Capítulo Cincuenta y Cuatro
Una elegante mujer, muy bien vestida y de peinado alto, se encontraba frente al chispeante hogar de la sala de estar. Con un tono de voz muy poco natural, ella se presentó como Sondra Winwood, y les explicó que su esposo no tardaría en llegar.
—Supongo que no esperaba una visita de su parte, ¿verdad? —preguntó ella. Y luego, sin esperar respuesta, dijo— ¿Les sirvo algo para tomar? ¿Té, o un café quizá?
Su sonrisa falsa no engañaba al Unicornio. Su actitud ya le molestaba. Ella no se esforzó demasiado en ocultar que no eran bienvenidos. Él la observó, deslizando la mirada por su figura joven con curvas que, no eran generosas, pero estaban en el lugar correcto. Su rostro se veía tirante, como si estuviera lleno de Botox, lo que le daba la apariencia de estar en sus cuarenta, pero él creía que su edad rondaba en diez o quince años más que eso. Él disfrutaba la actitud incómoda que provocaba en ella invadir su espacio personal.
—Whisky escocés, hielo y sin agua para mí. Chicos, díganle a la amable señorita que quieren beber.
—Beberemos lo mismo —tartamudeó Ramón. El Unicornio sabía que Ramón todavía estaba aterrado y preocupado por lo que harían más adelante.
—Beberán té. Earl Grey sería mejor. Mis chicos tienen gustos muy refinados.
Él mantuvo la vista en Sondra, mirada fría como el acero, y sonrió al ver que ella tembló involuntariamente.
Ella le habló a la empleada.
—Sara, yo tomaré un café.
La empleada por poco sale corriendo de la sala. El Unicornio le hizo señas a Ramón para que la siguiera.
Sondra caminó lentamente hacia el hogar, donde se veía el fuego chispeante. Se sentó en un hermoso sofá antiguo que estaba ubicado al lado de la chimenea. El Unicornio la siguió. Él apoyó despreocupadamente su brazo en la repisa de roble de la chimenea y le clavó la mirada.
—Dígame, señora Winwood, ¿Cómo sabe que su esposo no tardará en llegar? —él tomó sus largas y bien formadas piernas. Nada mal para una viejita.
—Lo llamé apenas llegaron.
—Muy astuto de su parte. Vaya, lo que daría yo por tener una mujer como usted que cubra cada una de mis necesidades —él se rio nuevamente cuando la vio temblar— Veo que esa idea no la excita demasiado, señora Winwood.
—No sé a qué se refiere. Solo creo que hoy el día está helado. Eso es todo.
—Quizá podamos encontrar una manera de calentarla un poco, ¿eh?
Sondra jadeó y se alejó, sentándose más adentro del sofá, mientras que él se acercaba a ella.
—Dígame, señora Winwood, ¿Cuándo fue la última vez que un verdadero hombre le hizo sentir placer?
—Bueno, yo-
—No lo recuerda, ¿verdad? Eso es lo que pensé. ¿Sabe qué? Generalmente me gustan mis mujeres sin arrugas y con pechos firmes, pero no estoy en contra de ayudar a mujeres insatisfechas con maridos desagradecidos y despreocupados.
Ella dio un pequeño grito al ver que él se acercaba. Se puso muy nerviosa cuando vio que él se agachaba frente a ella. Su mano, se deslizaba lenta pero firmemente por su muslo.
Su rostro estaba a centímetros del de ella. Podía ver como ella luchaba por mantenerse en calma. Ella se sonrojó, su color provenía de su largo cuello. Él pasó su dedo índice por su mejilla, tomando dirección hacia el poco deseado y para nada agradable escote. Ella tomó aire, y lo contuvo. Una gota de sudor rodó por su frente, dejando ver una línea de maquillaje.
La llegada de la empleada y Ramón detuvieron su juego por el momento. Mientras la empleada apoyaba la bandeja en la mesa que estaba al lado del sofá, el Unicornio preguntó:
—¿Trajiste uno para ti, Sara?
La mirada que ella le dedicó a su jefa, lo hizo enojar.
Antes de que tuviera oportunidad de contestar, el Unicornio se paró, caminó rápidamente hacia ella y la tomó del cuello. Retorciéndole el brazo, la tiró al suelo. Ella aterrizó con el dobladillo de su vestido a la cintura, exhibiendo sus hermosas piernas y su ropa interior de encaje negro.
