¿ASÍ QUE HAS DECIDIDO EMPEZAR a formar una familia (o aumentar la que ya tienes)? Ése es un excelente y emocionante primer paso. Pero antes de que el esperma fecunde al óvulo y creen al bebé de tus sueños, aprovecha este periodo previo para prepararte a tener el más saludable embarazo –y bebé– posible. Los próximos pasos enumerados en este capítulo te ayudarán a ti (y al futuro papá) a prepararte a fondo, a ponerte al día en lo que necesitas saber sobre la concepción y a iniciar con luz verde la travesía del embarazo.
Si no quedas embarazada inmediatamente, tranquilízate y sigue tratando (¡no te olvides de seguir divirtiéndote mientras lo intentas!). Y si ya estás embarazada –y no tuviste la oportunidad de seguir estos pasos– no te preocupes. A veces la concepción toma por sorpresa a la pareja, reduciendo el período de preconcepción y haciendo irrelevantes estos consejos. Si la prueba del embarazo ya te ha dado la buena noticia, sencillamente empieza a leer este libro en el Capítulo 2 y sácale el mayor provecho al proceso que tienes por delante.
¿Estás lista para recibir a ese adorable pequeño pasajero en el arca materna? He aquí algunos consejos que puedes seguir para asegurarte de que el barco llegue a buen puerto.
Hazte una revisión antes de concebir.
Si todavía no has elegido a un doctor (aunque es el momento perfecto para hacerlo; mira la página opuesta), sería buena idea que visitaras a tu ginecólogo regular o médico familiar para someterte a una exhaustiva revisión médica. Un examen detectará cualquier problema que requiera ser corregido antes o que necesite ser observado durante el embarazo. Además, tu médico podrá guiarte sobre los medicamentos que puedan interferir con la concepción o el embarazo, asegurarse de que tus vacunas estén al día y aconsejarte sobre tu peso, tu dieta, bebidas y otros hábitos de tu estilo de vida, además de todo asunto relativo a la preconcepción.
Sal a la búsqueda de un ginecólogo.
Es más fácil empezar a buscar un ginecólogo o una partera ahora, cuando todavía no está corriendo el reloj, que cuando se te viene encima el primer control prenatal. Si decides quedarte con tu ginecólogo regular, ya has dado un paso adelante. De no ser así, pregunta, averigua y tómate tu tiempo para escoger al profesional que más te convenga (ve a la página 22 para consejos sobre su elección). Y entonces fija una cita y un examen previo al embarazo.
Sonríele al dentista.
¿Sabías que una visita al dentista antes de quedar embarazada es casi tan importante como la visita al médico? Eso se debe a que tu futuro embarazo puede afectar tu boca y viceversa. Las hormonas del embarazo pueden agravar los problemas de encías y dientes y estropear una boca que no ha recibido el cuidado suficiente. Además, las investigaciones demuestran que la enfermedad de las encías puede estar vinculada con algunas complicaciones del embarazo. Por eso, antes de ponerte a trabajar para traer un bebé al mundo, visita a tu dentista hasta que tu boca esté en forma. Eso incluye trabajos de cirugía dental, tapaduras y radiografías, realizados antes y no durante el embarazo.
Investiga tu árbol genealógico.
Revisa el historial médico de ambas ramas del árbol familiar (la tuya y la de tu pareja). Es sumamente importante detectar si existen antecedentes de problemas médicos y trastornos genéticos o de cromosomas como el síndrome de Down, la enfermedad de Tay-Sachs, la anemia de célula falciforme, talasemia, hemofilia, fibrosis cística, distrofia muscular o síndrome del cromosoma X frágil.
Toma en cuenta tus propios antecedentes.
Si has tenido un embarazo con complicaciones o que haya terminado en un alumbramiento prematuro o en una pérdida tardía, o si has tenido múltiples abortos espontáneos, pregúntale a tu médico qué medidas tomar para evitar que estas complicaciones se repitan.
