Capítulo Sesenta y Dos
Mientras se acercaban a la marina, ambos miraron el hermoso paisaje que tenían debajo. La belleza del puerto, con los botes de distintos tamaños flotando delicadamente sobre las aguas verdes le quitaba el aliento.
Al ver el muelle, volvió rápidamente a la realidad. Habían varias patrullas y ambulancias con las luces encendidas y formando una valla en el lugar. Al perder altura, Lorne ignoró el ruido que hacían sus entrañas, y se concentró en los botes. Un yate sobresalía entre los demás. Era blanco, enorme y lujoso. Había un helicóptero en la parte de atrás. Su corazón se detuvo.
El jefe lo vio al mismo tiempo, y le preguntó al piloto que tan lejos del área debían aterrizar.
—Parece que tenemos el visto bueno para aterrizar en aquel muelle de allí. El de concreto, ¿puede verlo? —dijo el piloto.
—Sí, perfecto. Estaremos a metros de él y de las patrullas. Supongo que ya informaron a las fuerzas armadas de esto, ¿verdad? —dijo Lorne.
—Lo chequearé. ¿Estás lista? Parece que se nos viene un momento crítico. Espero que hayan confiscado el bote como habíamos planeado. Sería mucho más fácil lidiar con él en tierra. —contestó el jefe.
—Yo también. Pero con los recursos que tenemos está vez, tenemos que atrapar al maldito. Esta vez no se escapa. Contando con la guardia costera en el agua y nosotros aquí, está rodeado. Y si decide volar de nuevo, lo seguiremos de cerca. Creo que lo tenemos, jefe. Solo espero que podamos terminar con esto sin sufrir ninguna otra pérdida.
—Seguro. En primer lugar, Lorne, intentemos acercarnos todo lo posible. Luego intentarás convencerlo de que se entregue. ¿Cómo te sientes respecto a eso? —preguntó el jefe.
—Sí, si debo hacerlo, está bien. Pero no confío mucho en ello. Personalmente, me encantaría pegarle un tiro en la frente. Pero no me sentiría mal si lo encerramos de por vida. En una celda solo. No creas que no tiene un plan para cuando eso pase.
Una turbulencia detuvo la conversación. Lorne tragó y cerró los ojos con fuerza, intentando no marearse.
Una vez en tierra, un oficial los recibió y los llevó hacia el escuadrón. El helicóptero volvió a salir. El piloto tenía instrucciones de quedarse sobrevolando cerca del lugar, pero sin estar a la vista. No podían arriesgarse a que el Unicornio le disparara y los dejaran sin una herramienta tan importante.
Una vez segura y detrás de la valla policial, Lorne se dio cuenta que no iba a ser posible utilizar el megáfono para hacer contacto con él. El bote estaba mucho más adentro del mar de lo que ellos habían visto desde el aire.
—Jefe, tendré que acercarme en un bote, no hay chances de que pueda comunicarme con él desde aquí. Salvo que me llame, por supuesto. Es probable que así sea porque seguramente nos vio aterrizar.
—No me gusta esa idea, Lorne. Escucha, démosle un momento. Como tú misma dijiste, sabe que estamos aquí. Estoy seguro de ello.
En el mismo instante que el jefe terminó su frase, el celular de Lorne comenzó a sonar. La frase “número privado” ya se había vuelto la marca del Unicornio.
Ella fue directo a la yugular.
—Baldwin, te tenemos rodeado. Creo que sabes que se terminó el juego. Puedes jugarlo como quieras, pero de la manera en que yo lo veo, tienes dos opciones. O te entregas, o te matamos.
—Ja. ¿Cómo hace para delirar tanto? Esperaba más de usted, inspectora. Recordemos lo sucedido, ¿sí? Hace menos de dos horas me tenía rodeado. Pero no le fue muy bien, ¿verdad? En momentos, la tuve temblando como una cobarde contra una puerta. ¿No fue así?
—Pero te retiraste. Podrías haberme matado, pero la locura que tienes dentro se apoderó de ti.