—¿Qué pasa, Sara? ¿Los ratones te comieron la lengua? Me miras a mí cuando hago una pregunta, perra. ¿Me escuchaste? Cuando yo estoy en el lugar, soy el único a cargo, ¿entendido?
—Por favor, no la lastimes —rogó Sondra saltando de su asiento.
De un movimiento brusco, el Unicornio puso a la empleada de pie, enfrentando a su jefa. Sosteniendo el mentón de la empleada, el Unicornio le dio un tirón hacia un lado, y luego otro más brusco hacia el otro lado. Un “crack” rompió el silencio en la sala antes de que el cuerpo sin vida de la empleada cayera al piso.
—Ahora, ¿Dónde estábamos? —el asesinato había intensificado la experiencia para él. Necesitaba dejar de jugar, y actuar. Volvió a su posición original, frente a la atemorizada Sondra, y puso la mano sobre su pierna.
Le gustaba como ella demostraba miedo, intentando ser valiente. Él jugó con el primer botón de su pantalón de lino. Al desabrochar el botón, vio como ella cerraba los ojos con fuerza mientras él subía y bajaba el cierre. Ya cansado del juego, se alejó. Ella volvió a abrir los ojos.
Haciéndole señas a Giorgio, el Unicornio tomó el estuche de DVD’s que Giorgio le entregó y sacó uno.
Sorprendido e impresionado por la tecnología de último modelo que tenía a su disposición, el Unicornio insertó el DVD. Siempre creyó que Winwood era un viejo amargado, atrasado en cuanto a tecnología. Esta vez lo había sorprendido. Presionó el botón y gritó:
—¡Que comience la fiesta!
Cuando comenzó el DVD, él se apresuró en buscar a Sondra y le dijo:
—Ponte de pie.
La tironeó del brazo, y luego de sentarse donde ella estaba, la obligó a sentarse en su regazo.
Le olió la nuca y el cuello. Reconoció el delicioso aroma de Channel.
—Mmm… Sería lindo disfrutar de una mujer elegante para variar…
Ella intentó soltarse, pero él la rodeó con sus brazos y la sostuvo fuertemente.
—Tranquila, tranquila, Sondra. Sé buena… no creo que quieras terminar como tu amiga Sara, ¿verdad?
Temblando, miró hacia el centro de la sala, donde yacía sin vida el cuerpo de la mucama. Ella negó con la cabeza. La vibración que el miedo creaba en su cuerpo, despertaba interés en el pene del Unicornio. A él le gustaba la sensación, y sabía que ella podía sentirlo con fuerza presionando su espalda.
—Bien. Ahora tengo una sorpresa para ti. Espero que te gusten las películas. Aunque debo advertirte, es un poco obscena… ¿Te molesta eso?
Ella negó con la cabeza. La amplia pantalla se iluminó.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién es esa con..?
—Oh, Sondra, eres tan graciosa. ¿En serio pensaste que tu esposo era monógamo? Detesto desilusionarte, pero todavía no he conocido un hombre que lo sea…
—Pero… esa niña… solo debe tener catorce o quince años…
Dolor y humillación inundaban sus ojos. Fijó su mirada en la pantalla.
El Unicornio también miraba asqueado, no por lo que Winwood hacía, sino por tener que ver el cuerpo desagradable del viejo penetrando cada orificio de la niña mientras sudaba y gemía. Ugh.
—Por favor, detengan la cinta. He visto suficiente, ¿Qué quieren de mí?
Mientras le abría la blusa de un tirón, el Unicornio se reía al ver que Sondra intentaba cubrirse.
—Podríamos enseñarle a tu esposo que tan sucia puedes ser. ¿Alguna vez te ha visto desnuda? ¿O lo hacen con las luces apagadas? Ramón, Giorgio, pongan a la señorita cómoda mientras yo me preparo para enseñarle algunos trucos para que pruebe con su esposo, así no se vuelve a desviar en el futuro— él la empujó lejos.
Ella corrió hacia la puerta, pero Ramón le impidió el paso.
—Por favor, tengo dinero. Por favor no dejen que me haga esto.
Ramón se encogió de hombros y tomó a la mujer de los brazos, llevándola de nuevo a la sala. La dejó sobre el blanco sillón de cuero que estaba posicionado frente a las ventanas francesas que dejaban ver el hermoso e inmaculado jardín.