Hazte una prueba genética si la necesitas.
Pregúntale a tu médico si necesitas hacerte un examen por enfermedades genéticas frecuentes en tu grupo étnico: fibrosis quística, si alguno de los dos es caucásico; Tay-Sachs, si hay ascendencia judía europea (Ashkenazi), canadiense francés o cajún de Luisiana; célula falciforme, si son de origen africano; algún tipo de talasemia, si son de ascendencia griega, italiana, filipina o del sudeste asiático.
Dificultades previas (como dos o más abortos espontáneos, si el bebé nació sin vida o un niño con defectos de nacimiento), o estar casada con un primo u otro familiar de sangre también son motivos para buscar asesoramiento genético.
Examínate.
Mientras consultas con todos tus médicos y revisas tus antecedentes clínicos, pregunta si puedes adelantar algunos de los exámenes y estudios clínicos a que se somete toda mujer embarazada. Por lo general, se trata de exámenes sencillos, como los de sangre, y sirven para detectar:
Hemoglobina o hematocrito (para ver si hay anemia).
Factor RH (para comprobar si eres positivo o negativo). Si tu RH es negativo, tu pareja debiera chequearse para saber si es positivo. (Si ambos tienen RH negativo, no hay que preocuparse más del asunto).
Rubéola (para comprobar la inmunidad a esta enfermedad).
Varicela (para comprobar la inmunidad a ésta).
Tuberculosis (si vives en un área de alta incidencia).
Hepatitis B (si estás en una categoría de alto riesgo, como por ejemplo si trabajas en el cuidado de la salud y no te has vacunado).
Anticuerpos al citomegalovirus (CMV, en inglés, para determinar si eres inmune o no al CMV –ver página 544). Si te han diagnosticado CMV, se recomienda generalmente que esperes seis meses antes de tratar de concebir.
Toxoplasmosis (si tienes un gato en el jardín, si comes regularmente alimentos crudos o carne poco cocida, o si efectúas tareas de jardinería sin guantes). Si resultas inmune, olvídate para siempre de la toxoplasmosis. Y si no lo eres, empieza ahora a tomar las precauciones que te indicamos en la página 87.
Función tiroidea. Ésta puede afectar el embarazo, por lo tanto, si hay antecedentes en tu familia, o si has tenido problemas de tiroides o síntomas de algún trastorno de tiroides (consulta las páginas 187 y 565), ésta es una prueba que no debieras dejar pasar.
Enfermedades de transmisión sexual. Todas las mujeres son examinadas rutinariamente para detectar este tipo de enfermedades, como sífilis, gonorrea, clamidia, herpes, virus del papiloma humano (HPV, en inglés) y VIH (HIV, en inglés). Hacerte estas pruebas antes de la concepción es aun mejor (o vacunarte en caso de tener HPV; mira la próxima página). Si estás convencida de que no puedes tener este tipo de enfermedades, asegúrate a ciencia cierta y hazte los exámenes.
Sométete a tratamiento.
Si alguno de los exámenes detecta algún trastorno que requiere tratamiento, asegúrate de hacerlo antes de intentar concebir. Además, puede ser hora de considerar esa pequeña o gran operación o tratamiento médico que has estado postergando. Éste es también el momento de tratar cualquier trastorno ginecológico que pueda interferir con la fertilidad o el embarazo, incluyendo:
Pólipos uterinos, fibroides, quistes o tumores benignos.
Endometriosis (cuando las células que normalmente recubren el útero se propagan a otras partes del cuerpo).
Inflamación pélvica.
Infecciones recurrentes del tracto urinario u otras infecciones, como vaginosis bacteriana.
Una enfermedad de transmisión sexual.
