Capítulo Sesenta y Tres
La pantalla se iluminó. Lorne se conectó a Skype e ingresó sus datos. Su mente ni siquiera podía pensar a qué iba a enfrentarse, mientras que su cuerpo le dolía como si le hubieran dado la más grande de las palizas.
El tono particular de Skype comenzó a sonar. Luego se vio una imagen. No, papá… no…
Se vio una silueta, vestida en un equipo anti incendio, que se acercó a su padre y comenzó a bañarlo en gasolina. Estaba sentado derecho, todo su cuerpo atado firmemente a una silla con una soga gruesa. Con la mirada fija hacia adelante, él no se movió ni se quejó.
Sean la abrazó. Ella temblaba. Pero pensó que si su padre podría demostrar tanto coraje, ella también podía hacerlo.
Se escuchó una voz por el parlante. El jefe tomó su cuaderno y comenzó a tomar notas.
—El juez está muerto. Murió en el camino. Seguramente de un ataque al corazón. Como sabrán, un rehén muerto, ya no es un rehén, por lo que tiré el cuerpo desde el helicóptero en algún lugar entre Londres y Portsmouth.
Esta no era la voz del Unicornio. Alguien estaba leyendo un guion.
—Exijo que me dejen salir del puerto y navegar sin que nadie me siga ni me rastree. Debo salir en menos de una hora. De no ser así, la gasolina será encendida y tu padre morirá quemado.
Lorne no daba más. No podía respirar, su pecho se había cerrado.
—Volverás al muelle a dar la orden. Si sigues mis instrucciones, en veinticuatro horas me comunicaré contigo y te diré dónde encontrar a tu padre. Si te desvías tan solo un poco de mi plan, despídete de tu padre. Mi hombre tiene la orden de comunicarse conmigo cada una hora. Pierdo un llamado y tu padre muere. Ahora, podrás hablar con él.
La cámara se acercó al rostro de su padre. El coraje se veía en él, hasta que un golpe le hizo girar la cara.
—No… papá, no. Perdón.
—Nada de esto es tu culpa, hija. Haz lo que tengas que hacer, cariño. Te amo.
La pantalla se puso en negro y luego se vio la página principal de Skype.
El silencio se sentía pesado.
—Yo me encargaré de esto, Lorne. Quédate aquí y descansa. Estás agotada.
—No. Debo hacerlo yo. Quizá él no te responda si no estoy allí. Ya lo escuchaste. “debes volver y dar la orden”. Yo, Sean. Tengo que ser yo.
—Es tal cual dijiste antes, Lorne. Es como si estuviéramos frente a Dios.
—Voy a pedirte algo. Y te ruego que me apoyes en esto. Quiero un guardia armado en la puerta de la casa de todos mis familiares y amigos. Usa a Tony. Él sabe quién es cada uno, donde vive o donde encontrarlo. No puedo arriesgar a más personas, Sean. No puedo.
Antes de dejar el lugar, le ordenaron al dueño del pub que permaneciera allí. Previamente lo desataron y enviaron una ambulancia para que lo revisaran. Un guardia quedó en la puerta y los oficiales y forenses se encontraban en camino.
Cuando Lorne llegó al puerto, su celular comenzó a sonar. Era Warner. Vete a la mierda, Warner. No voy a pelear contigo ahora si no quieres poner seguridad para mis familiares. Su propio pensamiento hizo el efecto contrario y la obligó a atender.
—Lorne, lamento lo sucedido con tu padre, pero surgió algo. No sé cómo decírtelo Lorne, pero podría poner en riesgo la vida de tu padre…
—No, Tony, no me digas eso… Hicimos todo lo que nos dijo.
—Lo sé, pero acabamos de enterarnos de algo. Parece que Abromovski dejó una venganza planeada de antemano. Sabía lo que Baldwin quería hacer. Hizo todo lo posible para protegerse a sí mismo. Dejó todo listo para destruirlo.
—¿Qué? ¿Qué puede hacer un hombre desde la tumba?
—Un ruso contactó a un abogado, quien fue quien habló con nosotros. El ruso dijo que hay una bomba en el yate, lista para explotar tan pronto deje el puerto con Baldwin a bordo. A cambio recibió una cuenta a su nombre, la activación de la cuenta depende de la presentación del papel que certifique la muerte de Baldwin en la explosión. No tenemos nombre, domicilio, teléfono, nada. Esto podría ocurrir en cualquier momento, Lorne.
—Tony, ¿Qué vamos a hacer? No creo que pueda tolerar todo esto… ¿Por qué hizo contacto este hombre? ¿Qué quiere?
—Creemos que es para asegurarse que el área esté limpia. Ya le avisamos a la guardia costera. Lorne, no deberías estar allí.
—Pero Baldwin tiene el control de todo. Él exigió que esté allí. Debo hacerlo.
—Lo sé. Pero hemos seguidos tus indicaciones. Toda tu familia está protegida y estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para salvar a tu padre. Varios equipos están rastreando el área de Londres y siguiendo sus últimos pasos. Sabemos que tu padre se fue del hospital y se dirigió a casa. Eso fue justo antes de que lo llamaras. Una vecina dice que volvió a salir media hora después de haber llegado. No parecía estar apurado. Se subió a su coche y se fue. Incluso vio en qué dirección salió tu padre. Pasamos por los mercados locales. Parece que paró, compró el periódico, unos chocolates, flores y una revista. Aparentemente su idea era volver al hospital. Desde ese momento, lo detectamos en un par de cámaras de seguridad yendo en sentido hacia el hospital. Luego lo perdimos. Ahora, te llevó menos de una hora llegar donde estás. El lapso de tiempo que tenemos entre su última actividad y su captura, teniendo en cuenta que tú te comunicaste con él, solo son veinte minutos. Eso lo ubica a unos treinta o cuarenta kilómetros de radio de su hogar. Estamos usando todos los recursos en encontrarlo, Lorne.
—Gracias.
No alcanzó a terminar de agradecer, que una explosión masiva en el mar le sacudió el suelo.