Capítulo Sesenta y Uno

El helicóptero había despegado. Lorne abrió los ojos, todavía sosteniéndose con fuerza el estómago. Lo miró al jefe. Se veía pensativo. Se preguntó si estaría luchando con sus emociones o si él también tenía vértigo a volar.

—¿Se encuentra bien Charlie, Lorne?

Ella le contó cómo estaba Charlie, y también Jade.

—Vaya, con razón te ves tan triste. Lo siento mucho, Lorne —él apoyó con cariño la mano en su hombro.

—No seas tan amable conmigo, Sean. Es muy probable que comience a llorar ahora mismo.

—El día no mejora, ¿verdad? —sus ojos mostraban preocupación.

—De alguna manera si ha mejorado. Nunca pensé tener a mi hija de mi lado. Pensé que me odiaba.

—Ella es igual a ti. Gracias a Dios estaré jubilado cuando ella ingrese a la estación. Dos como tú sería la muerte para mí —dijo él, riéndose.

Ella sonrió.

—Son cuarenta minutos. Él partió hace quince. ¿Hay alguna manera de acortar el camino?

—Sí, si logramos arreglar todo para que ningún otro avión tome esa ruta, así estamos despejados. Deberíamos poder restar al menos diez minutos.

El teléfono del jefe sonó. Su conversación intrigó a Lorne. Roberts cerró la tapa del celular.

—Bueno, parece que Ramón, uno de los matones, sobrevivió. Solo le dieron en las piernas. Está firmando sus derechos así puede comenzar a hablar. Pero les dije que no lo interrogaran, solo que lo revisaran. Quiero que lo interrogue uno de nosotros. Tal como imaginábamos; tres cuerpos, una escena horrible. En la oficina, desde donde el Unicornio le disparó a Simon, se podía ver un video mostrando sexo con el cuerpo sin vida de Sondra Winwood. Aparentemente el hijo de puta estaba disfrutando mientras se lo mostraba al juez cuando todo comenzó.

Ambos se sentaron cómodamente y se quedaron pensando en silencio.

—Lorne, sé que tomé las riendas allá atrás. De ahora en adelante, manejemos esto como compañeros. ¿Te parece bien?

—Por ahora, pero cuando estemos en el suelo, ya sabes cómo las cosas se pueden complicar. Sobre todo cuando trabajamos con oficiales que no conocemos. Yo tomaré la segunda posición.

—De acuerdo. Yo iré a Portsmouth. Prepararán un bote para nosotros, nos darán el lugar de destino y una escolta. Usaré como código la palabra “Unicornio” ¿Está bien? Oh, por cierto, ¿Todavía tienes el arma?

—Sí, y sí.

—Yo también estoy armado. Lorne, sé que no debería pero, siento la necesidad de advertírtelo. No dejes que tus sentimientos te controlen. Quiero un arresto limpio.

—Así será, jefe. Mientras se contacta con Portsmouth, yo llamaré a Tony para ponerlo al tanto.

La pantalla de su celular mostraba que tenía una llamada perdida. Estaba a punto de leer de quien era, cuando su teléfono sonó.

Alló, Chérie, ¿Cómo está todo?

—Hola, Jacques. No tengo buena señal, estoy en el helicóptero.

—Supongo que no estás sola entonces…

—Así es. Escucha, gracias por ayudar a Charlie. Mi padre dijo que la visita de tu amiga la ayudó mucho. Fue muy considerado de tu parte.

C’est rien, no fue nada, chérie. Fue un placer. Era lo que necesitaba.

—Sí. Escucha, no puedo hablar ahora. Estamos cerca del final —el solo hecho de escuchar su voz, había revolucionado todas sus emociones. ¿Cuál es el poder que tiene sobre mí?

—Está bien. Solo quería hacerte saber algo, chérie. Nunca dejas de estar en mi mente —él terminó el llamado mandándole un beso.

¿Por qué la vida era tan complicada? En otro espacio y tiempo, estaría golpeando su puerta. Si su matrimonio fuese fuerte, no estaría pensando estas tonterías. Últimamente se hacía a sí misma una sola pregunta: ¿Latía igual su corazón cuando hablaba con Tom que cuando escuchaba a Jacques? La respuesta era obvio: NO. Pero a su vez, ¿Tengo el coraje de cambiar la situación?

El jefe le cortó sus pensamientos.

—Excelente. Todo está listo en Portsmouth. ¿Te encuentras bien, Lorne?

—¿Qué? Sí… oh, Warner…

Lorne se dio cuenta de que no podía engañar al jefe.

—¿Hay algo que quieras contarme? ¿Sucede algo entre tú y Jacques?

¿Acaso detecto celos en su tono?

—¿Cómo qué?

—¿Están teniendo una aventura?

—¿Perdón? ¿Acaso en el aire eres mi consejero matrimonial?

—Tienes razón. Tu vida privada no es asunto mío. ¿Qué tal si volvemos al trabajo?

—Me parece perfecto —rápidamente llamó a Warner y le contó cómo había sido su día —¿Sabes algo de lo que nos puede esperar en Portsmouth?

—Bueno, no tenemos la exploración del bote. Pero sabemos que está anclado. ¿Han contactado a la guardia costera?

—No, todavía no. Pero sería una buena idea.

—Así podríamos detenerlo. Confiscar el bote. Yo me encargo, solo te quedan diez minutos —dijo Tony.

¿Por qué no pensé en eso?

—Buena idea. ¿Algo más con lo que puedas ayudarnos? Oh, por cierto. Nuestro hombre es Baldwin, estoy segura.

—Bien, te pasaré un informe con todo lo que necesites saber de él. Primero, fue parte de la elite del Servicio Especial Aéreo. Es el mejor de los mejores. Lo que explica mucho. Como es de imaginarse, tiene una lista de contactos alrededor del mundo. Debes pensar como él, Lorne. Este no es un tipo común y corriente. Mira, haré lo del bote de inmediato y te notificaré si encuentro algo más de él.

Sintiéndose como una idiota al darse cuenta que no había pensado en la guardia costera, Lorne le contó al jefe lo que Tony había sugerido.

—Ya está todo arreglado. Están trabajando en Portsmouth. No te preocupes, lo atraparemos. No necesitamos que Tony nos diga que hacer.

Ella llamó al equipo para informarles cómo iba todo. Ellos no pudieron aportar más de lo que había dicho Tony.

—Por cierto, AJ, infórmale al comisario todo lo que sucedió.

—Lo haría si estuviera aquí, señora. Un instante estuvo aquí, vigilándonos, al rato me dijo que tenía una cita con alguien. Cuando pregunté cómo podría contactarme con él, me dijo que él nos llamaría.

—¿Dijo con quien tenía la cita?

—Negativo, señora. Mire…

AJ quedó en silencio tanto tiempo que Lorne le llamó la atención. Luego miró el celular en busca de una falla técnica.

—Disculpe, señora. Me siento un poco idiota al decir esto, así que vine a otra sala. Es solo que el comisario se comportó raro… como sospechoso. No es mi intensión ser irrespetuoso, señora, pero me preocupó.

—Está bien, AJ. Mantenme notificada —cerró el teléfono y miró al jefe.

—¿Por qué tienes esa mirada?

Consciente de que tenía que elegir las palabras con mucho cuidado, miró por la ventanilla al campo verde.

—AJ me acaba de informar que el comisario se fue de la estación.

Las palabras quedaron en el aire por unos minutos hasta que Roberts entendió lo que quiso decir.

—¿Crees que está involucrado en algo?

Ella se encogió de hombros y quedó en silencio. La expresión en el rostro de Roberts cambiaba constantemente.