Si no te has vacunado contra el tétanos-difteria en los últimos diez años, es hora de hacerlo. Si sabes que no has tenido rubéola o que no te has vacunado contra ella, o que no eres inmune a ella, vacúnate contra el sarampión, paperas y rubéola (MMR, en inglés), y luego espera un mes antes de intentar concebir (no te preocupes si accidentalmente ocurre antes). Si los exámenes revelan que nunca tuviste varicela o que corres riesgo de hepatitis B, son también recomendables las vacunas correspondientes antes de la concepción. Si tienes menos de 26 años, considera también vacunarte contra el virus del papiloma humano (VPH), aunque no necesitas recibir la serie completa de tres dosis antes de tratar de concebir, de modo que puedes planificar teniendo ese dato en cuenta.
Controla las enfermedades crónicas.
Si padeces de diabetes, asma, una deficiencia cardíaca, epilepsia u otra enfermedad crónica, asegúrate de que tu médico te dé el visto bueno antes de quedar embarazada, que tu problema esté bajo control antes de concebir, y empieza a cuidarte plenamente ahora (si es que ya no lo estás haciendo). Si naciste con fenilcetonuria (PKU, en inglés), comienza una dieta estricta libre de fenilalaninas antes de concebir y continúala durante el embarazo. Aunque resulte poco atractiva, es esencial para el bienestar de tu futuro bebé.
Si necesitas vacunas antialérgicas, aplícatelas ahora. (Si comienzas ya mismo el proceso de desensibilización, probablemente podrás continuar después de concebir). La depresión puede interferir con la concepción –y con un embarazo feliz y saludable–, por lo tanto también debiera ser tratada antes de comenzar tu gran aventura.
Despídete del control de natalidad.
Puedes olvidarte de ese último paquete de condones y de tu diafragma (de todos modos deberás ser reacondicionada después del embarazo). Si estás usando píldoras anticonceptivas, el aro vaginal o el parche anticonceptivo, consulta tus planes con tu médico. Algunos recomiendan esperar varios meses después de abandonar este tipo de métodos anticonceptivos, para permitir que tu sistema reproductivo complete por lo menos dos ciclos normales (usa condones mientras esperas). Otros médicos consideran en cambio que puedes empezar tan pronto como quieras. Pero ten en cuenta que podrían pasar algunos meses o más antes de que tus ciclos se normalicen y que empieces a ovular nuevamente.
Si usas un dispositivo intrauterino (IUD, en inglés), haz que te lo remuevan antes de intentar concebir. Y si te aplicas inyecciones de Depo Provera, termina con ellas y luego espera de tres a seis meses antes de tratar de quedar embarazada (después de terminar con ese anticonceptivo, muchas mujeres no son fértiles por un promedio de 10 meses).
Mejora tu dieta.
Aunque todavía no estás comiendo por dos, nunca es demasiado pronto para empezar a alimentarte bien pensando en el bebé que quieres traer al mundo. Lo más importante es ingerir ácido fólico. Esta vitamina no sólo parece mejorar la fertilidad, sino también hay estudios que muestran que su consumo adecuado antes y al comienzo del embarazo puede reducir notablemente el riesgo de defectos en el tubo neural (como la espina bífida) y el nacimiento prematuro. El ácido fólico se halla naturalmente en los granos integrales y en los vegetales de hojas verdes, y por ley se agrega a la mayoría de los granos refinados. Pero también se recomienda consumir al menos 400 mcg de ácido fólico (ver página 112).
También es buena idea que te despidas de la comida chatarra y de los alimentos ricos en grasas y que les des la bienvenida a granos integrales, frutas, verduras y productos lácteos bajos en grasa (importantes para la consistencia ósea). Puedes usar la Dieta para el Embarazo (Capítulo 5) como un plan alimenticio básico, positivo y equilibrado, aunque sólo necesitarás diariamente dos porciones de proteínas, tres de calcio y no más de seis de granos integrales hasta que concibas. Y por cierto no tendrás que preocuparte por agregar calorías extra (si necesitas bajar de peso antes de la concepción, podrías eliminar algunas calorías más).