—Cierra la boca, perra. Yo te dejé ir. Yo, ¿me escuchaste? Yo mato a quien se me antoja. Pero a ti… A ti te tengo un final especial. No puedo negarme a hacerlo. Mereces más que eso. Nunca te has dado por vencida, pero planeo que lo hagas finalmente. Estás en mi lista. Eres prioridad. Y cuando llegue el momento indicado, no te voy a volar la cabeza de un tiro. No, no. Nada tan rápido como eso-
—Nunca llegará esa oportunidad. ¿Quién está delirando ahora? Por cierto, tu puntería falló. Ramón sobrevivió y nos dijo todo. Eso, sumado a lo que contó Reynolds, eres un libro abierto. Tenemos tu identidad, tus movimientos bancarios, tu historia, tus amigos, todo. No podrás hacer un movimiento sin que nosotros lo sepamos. Eres un imbécil atrapado.
—Lorne —advirtió Roberts.
Ella cubrió el celular con la mano y dijo:
—Déjemelo a mí, jefe. Lo conozco. Necesito provocarlo-
Los gritos de Baldwin la interrumpieron.
—Te crees tan lista. Solía disfrutar jugar a las escondidas contigo, pero ya no eres nada. Tienes la inteligencia de un perro siguiendo su cola. Reynolds y Ramón no saben nada. Tienen un uso, pero lo que ellos creen saber, a mí no me perjudica en nada. Yo soy mi propio universo. Yo tengo control sobre todo el mundo. He jugado contigo. No eres más que un juguete divertido. Te he controlado. Te hice llorar. Te hice desesperar. Te hice estar en duelo. Te frustré y te devasté. Te causé problemas y arruiné tu matrimonio. Violé a tu hija y maté gente allegada a ti. Eres mi títere. Tu destino está en mis manos. ¿Me escuchaste? Me perteneces.
Lorne no podía hablar. La verdad en sus palabras le había congelado la sangre.
—Así que, todo cambió, ¿eh? Bien, déjame decirte cómo vamos a jugar. Te conectarás en una computadora que tiene una cámara web. La encontrarás en el pub, The Anchor. La llave del pub está debajo de una maseta a la derecha de la entrada. Cuando ingreses, encontrarás al dueño del local atado. Ja. Solo es un detalle amateur para ti. Más de tu nivel: llaves bajo la maseta y hombres atados. De todos modos, disfruta la conversación con tu padre. Oh, por cierto, te dejé una caja de chocolates para que la experiencia sea más amena. No es que te lo merezcas, pero bueno. Una cosa más. Antes de irte, dile a los idiotas a tu alrededor que se comporten. No tienen idea de cómo actuar con un criminal de alto nivel como yo. Deben estar acostumbrados a lidiar con piratas. No queremos ningún inconveniente, ¿no es así?
La línea quedó muda.
—Lorne… ¿Lorne? ¿Qué sucedió? ¿Qué dijo?
—Por Dios, Sean. Creo que tiene a mi padre.
—¿Qué? Lorne, eso no tiene sentido. Dime que te dijo.
—Te cuento en el camino. Tenemos que darnos prisa. Tenemos que llegar al pub The Anchor. No hagan nada mientras yo no esté aquí. Él no irá a ninguna parte. Tiene algo planeado para mí. Y tiene que ver con mi padre. Debo saber que es antes de tomar una decisión aquí. Dejen a todos los hombres aquí, pero asegúrense de que si pasa algo, nadie haga el papel de héroe. Conozco a este hombre. Es capaz de bajar al muelle a fumar un cigarro en frente de todos ustedes, pareciendo un blanco fácil. Pero nada es fácil con él. Es un juego. Puede haber consecuencias terribles si alguno de los hombres actúa sin pensar. Manténganse cubiertos. No se expongan. Estamos frente a un maniático. Un hombre sin sentimientos.
—Bien, inspectora. Seguiremos sus órdenes. Ninguno de ellos respirará si no reciben una instrucción mía.
Él habló por radio. Luego le dijo a Lorne que volvieran por el mismo lugar que habían ingresado. Allí los esperaría un oficial y los llevaría hasta el pub.
En el camino, Lorne le detalló a Roberts la conversación que había tenido con el Unicornio.
—Por Dios, Lorne…
—¿Cómo lo hizo, Sean? ¿Cómo hizo para ya tener otro rehén? Es como si fuera Dios. ¿Y sabes qué? De verdad me siento su títere. Tengo miedo, Sean. Estoy más aterrada que nunca. Nadie alrededor mío está seguro. Ninguna de las personas que amo lo está.
El silencio de Sean lo dijo todo. Ella sabía que él coincidía. El Unicornio les había sacado todo el poder. No eran nada.