que dos de ellos eran ex oficiales de la fuerza aérea que se habían convertido en criminales, y esto era algo que el ejército quería mantener fuera del ojo público a todo costo. También le indicó cuales eran los nombres que él veía como más probables, y le sugirió a Lorne que la próxima vez que hablara con el Unicornio, los probara para ver su reacción.
Ella repasó los nombres: Robert Baldwin (Bobby o Bob Baldwin) o William Matthews (Bill Matthews). Cualquiera sea la manera en que decía los nombres, sonaban más a hombre del clima o vendedor que a un criminal tan macabro como él. Decidió hacer lo que Tony había sugerido; lo llamaría por uno de estos nombres la próxima vez. Mientras tanto, se puso al tanto con el interrogatorio del jefe.
***
Parada en la sala de observación, Lorne se sentía sobrepasada de satisfacción al ver a través del vidrio obscuro. Mark Reynolds temblaba de miedo, y tenía dificultad en hablar fluido. Lorne suponía que estaba por develar información vital.
Se abrió la puerta detrás de ella y fue su padre quien ingresó a la sala.
—Hola, papá. ¿Qué haces aquí todavía?
—Sean me pidió que me quedara un poco más. ¿Te molesta si lo hago, cariño? Por supuesto no quiero sobrepasarte ni mucho menos.
—¡Eso es genial! ¿Por qué me molestaría? Sería todo un honor y un privilegio poder trabajar contigo. Nunca tuvimos esta oportunidad. A mi parecer, te retiraste demasiado rápido.
—Siempre y cuando dejemos en claro una cosa.
—¿Qué?
—Soy lo suficientemente sabio como para saber lo buena detective que eres, y sé que eres tú quien está a cargo. Deberás disculparme si en algún momento cruzo el límite. Sin embargo, tienes mi permiso para ponerme en mi lugar si lo hago, ¿Está bien?
Lorne asintió y extendió su brazo. Su padre le dio la mano, tal como acostumbraban en su adolescencia, cuando tenían un pacto secreto. Recordaba un viaje secreto a Florida que su padre había planeado como sorpresa para la familia, y la había elegido a ella como su persona de confianza para que lo ayude a organizar.
Jade había intentado sobornarla varias veces, pero no lograba nada. Incluso mientras esperaban sentadas en el aeropuerto, sin tener idea donde irían, Lorne no decía nada. Su padre le había dicho cuan orgulloso estaba de ella, y había aprendido una valiosa lección al guardar los lindos secretos de la vida.
—¿Qué logramos hasta ahora? —preguntó refiriéndose a Reynolds.
—Está cantando como un pajarito. Hasta ahora dio una lista de nombres y lugares donde el Unicornio puede estar escondiéndose.
El celular de Sam los interrumpió. Lorne dejó de prestarle atención a su conversación, hasta que su padre le dio un golpecito en el brazo.
—Lorne, escúchame.
El inconfundible tono de preocupación de su padre la hizo reaccionar de inmediato.
—Sí, papá. Te escucho. Es Charlie, ¿verdad?
—No, es Jade. Tiene un parto prematuro. Está yendo hacia el hospital ahora mismo.
—¿Qué? ¿Pero cómo? Oh, no. Debe haber visto todo por televisión, y yo ni siquiera la contacté. ¿Fue por el shock? Oh, pobre Jade, me siento terrible…
—No, Lorne… No puedes culparte por esto. En verdad, yo debería haber llamado a Luigi y advertirle de mantener a Jade lejos del televisor. Digamos que no es muy brillante, ¿no es así?
—Seguramente estaba trabajando, papá.
Lorne apreciaba mucho al atractivo esposo de su hermana, y odiaba como su padre parecía encontrarle siempre algún defecto. Ella sabía lo mucho que se estaba esforzando en su negocio, para poder darle una mejor vida a Jade y al bebe en camino. Luigi hacía hasta lo imposible por protegerla. La amaba y la trataba como a una princesa. Y el placer que le generaba ver a su mujer llevando dentro el primer hijo de ambos, un varón, solo había intensificado los mimos hacia ella.
El embarazo de su hermana había sido difícil. Aunque Jade ni siquiera se había cuidado. Había continuado montando caballos como de costumbre, a pesar de haber tenido una caída durante los primeros meses.
—Mi vida no va a cambiar solo porque esté embarazada —le contestaba enojada a cualquiera que se animara a retarla.
Sam interrumpió los pensamientos de Lorne.
—Hija, debo irme. Necesito ir al hospital. Tu hermana puede necesitarme. Además, me dará la oportunidad de pasar a ver a Charlie también.
—Por supuesto, papá. No se me ocurriría pedirte otra cosa. Márchate tranquilo. Dale un beso de mi parte, y dile que estaré pensando en ella. Y, papá, cualquier cosa que te enteres de Charlie, házmelo saber. El estómago no deja de darme vueltas. Creo que Tom no me llamará si ocurre algo. Seguramente todavía esté sedada. Pero en caso que le encuentren alguna herida internada o algo por el estilo, ¿me llamarías por favor?
—Lo prometo. Intenta no preocuparte. Te llamaré en un rato.
Al ver a su padre marcharse por la puerta, Lorne sintió la urgencia de tomar las riendas del caso.
—Papá, dile que lo lamento mucho. Todo esto es mi culpa, incluso la muerte de Pete…
Antes de que se diera cuenta, sus brazos la envolvían. Necesitaba tanto desahogarse, pero no podía llorar ahora. En cambio, decidió juntar fuerza.
—Lorne, si sigues pensando así, nunca atraparás al Unicornio…
—Lo sé, papá. La lástima nunca llevó a nadie a ningún lugar, ¿verdad?
Él sonrió al escuchar que su hija decía la frase que él tanto había repetido para darle fuerzas durante su entrenamiento de policía. Habían sido días duros. Quizá los entrenadores se lo hacían más difícil por el cargo que tenía su padre. Incontables eran las veces que había llamado a casa llorando.
—Esa es mi hija. Te llamo luego. Mantente concentrada. Charlie y Jade están en buenas manos. Recuerda eso, ¿me escuchaste?
—Fuerte y claro.
Lo observó salir de la sala mientras hablaba, convencida, consigo misma.
—Basta de lástima, Lorne. Concéntrate y atrapa al bastardo que dio vuelta tu vida y lastimó a todas las personas que amas.