Modifica tu consumo de pescado según las normas establecidas para las mamás en la dulce espera (ver página 124). Pero no elimines el pescado, ya que es una fuente ideal de nutrientes para el crecimiento del bebé.
Dile a tu médico si tienes hábitos alimenticios que puedan no ser saludables durante el embarazo (como ayunos periódicos), si has sufrido algún trastorno de la alimentación (como anorexia nerviosa o bulimia), o si sigues alguna dieta especial (vegetariana, macrobiótica, diabética u otra).
Toma una vitamina prenatal.
Aunque estés comiendo muchos alimentos ricos en ácido fólico, es recomendable que comiences a tomar un suplemento con 400 mcg de la vitamina, ojalá dos meses antes de tratar de concebir. Además, las investigaciones indican que las mujeres que toman una multivitamina que contenga por lo menos 10 mg de vitamina B6 antes de concebir o durante las primeras semanas del embarazo, experimentan menos episodios de vómitos y náuseas durante los nueve meses. El suplemento debiera contener también 15 mg de zinc, ya que podría mejorar la fertilidad. Pero no exageres y deja de tomar otros suplementos nutricionales antes de concebir, ya que el exceso de determinados nutrientes puede resultar riesgoso.
Estar excedida de peso o demasiado delgada no sólo reduce las posibilidades de concepción sino que, además, si concibes, los problemas de peso pueden elevar el riesgo de complicaciones en el embarazo. Por eso te conviene añadir o reducir calorías en el período previo a la concepción, según requiera tu organismo. Si tratas de perder peso, hazlo gradual y sensiblemente, aunque signifique postergar la concepción por un par de meses. Las dietas extenuantes o sin el adecuado equilibrio nutricional (incluyendo dietas de escasos carbohidratos y elevadas proteínas) pueden dificultar la concepción y producir un déficit nutricional, lo que con toda probabilidad no será el mejor modo de empezar tu embarazo. Si en el último tiempo has hecho dietas extremas, empieza a comer normalmente y dale a tu cuerpo algunos meses para que recupere el equilibrio antes de tratar de concebir.
Ponte en forma, pero sin perder la cabeza.
Un buen programa de ejercicios puede encaminarte con éxito a la concepción, además de tonificar y fortalecer tus músculos en preparación para los exigentes desafíos de albergar y dar a luz a tu bebé. También te ayudará a deshacerte de esos kilitos de más. Pero que no se te pase la mano, ya que el ejercicio excesivo (especialmente si conduce a una delgadez extrema) puede interferir con la ovulación, y si no ovulas, no puedes concebir. Mantente fresca mientras haces ejercicio ya que el aumento prolongado en la temperatura corporal puede interferir con la concepción.
(Por ese mismo motivo, evita los baños calientes, saunas y la exposición directa a las almohadillas térmicas y mantas eléctricas).
Revisa tu gabinete de medicinas.
Algunos medicamentos –aunque no todos– son considerados peligrosos si son usados durante el embarazo. Si estás tomando algún medicamento (regularmente o de vez en cuando, ya sea con o sin receta), consulta con tu médico si es seguro antes de la concepción y durante el embarazo. Si necesitas cambiar un medicamento no seguro por un sustituto que lo sea, éste es el momento de hacerlo.
Eso no significa que las medicinas herbales y otros medicamentos alternativos deban pasar a primer plano. Si bien las hierbas son naturales, no todo lo natural es seguro. De hecho, algunas hierbas populares –como equinácea, ginkgo biloba o la hierba de San Juan– pueden interferir con la concepción. No tomes ninguno de esos productos ni suplementos sin la aprobación de un médico familiarizado con las medicinas de hierbas y alternativas y su efecto potencial sobre la concepción y el embarazo.
Reduce el consumo de cafeína.
