Capítulo Sesenta y Siete

No era una noche fría, pero Lorne tuvo un escalofrío que la hizo reír. Aunque tenía una sensación terrorífica, el darse cuenta que se encontraría con otro hombre para discutir como dejar a su marido, le traía dudas. Intentó poner la mente en blanco, y que los ruidos que los arboles hacían debido a la brisa, la relajen. Sus ojos estaban fijos en el sendero por el cual aparecería Jacques. Varias personas entraban y salían de él, pero no él. Siete cuarenta y cinco. ¿Dónde está? En verdad no sabía si él solía ser puntual o no. Nunca se habían encontrado así. Sus encuentros, si podía llamarlos así, ocurrían en la morgue generalmente. ¿Estoy loca? ¿Realmente puedes enamorarte de alguien bajo esas circunstancias? ¿O me estoy dejando llevar por la atracción? Pensándolo bien, esos momentos solo habían sido de coqueteo. Los momentos más profundos y significativos habían sido por teléfono. Él es mi amor telefónico. Y estoy dejando todo por él. Sí, estoy loca.

De repente, sonó su teléfono y ella dio un salto. Volvió a mirar hacia el sendero, pensando que vendría, pero no apareció. Decidió atender.

—¿Hola?

—Mi chérie…

—Jacques, no me digas que me dejarás plantada… —soltó una risa nerviosa.

—Yo… —su voz su transformó en un gemido.

—Jacques… ¿Qué sucede? ¿Jacques?

—No puede hablar en este momento, inspectora.

Oh, Dios. Comenzó a girar y caminar sin sentido mientras la gente la esquivaba.

—Oye, mira por donde caminas.

—Ten cuidado.

Ella se disculpaba con todos, caminó hacia la entrada del parque y se sostuvo del portón.

—Ah, no te esperaste este giro, inspectora. No creíste que volverías a escucharme.

—Por favor, no lo lastimes. Por favor, es solo un colega… no tiene por qué verse involucrado en esto.

—Creo que es algo más… ¿planeabas dejar a tu esposo por él? La verdad, Tom tiene suerte. Este podría ser él si las cosas estuvieran bien entre ustedes dos. Pero eso te resolvería el problema.

—¡Hijo de puta!

—Uno de los tantos nombres que me diste… ¿Recuerdas? Soy hombre muerto. Nadie sabe que estoy vivo excepto tú y este pobre infeliz. Pero, claro, los muertos no tienen memoria…

Escuchó un crack que le rompió el corazón.

—Noooo… Jacques, nooo.

—Los muertos tampoco escuchan, ¿no sabías eso? No eres tan inteligente como pensaba… pero bueno, siempre volvemos a lo mismo.

Su mente era como un tornado. Sintió un puñal en el corazón.

—¿Por qué?

—Porque me irritas. Nadie me gana, ni siquiera mi padre, que se pudra en el infierno. Haz sido como un perro que me siguió a todos lados prendido de mi pantalón. Sin importar a donde fuese, allí estabas. Tuve que sacarte de una vez por todas de mi camino.

—Por Dios, me destruiste. Pero obtuviste tu libertad. Como tú mismo lo dijiste, eres un hombre muerto.

—No para ti, ¿verdad? Tú intentaste convencer a todos de que yo todavía estaba vivo. Y como no podrán comprobar mi muerte, te terminarán creyendo. Dejarían de pensar que estás loca y comenzarían a buscarme. No quiero eso. Quiero que me olvides. Y hasta que me prometas que lo harás y me dejes en paz, morirán uno por uno. Cada uno de tus seres queridos morirá. ¿Me escuchaste?

—Entendido —su cuerpo temblaba. Se apoyó sobre el portón.

—Muy bien. Al fin me complaces.

—Dime una cosa, ¿Por qué no me mataste a mí? Así resolverías tu problema.

—Sí, pero ¿Cómo me divertiría? Me encantan los juegos. Por lo general estoy rodeado de idiotas, como esos dos que mandé con tu padre. Había planeado eso como tu último regalo. Un recordatorio final que demuestre de lo que soy capaz. No tuvieron los huevos para hacerlo. Bueno, algún día saldrán de prisión. Los esperaré.

El horror al escucharlo hizo que sus piernas se debilitaran.

—¿Pero por qué no me matas a mí, ahora?

—Porque sino terminaría. Tengo muy pocas cosas que me mantengan entretenido. Sí, soy más rico de lo que crees, y puedo hacer lo que se me antoje. Pero mis días de exhibición terminaron. Tú los has destruido. Ahora solo puedo vivir en algún lugar recluido. Mis lujos están limitados. No me gustan las cirugías estéticas. Ya me he hecho muchas. No quiero pasar más por eso. Y todo por tu culpa. Quiero que sufras. No podrás si estas muerta.

Ella hervía de furia. Había asesinado a dos personas que amaba, y había violado a su pequeña niña, dejándola marcada de por vida. Por poco logra matar a su padre, y de la peor manera posible. Y ahora debería cumplir su fantasía y sufrir. Si él pensaba que eso sería lo que haría, estaba muy equivocado.

—Como tú dijiste, maldito hijo de puta, ya no puedes vivir libre. Más te vale que te escondas bajo tierra, porque no dejaré de buscarte hasta que te encierre detrás de las rejas. Así que si fuera tú me iría lejos, a uno de esos países que les dan refugio a los fugitivos, porque si te quedas aquí, te encontraré. Te voy a seguir hasta el día que muera.

—Ja. Esa es la inspectora que me gusta, aunque también me gustó la pequeña de rodillas. Y así es como te encontrare. Una vez que te arrodilles, no te volverás a poner de pie.

La llamada terminó.