No hay necesidad de decirle adiós a ese café expreso con leche o pasarte al descafeinado si planeas quedar embarazada o, incluso, después de estarlo. La mayoría de los expertos considera que hasta dos tazas de café cafeinado por día (o el equivalente en otras infusiones con cafeína) es aceptable. Pero si acostumbras a tomar más de esa cuota, es hora de empezar a moderarte. Algunos estudios asocian el exceso de cafeína a una menor fertilidad.
Ponle freno al alcohol.
Piénsalo dos veces antes de beber. Aunque una copa diaria no perjudicará tu fase de preparación para el embarazo, el consumo elevado de alcohol puede perturbar tu ciclo menstrual, interfiriendo con la fertilidad. Además, una vez que estés tratando activamente de concebir, siempre cabe la posibilidad de que lo logres, y no se recomienda beber alcohol durante el embarazo.
Deja de fumar.
¿Sabías que el cigarrillo no sólo puede interferir con la fertilidad sino acelerar el envejecimiento de tus óvulos? Así es: los óvulos de una fumadora de 30 años actúan más bien como los de una mujer de 40, lo que dificulta la concepción y aumenta la probabilidad de un aborto espontáneo. Dejar el cigarrillo en esta fase no sólo es el mejor regalo que puedes hacer a tu futuro bebé (antes y después del nacimiento), sino también puede aumentar la probabilidad de concebirlo. Revisa algunos consejos prácticos para dejar el cigarrillo en las páginas 80-81.
¡Diles no a las drogas ilegales!
La marihuana, la cocaína, el crack, la heroína y otras drogas ilícitas pueden ser peligrosas para el embarazo. En distintos grados, pueden impedir la concepción y después, si la consigues, son potencialmente dañinas para el feto. Además, pueden aumentar los riesgos de aborto espontáneo, nacimiento prematuro o de que el bebé nazca sin vida. Si consumes drogas, ya sea de manera ocasional o regular, abandónalas inmediatamente. Y si no puedes hacerlo, busca ayuda antes de tratar de concebir.
Evita la exposición innecesaria a la radiación.
Si necesitas tomarte radiografías, asegúrate de que tus órganos reproductivos estén protegidos (a menos que sean el objeto del examen) y que se aplique la menor cantidad posible de radiación. Una vez que empieces a tratar de concebir, informa a todos los radiólogos que podrías estar embarazada y pídeles que tomen todas las precauciones necesarias.
Protégete de los riesgos ambientales.
Algunas sustancias químicas –aunque por cierto pocas y por lo general sólo en dosis elevadas– son potencialmente perjudiciales para tus óvulos antes de la concepción y, luego, para el embrión o feto en desarrollo. Aunque el riesgo en la mayoría de los casos es ligero o aun hipotético, opta por lo seguro evitando una exposición potencialmente peligrosa en el trabajo. Ten especial cuidado en determinados campos (medicina y odontología, arte, fotografía, transporte, agricultura y jardinería, construcción, peluquería y cosmetología, limpieza en seco y algunas tareas de fábrica). Consulta a la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (Occupational Safety and Health Administration, OSHA) sobre información actualizada relativa a seguridad laboral y embarazo (revisa también la página 209). En algunos casos sería prudente solicitar la transferencia a otra actividad, cambiar de empleo o tomar precauciones especiales, de ser posible, antes de que empieces a tratar de concebir.
Hazte un chequeo si has estado expuesta al plomo, ya sea en tu lugar de trabajo o en el hogar, debido a que elevados niveles de este químico podrían representar un problema para tu embarazo (revisa la página 88). Evita, además, la exposición excesiva a otras toxinas en el hogar.
Cuida el bolsillo.
Tener un bebé puede ser costoso. Por eso, junto con tu pareja, estudia tu presupuesto y traza un plan financiero adecuado. Como parte de ese plan, averigua si tu seguro de salud cubre el costo del cuidado prenatal, el nacimiento y la atención del bebé. Si la cobertura no comienza hasta determinada fecha, considera la posibilidad de aplazar tu embarazo hasta entonces. O si planeas cambiar de póliza, hazlo antes de quedar embarazada, ya que algunas pólizas consideran el embarazo como una condición preexistente. Si todavía no has preparado un testamento, ahora es el momento de hacerlo.
Trabaja los aspectos laborales.
Averigua todo lo que puedas sobre los derechos laborales para las trabajadoras embarazadas (mira la página 202). Si planeas cambiar de trabajo, trata de hallar el que más le convenga a tu rol de futura mamá ahora, y así no tendrás que acudir a las entrevistas con el vientre abultado.
Lleva la cuenta.
Familiarízate con tu ciclo mensual y aprende a detectar los signos de ovulación. Así podrás planear el mejor momento para el contacto sexual (mira el recuadro en la página 8). Llevar la cuenta de cuándo mantienes relaciones también te ayudará más adelante a precisar el momento de concepción, lo que a su vez facilitará calcular la fecha del nacimiento.
Dale tiempo.
Ten en cuenta que a una mujer saludable de 25 años le toma un promedio de seis meses quedar embarazada, y más aún a las de mayor edad. También podría tardar más si tu pareja es mayor. Por eso no te inquietes si la cigüeña se muestra un poco esquiva al principio. Sencillamente diviértete mientras lo intentas y espera por lo menos seis meses antes de consultar al médico y, de ser necesario, a un especialista en fertilidad. Si tienes más de 35 años, podrías consultar a tu médico después de tres meses de intentos.
Mantén la calma.
Éste es quizás el paso más importante de todos. Por supuesto estás entusiasmada tratando de quedar embarazada y, con toda probabilidad, un poquito estresada. Pero la tensión y la rigidez pueden impedirte concebir. Aprende técnicas de relajación, practica meditación y reduce lo más posible el estrés de tu vida cotidiana.
Como futuro papá, todavía no tienes que suministrar casa y comida para tu inminente descendencia, pero puedes estar seguro de que aportarás una inestimable contribución al proceso de procreación (¡mami no puede hacerlo sola!). Estos consejos pueden ayudarte a hacer de la concepción el proceso más saludable posible.
Consulta a tu propio médico.
Aunque por cierto no serás tú el portador del bebé –al menos no hasta después del nacimiento– es importante que también te hagas una revisión. Después de todo, para traer un bebé sano al mundo hacen falta dos organismos saludables. Una revisión completa puede detectar cualquier trastorno médico (como testículos no palpables, quistes o tumores testiculares) que pudiera interferir con la concepción o un embarazo saludable para tu compañera. También asegurará que cualquier condición crónica que pueda reducir la fertilidad, tal como la depresión, esté bajo control. Cuando estés en la consulta, aprovecha para preguntar por los efectos que pueden tener en tu vida sexual los medicamentos que estás tomando, ya sean naturales, recetados o no. Algunos pueden causar disfunción eréctil y reducir el recuento de esperma, dos factores que decididamente querrás evitar cuando estés tratando de concebir.
Hazte un examen genético, de ser necesario.
Considera la posibilidad de hacerte un examen genético si tu pareja lo tiene en sus planes, especialmente si existen antecedentes familiares de problemas genéticos u otros indicios.
Mejora tu dieta.
Mientras mejor sea tu nutrición, más saludable será tu esperma y mayor la probabilidad de concebir. Tu dieta debe ser equilibrada y sana, rica en frutas y verduras frescas, granos integrales y proteínas no grasas. Para asegurarte de ingerir la cantidad adecuada de los nutrientes más importantes (especialmente las vitaminas C, E, D; zinc y calcio, todas las cuales parecen incidir sobre la fertilidad o la salud del esperma), toma un suplemento vitamínico mineral mientras intentas concebir. El suplemento debe contener ácido fólico; un consumo bajo de este nutriente en los futuros papás se ha vinculado a una menor fertilidad como también a defectos de nacimiento.
Examina tu estilo de vida.
Aunque todavía no se conocen todas las respuestas, las investigaciones revelan que el uso de drogas –incluyendo cantidades excesivas de alcohol– por parte del hombre antes de la concepción puede impedir el embarazo o generar un embarazo de riesgo. Los mecanismos no están claros, pero su consumo puede dañar el esperma, disminuir su número, alterar la función testicular y reducir los niveles de testosterona (un panorama poco alentador cuando tratas de concebir). El consumo excesivo de alcohol (equivalente a dos copas diarias o cinco en un mismo día) durante el mes anterior a la concepción, puede afectar el peso del bebé al nacer. Ten en cuenta que si reduces o eliminas el alcohol será mucho más fácil que tu compañera también lo haga. Si no puedes dejar las drogas o reducir el consumo de alcohol, busca ayuda ya mismo.
Pon tu peso en forma.
Los hombres con un índice muy elevado de masa corporal (BMI en inglés), basada en la altura y el peso, tienen más probabilidades de ser infértiles que los de peso normal. Según las investigaciones, un aumento de 20 libras (9 kilogramos) en tu peso, puede elevar la probabilidad de infertilidad en un 10%. De modo que pon tu peso en forma antes de tratar de concebir.
Deja el cigarrillo.
Nada de pretextos: fumar reduce el número de esperma y dificulta la concepción. Además, si dejas de fumar ahora mejorarás la salud de todo el resto de la familia, ya que el cigarrillo es casi tan peligroso para los fumadores pasivos como lo es para ti. Es más, el tabaquismo puede aumentar el riesgo de que tu futuro bebé sufra del síndrome de muerte súbita (SIDS, en inglés).
No te expongas.
Los niveles elevados de plomo, como algunos solventes orgánicos que se hallan en pinturas, adhesivos, barnices y desgrasantes metálicos, así como pesticidas u otras sustancias químicas, pueden interferir con la fertilidad masculina. Por eso evita o limita tu exposición a ellos durante el período previo de concepción.
Mantenlos frescos.
La producción de esperma se dificulta cuando los testículos se recalientan. De hecho, prefieren estar un par de grados más frescos que el resto del organismo y es precisamente por eso que cuelgan del cuerpo. Evita los baños calientes de inmersión, sauna, mantas eléctricas y ropa ceñida, como vaqueros ajustados. También evita los pantalones y ropa interior sintéticos, especialmente cuando hace calor. No trabajes con la computadora portátil sobre tus piernas, ya que el calor puede elevar tu temperatura escrotal y reducir el recuento de esperma. Hasta que concibas, usa mejor el escritorio.
¡Protégelos!
Si practicas deportes rudos (incluyendo fútbol americano, fútbol, baloncesto, hockey, béisbol o equitación) usa protectores para impedir lesiones genitales, que pueden perjudicar la fertilidad. Incluso ser adicto a la bicicleta podría causar problemas. Según algunos expertos, la presión constante de los genitales sobre el asiento de la bici puede dañar arterias y nervios, interfiriendo con la concepción. Si experimentas entumecimiento y/o hormigueo genital, y si no te alivia levantarte a ratos del asiento mientras conduces, sería prudente que estacionaras la bicicleta durante el período previo de concepción. Los genitales entumecidos no funcionan como deben. Si el entumecimiento u hormigueo no se van, consulta al médico.
Relájate.
Está claro que tienes mucho en que pensar mientras consideras incorporar un bebé a tu vida. Y también es cierto que ahora tienes una lista de tareas por hacer que te mantendrán ocupado, incluso antes de que te ocupes de crear al pequeño. Pero no te olvides de tomar un respiro y relajarte también. La tensión no sólo afecta tu libido y tu desempeño, sino también tus niveles de testosterona y tu producción de esperma. Mientras menos te preocupes, más fácil será concebir. ¡Relájate y diviértete en el intento!